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Andrés Manuel López Obrador y México: rumbos impredecibles

Estamos viviendo tiempos interesantes, especialmente porque no sabemos el rumbo que tomaran las cosas. A Trump se le puede predecir que siga siendo populista de derecha, fascista, racista y mentiroso, mientras que a AMLO se le puede predecir poco, porque cambia a menudo de parecer según las circunstancias.


Al igual que a ti querido lector, no sé qué vaya a pasar con esta nueva administración, pero como típico político que AMLO ha sido y por fortuna –para los mexicanos– continúa siendo, parece que está cambiando de dirección ahora que se siente seguro de ocupar la silla presidencial. Veamos alguno cambios de dirección de AMLO en menos de una semana de ganar las elecciones:

  • Prefiere invitar a Donald Trump a su toma de posesión que al revoltoso de maduro.
  • Va a mantener el IVA al mismo nivel actual y dudosamente lo reducirá a la mitad como en alguna ocasión prometió.
  • El precio de la gasolina no va a bajar se va a mantener en términos reales porque continuará la fórmula actual, lo que significa que los mexicanos seguiremos pagando la gasolina más cara que en Texas.
  • Lo más probable que el nuevo aeropuerto continúe, ya que entendió que es el único lugar adecuado por consideraciones aire-tierra, volumen de demanda y a que el financiamiento no proviene de los ingresos fiscales sino del cobro del TUA (tarifa única aeroportuaria).
  • La autosuficiencia alimentaria seguramente se abandonará una vez que entienda que esas mismas tierras en México son de menor productividad en la producción de granos que en tierras similares en los Estados Unidos, pero que son de mayor productividad para hortalizas que en los Estados Unidos.
  • La construcción de dos nuevas refinerías probablemente no proceda cuando se tope con la dura realidad de que no va haber empresarios e inversionistas privados interesados.
  • El avión presidencial ya no se va a vender, porque comprende que nadie le pagaría lo que costó, aparte de que un presidente no puede estar sujeto a los cambios y demoras de las líneas comerciales.
  • Antes no a la legalización de la marihuana, y ahora probablemente sí.
  • Prometió en campaña que los soldados regresarían a sus cuarteles, ahora su secretario de seguridad habla que será en tres años.

En cuestión de días, sus colaboradores propuestos para Hacienda, Gobernación y Seguridad echaron abajo varias de sus propuestas de campaña, lo que hace pensar que estas nunca fueron ciertas. Seguramente muchos de sus votantes sabían o sospechaban que dichas promesas eran irreales, pero votaron por él por hartazgo, porque ya estaban hasta el gorro con el PRI y el PAN. El candidato del PRI no ganó en ningún estado, “el enojo supero al miedo”, apunta mi amigo Carlos. Para los partidos tradicionales la carnicería fue enorme, viéndose desplazados por un movimiento que apenas se está constituyendo como partido. Las implicaciones de este desplazamiento deben atenderse, pues los contrapesos de sus rivales, al haberse debilitado, requieren crearse en otros ámbitos.

En fin, poco a poco AMLO y su equipo se van a ir topando con el México real y tendrán que enderezar el rumbo, lo que hará que sigan cayendo o desapareciendo las propuestas de campaña. Por eso y mucho más, es posible afirmar que “la mentira es el alma inmortal del populismo”.

Era de esperar que con la llegada al poder con un 53% del voto y absoluta mayoría en ambas cámaras del Congreso, AMLO empezará a cambiar su discurso de campaña y, entre otros cambios, enfatiza ahora que “quiero pasar a la historia como un buen presidente.” Ya no se trata de ganar simpatías con frases pegajosas y chascarrillos, sino buscar consensos con otros grupos de poder, los poderes legislativo y judicial, actuando con cordura, civilidad, pragmatismo, institucionalidad y perspicacia. O sea, debe buscar ser el presidente de todos los mexicanos.

Andrés Manuel busca hacer historia con su cuarta transformación del país, y así cumplir su anhelo de ser un buen presidente, refiriéndose a las tres transformaciones anteriores como la de Miguel Hidalgo en la Independencia, Juárez en la Reforma, y Madero en la Revolución. La cuarta transformación, en principio, se basa en cambiar el modelo neoliberal de desarrollo que se ha seguido desde los años ochenta, economía abierta con un Estado poco intervencionista, modelo que ha brindado estabilidad macroeconómica, pero con bajos crecimientos anuales y una mayor concentración del ingreso. El modelo que propone AMLO tendría un Estado más interventor, así como, un mayor gasto social para abatir la desigualdad y pobreza, aumentando el gasto público con el compromiso de no subir los impuestos, ni endeudarse más.

El objetivo de esta cuarta transformación es hacer de México un país más democrático, más incluyente, menos desigual y lograr un mayor crecimiento económico sin perder la estabilidad financiera. El modelo establece que los recursos para financiar este mayor gasto social provendrían de la erradicación de la corrupción, centralizando las compras federales para abatir costos. Por otra parte, varias medidas de austeridad gubernamental aumentarían los recursos, tales como reducir a la mitad los sueldos y salarios de los funcionarios federales de mayor nivel. Sin embargo, los números no cuadran, por lo que difícilmente van a alcanzar los recursos con estas medidas para financiar el aumento en el gasto social, al menos de que se aumenten los impuestos, contraigan más deuda o financien el gasto de manera deficitaria.

Por otro lado, tengo seguridad de que varias de sus propuestas e ideología de centroizquierda van a afectar la dirección y marcha de la economía, así como la del Estado y sus instituciones. De que vamos a tener un gobierno más intervencionista, eso no me cabe ni la menor duda, así como de que probablemente vayamos a crecer a un menor ritmo. Consideremos los cinco puntos siguientes:

  • La descentralización de las secretarías a diferentes estados del país será una verdadera catástrofe, porque sus funciones no dependen de donde se encuentren sino de la capacidad de sus funcionarios. Muchos de estos funcionarios no van a acompañar a otros estados a sus secretarías, lo que requeriría la contratación y preparación de nuevo personal que probablemente no tenga la misma calificación que el existente.
  • La corrupción disminuirá, no sé qué tan importante sea la disminución, pero me temo que no será lo suficiente como para poder generar los recursos necesarios para financiar el aumento en el gasto social sin incremento en los impuestos y la deuda.
  • En cuanto a educación, me temo que los compromisos con la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) van a reducir la calidad de la educación por las concesiones políticas a los líderes de los maestros revoltosos.
  • En lo que toca a la economía, temo que va a tratar de influir en el Banco de México para que promueva el crecimiento, afectando su eficiencia para controlar la inflación.
  • En cuanto al combate a la pobreza, asignar recursos monetarios sin compromisos laborales o de capacitación o de educación van a resultar contraproducentes.

Aun cuando es difícil predecir hacia donde nos va a llevar el próximo Gobierno de la Esperanza, por lo menos AMLO y su equipo están encauzando a su próxima administración hacia hechos y realidades, alejándose de las incumplibles y chifladas promesas de campaña que la gente quería escuchar, pero que serían difícil realizar. No obstante, no hay duda de que el peso relativo del Estado y su orientación social aumentaran, abriendo nuevos desafíos y desequilibrios, así como oportunidades de autoritarismo y abusos de poder, por lo que es momento para que los mexicanos que no votaron por él, y los pensantes que si votaron por él, recordar el antiguo lema romano “Vigilia pretium libertatis” (vigilar es el precio de la libertad).
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