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Antros Nocturnos (un cago de risa) 1º parte

Hola Taringueros, aca les dejo uno de los varios Relatos de un Groso,Ariel Blanco.

aca va:

Antros nocturnos (I)


Dependiendo de los gustos y edades de cada persona, hay varios lugares a los que asistir en busca de diversión. Hoy hacemos un recorrido por la noche y te mostramos sus personajes principales. ¿Querés salir con nosotros?




En el boliche
Ámbito de meneo y candor, de chamuyos gritados a viva voz y manos voladoras, el boliche tiene varias subcategorías con características muy diferenciadas, a saber:


El boliche concheto

La entrada (sin consumición) te cuesta las tres cuartas partes de tu sueldo. Antes de entrar mirás al cielo y hacés un pedido a Dios: “Por favor, haceme ganar algo esta noche porque con la guita que voy a poner para entrar no voy a poder pagar ni un forro hasta fin de año”. A pesar de la creencia de no poder entrar en zapatillas en dichos boliches, los patovas se fijan en la pilcha en general.


Si curtís onda saco de pana, camisa Bowen y pantalón Bensimon o Etiqueta Negra, te dejan entrar en zapas, pero tienen que ser hechas a mano en Palermo Hollywood. Las minas son todas conchetas mal, dicen “tipo que” cada tres palabras y se la pasan riéndose huecamente entre ellas. Nunca falta la concheta llena de guita que es un culo caminando, pero se cree lo más. Ninguna de las mujeres es gauchita, son todas virgochas histéricas que van casi en tetas pero no dan ni un pico. Los flacos son casi todos rugbiers o polistas con mocasines, chombas pasteles y pullóveres crudos tejidos a mano, cuentaganado incluido. Juegan a ver quién aguanta más bebiendo, terminan arruinados tocándose entre ellos en el reservado.



El boliche rasca
No tiene habilitación, no tiene seguridad, de pedo tiene parlantes. Es un galpón abandonado que arreglaron con un baño químico y una bola de espejos, pero es un boliche que “explota, se re pone”. Explota de negros tirapiedras, putas de la más baja calaña y toda la cumbia y los éxitos latinos de los noventa que te acuerdes. Los asistentes a dicho antro se encuentran amontonados en la fila, apretados, se cuelan por todos lados, lo putean al patova, cierran la calle, paran el tránsito, cantan estribillos de cancha y tratan de entrar por el lado de las mujeres. La entrada cuesta dos pesos (con consumición) aún cuando llegues antes de las dos y tengas descuento, no hay otro trago que la cerveza servida en vaso de plástico –mitad cerveza Palermo, mitad meo-, y el Fernando –fernet con gaseosa cola pre-servido-. Si te llegás a cortar con un vaso te agarrás cólera. Es el antro más sucio y trucho del mundo, pero por alguna razón sigue sobreviviendo.


El boliche costero

Es un tole tole del amor y el calor. Se llena de gente todos los días y hacen precio grupal para que entren varios. Se produce una rara mezcla de estilos, que involucra a los que no se bañan y así como volvieron de la playa, se echaron desodorante y una camisa encima y salieron; las que se produjeron desde las siete de la tarde y clavaron sandalias de 12 cms de taco (muy convenientes para caminar por las calles de arena de Gesell, by the way); los pálidos que recién llegaron y cuando se empedan se ponen color verde, y los colorados que ese día se quedaron dormidos al sol y que cuando se empedan se desmayan de alcohol y fiebre epidérmica. Aquí se produce el amor más puro y espontáneo, el amor de verano, que incluye generalmente una borrachera, un beso, una tocada de culo, un pete en el reservado, salida hacia la playa, compra de churros (los de comer o los de fumar, lo mismo da) y la visión del amanecer.


El boliche/pub
Es un bar que pretende ser boliche, con una pista de baile del tamaño de un baño de departamento monoambiente, pero “está bueno porque podés ir a tomar algo, se puede bailar…”. Esto es una mentira, señores. Hay música que está buena para bailar, y otra música que está buena para escuchar: NO SON COMPATIBLES, sépanlo. Por eso la mayoría de la gente que asiste a estos lugares lo único que hace es estar parado, con un trago en la mano, moviendo la cabeza. Las meseras en su generalidad son huequísimas, terminando todas sus frases con un “Dale!, buenísimo!”



El bar
El bar es parada obligada para la mayoría de la gente, tanto como previa a una salida más tardía, o como punto de encuentro de amistades lejanas. Sus subcategorías son muy distintas:



El Bar de viejos
Parece que un flaco lo tonalizó en sepia con el Photoshop, tanto al lugar como a las personas que lo frecuentan. Generalmente es un bodegón infame, lleno de botellas de vino añejísimas y un eterno tango clavado en el Winco. Sus paredes están decoradas por afiches incunables y manchas de humedad por partes iguales, las cartas son grandes, ajadas y burdas, con el plastificado extremadamente sucio. El mozo no tiene dientes ni sentido del oído, tienen a Matusalén de barman y no comprenden el significado de un café CALIENTE.



El bar de bohemios y artistas
Es un sucucho en San Telmo o Palermo Soho con ínfulas intelectuales, mucho ladrillo a la vista e intervenciones artísticas (del tipo colgar muñecas inflables en los techos, o hacer cortinas con dientes humanos, veladores con forma de mujer desnuda, etc); muchos tragos con nombres esotéricos y mucho humo de porro y narguile. Sólo sirven Stella Artois y Absenta, vinos patagónicos modificados y aguas naturales de las Termas de Río Hondo, post invasión geronte. Escuchan jazz en creole, polcas ucranianas remixadas y un cd entero con sonido de naturaleza grabado en la selva amazónica. Todos discuten sobre el significado del arte y generalmente los artistas se van sin pagar.



El bar negro
Como su nombre lo indica, este bar se llena de personas de baja calaña dispuestas a armar quilombo como dé lugar. Hay un olor a sudoración terrible, no te dan maní, te dan tutuca o arroz inflado, la cerveza siempre está caliente, pasan rock nacional y está rebosando de rollingas, pungas y mujeres poco agraciadas. Todos los días alguno se agarra a trompadas, todos los días a alguna moza le llenan la panza de huesitos en el baño, todos los días hay que sacar a dos o tres ex-humanos vomitados a la vereda para que se oreen. Muchas veces se convierten en la cuna de alguna pseudobandita de rock barrial, que toca gratis y se banca los escupitajos con estoicismo, mientras reparte volantitos de su próximo show gratuito en una sociedad de fomento perdida en la nada.


El bar con show
Es un bar común y corriente, que te cobra la bebida carísima por el sólo hecho de que presentan un “show increíble” que podés disfrutar mientras bebés tu cerveza Liberty. Los shows son variados, pero seguramente caerán en alguna de las siguientes variables: videoexperimentación sónica (un flaco pasando diapositivas de su viaje al Bosque Energético, acompañado por la música mística de Enya); cantante de tango, jazz o melódico; o show de chistes (contados tanto por Showmatch Star wannabes como por travestis impresentables que más que gracia causan compasión).


En la próxima parte, desgranaremos el Cine, el Teatro y el Museo, para cubrir todos esos antros a los que asistimos alguna vez. Esperamos sus comentarios.


Fuente: Psicofxp.com


La PArte Nº 2: http://www.taringa.net/posts/offtopic/1359749/Antros-Nocturnos-(un-cago-de-risa)-2%C2%BA-parte-.html

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