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ARAUJO ARENA sobre la Cara Oscura del Criminal Literario

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LA CARA OSCURA DEL CRIMINAL LITERARIO (NOVELA BASADA EN EL ESCRITOR ALBERTO JIMÉNEZ URE)

«[…] Esta novela es genial por ser también una excusa con la cual su autor pudo otorgar ciertas ideas ―propias o no, quién sabe― sobre psicología sin ser tildado de místico, y sin necesidad de presentarlas formalmente ante la mirada crítica de una junta médica […]»


Por Joan Sebastián ARAUJO ARENA

Una de las críticas que le hizo Gaunilo a san Anselmo se resumía en que su argumento ontológico no podía pasar ni siquiera por una «mentira creíble», dado que muchas personas no tienen algo concreto con lo cual comparar o asociar a Dios en primer lugar. Al mismo tiempo, decía, sí podría uno inventarse a un hombre y decir que efectivamente existe y, si lo dijéramos con suficiente convicción, engañar a cualquiera. ¿Por qué? Porque a ese hombre ficticio se le puede dar ciertas características dentro de un determinado contexto y hacerlo pasar por un «ente real» en vez de un «ente de razón».

Eso es precisamente lo que hace Parra Pinto en esta novela, donde introduce un personaje completamente ficticio entre algunos que sí tienen un correlato óntico ―es decir, fueron inspirados por personas concretas― y lo hace de tal forma que uno no puede evitar dudar sobre si ese hombre inventado existió efectivamente. En mi caso, por ejemplo, busqué a Erich von Libellant por Google y me di cuenta de la trampa en que había caído. Me imaginé a Parra Pinto riéndose de mi ingenuidad, y luego recordé lo que decía Gaunilo: algo de sorprendente actualidad si se toma en cuenta cuando vivió él y cuándo nació Álvaro Parra Pinto.

Pero esta novela es genial por ser también una excusa con la cual su autor pudo otorgar ciertas ideas ―propias o no, quién sabe― sobre psicología sin ser tildado de «místico», y sin necesidad de presentarlas formalmente ante la mirada crítica de una junta médica ―donde, además, tendría que haber poseído multitud de referencias a otros estudios y demás requisitos de todo trabajo serio de investigación―.

Fue, pues, un ejercicio creativo e intelectual ―no me parece redundante colocar aquí ambos términos porque me gusta distinguir entre «imaginar» y «concebir», dos procesos que creo justificadamente que Parra Pinto llevó a cabo al desarrollar esta obra―. Pero fue más que eso: también supuso un homenaje a su amistad con Jiménez Ure ―que sí existe como persona concreta―, y supongo que también fue un sutil elogio a su obra como «criminal literario».

Mis múltiples yo y no-yo están de acuerdo, al parecer ―o al menos conscientemente creo esto―, en considerar esta novela, a pesar de su brevedad ―habría deseado una historia un poco más larga―, una «obra maestra».

P. D. Espero dormir tranquilo sin imaginar cuántas «posesiones ancestrales» podría revelar el aparato psiconíricoinductor si existiera realmente... (less)
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