Avanzar o cambiar de rumbo.


Cuando pierdes el interés en mirar atrás es cuando estás yendo por el camino correcto.

Ya lo sabemos bien, hay días buenos, días normales y definitivamente hay días #%*+€&, tú me entiendes!
Lo importante es saber reconocer cuando es un mal día, cuando es una mala etapa, y cuando definitivamente debemos cambiar de dirección.

Un mal día lo tenemos todos. Pero es una ventaja saber cuándo empiezan y cuando terminan, así puedes mantener la calma, armarte de paciencia y en cuanto se acaban puedes recompensarte con una ducha caliente, tu comida favorita o una buena siesta.

Ir por el camino incorrecto es cuando tienes constantemente días malos o varias etapas malas seguidas, estos es consecuencia de las malas decisiones que estás tomando, no depende de factores externos sino netamente de tu responsabilidad y forma de actuar.

¿Lo bueno de esto? Al estar en tus manos y depender de ti, puedes cambiar de dirección en cuanto quieras!
No esperes a que el resto haga el trabajo por ti, depende sólo de la persona que ves frente al espejo el superarlo e ir por otro rumbo, uno que te haga muy feliz.

Siempre podemos escoger cambiar de dirección cuando la vía por la que vamos nos trae tristeza y decepciones. No tienes por qué quedarte en un camino que no te llena o no te satisface, siempre podrás escoger un camino que te aporte y te haga feliz.
Recuerda cuando pierdes el interés en mirar atrás es cuando estás yendo por el camino correcto.

Pero debes recordar la razón por la cual ahora estás donde estás, lo que te motivó en su momento a hacerlo y decidir avanzar o cambiar de rumbo si no es lo que necesitabas o esperabas, escogiendo sólo lo que te hace bien.

Acepta con gratitud los cambios que trae la vida, pues a veces los dolores de hoy son las recompensas del mañana. Confía en tu corazón y aprende a escucharlo porque es la brújula que guía tu vida.
Un mal día no depende de ti, un mal camino si! pero siempre se puede cambiar de dirección.
Si vas a levantar los brazos que sea solo para tomar aire, y jamás para rendirte. ¡Retroceder ni para tomar impulso!