Billetera mata aspecto de zurdo



Billetera mata aspecto de zurdo



Como ya es de público conocimiento, el trotskismo agente del imperialismo y de los capitales financieros internacionales votó en contra, ayer, del proyecto de ley que proponía la nacionalización de los ferrocarriles. Pese a esta oposición de la extrema derecha cipaya disimulada de rojo, el proyecto fue finalmente aprobado con más de 200 votos favorables en Diputados.



Además de Néstor Pitrola, Pablo López y Nicolás del Caño (trotskistas), Victoria Donda (que se presenta como legisladora de Libres del Sur, pero de “libre” tiene poco y representa mejor los intereses del norte) fueron los únicos cuatro votos en contra del proyecto. Los mismos que hacen campaña como “la izquierda” o, en el caso de Donda, “el progresismo”. ¿Qué clase de izquierda progresista es la que se opone a la recuperación del patrimonio nacional?



Como siempre denunciamos en este espacio, la respuesta está a la vista: no tiene ningún valor lo que el dirigente político dice de sí mismo, cómo se presenta; lo que realmente vale es su praxis, su actuación sobre la realidad. El trotskismo, por lo tanto, por más color rojo y retórica de izquierda que venda, es en realidad “el vulgar instrumento del imperialismo y la reacción”, como dijera Fidel Castro allá por los años 1960. El trotskismo es la derecha, en una palabra.



Desde que vino Trotsky, el trotskismo ha sido financiado por las mismas fuerzas que afirma combatir. Como los partidos de orientación trotskista no disponen de votos y son verdaderas máquinas de picar carne en lo que respecta a la militancia (la consumen rápidamente y siempre tienen poca), dependen absolutamente de los recursos del patrón para subsistir. Y si a dicho patrón le interesa que los ferrocarriles de un determinado país permanezcan en manos privadas, si lo que le interesa es coartar la soberanía de ese país, allí va el trotskismo y pone su voto (o directamente sabotea, con un revolucionario de la talla de un “Pollo” Sobrero) para que los pueblos no puedan tener lo que necesitan para avanzar.



Esto no va a cambiar, no conviene hacerse ilusiones; el trotskismo va a seguir al servicio del imperialismo y del poder fáctico de tipo económico multinacional. Lo único que podemos hacer es seguir denunciándolos a ellos y a los que insisten en llamarlos “izquierda”, con lo que contribuyen a la confusión en ciertos sectores del campo popular que no terminan de entender que se trata de la derecha más extrema. Es necesario dejar ya de llamar “izquierda” al trotskismo, porque si ellos son la izquierda nosotros no podremos ser otra cosa que la derecha. Esto es lo que quieren instalar en el sentido común.


No va a llegar el día en que veamos marchar presos a los traidores y a los ladrones, porque cuentan con protección del poder fáctico. Pero es importante denunciarlos, para que tengan menos legitimidad a la hora de operar, robar y sabotear.