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Competitividad: ¿qué es y de qué depende?

Es común oír que en un mundo global las naciones deben competir para incrementar sostenidamente sus estándares de vida, como si se tratara de una carrera donde sólo una puede ganar. El argumento anterior, que se popularizó a comienzos de la década de los noventa, es erróneo en tanto las naciones, a diferencia de las empresas, no compiten entre ellas sino consigo mismas. Dicho de otra manera, los incrementos o mejorías en estándares de vida de un país no van en detrimento de los ciudadanos de otro. Así, todos los países pueden incrementar sus estándares de vida al mismo tiempo en la medida que establezcan políticas e instituciones que promuevan el crecimiento económico de forma sostenida. Además, en un mundo globalizado el aumento en el crecimiento de un país tiene efectos positivos en el crecimiento de sus socios a través del aumento en flujos comerciales y financieros.
Para entender lo anterior conviene partir revisando las definiciones de competitividad que usan dos de las publicaciones más importantes dedicadas a este tema, el World Competitiveness Yearbook y el WEF Global Competitiveness Report. El primero define competitividad como “la habilidad de una nación para crear y mantener un entorno que sustente una mayor creación de valor para sus empresas y más prosperidad para sus habitantes”, mientras el segundo se refiere a competitividad como “la habilidad de un país para alcanzar altas y sostenidas tasas de crecimiento del producto per cápita”.





Como el crecimiento de un país se puede lograr a través de la acumulación de factores productivos (transpiración), o a través de mejorar la eficiencia con que éstos se utilizan (inspiración), y la evidencia indica que a la hora de explicar saltos en las tasas de crecimiento el segundo de éstos –la inspiración– es mucho más importante que el primero – la transpiración–, se puede concluir que competitividad es sinónimo de capacidad para alcanzar aumentos en productividad que se mantengan en el tiempo. Así, los países se hacen más competitivos cuando aumentan su capacidad para lograr mejoras en productividad –cuando se tienen más incentivos para innovar o se es más proclive a ello.
Además, todos los países se pueden hacer más competitivos al mismo tiempo, si se hacen más productivos.
Pero, ¿qué determina la competitividad de un país? Esta depende del entorno macro y microeconómico, de la calidad de las instituciones y de la capacidad para introducir cambios tecnológicos. Un buen entorno macro es una condición necesaria para facilitar la acumulación de factores y los aumentos de productividad, y requiere de: (i) consistencia entre políticas fiscal, cambiaria y monetaria; (ii) una inflación baja y estable; (iii) cuentas fiscales ordenadas; (iv) transparencia en el manejo de las cuentas fiscales, y (v) reglas del juego estables (ej. aranceles, impuestos, etc.). Pero esto no basta. Además debe existir un entorno microeconómico que incentive los aumentos de productividad por parte de las firmas, lo que requiere de: (i) apertura comercial y financiera; (ii) un sistema financiero sólido y bien desarrollado; (iii) flexibilidad laboral; (iv) una estructura no distorsionada de impuestos y subsidios; y (v) una regulación apropiada de mercados donde existen fallas
(ej. monopolios, externalidades, etc.).
Junto con un entorno macro estable y un entorno micro que provea los incentivos para lograr aumentos de productividad, para aumentar su competitividad los países requieren de una institucionalidad moderna y robusta que haga cumplir las leyes, proteja los derechos de propiedad y donde existan bajos niveles de corrupción. Finalmente, para promover la innovación tecnológica se requiere de (i) incentivos adecuados a la innovación y adopción de nuevas tecnologías; (ii) alta calidad de la educación; (iii) una infraestructura apropiada, e (iv) investigación a nivel de empresas (lazos fuertes entre empresas y universidades u otros centros de investigación). En definitiva, para aumentar su competitividad los países requieren avanzar implementando reformas que afectan a un conjunto de áreas interrelacionadas, no existiendo una política única que pueda crear competitividad, pero donde los resultados dependen de cada país (no se trata de una competencia entre países).


Fuente: TEXTO EXTRAIDO de la Presentación efectuado por don Vittorio Corbo, Presidente del Banco Central de Chile, en Desayuno organizado por la Corporación Nacional de Exportadores.- 27 de noviembre de 2003
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