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Complejo de Edipo

Complejo De Castración

No hace referencia a la mutilación genital, designa una experiencia psíquica compleja, vivida inconscientemente por el niño a los cinco años aproximadamente, y que es decisiva para la estructuración psíquica y la asunción de la futura identidad sexual.
El niño reconoce por primera vez, al precio de la angustia, la diferencia anatómica de los sexos. Se aceptará que el universo está compuesto por hombres y mujeres, y que el cuerpo tiene límites; aceptará que su pene de niño jamás le permitirá concretar sus intensos deseos sexuales dirigidos hacia la madre. No se reduce a un simple momento cronológico, la experiencia inconsciente de la castración se ve renovada a lo largo de la existencia con la puesta en marcha de diferentes modalidades defensivas.
Primer tiempo: todo el mundo tiene un pene. Constituye la premisa necesaria del proceso de castración. El descubrimiento de un ser cercano que no posee este atributo, que se supone universal, pondrá en jaque la creencia del niño y abrirá la angustia de ser un día privado él de igual manera.
Segundo tiempo: el pene está amenazado Tiempo de amenazas verbales que apuntan a prohibir al niño sus prácticas auto eróticas y a obligarlo a renunciar a sus fantasmas incestuosos. Lo implícito estriba en hacer abandonar al niño toda esperanza de ocupar un día el lugar del padre en el comercio con la madre. Sus efectos recaen sobre el fantasma del niño de poseer un día su objeto amado: la madre. Las advertencias verbales que se interiorizan darán origen al Superyo. Tercer tiempo: hay seres sin pene, la amenaza, entonces, es real. Descubrimiento visual de la zona genital femenina. No se descubre la vagina sino la falta de pene. Recuerdo de la amenaza verbal.
Resistencia a la evidencia, creencia de que la niña tiene un pene que crecerá. Cuarto tiempo: la madre también está castrada; emergencia de la angustia El niño seguirá manteniendo su creencia de que las mujeres mayores y respetables, como su madre, están dotadas de pene. Momento en el que surge la angustia de castración, que no es sentida efectivamente por el niño, es inconsciente. Recordemos que las condiciones de la aparición de esta angustia son: la visión y la amenaza auditiva.
Tiempo final: fin del complejo de castración y fin del complejo de Edipo. Bajo la angustia de castración, el niño acepta la ley de interdicción y elige salvar su pene a costa de renunciar a la madre como partenaire sexual. Con la renuncia a la madre y el reconocimiento de la ley paterna finaliza la fase de amor edípico y se hace posible la afirmación de la identidad masculina.



El Complejo de Castración en la niña


El Edipo en la mujer se inicia con la castración pero no se termina con ésta.

Primer tiempo: todo el mundo tiene un pene (el clítoris es un pene) No hay diferencia anatómica. Atribución universal.
Segundo tiempo: el clítoris es demasiado pequeño para ser un pene: “yo fui castrada” Descubrimiento de la región genital masculina. Obliga a admitir que ella no posee el verdadero pene. A diferencia del varón, para quien los efectos de la visión son progresivos, para la niña son inmediatos. Al instante adopta su juicio y hace su decisión: sabe que no lo tiene y quiere tenerlo.
Tercer tiempo: la madre también esta castrada; resurgimiento del odio hacia la madre. En un principio se trata aún de un infortunio individual. Posteriormente se toma conciencia de que las otras mujeres padecen igual desventaja. La madre es despreciada por no haber podido transmitir los atributos fálicos. El odio primordial de la niña hacia su madre, el destete, resurge en la niña bajo la forma de reproches constantes. Hay una segunda separación que se origina en el descubrimiento de la castración y de allí en más elegir al padre como objeto de amor. ................Tiempo final: las tres salidas del complejo de castración; nacimiento del complejo de Edipo.

Tres actitudes diferentes que conducirán al destino de su feminidad.

1. no hay envidia de pene: alarma inicial por la desventaja anatómica. Alejamiento de toda sexualidad en general. Se niega a entrar en la rivalidad con el varón y en consecuencia no anida la envidia del pene.

2. deseo de estar dotada de pene de hombre: se obstina a creer que un día ella tendrá uno. En este caso deniega del hecho de su castración. La salida es la elección de un objeto homosexual.

3. Deseos de tener sustitutos del pene: Reconocimiento inmediato de la castración. Ésta última es llamada por Freud normal, se caracteriza por tres cambios importantes: cambio del partenaire amado: la madre cede el lugar al padre. Así es como se inicia el complejo de Edipo que durará toda la vida en la mujer. c) cambio del objeto deseado; el pene cede el lugar a un hijo. El deseo de gozar de un pene en el coito se metaboliza, en esta tercera salida, en el deseo de procrear un hijo. El desplazamiento de los investimentos erógenos del clítoris a la vagina se traducirá por el pasaje, del deseo de acoger en su cuerpo al órgano peniano, al deseo de ser madre. Se puede concluir que el complejo de Edipo femenino es una formación secundaria, mientras que el masculino es una formación primaria.


Complejo de Edipo.

Tiene lugar de manera aproximada, entre los tres y los cinco años. El complejo de Edipo es una de las concepciones más controvertidas del sistema freudiano. Y según la forma en que el sujeto resuelve este conflicto nuclear aparecerán o no perturbaciones neuróticas posteriores.
En cuando a su significado esencial es que el niño se halla situado en una especie de triángulo afectivo con relación a sus padres, de modo que está envuelto en una red de deseos amorosos hostiles con respecto a aquéllos. Este conflicto puede presentarse bajo dos formas:
Complejo de Edipo positivo: el triángulo afectivo se resuelve a favor del progenitor de sexo opuesto; la hostilidad por tanto, será dirigida hacia el progenitor del mismo sexo (la madre en el caso de la niña y el padre en el caso del varón).
complejo Edipo negativo: en esta forma el progenitor del mismo sexo la madre, en el caso de la niña, y el padre en el caso del varón, se convierten en los depositarios del complejo edípico.
En su última etapa, Freud planteó que ambas formas podían darse de forma concomitante en todo sujeto, lo que pasó a denominar con el nombre de complejo de Edipo completo.
Según Freud, el Edipo se resuelve por el temor (la fantasía del varón a ser castrado por su padre). Evidentemente, este postulado es radicalmente abstracto. Una manera de explicarlo, lo más sencillamente posible, sería ésta: el padre se interpone en una suerte de <> entre madre e hijo. Sin embargo el niño percibe que el padre es el sujeto amoroso de la madre (es su rival). Por otro lado también participa del afecto de su padre, del que se siente corresponsable. Este conflicto irá perdiendo fuerza (es decir, el niño renunciará a poseer a la madre), en la medida que el niño se sienta ligado al padre por un fuerte afecto, y por el temor de ser castigado por él.
De esta manera, la madre deja de ser el todo para el niño, el cual realizara un desplazamiento de sus sentimientos amorosos hacia otros objetos.
Freud desatendió los mecanismos de Edipo en el caos de las niñas, para limitarse a afirmar que el complejo de castración (es decir, el resentimiento por la ausencia del pene) promueve su entrada al complejo de Edipo. Ciertamente ni siquiera a un nivel simbólico es aceptable este postulado, el cual implica que la fisiología distinta de la niña, con respecto al varón, es el núcleo del problema. El mito bíblico de la creación de Eva de una costilla de Adán, parece estar implícito en esta concepción, a la que no pocos psicoanalistas consideran portadora de resabios machistas.

Resolución del conflicto edípico.

Siguiendo a Freud, la formas de encarar el Edipo tendrá mucha importancia en la elección del objeto sexual del adulto (es decir puede condicionar tanto la heterosexualidad como la homosexualidad).
El heredero del complejo del Edipo es el Súper Yo que representa la conciencia moral (en parte consciente y en parte inconsciente) del sujeto, así como sus ideales. El Superyó se estructura en oposición al Yo (que se identifica con la conciencia, con el sentido de la realidad). Otra instancia del mundo psíquico freudiano es el Ello, que constituye el mundo inconsciente de las pulsaciones del sujeto, y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos, representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.
Muy someramente, podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre la supremacía de los instintos o, para ser más exactos con su terminología, las pulsiones de naturaleza libidinosa. Éstas constituyen el motor que pone en marcha la formación de la personalidad del individuo. Éste debe superar las distintas fases de evolución pulsional hasta acceder al estado de madurez, en que los instintos primigenios son sacrificados en aras de un desarrollo armonioso de las potencialidades creadoras humanas.
Sin desestimar el papel importantísimo de la sexualidad, muchos psicoanalistas posteriores han reprochado a Freud el determinismo que concede a todo lo sexual en la elaboración de su teoría. Si el hombre, al igual que el resto de los animales , es portador de instintos, tampoco es menos cierto que tienen unas necesidades específicamente humanas derivadas de su propia situación ante la naturaleza. Y una de ellas es ella afecto, que le ayuda a afrontar situaciones nuevas en un mundo en el que constantemente ha de asumir nuevas situaciones y renunciar a seguridades pasadas.
La necesidad física que el niño pequeño siente hacia su madre a esta edad sería prematuro hablar de afecto se justifica porque ésta es su único asidero frente a un mundo en el que se siente perdido. Es esta necesidad que puede justificar, en última estancia el complejo de Edipo, y no un impulso exclusivamente biológico.
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