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Corporaciones vs Estados (Salvador Allende ante la ONU)


Salvador Allende denunciando ante la ONU la verdadera lucha, la lucha entre las Corporaciones y los Estados.

El capitalismo de libre mercado a la larga crea centros de poder alternativos a los que elige la gente en las urnas, estos centros de poder crecen al punto de llegar a doblegar al Estado a favor de sus intereses, limitando la democracia y los cambios a favor de las mayorías.

En el video vemos a las autoridades de 2 Estados. Por un lado Salvador Allende denunciando las garras del corporativismo que empieza a amenazar a su país, y por otro vemos a Richard Nixon, Henry Kissinger, Edward Korry y Richard Helms cumpliendo la agenda del mismo corporativismo que ya se apoderó de Estados Unidos.

Estas corporaciones no se contentan solamente con el país en el cual nacieron, con el tiempo traspasan sus fronteras y se expanden en busca de nuevos recursos naturales que explotar, en busca de mano de obra barata, en busca de nuevos Estados que debilitar, es la ambición humana, es el hambre infinita, el descontrol del interés privado que si no se regula acabará avasallando por completo al interés colectivo, que no solo incluye a los seres humanos, sino que también a las especies, a los ecosistemas y al planeta.
Todo lo malo comienza cuando interponemos nuestro interés personal al interés común.

Este descontrol del interés privado (que nace gracias al capitalismo de libre mercado ya que éste es campo fértil para ello) son el motor del imperialismo, fue a favor de las corporaciones que por ejemplo Estados Unidos apoyó golpes de Estado y dictaduras de Derecha en América Latina, en contra de movimientos y gobiernos populares que buscaban la soberanía sobre sus recursos naturales y el fortalecimiento de sus Estados. A favor de ellas invadió países en Asia, como Vietnam y Corea del Norte, a favor de ellas se saquea el África y a favor de ellas se invade y se desestabiliza Medio Oriente, como Afganistán, Irak, Libia y Siria.

Ningún Estado es ajeno a estos intereses minoritarios que restringen a las democracias, ni los países subdesarrollados, ni las grandes potencias.
Un Estado rehén de estos intereses jamás podrá guiarse por sus principios. Los principios del Estado son otros, son el reconocimiento de derechos como derechos que deben estar garantizados, y no como mercancias que deben ser compradas; son la gente, el ser humano y su colectivo como fin último de la economia y no el enriquecimiento privado, acumulación del capital; son la democracia legitimada en las mayorías y no en el poder financiero de una minoría.

Ésta es la verdadera lucha, de la cual se decidirá si el futuro de la humanidad quedará en manos del egoísmo privado o en manos del interés colectivo, el interés de los pueblos.
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