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Cristina no es Merkel y Putin lo sabe




Al igual que líderes como Néstor, Chávez y Lula, Vladimir Putin ha demostrado que pertenece a una estirpe de dirigentes políticos inteligentes y creativos. Una raza de dirigentes que se atreven a intentar cambiar la realidad y que se sirven para ello de métodos poco ortodoxos, pero muy efectivos.



Putin recibió a Cristina esta semana en el Kremlin, sede del poder político de Rusia. Firmaron allí importantes acuerdos de cooperación bilateral comercial y energética, además de arreglar grandes inversiones. Por lo demás, se empezó a discutir el uso de monedas locales (prescindiendo del dólar) en el comercio entre los dos países y el apoyo de Rusia a la Argentina en la cuestión de las Islas Malvinas. Finalmente, Rusia se comprometió a proporcionar a nuestro país el acceso a sus últimas tecnologías nucleares. Una visita que valió oro para la Argentina.



Más allá de los acuerdos, lo destacado es lo simbólico de la cálida recepción de Putin a Cristina. En el Kremlin, Putin suele reservar toda su cortesía a los mandatarios de países amigos. Si, por el contrario, existe hostilidad en las relaciones, visitar a Putin en el Kremlin puede ser una experiencia muy poco agradable.





Que lo diga Ángela Merkel. Ya en 2007, la dura neoliberal alemana fue a Moscú a tratar de disciplinar a una Rusia que ya venía mostrando las garras e intenciones de salirse de la huella que le había marcado Occidente. Pero Putin, jugando de local, le terminó marcando la cancha: habiendo averiguado de antemano que a Merkel no le gustaban los perros (en realidad Merkel los teme como al mismo diablo), Putin hizo entrar a la sala de reuniones a enorme su labrador negro, y a Merkel le tocó sufrir. Aunque se trataba de un perro más bien amoroso, Ángela Merkel acusó el golpe y comprendió que domesticar a los rusos no iba a ser tarea fácil. Después de todo, Napoleón y Hitler no pudieron. ¿Por qué podría hacerlo Merkel?



De un modo muy poco ortodoxo, el mensaje de Putin a Merkel y a todo Occidente fue claro: Rusia es indomable. Amistad, sí; dominación, jamás. Occidente debe respetar a Rusia si no la quiere tener en frente.

De aquí radica la cortesía del líder ruso hacia la presidenta de Argentina: nuestro país no pretende dominar a nadie, quiere tener relaciones en igualdad, en una palabra, quiere amistad con Rusia.







Rusia es un aliado fundamental para América Latina. Se trata de un país que, por historia, carácter y peso ideológico y político, está llamado a ser unos de los actores principales en la geopolítica del siglo XXI. Argentina, por su vez, no tiene las intenciones imperialistas de Alemania, no quiere dominar a Rusia. Busca asociarse para crecer. Es el matrimonio perfecto y las diferencias en el trato dispensado a Merkel y a Cristina lo evidencian.

Argentina es un país de paz. Y como tal, tiene las puertas abiertas en Rusia, en China y en los demás países que intentan construir un mundo multipolar. Ya para el imperialismo occidental…