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De maltratos y gallineros

Las empresas prestadoras de servicios de la Argentina son famosas a nivel mundial por el maltrato al que someten a sus clientes argentinos.


La mas famosa en ese sentido es TELECOM que acumula denuncia tras denuncia en los diferentes centros de consumidores de todo el país, que van desde el exasperante "En un momento será atendido..." que puede durar horas cuando intentamos comunicarnos con un ser humano del 112, hasta casos de facturación casi millonaria a usuarios que tenían el servicio descompuesto desde hacía varios meses.

Las concesiones viales también cuentan con antipáticos ejemplos, como es el caso de Vial 3 (ruta 9) en la autopista a Rosario, en cuyo asfalto han muerto varios conductores en los famosos y reiterados choques en cadena.
Mientras que por la mala visibilidad -no advertida por el concesionario- los vehículos se estrellaban unos contra otros en mitad de la noche, los empleados del peaje ajenos y ausentes, bostezaban y maquinalmente seguían despachando, pago mediante, mas materia prima para alimentar la tragedia.

Mas recientemente, cuando sectores de la ruta concesionada se encontraba tapada de "humo agrario" con una visibilidad de menos de 200 metros, se colocaba una hojita A4 en las cabinas que rezaba lacónicamente "PRECAUCION: HUMO". No advertir ese cartelito, perdido entre otros avisos mas coloridos de distinta índole, significaba riesgo de vida.

El transporte...!!!
Creo que si hay un maltrato emblemático para los argentinos es en el transporte de pasajeros.
En la terminal de Rosario, en oportunidad que parten los micros a Bariloche con los chicos egresados, han tenido que intervenir directamente los padres de los mismos para detener micros con cubiertas delgadas como piel de cebolla, entre otras irregularidades, siendo que en dicha terminal hay una delegación de la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte) que tiene por objeto precisamente ese contralor.
Cuando algún pasajero concurre a dicha oficina para efectuar alguna queja o buscar asesoramiento es muy común encontrarse con el cartelito de dudosa veracidad: "Estamos recorriendo los andenes".
Hay otros varios ejemplos en todos los rubros, por supuesto pero no es el objeto de la presente puntualizar una por una a las empresas maltratantes, simplemente porque no hace falta ya que lo padecemos todos los días.

Las colas maratónicas que se forman para el pago de servicios e impuestos es el síntoma mas claro del lugar que las empresas, los municipios, las provincias y el estado nacional no tienen asignado, o sea: al fondo y a la derecha.

Somos como gallinas ponedoras en una granja avícola, donde el único fin que persigue el productor no es el bienestar del bípedo sino la mayor cantidad de huevos en el menor tiempo posible, meta que para el animal es una vida de pesadilla.



A propósito:
¿Cuantos de nosotros nos hemos sentido importantes y solventes porque nos enviaron por correo una tarjeta de crédito?
Las campañas que exacerban el consumismo contribuyen a que pensemos que la felicidad tiene forma de mp3 o de TV de plasma...
Esa idea anestesia nuestra reacción al maltrato, que se ha instalado como una epidemia en nuestra vida y nos obliga a hacer algo que no deberíamos: acostumbrarnos.
Sea una u otra empresa, todas poseen un punto en común: la ausencia total de miedo a la sanción, como si eso también formara parte de un acuerdo al que el ciudadano no tiene acceso, por eso la cláusula "Impunidad" la conocen sólo los actores directos.
A pesar que hay organismos de "control" para monitorear el desempeño de muchas firmas (OCCOVI, ENARGAS, ENRE, CNRT, etc.) éstas son sólo escenografía de utilería para contener las presiones del gallinero, y no para solucionar los problemas.
No es difícil sospechar que en la Argentina los mejores negocios fueron concedidos a los amigos del poder, como tampoco es difícil imaginar que el "poder" obtiene beneficios "cash" por eso.
Así las cosas, resultaría muy difícil que el estado-poder escarmiente a la prestadora por una nimiedad que pasa por el cruel maltrato que la gente, dice, padecer.

No va a hacer peligrar, el poder, la jugosa porción que todos los meses recibe por debajo de la mesa para mirar para otro lado; mas allá del gallinero.

El presente es creación propia
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