Eduardo Galeano: Tres años decisivos en Chile (1971-73)
Bueno, Galeano en sus supolementos que salen en Página 12 todos los Miércoles.
ha ordenado la CIA a dos de sus agentes. Sólo sirven para ocultar pistolas automáticas esas cámaras de televisión que hacen como que filman, muy atareadas, la visita de Fidel Castro a Santiago de Chile. Los agentes enfocan a Fidel, lo tienen en el centro de la mira, pero ninguno dispara.
Hace ya muchos años que los especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA vienen imaginando atentados contra Fidel. Han gastado fortunas. Han probado con cápsulas de cianuro en el batido de chocolate y con cierto infalibles pildoritas que se disuelven en la cerveza o ron y fulminan sin que la autopsia las delate.
También lo han intentado con bazucas y fusiles de mira telescópica y con una bomba de plástico, de treinta kilos, que un agente debía ubicar en la alcantarilla, bajo la tribuna. Y han usado cigarros envenenados. Prepararon para Fidel un habano especial, que mata apenas toca los labios. Como no funcionó, probaron con otro habano que provoca mareos y aflauta la voz. Ya que no conseguían matarlo, trataron de matarle, por lo menos, el prestigio: intentaron rociarle el micrófono con un polvo que en pleno discurso provoca una irresistible tendencia al disparate y hasta le prepararon una pócima depilatoria, para que se le cayera la barba y quedara desnudo ante la multitud.
Un millon de personas desfilan por las calles de Santiago, en apoyo a Salvador Allende y contra los momios burgueses que fingen que están vivos y fingen que son chilenos.
Pueblo en fuego, pueblo rompiendo la costumbre de sufrir: en busca de sí, Chile recupera el cobre, el hierro, el salitre, los bancos, el comercio exterior y los monopolios industriales. También se anuncia la próixima nacionalización de los teléfonos de la ITT. Se pagará por ellos lo poco que la ITT dice que valen, en sus declaraciones de impuestos.
La ITT ha inventado una máquina de rayos inflarrojos para detectar guerrilleros en la oscuridad, pero no la necesita para descubrirlos en el gobierno de Chile. Mucho dinero está gastando la empresa contra el presidente Allende. La experiencia reciente enseña que vale la pena: los generales que ahora mandan en Brasil han devuelto a la ITT, varias veces multiplicados, los dólares invertidos para voltear al presidente Coulart.
La ITT gana mucho más que Chile. Cuatrocientos mil obreros y funcionarios trabajan para la empresa en setenta países. En su mesa de directorio se sientan hombres que antes fueron directores de la CIA y del Banco Mundial. La ITT se ocupa de múltiples negocios en todos los continentes: produce equipos electrónicos y armas sotisficadas, organiza sistemas nacionales e internacionales de comunicación, participa en los vuelos espaciales, presta dinero, contrata seguros, explota bosques, brinda al turismo autos y hoteles y fábrica teléfonos y dictadores.
Por valija diplomática llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios paralizan Chile y le niegan alimentos. no hay más mercado que el mercado negro. largas coolas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de Azucar; conseguir carne o aceite requiere un milagreo de la Virgen María Santísima. La Democracia Cristiana y el diario <<El Mercurio>> dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con ésta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de televisión. Al gobierno le cuesta moverse: jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni abastenerse sin mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciados, ocurre.
Le gusta la buena vida. Varias vece ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio por última vez:
- Yo no voy a renunciar...
Yo no voy a renunciar. Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza. la historia es nuestra y la hacen los pueblos...
Trabajadores de mi patria: Tengo fé en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abriran las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.
Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. El registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el gneeral Tomás Opazo Santander afirma que las victimas no suman más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby, explica en Washinton que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá el país.
Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
El poeta Pablo neruda, moribundo, pide noticias del terro. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por la radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.
Antes que el palacio presidencial, han bombardeado la casa de Allende. Tras las bombas, los militares entraron aniquilando lo que quedaba: a bayonetazos embistieron contra los cuadros de Matta, Guayasamín y Portocarrero, y a golpes de hacha reventaron los muebles.
Ha pasado una semana. La casa es un basural. Brazos y piernas de lata, de las armaduras que adornaban la escalera, yacen desparramados por ahí. En el dormitorio, un soldado ronca, durmiendo la mona a pata suelta, rodeado de botellas vacías.
En el living, se escuchan quejidos y jadeos. Allí todavía está de pie, todo descuajaringado pero de pie, un gran sillón amarillo. Sobre el sillón, la perra de los Allende está pariendo. Los cachorritos, ciegos todavía les buscan el calor y la leche. Ella los lame.
En medio de la devastación, en su cama también despedazada a golpes de hacha, yace Neruda, muerto de cáncer, muerto de pena. Su muerte no alcanzaba, por ser Neruda hombre de mucho sobrevivir, y los militares les han asesinado las cosas: han hecho astillas su cama feliz y su mesa feliz, han destripado su colchón y han quemado sus libros, han reventado sus lámparas y sus botellas de colores, sus vasijas, sus cuadros, sus caracoles. Al reloj de pared le han arrancado el péndulo y las afujas; y al retrato de su mujer le han clavado la bayoneta en un ojo.
De su casa arrasada, inundada de agua y barro, el poeta parte hacia el cementerio. Lo escolta un cortejo de amigos íntimos, que encabeza Matilde Urrutia. (Él le había dicho: Fue tan bello vivir cuando vivias)
Cuadra tras cuadra, el cortejo crece. Desde todas las esquinas se suma gente, que se echa a caminar a pesar de los camiones militares erizados de ametralladoreas y de los carabineros y soldados que van y vienen, en motocicletas y carros blindados, metiendo ruido, metiendo miedo.
Detrás de alguna ventana, una mano saluda. En lo alto de algún cbalcón, ondula un pañuelo. Hoy hace doce días del cuartelazo, doce días de callar y morir, y por primera vez se escucha la Internacional en Chile, la INternacional musitada, gemida, sollozada más que cantada hasta que el cortejo se hace procesión y la procesión se hace manifestración y el pueblo, que camina contra el miedo, rompe a cantar por las calles de Santiago a pleno pulmón, con voz entera, para acompañar como es debido a Neruda, el poeta, su poeta, el viaje final.
El baño de sangre de Chile provoca bronca y asco en el mundo entero, pero en Miami no: una jubilosa manifestación de cubanos exiliados celebra el asesinato de Allende y de todos los demás.
Miami se ha convertido en la ciudad cubana más populosa después de la Habana. La calle Ocho es la Cuba que fue. En Miami ya se han apagado la ilusión de derribar a Fidel, pero circulando por la calle Ocho cualquiera refresa a los buenos tiempos perdidos.
Allí mandan banqueros y mafiosos, todo el que piensa es loco o peligroso comunista y los negros no se han salido de su lugar. Hasta el silecio es estridente. Se fabrican almas de pl+astico y automóviles de carne y hueso. En los supermercados, las cosas compran la gente.
1971
Santiago de Chile
<<Disparen Sobre Fidel>>,
ha ordenado la CIA a dos de sus agentes. Sólo sirven para ocultar pistolas automáticas esas cámaras de televisión que hacen como que filman, muy atareadas, la visita de Fidel Castro a Santiago de Chile. Los agentes enfocan a Fidel, lo tienen en el centro de la mira, pero ninguno dispara.
Hace ya muchos años que los especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA vienen imaginando atentados contra Fidel. Han gastado fortunas. Han probado con cápsulas de cianuro en el batido de chocolate y con cierto infalibles pildoritas que se disuelven en la cerveza o ron y fulminan sin que la autopsia las delate.
También lo han intentado con bazucas y fusiles de mira telescópica y con una bomba de plástico, de treinta kilos, que un agente debía ubicar en la alcantarilla, bajo la tribuna. Y han usado cigarros envenenados. Prepararon para Fidel un habano especial, que mata apenas toca los labios. Como no funcionó, probaron con otro habano que provoca mareos y aflauta la voz. Ya que no conseguían matarlo, trataron de matarle, por lo menos, el prestigio: intentaron rociarle el micrófono con un polvo que en pleno discurso provoca una irresistible tendencia al disparate y hasta le prepararon una pócima depilatoria, para que se le cayera la barba y quedara desnudo ante la multitud.
1972
Santiago de Chile
Chile queriendo nacer
Un millon de personas desfilan por las calles de Santiago, en apoyo a Salvador Allende y contra los momios burgueses que fingen que están vivos y fingen que son chilenos.
Pueblo en fuego, pueblo rompiendo la costumbre de sufrir: en busca de sí, Chile recupera el cobre, el hierro, el salitre, los bancos, el comercio exterior y los monopolios industriales. También se anuncia la próixima nacionalización de los teléfonos de la ITT. Se pagará por ellos lo poco que la ITT dice que valen, en sus declaraciones de impuestos.
1972
Santiago de Chile
Retrato de una empresa multinacional
La ITT ha inventado una máquina de rayos inflarrojos para detectar guerrilleros en la oscuridad, pero no la necesita para descubrirlos en el gobierno de Chile. Mucho dinero está gastando la empresa contra el presidente Allende. La experiencia reciente enseña que vale la pena: los generales que ahora mandan en Brasil han devuelto a la ITT, varias veces multiplicados, los dólares invertidos para voltear al presidente Coulart.
La ITT gana mucho más que Chile. Cuatrocientos mil obreros y funcionarios trabajan para la empresa en setenta países. En su mesa de directorio se sientan hombres que antes fueron directores de la CIA y del Banco Mundial. La ITT se ocupa de múltiples negocios en todos los continentes: produce equipos electrónicos y armas sotisficadas, organiza sistemas nacionales e internacionales de comunicación, participa en los vuelos espaciales, presta dinero, contrata seguros, explota bosques, brinda al turismo autos y hoteles y fábrica teléfonos y dictadores.
1973
Santiago de Chile
La trampa
Por valija diplomática llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios paralizan Chile y le niegan alimentos. no hay más mercado que el mercado negro. largas coolas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de Azucar; conseguir carne o aceite requiere un milagreo de la Virgen María Santísima. La Democracia Cristiana y el diario <<El Mercurio>> dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con ésta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de televisión. Al gobierno le cuesta moverse: jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni abastenerse sin mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciados, ocurre.
1973
Santiago de Chile
Allende
Le gusta la buena vida. Varias vece ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio por última vez:
- Yo no voy a renunciar...
1973
Santiago de Chile
<<Se abriran las grandes alamedas>>, anuncia Salvador Allende en su mensaje final
Yo no voy a renunciar. Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza. la historia es nuestra y la hacen los pueblos...
Trabajadores de mi patria: Tengo fé en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abriran las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.
1973
Santiago de Chile
La reconquista de Chile
Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. El registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el gneeral Tomás Opazo Santander afirma que las victimas no suman más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby, explica en Washinton que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá el país.
Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
El poeta Pablo neruda, moribundo, pide noticias del terro. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por la radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.
1973
Santiago de Chile
La casa de Allende
Antes que el palacio presidencial, han bombardeado la casa de Allende. Tras las bombas, los militares entraron aniquilando lo que quedaba: a bayonetazos embistieron contra los cuadros de Matta, Guayasamín y Portocarrero, y a golpes de hacha reventaron los muebles.
Ha pasado una semana. La casa es un basural. Brazos y piernas de lata, de las armaduras que adornaban la escalera, yacen desparramados por ahí. En el dormitorio, un soldado ronca, durmiendo la mona a pata suelta, rodeado de botellas vacías.
En el living, se escuchan quejidos y jadeos. Allí todavía está de pie, todo descuajaringado pero de pie, un gran sillón amarillo. Sobre el sillón, la perra de los Allende está pariendo. Los cachorritos, ciegos todavía les buscan el calor y la leche. Ella los lame.
1973
Santiago de Chile
la casa de Neruda
En medio de la devastación, en su cama también despedazada a golpes de hacha, yace Neruda, muerto de cáncer, muerto de pena. Su muerte no alcanzaba, por ser Neruda hombre de mucho sobrevivir, y los militares les han asesinado las cosas: han hecho astillas su cama feliz y su mesa feliz, han destripado su colchón y han quemado sus libros, han reventado sus lámparas y sus botellas de colores, sus vasijas, sus cuadros, sus caracoles. Al reloj de pared le han arrancado el péndulo y las afujas; y al retrato de su mujer le han clavado la bayoneta en un ojo.
De su casa arrasada, inundada de agua y barro, el poeta parte hacia el cementerio. Lo escolta un cortejo de amigos íntimos, que encabeza Matilde Urrutia. (Él le había dicho: Fue tan bello vivir cuando vivias)
Cuadra tras cuadra, el cortejo crece. Desde todas las esquinas se suma gente, que se echa a caminar a pesar de los camiones militares erizados de ametralladoreas y de los carabineros y soldados que van y vienen, en motocicletas y carros blindados, metiendo ruido, metiendo miedo.
Detrás de alguna ventana, una mano saluda. En lo alto de algún cbalcón, ondula un pañuelo. Hoy hace doce días del cuartelazo, doce días de callar y morir, y por primera vez se escucha la Internacional en Chile, la INternacional musitada, gemida, sollozada más que cantada hasta que el cortejo se hace procesión y la procesión se hace manifestración y el pueblo, que camina contra el miedo, rompe a cantar por las calles de Santiago a pleno pulmón, con voz entera, para acompañar como es debido a Neruda, el poeta, su poeta, el viaje final.
1973
Miami
El santo Consumismo contra el dragón del Comunismo
El baño de sangre de Chile provoca bronca y asco en el mundo entero, pero en Miami no: una jubilosa manifestación de cubanos exiliados celebra el asesinato de Allende y de todos los demás.
Miami se ha convertido en la ciudad cubana más populosa después de la Habana. La calle Ocho es la Cuba que fue. En Miami ya se han apagado la ilusión de derribar a Fidel, pero circulando por la calle Ocho cualquiera refresa a los buenos tiempos perdidos.
Allí mandan banqueros y mafiosos, todo el que piensa es loco o peligroso comunista y los negros no se han salido de su lugar. Hasta el silecio es estridente. Se fabrican almas de pl+astico y automóviles de carne y hueso. En los supermercados, las cosas compran la gente.
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