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El Clan, bajo el ojo critico



Crítica: Muy buena.Francella y Peter Lanzani son Arquímedes y Alejandro Puccio en el drama con tintes de thriller de Trapero.

El muy difundido trailer de la película es una acabada síntesis, también del comportamiento de la familia Puccio, la que integra el clan del título al que se suman otros delincuentes. Es un plano secuencia en el que el papá (Arquímedes Puccio, interpretado por Guillermo Francella) recoge en una bandeja la cena que llevará, escaleras arriba. Pasa por los cuartos de los hijos, avisándoles que la comida pronto estará lista, y al final de su recorrido, abre una puerta y el espectador se encuentra con un joven que grita, encapuchado y encadenado en el baño.

No por conocida la sórdida historia de esta familia que secuestraba gente adinerada, la tenía en su casa, cobraba el rescate y los asesinaba, deja de generar tensión genuina en la platea. Más aún, seguramente muchos/as de los espectadores/as que irán al cine atraídos/as por Peter Lanzani, que interpreta excepcionalmente a Alejandro, uno de los cinco hijos de Arquímedes y Epifanía, la descubrirán ahora y no podrán salir de su asombro.

Los Puccio integraban una familia de clase media de San Isidro. Una familia de barrio, respetada, con hijos rugbiers, en particular Alejandro, wing del CASI y de Los Pumas. El que tenía los contactos y trabajaba en la SIDE era Arquímedes. El accionar del clan fue entre los últimos años de la dictadura militar y los primeros de la primavera alfonsinista. Los Puccio sabían que tenían protección, pero igual se movían con pies de plomo.

Pablo Trapero eligió centrarse en la relación padre e hijo. En definitiva, la única manera de entrar en la familia y sentir alguna empatía con un personaje es con Alejandro, que es expuesto como utilizado por Arquímedes, y como el que se quiere rebelar de tanta locura.

Pero, se sabe, Alex no se abrió del clan.

Y allí va Trapero, mostrando contradicciones dentro de la tragedia, desnudando hipocresías -a veces de un brochazo, cuando ha sabido ser más sutil- y generando esa incomodidad en el espectador. ¿Queremos que lo atrapen a Alex, o no?

En esa construcción del personaje radica la diferencia del Diablo encarnado por Francella y el ángel caído que es Lanzani. Mientras el primero es rígido hasta en su postura en la mesa, incapaz de pestañear, el segundo es, decididamente, menos frío y más humano. Un joven con un futuro prometedor -en el rugby; en su local de artículos de deportes náuticos; en la familia que con su novia planifica- que por eso se gana rápido al público.

Lanzani -toda una revelación- y Francella mantienen un duelo actoral, de tensiones invariables. Pero cuando Arquímedes “se saca”, Francella mete miedo. Y en serio.

Trapero, un narrador como pocos en el ámbito local, que creció de aquel inicial Nuevo Cine Argentino hasta transformarse, hoy en un realizador del mejor cine que combina lo artístico con su pata comercial, apela a la banda de sonido con temas de la época, que van de Serú Girán a Virus pasando por Creedence. Y genera pequeñas viñetas que pueden recortarse, casi como videoclips. La funcionalidad de la música, entonces, las actuaciones convincentes, la cámara de Julián Apezteguía, el cuidado de la producción, todo hace a un combo que convierte a El Clan en la película argentina (más esperada) del año.



CALIFICACION: MUY BUENA


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