Check the new version here

Popular channels

El Cristiano y el Anarquista. Por Nietzsche



Cuando el anarquista, como portavoz de las capas sociales decadentes, reclama con hermosa indignación "derechos", "justicia" e "igualdad de derechos", habla sólo bajo el peso de su propia incultura que le impide saber por qué sufre realmente, de qué es pobre: es decir, de vida. Su instinto dominante es el de causalidad: alguien tiene que tener la culpa de que él esté tan mal... Por otra parte, su "hermosa indignación" le hace bien por sí sola; cualquier pobre diablo siente placer injuriando, porque esto le produce una pequeña borrachera de poder. La simple queja, el mero hecho de quejarse, puede darle un encanto a la vida y hacerla soportable. En toda queja hay una pequeña dosis de venganza: a quienes son de otro modo se les reprocha, como una injusticia, como un privilegio ilegítimo, el malestar e incluso la mala condición de quien se lamenta. "Si yo pertenezco a la canalla y soy un canalla, tú deberías pertenecer a ella y serlo también": con esta lógica se hace la revolución.
El quejarse no sirve absolutamente de nada: es algo que procede de la debilidad. No hay una gran diferencia entre atribuir nuestro malestar a otros como hace el socialista, o atribuírnoslo a nosotros mismos, como hace el cristiano. Lo que en ambos hay de común -y habría que añadir de indigno- es que alguien debe ser culpable de que se sufra; con pocas palabras, el que sufre se receta, como medio de combatir de su dolor, la miel de la venganza. Los objetos de esa necesidad de venganza, que es una necesidad de placer, son causas ocasionales: el que sufre encuentra por todas partes causas para saciar su pequeña venganza. Si es cristiano, digámoslo otra vez, las encuentra dentro de él... Tanto el cristiano como el anarquista son decadentes.
Pero incluso cuando el cristiano condena, calumnia y ensucia el "mundo", lo hace movido por el mismo instinto que impulsa al obrero socialista a condenar, calumniar y ensuciar la sociedad. El propio "juicio final" es, igualmente, el dulce consuelo de la venganza, la revolución que también espera el obrero socialista, sólo que concebida como algo más lejano. El propio "más allá"... ¿para qué serviría ese más allá si no fuera para ensuciar el más acá?
0
0
0
3
0No comments yet