Check the new version here

Popular channels

El hombre en el espejo (Axel Kicillof)

Por Javier Lewkowicz
"El hombre en el espejo"

El hombre impensado en el momento impensable. El ministro de Economía más de izquierda en la fase que exige mayor grado de pragmatismo. Axel Kicillof lleva ocho meses de gestión que tuvieron de todo, menos su soñado programa de desarrollo. ¿Qué significado tiene su acumulación de poder y cuáles serán las consecuencias materiales y simbólicas de esta experiencia?






Nace en algún barrio porteño en una familia de clase media acomodada, estudia en el Colegio Nacional de Buenos Aires, arranca la carrera de Economía en la UBA y funda una agrupación independiente a finales de los ̒90. No somos tan tontos, no nos engañen más, son todos lo mismo, váyanse todos. Da clases de microeconomía, de historia del pensamiento económico, de macroeconomía. Empieza el doctorado en Economía. Organiza una cátedra abierta de pensamiento heterodoxo, se junta con militantes de agrupaciones universitarias, conduce el gremio docente, se presenta como candidato a rector de la UBA. Pide más presupuesto y reformar el plan de estudios, da parrafadas contra el neoliberalismo y dirige un centro de estudios, cuyo documento fundacional critica las “consecuencias económicas del Dr. Lavagna”.

                                                                                           // Intervalo //

Es el ministro de Economía de la etapa más defensiva del kirchnerismo: en la que hay más anuncios de pago de deuda externa que festejos nacionales y estatizaciones; más gestión para evitar que aumente la pobreza que para eliminarla; más acuerdos para contener los precios que para lanzar planes de desarrollo a largo plazo. El salto entre el primer y el segundo acto demandó un cambio de década. Un viraje político e ideológico, nuevas necesidades y ambiciones, individuales y colectivas, de la dirigencia política y de la juventud que llegó en masa a ocupar cargos públicos. Una batalla cultural, con aciertos, errores, excesos y contradicciones. Protagonista para todos en esta hora, porque se duplica la apuesta, casi desafiándose. Por fenómeno excepcional en la historia económica argentina, por curiosidad cultural y pertenencia generacional, las preguntas sobre Axel Kicillof retumban.

                                                                                                   1

Kicillof ingresó al kirchnerismo en 2009 a través de Mariano Recalde, titular de Aerolíneas Argentinas y referente de La Cámpora. Como tantos otros sub-40 del partido de gobierno, asumió una responsabilidad grande sin tener pergaminos de gestión y fue derecho a una de las subgerencias de la aerolínea de bandera. Por ser un economista destacado en la heterodoxia local, pero también por habilidad política, carisma, retórica y audacia, en abril de 2011, CFK lo eligió para ocupar el cargo de director por el Estado en Siderar, subsidiaria de la siderúrgica Techint, el grupo empresario más importante del país. “Google Trends” dice que a partir de la negativa de Techint a aceptarlo en su board, el hombre en cuestión comenzó a existir. Sin embargo, en ese momento los diarios le dedicaron apenas el 5 por ciento de los titulares, que iba a llenar apenas un año después.
De a poco empezó a despegarse de la actividad académica. En 2010 llegó a publicar De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico. Un análisis de los textos originales, aunque su principal contribución en ese sentido fue su tesis doctoral: Fundamentos de la Teoría General. Las consecuencias teóricas de Mr. Keynes, impresa en 2007. No podía ser más oportuna, porque la crisis subprime hizo que el mundo volviera a leer a Keynes para entender por qué todo sonaba a 1929, cuando terminó de terminar el siglo XIX. Fundamentos… es un trabajo controvertido: encuentra en la literatura de Keynes una teoría del valor-trabajo que permite comprender (denunciar) la explotación del obrero. Y busca desterrar la lectura edulcorada del economista inglés que hizo el mainstream a través de los intragables manuales de economía.
En el segundo mandato de CFK, Axel subió unos cuantos escalones más de un tirón. En diciembre de 2011 fue designado secretario de Política Económica, número dos del Palacio de Hacienda. Es un cargo muy importante pero también testimonial: una de esas dependencias que hacen mil estudios y proyecciones que pocos miran y que pasan a engrosar la papeleta archivada. “Yo tengo un perfil bajo, estamos acá para pensar el desarrollo económico a largo plazo. No vamos correr atrás de la coyuntura”. Así presentaba Axel, en aquel entonces, su programa de gestión como vice a sus colaboradores.
Cinco meses más tarde, el lunes 16 de abril de 2012, el Gobierno intervino YPF-Repsol y arrancó un rápido proceso de expropiación. El grado de exposición pública de Kicillof, quien había insistido puertas adentro sobre la necesidad de tomar la medida, fue extremo. Durante casi 8 horas, explicó al Senado, al país y al mundo lo que estaba pasando. Habló de la política económica de la dictadura, del neoliberalismo, de la lógica de Repsol para extraer ganancias. Demostró retórica y una capacidad interminable para hablar, un activo de peso para el cristinismo. El resultado: prime time, tapa de El País de España y de otros diarios del mundo.
“No les mentí, la realidad nos pasó por encima”, justificó luego Axel por qué en tan poco tiempo pasó de pensar el desarrollo a pelearse en cámara con el senador jujeño Gerardo Morales.

                                                                                                   2

El kirchnerismo fue celoso en la conducción de la economía: el ministro fue Néstor Kirchner hasta que su fallecimiento obligó a reemplazarlo con un equipo, cuya última versión no fue ni siquiera la suma de individualidades. Guillermo Moreno para el manejo de la inflación y del comercio exterior, la relación con los cueveros de la city y el control sobre el INDEC; Mercedes Marcó del Pont para administrar la fuga de capitales; Hernán Lorenzino con la idea de acercarse a los inversionistas externos; Ricardo Echegaray debiendo dar explicaciones por los imposibles criterios de la AFIP para vender dólares. Y Kicillof en el área energética, en Cancillería, en todo y en nada. 
Ese equipo económico enfrentaba, después de las elecciones legislativas del año pasado, una enorme tensión en el frente externo. Con algún componente destituyente y otro de mala praxis, avanzaba “en el mercado” la idea de la transición hacia 2015, con algún economista friendly como Mario Blejer o Miguel Bein (ambos de rápido acercamiento a Daniel Scioli) en el Palacio de Hacienda y en el Banco Central. La diferencia con otros eventos similares de los últimos años era política: el kirchnerismo consideraba que no tenía más margen para salir hacia adelante.
Kicillof fue designado ministro el 20 de noviembre de 2013, en conjunto con la salida de Marcó del Pont, con quien tenía profundos desentendimientos, y de Moreno. Todo el poder a Axel.
Se debatía si era marxista, keynesiano, soviético o peronista. En vano pero no sin algún dejo de verdad, porque no hay dudas de que es el ministro de Economía más ideológico, de mínima, del kirchnerismo. Con riesgo de ser anacrónico, hace vicio de su solidez teórica y se le escapa una cita de Adam Smith o una referencia a David Ricardo en el microcine del Ministerio de Economía. Habría que remontarse hasta Domingo Cavallo en eso de tener ministros de economía con una mirada del mundo trabajada, organizada, preconcebida. Pero lo que en Kicillof es ideología, en Cavallo era fortaleza técnica. La diferencia sólo pasa por quién se apropia del lenguaje, porque Kicillof es de izquierda y Cavallo de derecha.
Kicillof no es amigo de ningún banquero ni tiene contactos en los organismos internacionales. Es arisco, austero, soberbio. Seduce (adentro), pero no vende (afuera). Así y todo, agarró en mitad del campeonato un equipo grande que estaba gastado por tantos años de jugar miércoles y domingo, que peleaba solo por mantener la categoría. “No vamos a hacer nada que genere cambios bruscos en la economía”, decía Kicillof cuando asumía. Al poco tiempo, Axel hizo lo impensable para un tipo como él. Se probó el traje de su alter ego, el del pragmático, e hizo el ajuste.
Buena parte de lo que vino después, juran los axelianos, estaba previsto. Acuerdo de precios, devaluación, suba de la tasa de interés, parcial liberación del cepo cambiario, quita de algunos subsidios, acuerdo con Repsol y un par de juicios en el CIADI, más inflación reflejada en el nuevo índice de precios del INDEC, equilibrio cambiario y de reservas internacionales y caída de la brecha con el blue, paritarias promediando el 30 por ciento, medidas de expansión fiscal (aumento de la AUH, Progresar, Pro.Cre.Ar y nueva moratoria previsional). No esperaban semejante desplome del sector automotor y de otros rubros industriales, y con ellos, de la actividad económica.
Si las señales hacia los adversarios locales surtieron algún efecto, no percibieron lo mismo los del exterior. El revés en el litigio de los fondos buitres buscaba suavizarse mostrando “voluntad de pago” del gobierno. Esas jugadas no impresionaron. No las deslegitima de pleno, pero sí las oscurece. Si el resultado es volver a ser un paria en el mercado financiero, haber gastado unas cuantas balas en negociar con los acreedores de París, Repsol y en el CIADI, luce a despilfarro.
“Es un ajuste heterodoxo: si no devaluábamos, nos llevaban puestos”, argumentan.

                                                                                                   3

En la mesa chica de Kicillof se sientan, varias veces al día, Emmanuel Álvarez Agis, viceministro; Augusto Costa, secretario de Comercio; Mariana González, subsecretaria de Competitividad; y Nicolás Arceo, director en YPF. Todos jóvenes economistas de la UBA, ex integrantes del CENDA, el centro de estudios de economía que fundó Axel. La única persona “del riñón” que puso en otro lugar fue Cecilia Nahón, nada menos que de embajadora en los Estados Unidos. Para la política, el ministro mantiene contacto a diario con el Andrés Cuervo Larroque y con Wado de Pedro, de íntima confianza. Trabajan hacia arriba y hacia abajo: definen la propuesta para subir a CFK y también la implementación de medidas ya aprobadas. “Me cansaba mucho más siendo vice que ahora”, dice Axel. La jornada de trabajo se fue alargando para él y los suyos, pero el desgaste de luchar contra los de adentro era todavía más pesado.
Si el establishment era, hasta hace muy poco, un mundo totalmente desconocido, el ministro consiguió en este tiempo armarse de un conjunto de interlocutores en ese ámbito. Se anotan en la lista Carlos Bulgheroni, CEO de la petrolera Bridas; Eduardo Eurnekian, titular del holding Corporación América; Daniel Novegil, CEO de Ternium, del Grupo Techint; Rubén Cherñajovsky, presidente del Grupo Newsan, la empresa electrónica más grande de Tierra del Fuego. En el sindicalismo, son menos: Antonio Caló, secretario general de la CGT alineada al gobierno, y Ricardo Pignanelli, del SMATA.
En un cuadro de doble entrada, el equipo que rodea al ministro junto con la gente de la Secretaría de Comunicación de Presidencia busca pulir su imagen. “A favor: claridad conceptual, calma para hablar. En contra: historización, respuestas que a veces lucen como enojo ante los periodistas, gesticulización”. Kicillof habla de la prensa en todas sus intervenciones, construye parte de su identidad K desde ese lugar. El kirchnerismo corrió el velo de los intereses mediáticos y apareció un enemigo real, al que también está permitido hacerlo depositario de todo lo malo que pasa y también de todo lo bueno que no llega. 
No va a actos políticos donde no tenga que acompañar a la Presidenta. Sí se acercó al Mercado Central, donde Unidos y Organizados organizó el día de la militancia, y volvió conmovido, aunque encabezar una campaña política parece estar todavía en sus antípodas. “Si quieren que sea como otros, no me va a salir”, dice. “Otros” pueden ser representantes de su generación que entendieron eso de que la imagen es todo. Insaurralde o Massa, por caso. Distinto es el cantar si un candidato de pura cepa K le ofrece seguir como ministro después de 2015.

                                                                                                   4
La figura de Kicillof en esta etapa del kircherismo, la del aterrizaje defensivo, cobra un triple sentido: para la militancia, es el hombre que canta la más maravillosa música, el tipo que puede sostener las banderas propias; hacia la oposición, el gobierno emite una señal de no entrega; y para “los mercados”, se ofrece un guiño material de aquellos: el capital no sabe de exquisiteces.
Luce como un atractivo interrogante, por fuera de la agotadora coyuntura nacional, qué marca dejará esta experiencia. Pisamos la mitad de una década que promete no ser explosiva como fue la pasada, aquella en la que vimos el precipicio, pero desde el abajo, en la que se discutió sobre casi todo y aun así quedaron tantas cosas sin discutir. Es otro tiempo, más estrecho porque siempre alguno sale perdiendo, pero a la vez con activos materiales y simbólicos que serán difíciles de corroer y que, por lo tanto, permiten ilusionarnos sobre todo lo que falta construir y, por qué no, también deconstruir. Un espejo suele despertar más preguntas que respuestas. ¿Qué consecuencias económicas y sociales, pero también identitarias, nos dejará haber tenido un ministro de Economía de izquierda en este pliegue de la historia pos-neoliberal?

0
0
0
0No comments yet