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El Mañana del Futuro o Cómo Empeorar el Conflicto Estudianti

Un compañero de tiempos pasados en el Colegio Williams me comentaba filosoficamente, ante los recientes incidentes con los estudiantes normalistas y los del politécnico, que “el mañana del futuro es el ayer del presente,” y hasta ahora estoy entendiendo lo que me quería decir… así soy yo, lento pero seguro.

El mundo está experimentando grandes transformaciones y nuevos desafíos, y solamente aquellos países con poblaciones educadas podrán responder a tales retos. Algunas de las lecciones de una población educada son: (1) para diseñar el presente hay que entenderlo, (2) para entender el presente hay que tener un idea de cómo será el mañana, (3) para entender el mañana hay que conocer el pasado, y (4) para conocer el pasado, entender el presente y anticipar el futuro hay que estudiar. México requiere por lo tanto impulsar un modelo educativo que genere la innovación, la productividad, el debate intelectual, el respeto a las instituciones democráticas y todo con una visión a largo plazo.

El problema es que en México estamos haciendo todo lo contrario para preparar correctamente a nuestra juventud. Los recientes dos conflictos estudiantiles sirven para ilustrar nuestros errores como estado, pueblo y nación.

Por un lado está el ataque y secuestro de los normalistas en Guerrero, hecho perpetrado por la policía municipal en contubernio con el crimen organizado. Esto corresponde, simple y llanamente, a un Crimen de Estado. Aparte, la demora en la respuesta de los gobiernos estatal y federal para iniciar la investigación y castigar a los culpables, apunta a una ausencia de poder y confirma la impunidad como parte de la praxis pública del estado mexicano.

Por el otro lado están los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional que se manifestaron en contra del reglamento interno de la institución, formulando un pliego petitorio de diez puntos. Cada punto del pliego se requería examinar, debatir y negociar en un ambiente académico e institucional para alcanzar un acuerdo. Sin embargo, Osorio Chong, secretario de gobernación (no el de la cartera responsable, el de educación), a fin de desmovilizar lo antes posible la protesta estudiantil y evitar una marcha violenta del 2 de octubre, salio a la calle y sin análisis, ni negociación previa, le dijo “Sí” a los diez puntos, manifestando el temor del gobierno ante este tipo de movimientos y enviando un mensaje perverso a futuros pseudo-líderes de que “el chantaje político si se puede”.

Claro, ahora los estudiantes crecidos por la claudicación incondicional del gobierno han mantenido su paro indefinido (a pesar de que se les concedió todo lo que querían) y los líderes de los profesores de IPN ya están preparando su propio pliego petitorio. El gobierno al rendirse sin debatir, sin argumentos y sin negociación, generó lo que precisamente quería evitar: la continuación y extensión del conflicto. El riesgo es que ahora ambos movimientos—el de los estudiantes normalistas y el de los del politécnico—se junten y otros estudiantes de otras instituciones se unan al movimiento, generando más incertidumbre, inestabilidad e ingobernabilidad. ¿Qué credibilidad puede tener un gobierno que no gobierna, un gobierno que sucumbe ante el chantaje político, un gobierno que ignora su propia historia?

Ante este panorama, las preguntas obligadas son: ¿a dónde va nuestra juventud? Y, ¿Estamos preparando bien a los mexicanos del mañana?

El futurólogo americano Albin Toffler habla de tres grandes olas que han conformado a la sociedad humana. La primera abarca desde ocho mil años antes de Cristo hasta 1650, correspondiendo a la consolidación de la sociedad agrícola. La segunda ola va de 1650 a 1950, refiriéndose a la creación y establecimiento de la sociedad industrial moderna. La tercera ola, donde nos encontramos por el momento, corresponde a la era del conocimiento, la consolidación de la sociedad post moderna y post industrial. En cada ola el ritmo de crecimiento y generación de nuevos conocimientos se ha acelerado.

Hoy en día vivimos la nueva economía, aquella asociada a las innovaciones y a los rápidos cambios tecnológicos. Desde 1950 a la fecha hemos experimentando cambios en la manera como aprendemos, trabajamos, comerciamos y comunicamos. Hemos experimentado dos magnas transformaciones en los sectores de computación y telecomunicaciones, y probablemente muy pronto venga otra gran transformación tecnológica en el sector energético.

Seis tendencias están conformando la dirección de esta tercera ola. Primero, la aceleración del proceso de destrucción creativa en donde las grandes industrias tradicionales están siendo reemplazadas por industrias móviles más pequeñas con mayor contenido de conocimiento. Segundo, los bienes y productos estandarizados para los grandes mercados están siendo sustituidos por bienes y productos hechos a la medida y gusto de los consumidores. Tercero, el trabajo asalariado está siendo reemplazado por el trabajo especializado, descentralizado y no-subordinado. Cuarto, los activos monetarios tradicionales están gradualmente siendo reemplazados por sus equivalentes digitales. Quinto, los estados-nación gradualmente se debilitan ante el fortalecimiento creciente de las redes y comunidades globales. Sexto, la privacidad individual gradualmente desaparece por las decisiones voluntarias y autónomas de los propios individuos.

Estamos viviendo tiempos de grandes transformaciones, de un cambio acelerado, en donde el que no cambia con el cambio se queda atrás. La incertidumbre que los estudiantes sienten, ante una la realidad cada vez más opuesta a sus creencias y valores, los conduce a la inseguridad y los impulsa a buscar maneras y compromisos fáciles para asegurar la seguridad económica futura.

¿Qué desafíos nos plantean estas tendencias y circunstancias? Antes de poder responder a dicha interrogante, hay que aceptar que el contexto global va a ser cada vez más dinámico y complejo, requiriendo gente cada vez más preparada para comprender y adecuarse a los cambios, y así poder aprovechar las oportunidades que traerán dichas transformaciones. Aquellos países que no dispongan de una población educada estarán condenados a observar desde atrás del tren el progreso de los otros países, o simplemente que se les vaya el tren. Es, por lo tanto, imprescindible preparar a nuestros jóvenes con una educación de calidad y con un gran ingrediente de flexibilidad.

El problema es que México está haciendo todo lo contrario para lograr una educación de calidad, seguimos permitiendo que: (1) nuestro sistema educativo esté secuestrado por pseudo mafias políticas, magisteriales y estudiantiles; (2) no opere el modelo educativo que enseña a cuestionar con ideas y el debate intelectual aquello con lo que diferimos; (3) se favorezca el modelo de chantaje, descalificaciones, violencia y corporativismo, y (4) se enseñe a nuestros jóvenes mediante el mal ejemplo que la presión a las autoridades y semejantes es el camino adecuado para negociar en beneficio propio el bien público más preciado de México, la educación.

Dentro de las funciones del Estado está la de adecuar sus instituciones al contexto social y económico para lograr el crecimiento sustentable. Las instituciones no deben constituirse en obstáculos al cambio, sino que tienen que ser flexibles para responder en la misma dirección del cambio global. Las instituciones tienen que facilitar el aprovechamiento de las oportunidades que todo cambio genera. La responsabilidad de un Estado no es ganar un concurso de popularidad, sino el de mejorar el bienestar de sus pobladores, por lo que no debe ceder ante las presiones de corto plazo de los grupos de descontentos, pues siempre habrán insatisfechos y gente que tratará de manipular el sistema para lograr su beneficio a costa del de los demás.

Los problemas nacionales se encuentran de una u otra forma asociados a una deficiente educación y a un Estado carente de visión y autoridad. Los gobiernos democráticos no pueden ni deben sacrificar el objetivo de una educación de calidad ante el pretexto de mantener el orden y la paz pública. Los dos sucesos que estamos viviendo del crimen de Estado contra los estudiantes normalistas de Guerrero y la ausencia de autoridad ante el movimiento estudiantil del politécnico son dos eslabones más que se suman a la cadera de ineptitud, corrupción, impunidad y violencia que vive nuestro país.

Los cambios y tendencias en el escenario global seguirán trayendo retos, creando problemas y generando oportunidades. Al menos de que el Estado responda de manera valiente, inteligente y congruente a tales cambios y tendencias, México corre el riesgo de quedarse al margen de la tercera ola. En otras palabras, nos acecha el peligro de que el mañana de nuestro futuro sea el ayer del presente.
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