El poder creador de la mente
¿Quién no ha padecido alguna vez, por culpa de los nervios incontrolados, un dolor de estómago (por no hablar de la formación de una ulcera), una diarrea, un dolor de cabeza, ansiedad, angustia, etc.?
Todas y cada una de estas sensaciones físicas han sido creadas por la mente inquieta y sin control. Su efecto físico es completamente real y no pertenecen a la imaginación, como muchas personas puedan pensar. Quién más lo sufre y paga sus consecuencias es el cuerpo, al menos en los primeros momentos.
¿Qué sucede posteriormente, después de experimentar estas malas sensaciones físicas, este malestar corporal?
Sucede que, cuando esas sensaciones (o las experiencias que las provocan) se repiten con la suficiente frecuencia, pueden llegar a producir que hasta nuestros sentimientos más profundos se resientan.
¿Y qué puede sucedernos entonces a nivel mental?
Las sensaciones repetidas de nervios o de angustia pueden limitarnos realmente en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales y, en general, en muchas de las situaciones cotidianas. Incluso pueden llegar finalmente a acomplejarnos. Con frecuencia, estas personas llegarán a sentirse inferiores, a pensar que no sirven para esto o para aquello y, finalmente, a desarrollar sus propios complejos.
Observa que una <<simple>> acción mental, en este caso debida a ese descontrol de nervios (o a una errónea interpretación de la realidad), puede crear de por sí sola verdaderas sensaciones y enfermedades físicas no deseadas, tales como dolores diversos, úlceras, jaquecas, etc.
Es curioso constatar que el poder creador de nuestra mente <<funciona mejor>> para crear realidades físicas o psíquicas negativas, que para hacer lo propio con las realidades positivas. ¿A qué se debe esto? ¿Somos acaso pésimos creadores?
Evidentemente, creadores pésimos no somos y, por tanto, creamos a plena fuerza, aunque principalmente lo hagamos para crear realidades negativas o perjudiciales para nosotros.
Mucha gente empieza a sugestionarse psíquicamente con una enfermedad que no tiene y, al cabo de cierto tiempo, ha logrado hacerla real y por tanto experimentarla como tal. ¡Qué poder tiene en realidad nuestra capacidad de autosugestión!
De acuerdo, no somos pésimos creadores y podemos crear hasta realidades con sólo pensarlas o imaginarlas.
Todas y cada una de estas sensaciones físicas han sido creadas por la mente inquieta y sin control. Su efecto físico es completamente real y no pertenecen a la imaginación, como muchas personas puedan pensar. Quién más lo sufre y paga sus consecuencias es el cuerpo, al menos en los primeros momentos.
¿Qué sucede posteriormente, después de experimentar estas malas sensaciones físicas, este malestar corporal?
Sucede que, cuando esas sensaciones (o las experiencias que las provocan) se repiten con la suficiente frecuencia, pueden llegar a producir que hasta nuestros sentimientos más profundos se resientan.
¿Y qué puede sucedernos entonces a nivel mental?
Las sensaciones repetidas de nervios o de angustia pueden limitarnos realmente en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales y, en general, en muchas de las situaciones cotidianas. Incluso pueden llegar finalmente a acomplejarnos. Con frecuencia, estas personas llegarán a sentirse inferiores, a pensar que no sirven para esto o para aquello y, finalmente, a desarrollar sus propios complejos.
Observa que una <<simple>> acción mental, en este caso debida a ese descontrol de nervios (o a una errónea interpretación de la realidad), puede crear de por sí sola verdaderas sensaciones y enfermedades físicas no deseadas, tales como dolores diversos, úlceras, jaquecas, etc.
Es curioso constatar que el poder creador de nuestra mente <<funciona mejor>> para crear realidades físicas o psíquicas negativas, que para hacer lo propio con las realidades positivas. ¿A qué se debe esto? ¿Somos acaso pésimos creadores?
Evidentemente, creadores pésimos no somos y, por tanto, creamos a plena fuerza, aunque principalmente lo hagamos para crear realidades negativas o perjudiciales para nosotros.
Mucha gente empieza a sugestionarse psíquicamente con una enfermedad que no tiene y, al cabo de cierto tiempo, ha logrado hacerla real y por tanto experimentarla como tal. ¡Qué poder tiene en realidad nuestra capacidad de autosugestión!
De acuerdo, no somos pésimos creadores y podemos crear hasta realidades con sólo pensarlas o imaginarlas.
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