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El triunfo de la marea verde es inevitable




Los senadores que votaron el jueves pasado en contra del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) votaron para que nada cambie. Como sucedió en Diputados, quienes se oponen a esta iniciativa no propusieron absolutamente nada. Frente a un problema concreto que en nuestro país se lleva la vida de muchas mujeres por tener que recurrir a clínicas clandestinas para abortar, su posición fue la nada misma. Estos senadores votaron por la muerte, por el oscurantismo. Votaron por una especulación política o por presión de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Votaron por el país que mira para otro lado con cinismo e irresponsabilidad. El país de la doble moral y de la hipocresía.

Sin embargo, quienes ganaron con los votos, perdieron en la calle. En esa batalla cultural en la que intentan seguir imponiendo sus dogmas y el modelo de mujer incubadora, ganó el movimiento de mujeres. Porque el debate sobre el proyecto IVE es solo la punta de lanza de otro más abarcador: el rol de la mujer en la sociedad. Y en esa disputa cada vez son más las que se van sumando a la pelea por una sociedad de igualdad entre géneros. Una sociedad más justa, sin estereotipos. Más justa para las mujeres, pero también para los hombres e identidades disidentes.

Por otro lado, los debates, tanto en Diputados como en el Senado, fueron dejando muchas conclusiones. Escuchamos a especialistas de diferentes campos aportando su conocimiento y su experiencia, enriqueciendo nuestro saber. También soportamos disparates, como que "el profiláctico no sirve y no hay que usarlo", o que "el síndrome de Down es una enfermedad". O incluso hasta a bochornosas revelaciones, como la de aquella senadora que confesó no haber leído la ley pero que igual votaba en contra. En cualquier caso, todos testimonios que robustecieron la idea de que solo había un proyecto y una preocupación real sobre esta problemática, y que estaba del lado de los que no queremos seguir mirando para otro lado mientras se siguen muriendo mujeres en lugares no aptos para practicar un aborto. Siempre fuimos claros: el aborto es una situación dolorosa por la que nadie quiere pasar. Pero es una cuestión de salud pública que hay que encarar. El debate era y es, aborto legal o aborto clandestino. Y educación sexual para no llegar a esa situación. Aplicar la ley 26150 en todos los establecimientos educativos se hace imperioso. La misma ley que quienes que se oponen férreamente al proyecto IVE boicotearon una y otra vez, aunque ahora, de repente, hablen de "la necesidad de educar".

Este proyecto elaborado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que tengo el honor de encabezar con mi firma, será ley más temprano que tarde. La marea verde que colmó las inmediaciones del Congreso y su clara impronta generacional lo va a hacer posible. Es el futuro. Es una deuda de la democracia con las mujeres que se va a saldar. Es un derecho, es la libertad de nuestros cuerpos. De ahora en más, cada mujer muerta en una clínica clandestina va a tener responsables con nombre y apellido. Los de aquellos que votaron por el aborto clandestino.

Hace apenas un año atrás ni siquiera podíamos debatir sobre estas temáticas dentro del Congreso. Hoy ya estuvimos a un puñado de votos de que el proyecto IVE sea una realidad. Esto recién empieza y en muy poco tiempo estaremos diagramando nuevas estrategias para que el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo sea ley. No hay muro que tanto entusiasmo y convicción no puedan escalar. Por aquellas pioneras que nos antecedieron en esta lucha. Por todas aquellas que murieron y mueren porque el Estado no les brinda condiciones básicas para practicar un aborto seguro. Y por las generaciones que vienen, no vamos a parar hasta conquistar la igualdad de derechos entre las mujeres y los hombres. Ya ganamos, la ola verde no la van a poder frenar, el aborto será legal.
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