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En Mulegé no olvidan el 2 de octubre [México]

En Mulegé no olvidan el 2 de octubre.


Historia de Baja California Sur, México.




Santa Rosalía, B.C.S.- “Al conmemorar el 166 Aniversario de la Batalla encabezada por el Capitán Manuel Pineda. Aquel día inolvidable y glorioso 2 de octubre de 1847, la Heroica Mulegé forjó con letras de oro su espacio en las páginas más célebres en la historia de Baja California Sur y en memoria de ello debe ser de gran motivo de reflexión y de unidad, para poder erradicar que la apatía, el desánimo, que la falta de objetivos, visión y misión, que la crítica destructiva, el divisionismo entre todos nosotros; son obstáculos que solo limitan el progreso de nuestra sociedad, hoy es tiempo de unidad, es tiempo de dejar a un lado los intereses personales, es tiempo para que juntos agrupemos esfuerzos e ideas que generen proyectos y acciones en beneficios de nuestro País”. Dijo el Secretario General, Bruno Mayoral López



Batalla de Mulegé

La Batalla de Mulegé fue librada el 2 de octubre de 1847 entre el Ejército Mexicano y el Ejército estadounidense durante la Guerra de Intervención Estadounidense.

Estados Unidos con 60 hombres al mando de El teniente Tunis A. M. Craven y el Comandante Thomas O. Selfridge

República de México con 100 hombres al mando del Capitán Manuel Pineda.




Inicios

Libros de historia han abordado en forma general la injusta guerra que concluyó con la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio que pasó a formar parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

Hay episodios heroicos de compatriotas que enfrentaron con honor y dignidad al invasor, a pesar de que muchas de las plazas se declararon neutrales y no se ofreció resistencia para franquear el paso al enemigo rumbo a la capital de la república.

La California mexicana también fue asediada por la armada enemiga y cuando todo parecía indicar que en esta tierra no habría resistencia, ocurrió todo lo contrario, pues a pesar de la pobreza, el olvido y la escasez de tropa para defender el vasto territorio peninsular, hubo lances heroicos como los que ocurrieron en San José del Cabo donde se resistió hasta el final.

El 2 de octubre de 1847, las armas mexicanas se cubrieron de gloria cuando las tropas del capitán Manuel Pineda hicieron retroceder a los yanquis.

Un día antes arribaron marinos norteamericanos a esa población para solicitar su neutralidad, a bordo de la corbeta artillada U.S. Dale.

Después de apoderarse de la Alta California, los estadounidenses se dirigieron con algunos barcos hacia la parte sur de México apoderándose ya en marzo de los pueblos de San José del Cabo, San Lucas y Mulegé, a pesar de ello, en Mulegé, los 60 invasores que asaltaron el poblado y que además fueron apoyados por la fuerza artillera de la corbeta U.S. Dale y una lancha de guerra, fueron batidos en retirada por los soldados que comandaba el Capitán Manuel Pineda, que sustituía al Coronel Francisco Palacios Miranda. El teniente Tunis A. M. Craven, del Ejército estadounidense exigió al Capitán Pineda la rendición de la plaza, a lo cual el Capitán Pineda contestó: “Impuesto de las instrucciones que Usted puso al juez de este pueblo, debo decirle que esta plaza está sostenida por fuerzas mexicanas que tengo el honor de mandar, y que jamás será neutral, ni verá con indiferencia la guerra injusta de los Estados Unidos a la República Mexicana, a que pertenezco y a la que tengo el orgullo de representar. Si el ex jefe político Francisco Palacios Miranda por su cobardía se mostró neutral....esta comandancia será todo lo contrario”




Batalla

Un día antes de la Batalla el Teniente Tunis A. M. Craven insistió, pero la respuesta volvió a ser negativa. Fue entonces que se libró la batalla en la cual los mexicanos lograron la victoria. El Capitán Pineda informó a sus superiores de los ataques mexicanos y también de los invasores, incluidos los de la lancha y la corbeta estadounidense. Es cierto pues, que a pesar de su superioridad en número de hombres y poder de artillería tuvieron que ordenar la retirada y la excusaron con el pretexto de que la noche estaba cayendo frente al Comandante Thomas O. Selfridge. Toda la batalla tuvo lugar cerca del río Santa Rosalía a unos kilómetros de El Sombrerito donde después se construiría el faro de Mulegé.



Consecuencias

Esta victoria mexicana fue un estímulo para seguir con la guerra pues era la primera batalla que se ganaba en el sur de California.



EL PARTE DE GUERRA ORIGINAL DE LOS HECHOS

Es de suma importancia para los californios y para quienes le tenemos aprecio a ésta tierra conocer los hechos que se describen a detalle en el parte de guerra que rindió el capitán Manuel Pineda a sus superiores. Situarnos en el contexto, en la inferioridad técnica de nuestras tropas nos hace valorar su entrega en la batalla del 2 de octubre de 1847.

A continuación lo transcribimos de manera textual

Comandancia principal de la Baja California. Tengo el honor de poner en el superior conocimiento de vuestra señoría lo ocurrido en el puerto: El día 1o del presente se me dio parte que se hallaba una vela grande por el rumbo de La Paz donde se hallan los enemigos; inmediatamente mandé al comandante de caballería don Vicente Mejía con 30 hombres pie a tierra, marchara y formara tres emboscadas en el Cerro Amarillo, distante una milla de este puerto y dejando las emboscadas se pudiera en la playa con su ayudante, el alférez de guardia nacional don Francisco Fierro, a observar las operaciones de dicho buque. Y del resultado se impondrá vuestra señoría por la copia que acompaño marcada con el número uno.



El día 2 cubrí el costado derecho con el subteniente Jesús Avilés, con la fuerza que se impondrá vuestra señoría por la copia marcada con el número dos. El costado izquierdo lo cubría el comandante de caballería don Vicente Mejía con la fuerza que vuestra señoría verá venir por la copia marcada con el número tres. Como a las ocho, estando revisando las emboscadas, me dio parte el vigía que estaba en una loma, que había venido un bote a la playa con bandera blanca: marché llevando al comandante de las guerrillas de la derecha, don Jesús Avilés, al que comisioné se presentara en el parlamento. Dentro de un momento se presentó con las instrucciones que el comandante de la fragata enemiga mandaba al juez de este pueblo, de las que remito a vuestra señoría copia marcada con el número cuatro.



Impuesto de su contenido, le mandé al comandante de dicha corbeta la comunicación que va marcada con el número cinco. Serían las nueve de la mañana, cuando se me dio parte que habían echado de dicho buque cuatro embarcaciones al agua, con gente armada: al momento recorrí las guerrillas arreglando la tropa, y me llené de mucho placer de ver el entusiasmo tan grande de los señores oficiales y tropa para batirse con el enemigo. Entradas las lanchas al punto llamado El Sombrerito, desembarcaron cosa de 60 hombres; dicha fuerza se dirigió por la loma izquierda protegida por una pieza y otra volante, por tierra. Al aproximarse a nuestras guerrillas, rompió la corbeta sus fuegos, la lancha y la pieza de tierra, sobre nuestros valientes soldados, el mismo que se les contestó con mucha viveza. La dicha corbeta tiró 135 tiros de metralla, bala rasa y granadas, y las lanchas treinta y tantos; pero los valientes mexicanos que defendían las emboscadas veían con el más alto desprecio los fuegos de la artillería e infantería del enemigo. Y si sólo se les oía gritar con semblante muy alegre: “¡Viva la república mexicana!” En fin, señor comandante general, desde que se comenzó la acción, que serían las nueve de la mañana, tanto los señores oficiales y tropa de la guardia nacional del heroico pueblo de Mulegé, se disputaban a echarse sobre el enemigo. Entre las cuatro y cinco de la tarde corrió el enemigo vergonzosamente con toda su artillería y la fuerza que había echado en tierra, a pesar de ser una fuerza muy superior a la que yo tenía a mis órdenes; por estar muy fatigada la tropa y el terreno no lo permitió, me retiré con la fuerza para el cuartel, con la gloriosa satisfacción de haberle dado un escarmiento. Las familias todas dispuse se salieran de la población, quedándose solas las casas: mandé cortar el agua.



Recorría las guerrillas con el pabellón mexicano, que llevaba un dragón que me acompañaba. Son dignos de toda recomendación de vuestra señoría y del supremo gobierno, los comandantes de las emboscadas de la derecha y de la izquierda, por su valiente comportamiento, y el entusiasmo con que arreglaban las tropas de su mando para que entraran al combate. Igualmente recomiendo a vuestra señoría y al supremo gobierno a mis ayudantes los alféreces de caballería de la guardia nacional Jesús Ríos y Matías Flores, que comunicaban mis órdenes a mi entera satisfacción, en medio de los fuegos de la artillería y fusilería del enemigo. Es de mí deber recomendar al capitán de infantería don Trinidad Díaz y a los alféreces de caballería de la guardia nacional don Manuel Castro y don Francisco Fierro, que no me dejó qué desear su brillante comportamiento. El alférez de artillería de guardia nacional de este puerto, don Jesús Rodríguez, que mandaba la pieza, cumplió con todas mis órdenes.



También es digno de toda consideración el muy ilustre ayuntamiento de este pueblo, que no lo desampararon un momento, y con mucha serenidad presenció el combate y auxiliaron en cuanto estaba a su alcance a sus hermanos los mexicanos. El señor don Domingo Aguiar, regidor segundo, estaba presenciando el incendio de su casa que el enemigo había hecho, con toda la serenidad del valor mexicano y sólo atendía a auxiliar a sus hermanos y numerosas familias, quedándose este buen mexicano y sus deudos con sólo la ropa que traían puesta en el cuerpo. El señor juez de primera instancia don Tomás Zúñiga y don José Padilla regidor decano, y don José María Salgado, son los que componían este ilustre ayuntamiento. La corbeta permanece a la vista, trayendo a remolque a la goleta nacional Magdalena que con su infame traición hizo prisionera, la que era de la propiedad del alférez de la matrícula, don Jesús Avilés, que mandaba la guerrilla de la derecha.



Igualmente recomiendo a vuestra señoría para que se digne hacerlo al supremo gobierno al muy reverendo padre fray Vicente Sotomayor, que no se separó un momento durante la acción. Esta ocasión me proporciona el ofrecerle a vuestra señoría mi consideración y respeto.

Fuente: Historia de Baja California de Pablo L. Martínez



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