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Escritos cortos

La escritura ha sido un medio de canalizar la mente y los sentimientos. Es un medio artístico dónde expresarse, donde juegan la imaginación, la memoria y los sentimientos.
He aquí algunos escritos que quisiera compartir con la comunidad. No son de lo mejor, pero cada vez que los leo me sorprendo de la capacidad que puedo tener de escribir lo que sea. Y me gustaría alentar a que todos pueden escribir.



El día oscuro
La soledad me golpeaba la puerta y decidí atenderla.

Salí y comencé mi rumbo. Claro, no tenía rumbo; pensé en improvisar. Empecé por aquellos lugares donde alguna vez había estado, o, por lo menos, varias veces.

Observaba todo; intentaba que nada se me escapara de la vista.

A veces me encontraba personas, y las saludaba. Me gustaba sonreírles, inclusive a quienes no conocía. Algunas sonreían, otras miraban seriamente intentando revelar qué ocultaba. Yo no ocultaba nada.

Puede ser que me olvide, pero me gusta recordar; aunque no sean recuerdos palpables. De vez en cuando extraño.Quizás no fue mi culpa, pero me siento culpable. Alguien debe sentirse culpable por todo lo malo, decidí ser yo. Me duele, también.

¿Qué decís? No te entiendo; es como si no quisiera entender, pero me gusta saber. ¿Que me dejás? Está bien, eso entiendo; aunque nunca estuviste conmigo a cada instante de mi vida. Creo que te referís a dejar de frecuentarme y hablarme. Hace mucho no te veo, y ya casi no me acuerdo mucho de vos: tengo "mala" memoria.

Seguí caminando. Me gusta la noche, es como si la gente no viera bien: así veo yo de día. La gente no lo entiende, no quiere entender: les molesta pensar.

A mí me gusta pensar, aunque frecuentemente es como echarle sal a una herida. No recuerdo haberme echado sal a alguna herida alguna vez, pero suena doloroso. Yo me curo rápido, sin embargo me gustaría que doliese un rato más. Nunca me lastimé apropósito o con intención; pero me gusta lastimarme a veces: es una cachetada a la realidad ya que siempre me escapo de ella. No me gusta escapar.

Me siento diferente. Me gusta caminar, pero no de día; hay mucho sol. Me gusta la noche. Aunque me agradan los días nublados. No es que no me guste el día, sólo siento que no soy del día.

A veces pienso que me tienen lástima; será que yo me tengo lástima. Me siento como las de perder siempre en esta clase de sociedad, aunque algunas veces me gusta.

Seguía caminando y, de repente, me senté. Pasaban los autos y las personas. Yo las veía. Después de un rato ya no. Ya no estaba ahí. Me había ido.



El bosque
El silencio de la noche te despertó; el susurro de la nada te habló; la presencia de nadie te observó.
Cuando menos lo pensabas, él te habló. Sin siquiera pensarlo, dijiste sin razón. Te perdiste en tu infierno buscando el cielo. Y aún el tormento y el dolor te siguen sin consuelo.
Buscás desesperada tu cordura, pensando que se encuentra en su montura. Él te invitó a caminar.
Sus palabras se enredaban sobre vos, sintiéndote más cercana. Te acariciaba la piel, como si fuera la brisa. Te abrazaba. Fuiste suya 5 segundos, y desapareció. No lo volviste a ver, pero seguía en tus pensamientos.
Él no dejó ni rastros, ni una palabra en tu corazón. Dejó su recuerdo como si fuera un sueño. ¿O vos lo eras?
Te perdías más y más en la oscuridad, y despertaste. Era un sueño.

Despertaste en el bosque y seguiste caminando; no podías regresar.






La suciedad
Todo empezó aquel día tan especial para mí. El silencio me dijo que tal vez no era una buena idea, pero mi subconciente me dijo que era lo que quería. Aquel día todo cambió.

Yo salí de mi casa, y pensé que mis planes funcionarían. Que todo saldría tal cual. Pero no fue así.

Iría primero a buscar las cosas, pero algo me detuvo: la moral. Ya no podía más: mi espíritu quería salir de mí y volver; pero yo no entendía.

Un día supe por qué, pero lo olvidé: EL SILENCIO TE MANIPULA. Eso pensé; aunque el ruido no es buena compañía. Jamás.

Sentía una respiración lenta y sinuosa; pensé que el fin se acercaba, sin embargo no sabía si había habido un comienzo. El planteo terminó: nunca estuve.

Aún así, seguí el camino marcado; tomando atajos por las espinas y las flores. No me detenían, sólo debía tener precaución. Una voz me llamó, y no la escuché. Cada vez era un susurro que desaparecía del ambiente, pero era tan claro que tuve miedo. La vida me gritaba, y la muerte me silenciaba; era demasiado para mí.

Aquel día dejé la vida, pero jamás llegué a morir; sólo quería escapar.

Mi celda se achicaba cada vez más. Estaba sucia y siniestra; no podía moverme. El susurro se metió en mi mente y gritaba LIBERTAD. Limpié mi celda y ví una ventana. La abrí y salí; pero la celda seguirá ahí por siempre, en aquel camino marcado, en medio de los matorrales llenos de espinas y sangre.

Aquel día, salí; pero no la llamo libertad: es amor.





El barco
Erase un joven muy astuto y espeluznante. Él arriesgó todo en su vida por el amor; pero este ya había sido ganado de antemano.

Un día, el joven, ansioso, se tiró al agua y no cayó, pero se tropezó con la amargura. "Quisiera que fueses feliz, pero tu amor se chorrea", le dijo una voz en su cabeza. Hizo caso omiso a lo que le dijo y se fue a nadar. Él nadaba en su amor.

Llegó un día que se cansó de nadar, y se hundió. No podía morir, y su vida se incrementaba en magnitud. Él cayó en su amor propio y se salvó porque un barco lo rescató. Más bien, la muchacha en este: ella le enseñaba cómo dar su amor en frascos pequeños para los que tenían sed. Pero, su océano era sólo para ella.

Ella lo mató. Y ella murió ahogada.


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