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Fundamentos veganos: lo que le sobra de moral le falta de em

Fundamentos veganos: lo que le sobra de moral le falta de empírico


Articulo de un blog detallado en la fuente, no es propio



Tengo varios alumnos veganos. En los medios de comunicación, en especial de farándula, aparecen cada vez más famosillos declarando su adhesión a éste estilo de vida. Tienen cada vez mayor visibilidad, sus adeptos crecen cada día entre los más jóvenes con un argumento de fuerte base moral, filosófica, pero ¿tienen sustento empírico para ello?. Veamos.
El denominado "veganismo" es definido como una filosofía y un estilo de vida basado en el respeto hacia los animales con capacidad para sentir, de ahí su posición radical de renunciar a todo uso y consumo de productos de origen animal. Su máximo exponente y fundador de la Vegan Society, Donald Watson, lo dice con claridad:
"El veganismo es una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales."
Claramente su base es moral, obedece a una representación de la vida animal como equivalente en valor a la humana y, por lo tanto, aquello ha de traducirse en una nueva cultura normativa ética y estética que les respete como tal, que sanciona todo aquello que suponga su abuso, explotación y consumo. Esto último, su consumo, pasa a ser una especie de práctica alimentaria aberrante.
Ahora bien, esto de la conciencia animal, lo de la "capacidad de sentir" de estos ¿tiene asidero científico? Ha habido varias notas de prensa y webs animalistas que lo afirman, como esta en que se asegura que "tienen conciencia todos los mamíferos, aves y otras criaturas, incluyendo pulpos". Es interesante lo que ahí se informa, en especial por la entrevista al neurocientífico, aunque un poco sensacionalista el titular, cabe señalarlo, pues son "algunos", que no todos. En esa misma web se adjunta un PDF (en inglés) con la "Declaración de Conciencia de Cambridge" en el que se puede leer lo siguiente en su conclusión:
“La ausencia de un neocortex no parece impedir que un organismo experimente estados afectivos. Evidencias convergentes indican que los animales no humanos poseen substratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados de conciencia, junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales. Consecuentemente, el peso de las evidencias indica que los humanos no son únicos en la posesión de substratos neurológicos que generan consciencia. Los animales no humanos, incluyendo todos los mamíferos y pájaros, y otras muchas criaturas, también poseen estos substratos neurológicos."
Entonces, dado que hay evidencia de que algunos animales tienen las bases neurológicas que generan consciencia ¿el constructo moral de base del veganismo tiene asidero? Pues casi, casi. El documento afirma que las bases neurológicas de base existen en algunos animales, más no se afirma que la consciencia propiamente tal exista. Por tanto lo que corresponde, en rigor, es señalarlo con precisión que aquello no se ha sancionado del todo, pues falta una definición válida y confiable para consciencia animal más allá de redes neuronales de base. No olvidemos que este documento es un "manifiesto", que no una revisión empírica. Si desean una revisión sobre los mecanismos de a consciencia sugiero este paper "Attention: the mechanisms of consciousness" que aplica, por cierto, a humanos, y no sé si sea el caso de los animales en cuestión. Por otra parte, que haya o no consciencia no resta valor al respeto que hemos de tener por estos.
¿Qué hay de la dieta vegana? Pues ahí sí que hay harto que decir. Sus argumentos apoyan la idea de un consumo libre de productos derivados de animales, es decir, sin lácteos, huevos, carnes...hacerlo supone para ellos un acto violento contra el legítimo derecho a la vida de estos, dicen. Aquí lo dicen bien claro:
"En la dieta de una persona vegana no entra ningún alimento de origen animal (ni carne ni pescado) ni tampoco ningún subproducto animal o sea obtenido a partir de él aunque eso no suponga su muerte; así tampoco se consumirá ningún producto lácteo (leche, yogur, kéfir, queso, etc.), ni miel, ni huevos, etc." (Fuente: enbuenasmanos.com)
Argumentan que existen equivalencias nutricionales con otros productos de origen vegetal que hacen innecesario el consumo de productos animales. ¿En qué se apoyan? Bueno, pues resulta que hubo un artículo publicado en The Guardian ampliamente divulgado y que aludía a una recomendación de la ONU en donde supuestamente ésta apoyaba la dieta vegana. Es éste, titulado "UN urges global move to meat and dairy-free diet". Grosso modo señalan que "una reducción sustancial del impacto ambiental sólo seria posible con una modificación sustancial de la dieta en todo el mundo, dejando de lado los productos de origen animal". Interesante, pero les debo decir que, revisando el PDF de la ONU no dice nada de eso, es más, lo que dicen en el documento es "Lesser consumption of animal products", vale decir, que sugieren consumir menos productos animales, que no eliminarlos de nuestra dieta. Lo otro es resorte del redactor del artículo en el diario on line. Las cosas en su justa medida ¿no?.



Una dieta exclusivamente vegetariana podría acarrear más de algún problema de salud. Al menos entre los adolescente aumentaría los riesgos de trastornos hormonales: "Se calcula que si en la misma población se toma a un grupo de mujeres que sigue una alimentación normal y a otro grupo que cumple con una dieta vegetariana, en el primero habrá un 5% de alteraciones hormonales y en el segundo, entre un 26 y un 28 por ciento. Y esto ocurre entre las mujeres mayores de 18 años, mientras que entre las adolescentes los trastornos son mucho mayores".

Este alcance es atendible, pues el discurso vegano invita al abandono de productos de origen animal desde la niñez ¿supone alguna amenaza para la salud de los niños una dieta vegana?, pues sí. Lo que la ciencia nos dice es que hemos de nutrirnos bien desde la más tierna infancia. De hecho, en un paper indexado recientemente en PubMed (2012 Jul; 27 (7) :525-35) se señala que los patrones dietéticos a los 6, 15 y 24 meses de edad están relacionados con el CI a los 8 años de edad. Es más, señala que aquellos patrones alimenticios tradicionales que incluyen carne se asociaron positivamente con las más altas puntuaciones de CI, en contraposición de los patrones alimenticios contemporáneos con hierbas y verduras crudas como base. En esta misma línea hay que tomar en cuenta que el consumo de producto de origen animal ha tenido un significativo papel en la evolución humana. Ya se ha establecido fehacientemente aquello en diversos estudios. ¿No me cree?, pues revise este paper, denominado "The role of docosahexaenoic and the marine food web as determinants of evolution and hominid brain development: the challenge for human sustainability". En éste se señala que hay una clara evidencia de la biología molecular que el DHA (ácido docosahexaenoico) es un determinante de la migración neuronal, la neurogénesis y la expresión de varios genes implicados en el crecimiento y función del cerebro, y que hay soporte incontrovertible de esta hipótesis a partir de la evidencia fósil de la evolución humana aprovechando la red alimentaria marina. Más aún, en el artículo se hace hincapié en la recurrencia de trastornos cerebrales asociados a los cambios en los patrones de consumo derivados de la red alimentaria marina, señalando que la amenaza de la sustentabilidad de la pesca es probable que juegue un papel clave en la salud futura y la inteligencia. En otra investigación, cuyo título es "Fish intake of Swedish male adolescents is a predictor of cognitive performance" contribuyen a apoyar la idea del consumo de productos de origen animal, en este caso marinos, pues serían un buen predictor de desempeño cognitivo en adolescentes. Aún más, y tal como se señala en este paper denominado "Evolution of human brain and intelligence", la evolución del cerebro y la inteligencia está suficientemente documentada en su asociación con los cambios en la dieta. En los albores de la evolución humana el consumo de carne debido al éxito como cazadores de nuestros antepasados contribuyó significativamente en un cambio dietético que redundó en más consumo de calorías, más proteínas y ácidos grasos esenciales en la comida.
Uno de los problemas de la dieta vegana es que es pobre en vitamina B-12. Esta vitamina es importante para el metabolismo, ayuda a la formación de glóbulos rojos en la sangre y al mantenimiento del sistema nervioso central. Los niveles bajos de esta vitamina pueden causar desde anemia a daño neurológico ¿tampoco me cree? pues revise esta reseña en MedlinePlus. Esto es muy delicado, en especial durante el embarazo, pues podría provocar desnutrición. Otra cosa que señalar, los productos vegetales con B12 son de origen artificial, ya que la B12 en los vegetales no aparece de forma natural y/o aparece en cantidades imperceptibles para el organismo. Hay que decirlo, pues el veganismo tiene exponentes más radicales que abogan por lo puramente natural.

A propósito de dieta durante el embarazo, algo que sí esta bien documentado es que el consumo de mariscos durante este período trae muchos beneficios para el bebé, lo que sugiere que la recomendación de limitar el consumo de mariscos en realidad podría ser perjudicial. Eso al menos es lo que señalan en un paper publicado en The Lancet (e indexado en PubMed) llamado "Maternal seafood consumption in pregnancy and neurodevelopmental outcomes in childhood (ALSPAC study): an observational cohort study" en el que demuestran que los riesgos de la pérdida de nutrientes son mayores que los riesgos de eventuales daños derivados de su consumo.
Por otra parte, es claro que el consumo excesivo de carnes rojas es perjudicial, que duda cabe. Hay abundante evidencia que su consumo exagerado se asocia con un riesgo significativamente mayor de cáncer colorrectal, más en ningún artículo llaman a eliminarlo de la dieta, sino a limitarlo.
Respecto de la leche me sorprende su exclusión tan drástica, pues la evidencia apoya y recomienda su consumo. La leche es un buen medio para la entrega de prebióticos y probióticos y resulta ser un gran agente en la reducción de la disentería, morbilidad respiratoria y fiebres (PLoS ONE 5(8): e12164. doi:10.1371/journal.pone.0012164). Además, a largo plazo el consumo de probióticos de leche podría reducir los problemas gastrointestinales y las infecciones respiratorias en niños (En: BMJ. 2001 Jun 2;322(7298):1327). Además la leche fortificada con micronutrientes mejora el estado de hierro, previene la anemia y favorece el crecimiento de los niños. Proporciona un vehículo aceptable y eficaz para la administración de micronutrientes específicos, especialmente el zinc y el hierro. (PLoS ONE 5(8): e12167. doi:10.1371/journal.pone.0012167). En fin, aporte significativo y ampliamente documentado.
En otro aspecto de la dieta vegana me ha llamado mucho la atención la exclusión de la miel. Claro, es un producto de origen animal, pero sus aportes nutricionales son notables (Más info en: J Med Food 2011 octubre; 14 (10) :1079-96 y en: ScientificWorldJournal. 2011 Abr 5; 11:766-87). Por ejemplo, se sabe que es un agente antimicrobiano de amplio espectro que puede mejorar la cicatrización de heridas. En este paper "Honey, health and longevity" apuntan al factor miel como elemento significativo para la salud y la longevidad. Como si fuera poco, la miel promueve menor aumento de peso, obesidad y triglicéridos en comparación con la sacarosa (Nutr Res. 2011 Jan; 31 (1) :55-60). O sea, la miel es espectacular para nuestra nutrición.
El ser humano, guste o no, es omnívoro. Otra cosa es que sus prácticas alimenticias estén mediadas culturalmente, de ética y moral, más lo que es un hecho irrefutable es que se requiere para una vida saludable una dieta rica en nutrientes que provienen tanto de origen vegetal como animal. Es valorable el discurso moral pro defensa de la vida animal, es más, podría suscribir varios de sus postulados, pero de ahí a pregonar la renuncia a su consumo me parece una imposición sojuzgante e irresponsable, toda vez si su mayor fundamento es puramente moral. Les concedo que a un adulto le venga en gana abandonar el consumo de productos de origen animal, mas no ha lugar a la privación de éstos a los niños que están en desarrollo.

Vistos los antecedentes que la ciencia nos reporta a cada rato ¿vale la pena dejar de consumir productos de origen animal? pues a vista de la evidencia empírica hace que su exclusión de nuestra dieta bordee lo irracional.
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