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Hasta pronto Gustavo Cerati

HASTA PRONTO GUSTAVO




Tristeza. Desolación. Dolor. Sentir que se quiebra el alma. Sentir que alguien nos arrancó un pedazo del corazón de golpe. Eso se siente: dolor.
Dolor por tu partida. Dolor por no poder entender que te vayas. Porque Gustavo Cerati era invencible. Porque esto no le pudo haber estado pasando a él. Pero pasó. Así fue, y así te fuiste.

Respeto. Admiración. Orgullo. Ser parte de nosotros con tu música. Con esa música del alma, esa música capaz de llenar el vacío de cualquiera, con el poder de cambiar un estado de ánimo con solo escuchar tu voz. Ese poder que no muchos poseen, pero que menos ostentan. Creer que es posible con solo una estrofa poder cambiar al mundo, mi mundo. Por unos minutos poder volar con la imaginación a otro lado, desenchufarse de la realidad, con solo escucharte a vos. Eso es poder, porque vos sí sos invencible.

Imagino. Imagino y sonrío a la vez. Tu partida, tu llegada, y un “Gustavito, te estábamos esperando” con un abrazo del Flaco. Imagino una zapada entre serpentinas musicales y ríos de melodía. Un “¿te acordás de cómo era ésta?”, entre risas y rasgueos. Imagino y sonrío.

El dolor es fuerte, y se siente en lo mas profundo del alma, o del corazón, o de ambos. Sentir que una parte de nosotros se fue contigo. Una vida, etapas buenas y malas, vivencias, anécdotas, todo se fue contigo. Te lo llevaste, y ahora está flotando entre tus letras. No voy a llorar, aunque alguna lágrima se desparrame sobre el papel. Te voy a imaginar con tu sonrisa, con aquellos ojos azules, celebrando tu nueva etapa. Tu nueva vida. Porque sos inmortal.

No te fuiste, estás. Estás en mi vida y en la de tantos otros. Permanecés tatuado en la piel de cada uno de nosotros. Porque Gustavo Cerati es invencible, y me convenzo minuto a minuto de que es así.

Gracias por ser parte de mi vida. Gracias por darme tanto sin pedirme nada a cambio. No me conociste, pero sos parte de mi ser. Aunque quizás me conociste mas que nadie. Gracias eternas por ser parte de mis estados, de mis broncas, de mis alegrías, de mis enojos, de mis amores, de mi existencia. Gracias Gustavo por tanto.

Te imagino, y sonrío.
Hasta pronto.
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