Check the new version here

Popular channels

Historia del castigo corporal, la letra con sangre entra





La historia del castigo corporal es importante, tanto por sí misma como por lo que nos dice acerca del progreso y la reforma. En los primeros años de la década de 1890 un diario magisterial, The Schoolmistress, se quejaba de que sus lectores urbanos estaban bajo la amenaza constante de la violencia. Observaba que la lengua áspera y la violencia se condensaban en los maestros de algunos barrios duros y bajos de Londres y otras ciudades grandes en una cantidad apenas imaginable por aquellos que no habían atestiguado ese fenómeno. La imagen que presentaba aquel documento era la de un sistema escolar sitiado, con profesores presos del temor a ser atacados en cualquier momento por los padres de sus alumnos. Aunque las descripciones escabrosas que aparecieron en The Schoolmistress sin duda se exageraban en busca de un efecto dramático, lo cierto es que reflejaban un problema real que afligía a las escuelas de ese tiempo: la hostilidad grave y permanente entre padres y maestros.

La cuestión subyacente en esos conflictos era la disciplina escolar. Para 1890, muchos padres objetaban lo que ellos consideraban el uso cruel y arbitrario del castigo corporal, entonces endémico dentro del sistema escolar. Los niños no sólo eran azotados sino también sometidos a muchas otras formas de castigo físico, desde ser golpeados en los nudillos con borradores, hasta recibir golpes en la cabeza con varas de metal. En un caso, el régimen disciplinario de una escuela particular involucró a un maestro que acechaba alrededor del aula, amenazando a los niños con un cuchillo. Los padres generalmente pensaban que esas formas de comportamiento eran inadecuadas y que sus hijos debían protegerse de ese trato.



Cualquier sentido de indignación por parte de los padres era reforzado por el hecho de que la mayoría de los castigos que se producían en las escuelas era ilegal. Mientras que las leyes comunes en Gran Bretaña sostenían que los profesores gozaban del derecho a castigar a los niños, basándose en la autoridad delegada de los padres, los maestros no poseían los mismos poderes disciplinarios. Sin embargo, regularmente infligían castigos corporales a los alumnos, a pesar de la amenaza de la violencia por parte de los padres o de los procesos judiciales por agresión, lo que se convirtió en un peligro ocupacional para los profesores en el último tramo de la época victoriana.



La percepción común de las escuelas victorianas es que fueron instituciones primitivas y brutales en que las que los niños eran sometidos a una disciplina violenta. Aunque hay algo de verdad en eso, falla en reconocer la impopularidad general del castigo corporal entre los padres y alumnos. Incluso en el siglo XIX, ese tipo de castigo era visto como una herramienta disciplinaria arcaica y obsoleta. La imagen negativa fue apoyada por la literatura popular, como la novela de Charles Dickens Nicholas Nickleby (1838), y por hechos reales, incluyendo el infame homicidio de Eastbourne de 1860, en el que un niño fue golpeado hasta morir por su maestro. Esa oposición puntual al castigo corporal estaba en pleno apogeo y se creía que la desaparición de la práctica se acercaba rápidamente.



Sin embargo, el uso del castigo corporal persistió. Los profesores sentían que el castigo tenía valor como una herramienta disciplinaria, pues creían que era un medio rápido y sencillo mediante el cual podían imponer orden en las clases. Mientras tanto, muchos políticos y jueces educados en las escuelas públicas consideraban el castigo corporal como una parte normal y natural de la infancia, y mostraban poca simpatía por las objeciones de los padres. Colectivamente sus esfuerzos contribuyeron a preservar su uso como una herramienta educativa y la institucionalizaron como una medida disciplinaria estándar dentro de las escuelas. Desde los primeros años de la década de 1890 en adelante una serie de medidas administrativas y legales fueron aplicadas para proteger los derechos de los maestros que gustaban golpear a los niños. A los maestros de aula se les permitió utilizar el castigo corporal y los derechos de los directores para infligir castigo se ampliaron considerablemente. Al momento de llegar la Primera Guerra Mundial se habían suprimido las protestas de los padres contra los excesos disciplinarios y los castigos corporales se establecieron como un método normal de disciplina. La práctica fue prohibida sólo en las escuelas públicas británicas en 1987.



Desde el punto de vista del siglo XXI somos propensos a proyectar una narrativa de reforma gradual sobre el pasado, en la que nos alejamos de la barbarie de épocas anteriores a la ilustración del presente. Sin embargo, la historia de los castigos corporales es un recordatorio de que la reforma no es un proceso simple y lineal, y que la oposición a los excesos violentos no es un fenómeno nuevo.



Una última palabra debe brindarse a la educadora liberal W.F. Collier, quien en 1872 señaló una disparidad en los movimientos reformistas de la época. Observó que mientras que el castigo corporal progresivamente fue apartado del sistema judicial, aún era retenido y tolerado dentro de las escuelas. “¿Deseamos que las generaciones futuras nos consideren un pueblo bárbaro?”, preguntaba Collier, “¿y que nos consideren sus ancestros bárbaros, que azotaban a sus hijos aunque hayamos abolido la flagelación entre nosotros?”



Algunos castigos en el siglo XX (y XXI en el caso de algunos países como EEUU)

Correa y bastón

A finales del siglo 19, golpear niños con un bastón de bambú se volvió la forma de castigo más popular. A los niños los golpeaban en el trasero y a las niñas detrás de los muslos y en las palmas de sus manos. Las correas de cuero o cinturones también eran usados, aunque ofensas menores se castigaban con un golpe seco en los nudillos usando una regla de madera. Los castigos típicos eran ocho golpes por malas palabras, siete por mentir y diez por jugar a las cartas. Los niños que trataban mal a las niñas recibían diez golpes, las niñas que se metían en el área de juego de los niños recibían tres, y los niños y niñas que jugaban juntos recibían cuatro.



Chancleta y abedul

El abedul también se usaba como castigo. Se juntaban ramas de abedul y se usaban como bastón o correa. Esto fue prohibido en el Reino Unido en 1948. La chancleta también se usaba para golpear a los niños en el trasero, aunque normalmente la chancleta era una zapatilla deportiva. No era obligatorio documentar su uso en un libro de castigos al contrario del bastón o la correa, así que se le consideraba un castigo más leve.



La doble correa

La doble correa es una correa rígida de cuero con dos colas que se usaba en las escuelas escocesas a mediados de 1980. Normalmente, al chico se le pegaba en las manos, a menudo frente a toda la escuela. De todos modos, hay reportes que dicen que a algunos chicos les ordenaban que se inclinaran sobre un banco para recibir golpes en el trasero. La doble correa se usaba mucho en el siglo 20 en algunas escuelas inglesas donde a los niños les pegaban en el trasero.



Sombrero de burro

El sombrero de burro se usaba como una forma de humillación para los alumnos menos hábiles. Este sombrero puntiagudo, normalmente hecho de papel y con una gran letra B escrita, o la palabra "burro", se colocaba en la cabeza del alumno a quien le ordenaban que se pusiera de pie mirando la esquina del salón de clases o que se sentara en un banco especial. Este castigo se usaba para malas conductas menores, pero más comúnmente para los alumnos lentos y de bajo rendimiento.


0
1
0
1
1Comment
indioprriff

BASTA CHICOS !

0