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influjoTemplario en el devenir de la historia parte3



Lilit o Lilith es una figura legendaria del folclore judío, de origen mesopotámico. Se la considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva. Según la leyenda (que no aparece en la Biblia), abandonó el Edén por propia iniciativa y se instaló junto al mar Rojo, uniéndose allí con Samael, que se convirtió en su amante, y con otros demonios. Más tarde, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y se une a los hombres como un súcubo, engendrando hijos (los lilim) con el semen que los varones derraman involuntariamente cuando están durmiendo (polución nocturna). Se la representa con el aspecto de una mujer muy hermosa, con el pelo largo y rizado, generalmente rubia o pelirroja, y a veces alada. El origen de Lilit parece hallarse en Lilitu y Ardat Lili, dos demonios femeninos mesopotámicos, relacionados a su vez con el espíritu maligno Lilu. En los nombres de esta familia de demonios aparece la palabra lil, que significa ‘viento’, ‘aire’ o ‘espíritu’. Los judíos exiliados en Babilonia llevaron a su tierra de origen la creencia en esta criatura maligna, cuyo nombre, adaptado a la fonética del hebreo Lilith, se puso en relación con la palabra hebrea laila, ‘noche’. La única mención en la Biblia de dicha criatura aparece en Isaías 34:14. En la Biblia de Jerusalén el pasaje se traduce como: «Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso». En la Vulgata se tradujo por Lamia, equivalencia que se conserva en algunas traducciones modernas, como la de Nácar-Colunga: «Y las bestias monteses se encontrarán con los gatos cervales, y el peludo gritará a su compañero: la lamia también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo». Otras versiones, en fin, traducen el término como ‘criatura nocturna’ o ‘lechuza’. Al tratarse de un término que aparece testimoniado en una sola ocasión (hápax legómenon), no resulta posible saber con certeza si para el autor del texto era un nombre propio o común, y en este último caso, si se trataba de una criatura sobrenatural o de una rapaz nocturna. El profesor G. R. Driver opina que la palabra hebrea lilíth deriva de una raíz que denota “toda clase de movimiento de torsión u objeto retorcido”, tal como la palabra relacionadaláilah, que significa “noche”, da a entender un “envolver o rodear la tierra”. Blair (2009) sostiene que las ocho criaturas mencionadas en Isaías 34 son todas animales naturales. El origen de la leyenda que presenta a Lilit como primera mujer se encuentra en una interpretación rabínica de Génesis 1. Antes de explicar que Yahveh dio a Adán una esposa llamada Eva, formada a partir de su costilla (Génesis 2), el texto dice: «Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó». Si bien hoy suele interpretarse esto como un mismo hecho explicado dos veces, otra interpretación posible es que Dios creó en primer lugar una mujer a imagen suya, formada al mismo tiempo que Adán, y sólo más tarde creó de la costilla de Adán a Eva. La primera mujer a la que alude el Génesis sería Lilit, la cual abandonó a su marido y el jardín del Edén.



La leyenda está vinculada a una tradición mágico-religiosa judía: la costumbre de poner un amuleto alrededor del cuello de los niños recién nacidos, con el nombre de tres ángeles (Snvi, Snsvi, Smnglof). El Génesis Rabba, midrás sobre el libro del Génesis, recopilado en el siglo V en Palestina, señala que Eva no existía todavía en el sexto día de la Creación. Entonces Yahvéh había dispuesto que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes. Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán —que ya era un hombre de veinte años— sintió celos de su amor, y aunque copuló con cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello exclamó: «¡Todas las criaturas tienen la pareja apropiada, menos yo!», y rogó al Dios que remediara esa injusticia. Según el Yalqut Reubeni, colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen: “Yahvéh formó entonces a Lilit, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán. De la unión de Adán con esta hembra, y con otra parecida llamada Naamá, hermana de Tubalcaín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la humanidad. Muchas generaciones después, Lilit y Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén“. Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual». Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilit, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó. Saliendo del Edén fue a dar a las orillas del Mar Rojo, hogar de muchos demonios. Allí se entregó a la lujuria con éstos, dando a luz a loslilim. Cuando tres ángeles de Dios fueron a buscarla (Snvi, Snsvi y Smnglof), ella se negó. El cielo la castigó haciendo que muriesen cien de sus hijos al día. Desde entonces las tradiciones judías medievales dicen que ella intenta vengarse matando a los niños menores de ocho días, incircuncisos. El novelista italiano de origen judío Primo Levi pone en boca de uno de sus personajes esta visión de Lilit: “A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de ver a dónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio. Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir“.

La flor de lis es un antiguo símbolo y también representa a los pilares fálicos gemelos de Jachin y Boaz, en el simbólico Templo de Salomón, que fueron esculpidos en bronce “Lilywork“, como se describe en Reyes 7. En las diversas artes la columna salomónica, torsa o entorchada es una columna con fuste de forma helicoidal, que se utilizó fundamentalmente en Europa y en América en la arquitectura barroca. Recibe su nombre por la creencia de la época en que así fueron las columnas del Templo de Salomón. Fue un elemento de construcción empleado en la época antigua pero su nombre procede de la denominación dada por los arquitectos barrocos, a partir de la descripción que se hace en la Biblia de las columnas del gran templo del rey Salomón en Jerusalén, destruido en el año 586 antes de Cristo. Se dice que este templo tenía dos columnas principales flanqueando el vestíbulo, con fuste retorcido, cuyos nombres eran Boaz y Jachin, que simbolizaban respectivamente la fuerza y la estabilidad. Este peculiar tipo de fuste puede haber evolucionado desde el estilo manifestado en la Columna de Trajano de la Roma antigua, erigida como homenaje al Emperador del mismo nombre, la antigua columna tiene el fuste decorado con una banda única continua, en forma de espiral. Esta banda tiene una serie de imágenes que representan el poder militar de Trajano en la batalla. Estas columnas también parecen haber tenido uso en la arquitectura y decoración bizantina. Su difusión en el periodo barroco se debió a los dibujos de Rafael para los tapices de los Hechos de los Apóstoles, que a su vez dieron lugar al soporte del baldaquino de San Pedro de Roma realizado en 1624 por Bernini. Una columna salomónica comienza en una basa y termina en un capitel, como la columna clásica, pero el fuste tiene un desarrollo retorcido de forma helicoidal que da comúnmente seis vueltas y que produce un efecto de movimiento, fuerza y dramatismo. La introducción de la columna salomónica en el barroco manifiesta la condición de arte en movimiento. En muchas ocasiones se encuentra el fuste cubierto con decoración vegetal a base de hojas de parra. Los capiteles pueden ser de diversos órdenes, predominando el compuesto y el corintio. Es corriente que su uso sea más como una columna ornamental, que tectónica, por lo que es muy habitual que aparezca en retablos o adosada junto con otros adornos. El uso más destacado de columnas salomónicas se da en el baldaquino diseñado por Bernini dentro de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Este tipo de columna se hizo popular en la Europa católica, incluyendo la parte sur de Alemania, se extendió a España, casi al mismo tiempo que Bernini construía sus columnas, y de España pasó en muy poco tiempo a las colonias americanas, donde se usó corrientemente en iglesias como elemento característico del estilo churrigueresco. Después de 1660, este tipo de ornamentación se convirtió en característica básica de diseño de mobiliario en Francia, Holanda e Inglaterra, tanto en las patas de los muebles como en las puertas de cristal de los relojes de pared de finales del siglo XVII y principios del XVIII.



Actualmente podemos ver la flor de lis usada profusamente en las galas de la realeza británica, en diversos edificios oficiales y en el vallado alrededor de ellos. También lo podemos ver en iglesias. Asimismo lo podemos ver en una puerta de la Casa Blanca, en Washington. También podemos ver la cruz templaria en numerosas catedrales, iglesias y edificios antiguos, incluyendo los modernistas. El trébol de tres hojas en Irlanda es igualmente un antiguo símbolo del linaje ario y la palabra trébol (shamrock) viene del término norteafricano shamrukh. Todos estos símbolos se relacionan con la representación de los tres cuernos de Nimrod, en Babilonia, y a principios esotéricos. Otros símbolos Merovingios eran el pez, representando a Nimrod, el león, representando a Leo, y la abeja. Trescientas abejas de oro fueron encontradas sobre el manto del Rey Childerico I, el hijo de Meroveo, que murió en el siglo V. Las abejas eran un antiguo símbolo de la diosa y reina Semíramis, y simbolizaban la realeza en Egipto. También simbolizan la abeja reina, representando a Isis / Semíramis. Los Merovingios eran otro nombre para el linaje de la Hermandad Babilónica. En el Priorato de Sión han estado dedicados a intentar restaurar la línea Merovingia en el trono de Francia. Pero nunca fueron realmente la monarquía de Francia, porque este país aún no existía como tal. El símbolo del linaje de Dragón en Sumeria fue llamada un Gra-al, también conocido como la Marca de Caín. El Caín bíblico parece que era uno de los primeros resultado de un cruce anunnaki – humano, que siguieron a Adán. Este Gra-al es el origen del supuesto Santo Grial y esta es la razón de que su equivalente en francés antiguo signifique “Sangre Real“. El emblema del Gra-al en Sumeria era una copa de rocío o una Rosi – Crucis. Es descrito en registros egipcios, sumerios, fenicios y hebreos como una copa decorada con una cruz roja dentro de un círculo. Éste es el origen verdadero de la Copa del Grial, que parece ser no fue la que recogió la sangre de Jesús en la crucifixión. Fue la copa que simbolizaba el útero de una mujer y el linaje ario. El término Rosi-Crucis fue el origen de los Rosacruces, una antigua sociedad secreta que ha trabajado para asegurarse que los linajes arios continuasen ocupando los puestos de poder. Uno de los autores que están vendiendo la idea de relacionarlo con Jesús es Sir Laurence Gardner, Canciller de la Corte Imperial y Real de la Soberanía del Dragón, heredera de la anterior Corte Real del Dragón de Egipto. Es también Prior de la Iglesia Celta del Sagrado Pariente de Santa Columba, representando a la paloma de Semíramis. También fue miembro de la Guardia de la Casa Noble de la Casa Real de Stewart, o casa de los Estuardo, de la línea Merovingia. Asimismo es conocido como Preceptor de los Caballeros Templarios de Saint Anthony. Es curioso en que insista en que el linaje del Santo Grial se relaciona con Jesús cuando se supone que debe saber que no lo es.

Pero finalmente la Iglesia Católica Romana retiró su apoyo a los Merovingios, que perdieron su poder y se desvanecieron de la escena pública hasta los últimos años. Otro monarca de linaje ario se convirtió en el rey de los Francos. Su nombre era Carlomagno, uno de los monarcas más célebres en la historia de Europa. Era un patrocinador de los mamposteros de piedra que después construyeron las catedrales góticas de Europa para los Templarios. En Toulouse se dice que fundó una logia de la Orden Rosacruz, que parece tiene sus orígenes en el antiguo Egipto. Carlomagno extendió el imperio Franco y en el año 800 fue entronizado como Emperador de Occidente durante el papado de León III. La iglesia de Roma, vinculada con Babilonia, controló gran parte de Europa occidental y central. Esta dominación fue completa cuando la oposición militar a Roma, los Hohenstaufens o Gibelinos, fueron derrotados por los Güelfos, nombrados por Welf, el Duque de Bavaria, en 1268. Pero, ¿qué representaron los güelfos y gibelinos en la historia europea? Los términos güelfos y gibelinos proceden de los términos italianos guelfi y ghibellini, con los que se denominaban las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en el Sacro Imperio Romano Germánico, respectivamente, a la casa de Baviera, concretamente los Welfen, pronunciado Güelfen, y de ahí la palabra «güelfo», y a la casa de los Hohenstaufen de Suabia, señores del castillo de Waiblingen, y de ahí la palabra «gibelino». La lucha entre ambas facciones tuvo lugar también en Italia desde la segunda mitad del siglo XII. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos. Esto es, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium mundi. En Alemania, tras la muerte sin descendencia del emperador Enrique V, en 1125, los príncipes, a instancias del canciller imperial Adalberto, arzobispo de Maguncia, eligieron al Duque de Sajonia como Lotario II el mismo año de 1125. Sin embargo, estalló la guerra civil, puesto que los sobrinos y herederos de Enrique V, que eran Federico II, duque de Suabia, y Conrado, de los Hohenstaufen, exigieron además de las tierras patrimoniales de los salios, en Franconia renana, las tierras que la corona había ido adquiriendo. En esta situación, Conrado III fue coronado rey de Italia en 1128 con apoyo de Milán, pero no consiguió asegurarse allí una buena posición, ya que el papa Honorio II (1124–1130) se negó a reconocerle, así como las ciudades enemigas de Milán como Novara, Pavía, Cremona, Piacenza o Brescia. En cambio, el rey Lotario II se aseguró el apoyo de Enrique el Soberbio, de la dinastía de los Güelfos, que era duque de Baviera y también marqués de Toscana y de Verona, y al que le hizo yerno suyo en 1127.



Aunque la guerra terminó en 1135 con la sumisión de Conrado III, las tornas cambiaron en 1137 al morir el emperador Lotario II, y Conrado III fue electo Rey de Romanos frente a Enrique el Soberbio, heredero de Lotario. Rey de Romanos fue el título usado en el Sacro Imperio Romano Germánico por un emperador futurible, que no había sido coronado por el Papa, y que por lo tanto no podía intitularse Emperador. La guerra se reinició entre Conrado III y Enrique el Soberbio, quien falleció en 1139. La continuó su hermano Güelfo VI. Es en el asedio de Weinsberg en 1140 cuando los nombres de ambas facciones fueron establecidos por los gritos de guerra, güelfo (contrarios a los Hohenstaufen) y Waiblingen (el nombre de un castillo de los Hohenstaufen, que daría lugar al término gibelino). A pesar de firmar un acuerdo de paz en 1142, tras el fracaso de la Segunda Cruzada, Güelfo VI prosiguió la revuelta, que de todas maneras entró en la fase final con el fallecimiento en 1150 de Enrique Berenguer, Rey de Romanos e hijo de Conrado III. En 1151, Güelfo VI pactó con su sobrino Federico III, duque de Suabia (a la sazón también sobrino de Conrado III), la sucesión en el Imperio a cambio de tierras. Así, a la muerte de Conrado en 1152, fue elegido Federico I, con lo que el Güelfo obtuvo tierras italianas, siendo designado como marqués de Toscana y duque de Espoleto. Con la elección como rey de Alemania de Federico I Hohenstaufen, conocido como Federico Barbarroja, en 1152 y su posterior coronación en 1155, la facción gibelina triunfó en el territorio imperial. Dado que Federico deseaba reafirmar en Italia la supremacía imperial que las comunidades habían sustraído al Imperio con el apoyo del papado, bajo su reinado (1152–1190) se verificó un desplazamiento de los términos güelfo y gibelino desde la zona alemana a la italiana, donde pasaron a denominar, respectivamente, a los partidarios del partido papal y a los defensores de la causa imperial. En Italia, por lo tanto, hubo ciudades como Florencia, Milán y Mantua que abrazaron la causa güelfa, mientras que otras como Forlí, Pisa, Siena y Lucca se unieron a la causa imperial. La elección tenía varias motivaciones. En primer lugar, la búsqueda de la autonomía impulsaba a ciudades bajo el control del Imperio a buscar la alianza con el Papa (como pasaba en el caso de Milán) mientras que las ciudades bajo la influencia del papado buscaban la ayuda del Imperio (como era el caso de Forlí); en segundo lugar, se elegía un partido simplemente por oposición al partido a favor del cual se había declarado la ciudad rival (si Milán era güelfa, Pavía tenía que ser gibelina; si Forlí era gibelina, Faenza sería güelfa, etc.) siguiendo el viejo principio de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos».
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