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Insurgencia Mexicana “¡Querían tierra, denles tierra..."

Asalto al cuartel de maderas

El México de los años 60's era un pueblo inquebrantable y dispuesto a luchar por sus derechos constitucionales, el gobierno opresor del PRI poco a poco fue apagando el fuego de nuestros corazones, y lo hizo dando guerra a la guerra; el conflicto moral es que nuestro pueblo solo exigía sus derechos; eran conflictos sumamente desigual, donde se usaban piedras contra balas. En aquellos años los actos de incoformidad del pueblo sucedian frecuentemente a lo largo y ancho del país.

Reproduzcan el siguiente video para ambientar el post.

link: https://www.youtube.com/watch?v=1Z2Q3CZGOqA

Durante las décadas de 1950 y 60, en México se produjeron varias protestas de gran importancia como la rebelión de ferrocarrileros que azotó los estados de Sinaloa comandada por Germán Ruelas, en Nayarit comandada por Miguel Gómez y en Jalisco por Antonio Hernández. En 1965 se produce el levantamiento en Chihuahua. También, los civiles se levantaron por la falta de democracia y esto originó la represión, como la matanza a los manifestantes de Tlatelolco en 1968.

Uno de los tantos levantamientos sucedió en la madrugada del 23 de septiembre de 1965, por una docena de campesinos, estudiantes, maestros y líderes agrarios, que intentaron tomar por asalto el cuartel del Ejército mexicano en Madera, Chihuahua.

Un grupo de trece personas, dirigido por el profesor rural Arturo Gámiz García e integrado por maestros, estudiantes y líderes campesinos –cansados de los abusos, explotación, agravios y despojos de los caciques, ganaderos y compañías madereras y algodoneras cobijados por Práxedes Giner Durán, gobernador, general y rico terrateniente-, atacan el cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua.


Laura Castellanos (México Armado) narra los hechos con base en documentos y testimonios directos:

“Llegan sigilosos par el sur. Cubiertos por la penumbra que antecede al alba, se deslizan hacia las modestas instalaciones del cuartel militar de Ciudad Madera. Son trece jóvenes que, sin el apoyo de dos grupos que esperaron en vano, echarán a andar su plan: realizar un asalto relámpago para obtener armamento, tomar la población, expropiar el banco local y transmitir un mensaje revolucionario a través de la radioemisora local para internarse de nuevo en la majestuosa sierra chihuahuense. La acción era parte de las tácticas militares recomendadas por el manual Guerra de guerrillas de Ernesto Che Guevara para ejecutar acciones de golpeteo y así incrementar la acumulación de fuerzas del que era el primer foco de insurrección mexicano.

Pero esta acción superaba en riesgo a las anteriores. El grupo de estudiantes normalistas, maestros y campesinos se lanzaba a un ataque suicida que buscaba sorprender a ciento veinte militares. Estaban decididos: ese 23 de septiembre de 1965 irrumpirían en el cuartel de la población rural de Madera, municipio del mismo nombre, al suroeste de Chihuahua, poniendo enjuego sus propias vidas.

Cautelosos toman posiciones. Uno de ellos se queda en el camión, en la retaguardia, mientras los demás se reparten en los cuatro puntos cardinales. AI de menor edad lo colocan en el sitio mas lejano y seguro; cuatro se ubican en la Casa Redonda, donde había una oficina de la compañía maderera Bosques de Chihuahua; cuatro más son apostados en las afueras de la iglesia y la escuela mientras los tres restantes se acomodan en el terraplén de la vía de ferrocarril. De frente, a unos treinta metros, estos últimos tienen las barracas castrenses. A sus espaldas, una llanura de más de dos kilómetros los separa de la sierra devastada por Bosques de Chihuahua.

La tropa se alista para el desayuno. Alas 5:45 de la mañana un grupo de militares salen formados de la barraca principal y cruzan la pequeña explanada. De pronto, de un momento a otro, en medio de la negrura que aún no se levanta, truena la balacera. Desconcertados, los soldados se lanzan pecho a tierra al tiempo que oyen gritar: ¡Ríndanse! ¡Están rodeados! ¡Ríndanse!

Un grupo de trece personas, dirigido por el profesor rural Arturo Gámiz García e integrado por maestros, estudiantes y líderes campesinos –cansados de los abusos, explotación, agravios y despojos de los caciques, ganaderos y compañías madereras y algodoneras cobijados por Práxedes Giner Durán, gobernador, general y rico terrateniente-, atacan el cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua.

Laura Castellanos (México Armado) narra los hechos con base en documentos y testimonios directos:

“Llegan sigilosos par el sur. Cubiertos por la penumbra que antecede al alba, se deslizan hacia las modestas instalaciones del cuartel militar de Ciudad Madera. Son trece jóvenes que, sin el apoyo de dos grupos que esperaron en vano, echarán a andar su plan: realizar un asalto relámpago para obtener armamento, tomar la población, expropiar el banco local y transmitir un mensaje revolucionario a través de la radioemisora local para internarse de nuevo en la majestuosa sierra chihuahuense. La acción era parte de las tácticas militares recomendadas por el manual Guerra de guerrillas de Ernesto Che Guevara para ejecutar acciones de golpeteo y así incrementar la acumulación de fuerzas del que era el primer foco de insurrección mexicano.

Pero esta acción superaba en riesgo a las anteriores. El grupo de estudiantes normalistas, maestros y campesinos se lanzaba a un ataque suicida que buscaba sorprender a ciento veinte militares. Estaban decididos: ese 23 de septiembre de 1965 irrumpirían en el cuartel de la población rural de Madera, municipio del mismo nombre, al suroeste de Chihuahua, poniendo en juego sus propias vidas.

Cautelosos toman posiciones. Uno de ellos se queda en el camión, en la retaguardia, mientras los demás se reparten en los cuatro puntos cardinales. AI de menor edad lo colocan en el sitio mas lejano y seguro; cuatro se ubican en la Casa Redonda, donde había una oficina de la compañía maderera Bosques de Chihuahua; cuatro más son apostados en las afueras de la iglesia y la escuela mientras los tres restantes se acomodan en el terraplén de la vía de ferrocarril. De frente, a unos treinta metros, estos últimos tienen las barracas castrenses. A sus espaldas, una llanura de más de dos kilómetros los separa de la sierra devastada por Bosques de Chihuahua.

La tropa se alista para el desayuno. A las 5:45 de la mañana un grupo de militares salen formados de la barraca principal y cruzan la pequeña explanada. De pronto, de un momento a otro, en medio de la negrura que aún no se levanta, truena la balacera. Desconcertados, los soldados se lanzan pecho a tierra al tiempo que oyen gritar: ¡Ríndanse! ¡Están rodeados! ¡Ríndanse!

Los uniformados del interior de la barraca salen presurosos con las armas en la mano. Disparan a diestra y siniestra y los que están echados al piso rápidamente se incorporan al contraataque. Los minutos se precipitan y el sol muestra lentamente su amenaza. Las siluetas comienzan a hacerse visibles. Urge la retirada. El grupo guerrillero intenta resistir con desesperación. Arroja sus bombas de fabricación casera y granadas; dispara sus rifles calibre 22, escopetas 30-06, fusiles de siete milímetros. El tiroteo se prolonga por hora y media.

Cuando deciden replegarse ya no les es posible. El tronido de las descargas ahoga la orden de retirada. Otro grupo de soldados les tiende un cerco por detrás de la vía. Sólo Guadalupe Escobel, Florencio Lugo, Ramón Mendoza, Francisco Ornelas y Matías Fernández logran huir. El paso intempestivo del tren anuncia el fin de la tragedia de los ocho guerrilleros que no logran salir de ahí. Uno a uno sus cuerpos caen sin vida en la tierra seca. Cesa el tiroteo. Los primeros rayos del sol tocan apenas los cadáveres aun tibios entre el reguero de casquillos.

Los militares acomodan uno a lado del otro a los insurrectos muertos: Pablo Gómez Ramírez, medico y profesor normalista, dirigente del PPS y de la UGOCM; Miguel Quiñónez Pedroza, director de la Escuela Rural Federal de Ariseachic; Rafael Martínez Valdivia, profesor normalista; Oscar Sandoval Salinas, estudiante normalista; Salomón Gaytan Aguirre y Antonio Escobel, campesinos; Emilio Gámiz Garda, estudiante, y su hermano Arturo, maestro rural, cuyo rostro queda despedazado. Solo Pablo rebasaba los treinta años, los demás eran menores de veinticinco.”

Sin experiencia guerrillera, ni conocimiento preciso del terreno ni de la capacidad de fuego de los militares y sin contar con refuerzos la acción fracasa. Como resultado del enfrentamiento, de los 125 soldados que había en el cuartel murieron los sargentos Nicolás Estrada Gómez y Moisés Bustillos Orozco, el cabo Felipe Reyna López y los soldados Jorge Velázquez y Virgilio Yánez Gómez.

Los cadáveres son exhibidos en la plaza principal de Madera para atemorizar a quien pretenda enfrentarse al gobierno y al ejército. La gente organiza su velorio y su entierro, pero el cura del lugar Roberto Rodríguez Piña se niega dar los santos óleos porque tilda de comunistas a los bisoños guerrilleros muertos. El general Práxedes Giner Durán, ordena que sean sepultados de inmediato y sin ataúdes en una fosa común: “¡Querían tierra, denles tierra hasta que se harten!”



Quince días antes del ataque, los guerrilleros publicaron el siguiente desplegado dirigido al gobernador en el diario local “Índice”:

“Nos hemos levantado en armas para hacer frente a los cacicazgos, como el de José Ibarra y Tomas Vega, una vez que agotamos los medios legales sin fruto alguno, una vez que nuestros esfuerzos fracasaron en virtud del apoyo incondicional que el gobierno del estado proporciona a los caciques que por décadas se han dedicado impunemente a explotar como bestias a los campesinos, a humillarlos, a asesinarlos, a quemarles sus ranchos, robarles su ganado y violar sus mujeres.

Hemos declarado varias veces que estamos dispuestos a dejar las armas a condición de que se someta al orden y a la ley a los caciques, como Ibarra, y se repartan las tierras que mediante despojos y asesinatos han acaparado. La respuesta suya ha sido enviar más de dos mil soldados a liquidarnos y armar bandas de conocidos asesinos que nos persiguen con saña.

Hemos dicho y lo repetimos: no queremos matar soldados, nada tenemos contra ellos siempre y cuando respeten a las familias. Los consideramos de clase pobre y explotada que están al servicio únicamente por necesidad, teniendo que soportar el despotismo y los abusos de sus superiores. Nuestra lucha no va dirigida contra el ejército sino contra los caciques [...].

Usted con sus torpezas y sus caprichos ha agravado todos los males del estado, le hemos pedido que reconozca su incapacidad y renuncie y salga del estado que tan mal ha servido. Se lo repetimos ahora: renuncie y váyase del estado o lo sacaremos a la fuerza cueste lo que cueste y corra la sangre que corra.

Sierra de Chihuahua,


Arturo Gámiz y Salomón Gaytán.”

El 3 de abril de 1966, los guerrilleros sobrevivientes del ataque al cuartel de Ciudad Madera, dirigidos por Óscar González Eguiarte, organizarán el Movimiento 23 de Septiembre y antes de ser reprimidos por las fuerzas federales provocarán un descarrilamiento del Ferrocarril Chihuahua-Pacífico en Drake, a 70 kilómetros de Ciudad Madera, en la frontera con Estados Unidos. Sobre las vías destruidas pondrán una manta con la siguiente leyenda: “Al pueblo de México: Defiende tus derechos, ya no soportes más injusticias, como son los asesinatos cometidos por órdenes de caciques y latifundistas y explotaciones por las grandes empresas que sirven al imperialismo. ¡Abajo el cacicazgo! ¡Viva la libertad!”


Concluye Fritz Glockner (Memoria Roja): “El ataque al cuartel de ciudad Madera, se convertirá en símbolo de la lucha guerrillera en México, pues su acción marcará el inicio de las guerrillas modernas en el país...sin lugar a dudas, se está ante el nacimiento del primer grupo guerrillero en México, el cual pretende justificar desde una reflexión teórica y el análisis puntual de la realidad las razones de su lucha armada, dejando atrás la simple indignación localista provocada por las injusticias de los campesinos de la zona. Ahora se trata de crear un foco revolucionario que promueva los cambios estructurales dentro del país entero; aun cuando las gestas de Jaramillo ya se habían suscitado y, de igual manera, se contaba con su Plan de Cerro Prieto, los alcances en el estado de Chihuahua pretendían irradiar más horizontes en comparación con el proyecto campesino del estado de Morelos.”

Años más tarde, en 1973, la Liga Comunista 23 de Septiembre recordará con su nombre a estos jóvenes guerrilleros que pretendieron ingenuamente iniciar una revolución socialista para salvar a México de la miseria y la injusticia.
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