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Intrusos en el ajedrez (segunda parte)

Segunda parte de las historias y anécdotas referidas a los mejores ajedrecistas de todos los tiempos y sus épicas luchas

El genio del ajedrez que odió el ajedrez




El estadounidense Paul Morphy ( 1837-1884) fue un fenómeno único en la historia del ajedrez. Como Capablanca, aprendió a jugar viendo a su padre. A los nueve años era el mejor jugador de Nueva Orleans, y a los doce logró derrotar al maestro húngaro Lowentahl, quien visitaba Estados Unidos.
Morphy pertenecía a una familia de clase alta, y pronto su padre empezó a ver con malos ojos la afición de su hijo a ese juego considerado de tahúres. Le prohibió jugar, excepto los fines de semana, y le ordenó que se dedicara al estudio. A los 20 años Morphy se recibe de abogado, pero las leyes de la época establecían que no podía ejercer antes de los 21. Entonces decide dedicar ese año a jugar al ajedrez. No sabía que acababa de tomar la decisión que lo convertiría en leyenda.



Morphy jugando a la ciega (modalidad que consiste en hacer las jugadas sin mirar el tablero)


Se presenta al primer campeonato de los Estados Unidos con pocas esperanzas, dada su escasa actividad en los últimos años. Sin embargo, arrasa a sus rivales. Alentado por este resultado, decide viajar a Europa a enfrentar a los mejores jugadores del mundo. Arrasa con todos, incluido el campeón del mundo no oficial Anderssen a quien le gana 7 a 2. El inglés Staunton, temeroso de enfrentarlo, evadió jugar contra Morphy, siendo el único jugador de la elite ajedrecística que no resultó machacado por el prodigio americano.


Anderssen y Morphy, los dos mejores del mundo frente a frente.


Terminada la gira, vuelve a los Estados Unidos, y entonces empieza el drama de Morphy. Nadie acepta jugar contra él. Ofrece jugar dando un peón de ventaja pero ni aún así encuentra rivales. Finalmente, cumple 21 años y está pronto para ejercer como abogado, pero entonces estalla la guerra civil y debe esperar a que termine para ejercer su profesión. Pero cuando llega el momento resulta que nadie lo toma en serio como abogado. Todos lo ven como el campeón de ajedrez, como la leyenda. Morphy empieza a odiar al juego que le dio la fama. Él solo quiere seguir el mandato familiar y ser un abogado exitoso. Algunos años después empieza a mostrar desórdenes mentales. Finalmente muere con sólo 46 años, odiando al juego que lo había inmortalizado.


La máquina vence al humano


El monstruo que derrotó a Kasparov



Prácticamente desde el momento en que la computadora fue creada, algunos vieron que su tecnología podía aplicarse al ajedrez. Durante varias décadas se crearon programas capaces de jugar al ajedrez. Sin embargo, la potencia de estas máquinas era mediocre, y cualquier maestro de ajedrez las derrotaba fácilmente. Fue necesario llegar a la década de los 90 para que la supremacía ajedrecística del humano empezara a estar en riesgo. En 1996 IBM desafió a Garry Kasparov, campeón del mundo vigente, a un match contra su supercomputadora Deep Blue.



Kasparov ganó el match 4 a 2. Sin embargo, fue derrotado en la primera partida, siendo la primera vez en la historia que un campeón mundial vigente perdía contra una computadora.



Al año siguiente se jugó la revancha. IBM no había descansado en ese lapso, aumentando la fuerza de Deep Blue. Era una computadora de procesamiento paralelo masivo basada en el RS/6000 con 30 nodos, cada uno con 30 microprocesadores P2SC de 120 MHz, ampliados con 480 procesadores VLSI de uso especial, especializados en ajedrez. Su programa de ajedrez fue escrito en lenguaje C y corrió bajo el sistema operativo AIX. Era capaz de calcular 200 millones de posiciones por segundo, dos veces más rápido que la versión de 1996. En junio de 1997, Deep Blue era el 259º superordenador más potente, capaz de calcular 11,38 gigaflops,3 aunque toda esta potencia no estaba pensada en realidad para jugar al ajedrez.
El match terminó con el triunfo de la máquina por 3 1/2 - 2 1/2. Por primera vez, la máquina se había mostrado más poderosa que el hombre. Kasparov acusó a IBM de haber hecho trampa, recurriendo a operadores humanos que habrían dictado a la máquina determinadas jugadas que requerían de una valoración estratégica imposible para un cerebro electrónico.
Hoy en día, cualquiera puede descargar un programa de ajedrez con un nivel más fuerte que cualquier jugador humano, y prácticamente ningún maestro de ajedrez acepta jugar contra una máquina, por la casi certeza de terminar aplastado.


El arma secreta para derrotar a un campeón




Ya conocemos a Frank Marshall del primer post, por aquella famosa partida en que realizó una jugada tan asombrosa que el público lo premió con una lluvia de monedas de oro. Marshall era un jugador de la vieja escuela, romántico, táctico, de ataques y sacrificios. Sin embargo, como todos sus contemporáneos, tenía un talón de Aquiles llamado José Raúl Capablanca. El cubano entendía el ajedrez mejor y más profundamente que cualquier jugador de su tiempo, y cada vez que Marshall lo enfrentaba terminaba destrozado por Capablanca. Así que se le ocurrió estudiar la forma de derrotarlo. Preparó la variante durante años, esperando la oportunidad de jugarla contra Capablanca. Uno puede imaginarse a Marshall pasando noches desvelado, soñando con el momento en que aplastaría al invencible Capablanca. Finalmente, en 1918, le llega la oportunidad. Capablanca mueve el peón de rey. Marshall contesta con la famosa apertura española. Jugada tras jugada, Capablanca va entrando en la variante preparada por el norteamericano. Finalmente, en la jugada ocho, Marshall hace la jugada que había preparado: entrega un peón. Capablanca lo come, y pronto se ve sometido a un fuerte ataque. Marshall se frota las manos en su fuero íntimo, sus piezas rodean al rey del cubano, amenanzando un jaque mate inminente. Sin embargo, en ese momento, empieza el milagro. Capablanca, sin haber visto jamás esa variante, empieza a hacer las mejores jugadas, resisitiendo el feroz ataque. Poco a poco va colocando sus piezas en las mejores casillas, y lentamente va creando amenazas. Marshall no lo puede creer, Capablanca encuentra sobre el tablero jugadas que él no había visto en su preparación. En su desconcierto, enmarañado en una posición complejísima, se equivoca y termina perdiendo. El cazador había sido cazado. Para valorar mejor la hazaña de Capablanca hay que decir que el Ataque Marshall aún hoy, en la era de las supercomputadoras que analizan cada variante del ajedrez, sigue vigente y se juega en el nivel más alto de la elite.


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Duelo de titanes


Dos genios frente a frente: Alekhine y Capablanca


La mayor sorpresa en la historia de los campeonatos del mundo se dio en 1927. En Buenos Aires se enfrentaron el cubano José Raúl Capablanca y el ruso Alexander Alekhine. Alekhine era un jugador extraordinaro, un genio de las combinaciones. Su pasión por el ajedrez era tan grande que de niño, en las noches, cuando sus padres creían que dormía, él jugaba ajedrez abajo de la sábana iluminándose con una linterna. Pronto se destacó como un gran jugador. Sin embargo, había nacido en la era de Capablanca. El cubano hacía años que no perdía una partida, y el ruso nunca había podido derrotarlo. En esa época el campeón poco menos que elegía a su retador, y a veces se daba el caso de que evitaba jugar contra un jugador al que consideraba peligroso, imponiéndole el pago de una suma desmesurada para aceptar el reto. Sin embargo Alekhine no suponía un serio peligro para Capablanca, por lo que este aceptó disputar el título contra el ruso. Alekhine se encerró en su casa a entrenar, día y noche, estudiando las partidas de su rival, mejorando sus debilidades, agregándole a su maravillosa capacidad táctica una mejor comprensión posicional. Mientras tanto, Capablanca se dedicaba a las fiestas, las mujeres y los viajes.
Cuenta la leyenda que cuando Alekhine partió hacia Buenos Aires sus amigos le dijeron: "Que gane el más débil"
Estaba estipulado que el primero en ganar seis partidas sería el campeón. Antes de empezar, mostrando su confianza en sí mismo, Alekhine dijo: "No sé cómo voy a hacer para ganarle seis partidas a Capablanca, pero tampoco sé cómo va a hacer él para ganarme seis partidas a mí".
Contra todo pronóstico, Alekhine ganó el match por un convincente 6 a 3. La fábula de la liebre y la tortuga se había hecho realidad.


Eso es todo maquinolas, espero que les haya gustado.

Link del primer post:

http://www.taringa.net/post/apuntes-y-monografias/18057872/Intrusos-en-el-ajedrez.html



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