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Intrusos en el ajedrez

El público en general cree que el ajedrez es un juego frío y aburrido, y los ajedrecistas unos nerds poco interesantes. Mi intención para este post fue recopilar algunas anécdotas que desmientan esas creencias.

ENEMIGOS ÍNTIMOS


1- Karpov-Korchnoi

El match por el campeonato del mundo de 1978 fue mucho más que una lucha ajedrecística. En él no solo se enfrentaron dos genios ajedrecísticos de todos los tiempos: Anatoly Karpov



contra Viktor "El terrible" Korchnoi


Korchnoi con los lentes "antiparapsicólogo"


sino que se convirtió en un show que excedió largamente lo ajedrecístico. Para entender esto es imprescindible decir que ambos jugadores eran soviéticos, pero mientras que Karpov tenía todo el respaldo del gobierno ruso, Korchnoi había desertado un par de años antes, celoso porque las autoridades soviéticas preferían a otros maestros, y se había ido a vivir a Suiza. Los soviéticos lo declararon traidor, así que imaginen el clima cuando el traidor llegó a la final del mundo nada menos que contra el niño mimado del Kremlin.


Karpov y Korchnoi no se hablaron ni se saludaron durante todo el match



El duelo se desarrolló en la ciudad de Baguío, Filipinas.
El equipo de Kárpov incluía al Dr. Zujar (un conocido hipnotizador). La idea era "interceptar mentalmente" a Korchnoi durante el juego. El parapsicólogo se sentaba en una zona de la sala de juego en la que tuviese enfrente a Korchnoi y se quedaba allí, mirándole fijamente. De este modo trataba de alterar la concentración de Korchnoi, que cuando se encontraba cansado tras horas de juego podía sucumbir ante la presión. La mujer de Korchnoi trató de contrarrestar esta poderosa arma de una forma "muy sutil": se sentaba detrás de Zukhav y le pinchaba con un alfiler de vez en cuando; en otra ocasión trató de provocarle poniendo delante de él un libro que estaba prohibido en la URSS.
El de Korchnói incluía a un local en libertad bajo fianza por delito de homicidio. Hubo más controversia fuera que dentro del tablero. Rayos X para las sillas, protestas por las banderas utilizadas junto al tablero, quejas respecto del hipnotizador y Korchnói utilizando gafas con espejos.
Durante el match ambos jugadores, como si de niños se tratase, se daban patadas por debajo de la mesa.
Cuando el equipo de Kárpov le enviaba un yogur durante la partida, el equipo de Korchnói protestaba alegando que podía tratarse de algún código. Finalmente, Karpov ganó el match, y el prestigio soviético quedó a salvo. Korchnoi dijo que si él hubiera ganado el match su vida hubiera corrido peligro, pero eso es algo que nunca se va a saber, me parece.


2- Kramnik-Topalov

Otra vez el título mundial en juego. Ahora es el año 2006, y los contendientes el ruso Vladimir Krámnik



y el búlgaro Veselin Topalov



El tema es que los búlgaros empezaron a notar que Krámnik iba demasiadas veces al baño durante las partidas, lo que les hizo sospechar que quizás alguien le dijera las jugadas de alguna manera (¿un teléfono adentro de la cisterna, atrás de la pileta?). Pidieron que un árbitro acompañara al baño a los jugadores. Krámnik protesta, pierde una partida por no presentarse, amenaza con abandonar la lucha. Finalmente se llega a un acuerdo: cada jugador tendrá derecho a revisar el baño de su contrario antes y después de la partida. Finalmente, Krámnik gana el título.


¡Si, si, señores, yo soy de Tal!


El público en ajedrez debe permanecer en silencio, para permitir la concentración de los jugadores. Sin embargo a veces se producen jugadas tan asombrosas sobre el tablero que el apacible público ajedrecístico pierde la compostura y expresa a viva voz su emoción.

Eso fue lo que pasó durante la sexta partida del match de 1960 entre el patriarca del ajedrez soviético Mijail Botvinnik


y "El mago de Riga" Mijail Tal



Botvinnik había creado lo que se llamaría "el ajedrez científico", era un tipo serio como perro en bote, fuertísimo en aperturas y en el juego posicional. Tal era su contracara: desfachatado, simpático, y sobre el tablero un huracán de juego táctico y sacrificios disparatados. Los detractores de Tal decían que sus sacrificios de piezas eran incorrectos, y quizás tuvieran razón, pero eso a él no le importaba, y gracias a su estilo deslumbrante había llegado a la final.
El encuentro se jugó en Moscú, y en la sexta partida se llegó a esta posición:



Tal jugó Cf4, sacrificando el caballo. Botvinik se puso pálido, parecía que había visto un fantasma.
El disciplinado público soviético, conmocionado, empezó a moverse, a hablar, y hasta a gritar. La partida siguió unas jugadas más y tuvo que seguir en otra sala sin público, porque el escándalo entre el público era incontenible. Tal ganó la partida y después el match. Fué recibido en Riga por una multitud, que lo levantó en andas. Cuándo le preguntaron que sentía dijo: "Mi cabeza está llena de sol".
Al escuchar las declaraciones de su rival, el amargo de Botvinik movió la cabeza y dijo: "¡A lo que ha llegado el ajedrez, el título del mundo está en manos de un charlatán!"


LLUVIA DE MONEDAS DE ORO


El protagonista de esta partida es el estadounidense Frank Marshall, jugador de principios del siglo XX, de estilo romántico, en aquellos tiempos en que era casi una obligación tratar de ganar con sacrificios espectaculares, sin darle importancia a la estrategia, la teoría y todos esos rollos del ajedrez moderno.
En esta partida Marshall jugaba contra un jugador polaco, justamente en Polonia. Llegamos a la posición del diagrama (Marshall juega con negras y le toca jugar):



¿Qué jugó Marshall? Dg3¡¡¡ El público en principio quedó atónito. Marshall tiene una torre atacada y no contento con eso entrega la dama. Lo cierto es que no importa lo que jueguen las blancas, la partida está ganada para el negro. El rival se rindió al comprobar esto. Los espectadores enfervorizados se pusieron de pie, y además de ovacionar al vencedor empezaron a tirar monedas de oro sobre el tablero (esto se explica porque en esa época el ajedrez era absolutamente amateur, entonces darle plata al creador de semejante obra de arte les habrá parecido justo a los espectadores).

EL EXPERIMENTO POLGAR


las hermanas Polgar


A finales de los sesenta un psicólogo húngaro aficionado al ajedrez llamado László Polgár quiso mostrar al mundo lo sencillo que era “fabricar” un genio en algún ámbito o arte.

Obsesionado con el estudio de los genios de la historia y tras estudiar la biografía de cientos de intelectuales creyó encontrar algo que muchos de ellos tenían en común: la especialización a muy temprana edad.

Por ello y sin detenerse demasiado a pensar en los problemas éticos y morales de su experimento se casó con una pedagoga que estaba interesada en el mismo tema y tuvieron tres hijas a las que sometieron a estudio para satisfacer sus curiosidades.

Desde el primer momento sus hijas no fueron a la escuela y su educación fue encaminada exclusivamente al ajedrez pues para Polgar era “un arte, una ciencia y una competición por la que los resultados del experimento se podrían medir“.

Con sólo cuatro años la primera de sus hijas -llamada Susan- creó sus propios problemas de ajedrez, de los cuales algunos se usan actualmente en las escuelas. Una década después, con quince años, era considerada la mejor jugadora de ajedrez del mundo según el sistema de puntuación Élö de la FIDE y durante los 22 años siguientes nunca bajó del tercer puesto.

Sofia, la segunda de las hijas del matrimonio Polgár, asombró al mundo del ajedrez con sus resultados en el torneo de Roma ’89. Sus resultados fueron conocidos para los aficionados como “el saco de Roma“, ya que ganó el campeonato obteniendo una puntuación de 8.5/9, es decir, todas las partidas ganadas salvo una en tablas. Hasta el año 2006 fue la mejor puntuación jamás obtenido por una mujer en un torneo y uno de los mejores sin importar el sexo del jugador.

Todos estos resultados comenzaron a confirmar las sospechas de László con respecto a su teoría pero no consiguieron saciar su sed: quería una campeona del mundo y quería conseguirlo con su tercera y última hija, Judit.

Judit Polgár no sólo resulto una magnífica jugadora de ajedrez sino que actualmente es la mejor jugadora de todos los tiempos conservando su primer puesto mundial desde hace varias décadas.

A los quince años consiguió ser el jugador más joven de la época en ser nombrado Gran Maestro Internacional, desbancando al mismísimo y recientemente fallecido Bobby Fischer. Ha jugado y ganado a los mejores, desde Gari Kaspárov hasta el actual número uno mundial Veselin Topalov. (La nota está desactualizada, Judit acaba de retirarse del ajedrez y el número uno del mundo es Magnus Carlsen).
Judit siempre ha sido consciente de que forma «parte de la historia», junto a sus hermanas, aunque no siente «ningún peso sobre los hombros». Sin falsas modestias, también cree que su caso «demuestra que el genio no nace, sino que se hace», la tesis principal de sus padres, aunque no se considera un genio. Habla húngaro, inglés, ruso y un poco de español. No sabe cuándo exactamente, pero «muy pronto» se dio cuenta de que no era niña normal (es importante decir que, pese a su educación por fuera de los cánones aceptados, las Polgar son mujeres normales, que han formado sus familias y se integraron a la sociedad sin problemas).



BOBBY FISCHER, LA LEYENDA


El caso Polgar viene a cuento para hablar de quizás el mejor ajedrecista de todos los tiempos: Robert James Fischer. Aprendió ajedrez a los seis años. A los doce, apasionado sin remedio por el juego, tomó una decisión fundamental en sus vida: dejó la escuela para dedicarse completamente al ajedrez.

Dicen que dijo: "Prefiero ser el campeón mundial de ajedrez a un oscuro oficinista". Aunque parezca mentira, la madre de Fischer (era huérfano de padre), que básicamente era manejada por su hijo, le permitió dejar los estudios. Unos padres normales le hubieran metido una zapatería en el traste, pero entonces es muy probable que Fischer no hubiera llegado a lo que llegó en el ajedrez.

En ese entonces los soviéticos dominaban el ajedrez, eran los mejores por lejos, contaban con el respaldo del gobierno, por lo que vivían para jugar y estudiar ajedrez. En ese marco, que un jugador occidental, donde el ajedrez era amateur, ganara el título del mundo, era una utopía. Sin embargo la determinación de Fischer tuvo su premio, y en 1972 logró el título, destronando al ruso Boris Spassky (el pobre Spassky, si bien no recibió ningún castigo, fue considerado un paria por sus compatriotas debido a su derrota, y terminó yéndose del país años después).




ANÉCDOTAS Y LEYENDAS DEL AJEDREZ



Nos encontramos en el Torneo de New York de 1927, allí se dan cita varios de los mejores jugadores del planeta, entre ellos el "Invencible" José Raúl Capablanca.

Como era de esperar, Capablanca comenzó de forma brillante y varias rondas antes de finalizar el torneo dejó claro que la victoria final no se le iba a escapar. Charlando con un amigo, éste le hizo un reproche irónico sobre su superioridad, a lo que un molesto Capablanca le contestó que pensaba hacer tablas en todas las partidas que le quedaban por disputar.
Capablanca cumplió su palabra e hizo tablas de forma sencilla en las cuatro últimas rondas. En una de esas partidas le tocó enfrentarse con Aaron Nimzowitsch, una vez concluida la apertura Capablanca le envió una nota a su rival a través del árbitro que decía: "le ruego que deje usted de jugar tan mal o no tendré más remedio que ganarle".



Durante el torneo Internacional de Londres 1862, se organizó una partida en consulta entre varios de los maestros participantes (esto era habitual en la época, para disfrute del público).

Los dos equipos que disputaron la partida fueron, por un lado: Adolf Anderssen, Louis Paulsen y Serafino Dubois. Por el otro: Jakob Löwenthal, Samuel Boden y H. A. Kennedy.

Anderssen, siempre modesto a pesar de todos sus logros, comentó a Dubois antes de comenzar la partida: "Tenemos que organizarnos: Paulsen hará las jugadas precisas, usted las brillantes y yo las malas".



El GM Efim Bogoljubow era famoso por ser aficionado al humor fácil y torpe. Esta anécdota ocurrió tras la disputa de una partida contra el Doctor Tarrasch, en la que Efim logró vencer al alemán.

Se dio la triste circunstancia de que a los pocos días Tarrasch, que ya tenía 72 años, falleció. Bogoljubow, demostrando no tener excesivo tacto, decidió publicar la partida y no se le ocurrió otra cosa que titular el artículo de la siguiente manera: "La partida que mató al Dr. Tarrasch".




En el Torneo Interzonal de Saltsjöbaden de 1948 a Najdorf le tocaba enfrentarse con uno de los 3 mosqueteros suecos: Gösta Stoltz.

Najdorf sabía de la dependencia del alcohol de su rival y cuando se lo encontró al mediodía en la cafetería del hotel vio la oportunidad de allanar el terreno de su futura partida. Najdorf empezó a invitar a una copa tras otra a Stoltz, hasta que quedó contento con el resultado y decidió irse a comer. El argentino creía que su rival no estaría en condiciones de rendir en la partida que comenzaría esa misma tarde.

Para sorpresa de Najdorf, Stoltz ugó de manera muy precisa y le puso en muchos problemas. En la jugada 42 Stoltz le ofreció tablas, cosa que Najdorf aceptó rápidamente.

Stoltz le comentó irónicamente a Najdorf:

- Le he propuesto tablas, aunque estoy mejor, porque si usted no me hubiese invitado hoy no habría podido jugar.




El campeón del Mundo no oficial Howard Staunton era invencible en su época, por eso sorprende mucho su derrota en un match contra su compatriota Elijah Williams... si se investiga un poco se descubre un dato curioso: la derrota se produjo porque Staunton abandonó el match... pero lo sorprendente es que abandonó cuando ganaba por 6-2!!.

La explicación al abandono de Staunton está en el reloj de ajedrez, en concreto en su inexistencia. Williams conocía el mal carácter de Staunton y por eso optó por utilizar mucho tiempo para cada movimiento (llegó a las 2h y media en algunas jugadas), esto hacía que cada partida durase varios días. Staunton terminó hartándose y decidió rendirse para no continuar aguantando las artimañas de su rival... a eso se le llama victoria sin honra.




El campeón del mundo Alexander Alekhine era conocido por sus ansias de victoria, detestaba perder y esto le llevaba a buscar el triunfo sin importar el camino a seguir.

Así lo demostró durante el match de revancha por el Campeonato del Mundo que le enfrentó al holandés Max Euwe. Alekhine sabía que Euwe no toleraba a los gatos, por eso decidió jugar una de las partidas con un gato en el regazo, al que acariciaba de vez en cuando. Alekhine sabía que no existía ninguna norma a este respecto y el Dr. Euwe no pudo realizar ninguna reclamación.





Capablanca, el jugador infalible al que nada se le escapaba en un tablero de ajedrez... pero no siempre, como demuestra esta curiosa anécdota. El campeón cubano se desplazó a Karlsbad para medirse a otros 21 jugadores por el triunfo en uno de los torneos más prestigiosos de la época. Eran los tiempos dorados de Capablanca, ya no era campeón del mundo pero seguía siendo un jugador imbatible.
Se llegó a la ronda 16 con Capablanca líder del torneo e imbatido. Enfrente tenía al alemán Fritz Sämisch, que no estaba teniendo un buen torneo, por lo que todo hacía indicar que el cubano sumaría un nuevo triunfo... ¿todo?, hubo algo que no entraba en los planes de Capablanca y que trastocó por completo su juego en esta partida.

Capablanca se había desplazado a Karlsbad junto a su amante, que se alojaba con él en la misma habitación de hotel. Durante la ronda 16 la mujer de Capablanca apareció por sorpresa en la sala de juego, mientras tanto su amante esperaba el final de la partida en su habitación. Capablanca se puso sumamente nervioso ante esta situación perdiendo la compostura. Era su turno de mover, pero en tal estado de tensión realizó el primer movimiento que se le pasó por la cabeza sin detenerse a razonar. El resultado fue un error garrafal que le costó la partida y el torneo, ya que finalizó segundo a sólo medio punto del vencedor.



Alekhine tenía un fuerte carácter, algo que está fuera de duda. Uno de sus rasgos característicos es que digería mal las derrotas, algo que creo que nos ocurre a la mayoría de jugadores y aficionados. Durante el torneo de Carlsbad de 1923, donde acabó en primera posición, perdió su partida con Spielmann (que estaba cuajando un torneo nefasto). Muy enfadado, se retiró a su habitación del hotel, donde desató su furia emprendiéndola a golpes con todos los muebles, como si de una estrella de rock se tratase.




Año 1958. Bobby Fischer está a punto de participar en el importante torneo interzonal de Portoroz, pero antes de acudir a Yugoslavia pasa por Moscú. Allí Fischer no visita los monumentos de la ciudad, ni se acerca a la galería Tretiakov, como haría cualquier otro mortal. Directamente se dirige a un club de ajedrez de la Avenida Gogol, irremediablemente atraído por un deporte que necesita como el respirar y que es el motor de su vida.
Fischer llegó al club a una hora extraña, con la tarde muy avanzada, y empezó a jugar con todo el que allí se encontraba... y fue derrotando a todo rival que aceptó jugar con él, incluso venció a uno de los maestros de la vieja guardia soviética: Vladimir Alatortsev. El director del club no daba crédito, un estadounidense estaba invadiendo (ajedrecísticamente) el centro de Moscú. Había que salvar el honor de la nación, por lo que cogió un teléfono y llamó a Salomon Flohr: "Levántese, Solomon Mihailovich, la patria le llama"... no se sabe si Flohr pudo detener la invasión estadounidense, pero ese día la URSS se tambaleó ante un vaquero que jugaba al ajedrez siempre en pos de la victoria.




Viajemos hasta Karlsbad, preciosa ciudad checa que albergó durante varios años uno de los torneos más fuertes de principios del siglo XX. Nos encontramos en 1907, la flor y nata del ajedrez mundial se ha dado cita en la ciudad antes mencionada y pelean en un largo torneo de 21 rondas (algo típico en aquella época).

Akiba Rubisntein se encuentra en el mejor momento de su carrera, siendo serio aspirante a la corona mundial. En Karlsbad confirma esas sensaciones y despliega un juego imparable, llegando a la última ronda con un punto de ventaja sobre su inmediato perseguidor, Geza Maroczy. Unas simples tablas en la última partida, ante Heinrich Wolf, harían que Rubinstein se llevase el primer premio en solitario. Wolf, sabedor de esta circunstancia, le ofreció tablas a las pocas jugadas de haber comenzado la partida, las cuales, sorprendentemente, fueron rechazadas por Rubisntein. Un par de jugadas después Rubisntein omitió una jugada fortísima y sencilla de ver, tanto, que resultaba evidente que la había pasado por alto de forma intencionada. Finalmente la partida finalizó en tablas al repetir movimientos. Rubinstein fue preguntado por la jugada omitida, a lo que respondió: "Con Wolf, yo hago tablas cuando quiero, no cuando quiere él".


BONUS PARA FANÁTICOS

Documental sobre el duelo Fischer Spassky de 1972


La mayor rivalidad ajedrecística de la historia, Karpov contra Kasparov





Eso es todo amigos, me voy porque Alexandra Kosteniuk me espera para jugar una partida:

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