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Japón, a 71 años del asesinato de Hiroshima.

Cerca de 50.000 personas procedentes de 91 naciones, realizaron un minuto de silencio, para conmemorar a las casi 140.000 víctimas del bombardeo norteamericano en 1945.

Japón conmemoró el 71 aniversario del bombardeo atómico sobre la ciudad de Hiroshima, y llamó a plasmar un mayor compromiso de los jefes de estado en la lucha para lograr un mundo libre de arsenales nucleares.

El alcalde de la ciudad devastada, Kazumi Matsui, recordó la visita de Barack Obama en mayo pasado, la primera de un presidente de Estados Unidos en ejercicio a la ciudad destruida por la bomba el 6 de agosto de 1945.

El intendente de Hiroshima parafraseó una parte del discurso del mandatario estadounidense para instar a los líderes a que recurran a más valor y "abandonen la lógica del miedo, para lograr un mundo sin armas nucleares".

En el Parque de la Paz, frente a cerca de 50.000 personas procedentes de 91 naciones, el tañido de la campana ha marcado un minuto de silencio, el tiempo exacto hace 71 años cuando la bomba atómica fue lanzada por el bombardero estadounidense, causando 140.000 muertes.

Una segunda bomba fue lanzada sobre Nagasaki el 9 de agosto, decretando de hecho el final de la Segunda Guerra Mundial con la rendición incondicional de Japón 6 días después.

El alcalde de Hiroshima también llamó al gobierno a reconsiderar los planes para la revisión de la Constitución pacifista que daría más poderes al ejército.

"Hoy renovamos nuestra determinación, ofrecemos consuelo de corazón a las almas de las víctimas de la bomba atómica y abogamos por hacer todo lo que esté en nuestras manos (...) por la abolición de las armas nucleares y la construcción de una paz mundial duradera", dijo Kazumi.

Hizo así referencia al primer ministro, Shinzo Abe, que también estaba presente. El alcalde dijo que "un mundo sin armas nucleares reflejaría el noble pacifismo de la Constitución japonesa".

El primer ministro japonés, por su parte, señaló que Japón fue el único país del mundo víctima de un bombardeo nuclear, e hizo un llamamiento a la generación más joven para que no olviden, reiterando el compromiso de su administración de una política de no proliferación nuclear.

Ambos líderes, sin embargo, no han sido capaces de proporcionar iniciativas concretas en sus discursos.

Los grupos locales que luchan contra la energía nuclear han expresado escepticismo sobre la capacidad real para alcanzar los objetivos declarados.

Además de las muertes causadas por las dos bombas, más de 300.000 sobrevivientes del holocausto nuclear (hibakusha, como lo llaman en Japón) han ido falleciendo con el tiempo, 5.500 de ellos, el año pasado.

Según las últimas cifras, el número real actual de sobrevivientes asciende a 174.080, y su edad promedio es de poco más de 80 años. Algunos de ellos todavía sufren de los efectos de la radiación.

En un mensaje leído en parte en la ceremonia, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, ha recordado la importancia del espíritu de los sobrevivientes para garantizar el avance de las negociaciones de desarme nuclear a nivel mundial.

Una llamada que está destinado a convertirse en cada vez más débil en los próximos años, y que a pesar de la inestabilidad del marco geopolítico actual, necesita resultados tangibles, como nunca antes.




(adjunto)

Los hibakusha o los fedatarios del horror

Kenji Kitagawa tocaba el órgano en su colegio aquella mañana del 6 de agosto de 1945 cuando le sorprendió un flash lejano de una intensa luz azulada. Le siguió un rugido, el desplome del edificio, la oscuridad, el fuego y los gritos de sus compañeros pidiendo ayuda. A duras penas gateó hasta la salida dejando atrás cadáveres carbonizados

"Aunque no pienso cada día en aquellos sucesos, es muy fácil para mí recordarlo con todos los detalles cuando alguien me pregunta o escucho hablar de la bomba atómica", explica Kitagawa a Sputnik Nóvosti, quien en aquellos momentos tenía diez años.

Kitagawa es uno de los 183.000 hibakusha o supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, muchos de los cuales se esfuerzan estos días en contar sus experiencias para evitar que se repitan.

La vida de los hibakusha no ha sido fácil. Muchos arrastran el sentido de culpa del superviviente. En su país fueron discriminados durante mucho tiempo y la severidad de sus heridas les impedía ocultar su condición. La creencia de que sus enfermedades eran contagiosas rompieron matrimonios. Muchos eligieron la soltería para evitar que sus hijos nacieran con dolencias radioactivas heredadas. También tenían problemas para encontrar trabajo. A su soledad ayudó que algunos perdieran a toda su familia en aquella mañana estival de 1945. Kitagawa perdió a su hermano y a su madre.

"En Hiroshima apenas siento la discriminación, pero sí en otros lugares", afirma. Hiroshima es la excepción a la ausencia en Japón de monumentos a las víctimas de las bombas. La ciudad tiene una especial sensibilidad por los problemas de los hibakusha pero está lejos de cubrir todas sus necesidades. Los supervivientes, con una media de edad de 80 años, tienen una lista de espera de tres para ingresar en el asilo.

"No hay palabras para describir lo dura que ha sido mi vida. Sin comida, sin ropa ni lugar donde dormir. Pensé que aquello terminaría pronto, pero duró cinco años, diez años… aún hoy mi situación es complicada", continúa Kitagawa.

El estigma del hibakusha ha remitido, pero aún reciben más atención fuera que dentro del país. El mayor estudio sobre la salud mental de los hibakusha fue realizado por investigador estadounidense Robert Jay Lifton en 1967. En sus conclusiones subrayaba su eterno sentido de vulnerabilidad por los efectos de la radioactividad que podían manifestarse en ellos tarde o temprano o en sus descendientes.

Un grupo de descendientes de hibakushas pidieron esta semana a las autoridades nuevos y más amplios estudios sobre las enfermedades relacionadas con la radioactividad después de que una encuesta interna revelara que el 60 por ciento de ellos "albergaba preocupaciones".

La encuesta, practicada sobre 2.391 hibakushas de segunda generación, evidencia que el temor sigue 70 años después en quienes ni siquiera sufrieron directamente la bomba nuclear.

Los supervivientes ejercen hoy como un activo grupo de presión contra las políticas del primer ministro Shinzo Abe, quien prevé reabrir los reactores nucleares y modificar la pacifista constitución japonesa en contra de la opinión pública.

Como principales víctimas de la guerra y la energía nuclear, los hibakusha piden que Japón no olvide las enseñanzas de la Historia. "Abe no sufrió nunca la guerra, pero espero que sea más cuidadoso con sus políticas", señala Kitagawa.



(bonus)


Leyenda de Sadako Sasaki y las mil grullas de origami. Mil grullas por Japón. Una leyenda para la esperanza.


Según una leyenda japonesa, tu mayor deseo se hará realidad, si construyes mil grullas de papel. La consigna de crear grullas de papel en la lucha por la paz, se remonta a la historia de una de las pequeñas víctimas de la bomba de Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.

Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba en Hiroshima, ciudad en la que vivía. Diez años más tarde (cuando tenía 12 años), como consecuencia de la irradiación que le produjo la bomba de Hiroshima, los médicos le diagnosticaron leucemia. Cuando la pequeña Sadako estaba en el hospital recuperándose de su enfermedad, su amiga Chizucho le explicó la historia de las 1.000 grullas de papel. La historia consiste en que si deseas algo con mucha fuerza y construyes 1.000 grullas de papel ( papiroflexia), los dioses te concederán ese deseo que tanto anhelas.

Es así como Sadako deseó curarse de su terrible enfermedad y para ello se propuso construir por sí misma 1.000 grullas de papel, aunque no logró conseguirlo porque falleció mucho antes de poder acabarlas todas. Murió en octubre de 1955 y sólo había conseguido plegar 644 grullas de papel. Simbólicamente, sus amigos continuaron su misión y completaron las mil grullas, con la esperanza de que se evitaran las guerras en el futuro y se consiguiera la paz entre todos los países del mundo. Tres años más tarde de la muerte de Sadako, los niños de toda la ciudad de Hiroshima le dedicaron una estatua de ella con una grulla en su mano. La estatua está en el Parque de la Paz de Hiroshima.

Cada año, para el 6 de agosto, Día de la Paz, llegan miles de grullas de papel a Hiroshima desde todos los lugares del planeta. Los niños de la ciudad cuelgan las grullas en el monumento de Sadako, con la esperanza de transmitir este mensaje a todo el mundo.

En estos días, como consecuencia del Terremoto de Japón, muchísimas personas y asociaciones de todos los lugares del mundo se han propuesto construir grullas de papel con la finalidad de enviarlas a Japón. En Japón hay personas encargadas de recoger estas grullas que la gente envía anónimamente y colocarlas en los distintos templos del país, con el deseo de que Japón pueda salir de la pesadilla que está viviendo y que la vida, la salud, la esperanza y la prosperidad se restablezcan de nuevo en sus vidas.

Una japonesa residente en Madrid ha recuperado la leyenda japonesa de las mil grullas de papel para pedir a los internautas que se unan a esta iniciativa de abrazo y ánimo a Japón que simboliza la paz.

A través de una página web llamada ‘Las 1.000 grullas ‘. Makiko pide ayuda para completar las mil grullas de papel de las que habla la leyenda. Quien las complete, recibirá un deseo. Y ése, ahora mismo, no es otro que el fin de la amenaza de catástrofe nuclear y la mejor de las suertes para todos los damnificados. La grulla de la paz deja ahora paso a la grulla de la solidaridad, que desde todos los rincones inunda ya las webs con múltiples mensajes de apoyo.

Para los japoneses la grulla es el símbolo de la paz, como para nosotros lo es la paloma blanca. Para los japoneses la grulla además de paz, significa salud.


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