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La debilidad de la franqueza



Portada del libro "Alemania Debe Perecer!" escrito por Theodore Kaufman entre 1940 y 1941, en el que se detallan los pasos a seguir para el exterminio definitivo del pueblo Alemán luego que perdiera la guerra. El libro recibió ovaciones de parte de la diplomacia aliada, mientras en Alemania su lectura infundía el terror.



El pueblo Alemán es fuerte en su capacidad de trabajo, fuerte en su sentido del deber y del sacrificio; fuerte en su franqueza. No oculta su pensamiento ni su manera de ser, y a estas fuerzas corresponde una debilidad: carece por completo del arte de la diplomacia.

En gran parte la diplomacia es engaño, ocultamiento, ficción, apariencia. La falta de tacto diplomático ha sido uno de los factores determinantes de que Alemania haya perdido dos guerras decisivas, a pesar de tener fuerzas tan formidables para ganarlas. En cierta forma la enorme franqueza y sinceridad del régimen Nacional Socialista, que nada ocultaba, fue una de sus más grandes debilidades. Desde su nacimiento en 1920 esbozó su lucha contra el judaísmo político y contra la URSS (El Materialismo Marxista). Con muchos años de anticipación sus planes fueron conocidos por sus dos enemigos. Es muy antigua la idea de que la diplomacia tiene mucho de feminidad y de que se basa en la habilidad de ocultar lo que se piensa y de hacerle creer a los contrarios lo que se desea que crean para volverlos menos peligrosos. La diplomacia inglesa, por ejemplo, hacía creer al mundo en 1920 que iba a civilizar y a ennoblecer Irak, cuando en realidad sólo iba a extraer el petróleo de Mosul; en 1899 hacía creer que iba a redimir a los salvajes del Transvaal, pero en verdad fue a aniquilar a los "boers" para arrebatarles sus minas de Oro; hacía creer a Grecia que debería luchar contra Turquía, por el cristianismo, y lo que en realidad buscaba era debilitar la influencia turca sobre la zona petrolera de Mosul.La enumeración de triunfos similares es interminable. Fue precisamente esa diplomacia de inspiración Israelita la que le valió a Inglaterra el mote de la "Pérfida Albión", pues si el inglés tiene grandes facultades diplomáticas, el Judío lo supera con un enorme margen. El judío es el mejor diplomático del mundo; es ésta su más grande habilidad. Con razón Schopenhauer lo llamó el "maestro de la mentira". Y enc ntraste, el Alemán es el peor diplomático del mundo. Es ésta su más grande debilidad.

«La diplomacia que no engaña no es diplomacia»,

Alemania no logró engañar jamás a sus enemigos, cosa que les dio opción a prevenirse con mucho tiempo y a mover sus grandes fuerzas de apoyo. No solamente carece el Alemán de habilidades diplomáticas, sino hasta de refinamiento de cortesía, y es que en gran dosis la cortesía es el ocultamiento de las íntimas opiniones o exageraciones del afecto hacia el prójimo. Es decir, en la cortesía interviene el engaño, si bien es cierto que se trata de un engaño que el beneficiario se hace la ilusión de disfrutar como algo auténtico. Schubart señala que precisamente la virtud de los franceses que más les granjea la simpatía del extranjero es la cortesía, o sea ese mínimo de respeto que se debe al prójimo. El alemán a cambio, no admite ni siquiera este mínimo. Y analizando el odio a los alemanes agrega que ciertamente la propaganda ha jugado un papel importante, pero que «es también un hecho que ha encontrado terreno propicio. Al Alemán no le preocupa que lo odien... Muchos llegan a mirar el odio anti-alemán con cierta satisfacción. Ven en él la confirmación indirecta de su propio valor. Otro grupo considera que lo malo del mundo odia en el alemán lo bueno del mundo. Un tercer grupo dice: no nos conocen; si nos conocieran, no nos odiarían... por su apego fanático a las cosas despoja de su natural belleza, alegría y plenitud de vida al mundo y lo transforma en una ergástula del deber... » Se ha culpado a los alemanes de ser brutales, pero en realidad no lo han sido más que cualquier otro pueblo que haya ido a la guerra. Por el contrario, su sentido de la disciplina los frena más eficazmente que a ningún otro..Ciertamente el alemán no coincide por completo con la imagen que de él se forman los demás pueblos. Pero les ofrece para la misma los principios. Les suministra los elementos del odio que se le tienen. Lo que la envidia y el cálculo político añaden con exageración ha de cargarse no ya en la cuenta del odiado, sino de los que odian.

Y fue en esos puntos impopulares del carácter Alemán en donde la habilidad diplomática se apoyó para comenzar a mover pueblo tras pueblo contra Alemania, aun con perjuicio para los propios pueblos movilizados, como Polonia, Francia e Inglaterra. La falta de flexibilidad diplomática del Alemán ha sido observada por muchos. El mariscal italiano Badoglio dijo que el embajador Von Mackensen mostraba una expresión muy dura aun sin proponérselo y que hasta en los momentos en que creía decir una frase amable su tono resultaba seco. Y Dimitri Merejkovsky refiere que Napoleón estuvo a punto de ser asesinado cerca de Viena por un joven Alemán de 18 años llamado Friedrich Staps. Napoleón le prometió dejarlo libre si se retractaba de lo que había pretendido hacer, pero Staps respondió:«No quiero el perdón; lo que siento es no haber podido hacer lo que pensaba...Napoleón le ofreció perdonarlo, pero él le repuso que no por eso dejaría sus ideas. El joven fue ejecutado. Al llegar al lugar de la ejecución gritó: "¡Viva la libertad; viva Alemania!» Esa posesión tan completa de sí mismo, con absoluta indiferencia del medio ambiente, frecuentemente le ha granjeado al Alemán un odio irreflexivo. Guisa y Acevedo dice en «Hispanidad y Germanismo»: El alemán sabe vencerse a sí mismo. Tiene, no cabe duda, el arte inimitable de hacer de su propio yo lo que él quiera. Domina su cuerpo y su espíritu y nunca sabemos de lo que es capaz... Su práctica de la vida y el uso que hace de las cosas son actos de brutos... Acabar con Alemania esacabar con la barbarie.

Y ese odio llevó a Guisa y Acevedo al extremo de afirmar, contra sus propias convicciones religiosas:

«Rusia, con sus bolcheviques, es la que defiende con más fervor y con mayores sacrificios nuestra civilización... Que Alemania cuente con los mejores químicos, los mejores físicos, los mejores marinos, etc...prueba que es más bárbara y por lo mismo más temible y digna de odio».


Foto de las ruinas de la ciudad de Dresde luego del "Carpet Bombing" aliado realizado entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, pocas semanas antes de la capitulación de la Alemania Nacional Socialista.


Precisamente ese odio, carente de fundamentos racionales, pero poseedor de fuerzas destructivas, fue campo propicio para que la habilidad diplomática alineara a casi todo el mundo, más de 120 paises, en contra de Alemania. Como contrapartida, Alemania carecía de habilidades diplomáticas para neutralizar esa maniobra. Sólo tenía su franqueza, anunciada una y mil veces en sus propósitos de luchar contra el Materialismo Marxista y de afianzar su amistad con Occidente. Pero el melifluo engaño de un bando fue más eficaz para arrastrar pueblos al abismo que la áspera franqueza del otro para detenerlos en su insensata aventura. Así se consumó el absurdo de que los países Occidentales -sin saberlo- lucharan en contra de sus propios ideales y hasta de su propia existencia. Días después del llamado de paz que Hitler hizo el 6 de octubre de 1939, quedó patente que Inglaterra y Francia no querían ninguna fórmula de arreglo. Churchill dice que el Gabinete inglés tenía «la resolución inquebrantable de darle muerte o perecer en la demanda». Francia seguía sus pasos. Y Roosevelt, por su parte, vivía esos días bajo el temor de «que se llegase a una paz negociada», y a fin de evitarla inició su personal correspondencia con Churchill.





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