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La Homo Discordiatoxis

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LA HOMO DISCORDIATOXIS

«La codicia es una plaga parasitaria que se fortalece mediante el empleo de la violencia»


Por Alberto JIMÉNEZ URE
(@jurescritor/[email protected])

La «Homo Discordiatoxis» es una enfermedad incurable, transmitida por la codicia y ataca exclusivamente al sistema psico-inmunológico de las personas. A temprana edad no sospeché sobre su «infalibilidad e inmanencia». Por ello, cuando por primera vez tuve la experiencia de mirar a través del microscopio, investigué si era o no posible que se tratase de una especie de parásito habituado alojarse en fluidos y excretas.
-«[…] Hallaré una diminuta criatura pertrechada con un cuchillo y pistola […]» -me decía, con temor e infante curiosidad.
Sólo vi espirilos, nada que me sirviera para dilucidar y discernir sobre lo que causaba la «Homo Discordiatoxis». No descansaría hasta descubrir algo revelador. Los seres humanos nos odiamos y exterminamos con suma irracionalidad, premeditada y alevosamente. Somos convictos adherentes de la violencia. En cualquier etapa de nuestras vidas, experimentamos esa rabia que deja cicatrices en nuestros rostros. Facciones y miradas conforman su más primitivo modo de manifestación. La sintomatología de esa pandemia también se presenta con frases lapidarias:
«[…] Esa rata inmunda anda furiosa conmigo […]» -infiere alguien, ofuscado-. «[…] Los malparidos e hijos de meretrices nos fornican y luego abandonan embarazadas […]» -replican ellas-. «[…] Una de las balas de la cacerina de mi arma lleva tu nombre, ¡maldito! […]» -amenaza un sujeto a otro-. -«[…] ¡Hay que matar a todos esos tipejos que roban la nación! […]» -proponen tanto las y los ebrios, drogados o sobrios en discusiones políticas de hogar o calle-. «[…] Me pagas lo que me debes o mañana te verán con un mosquero en tu boca […]» -intimidan a un deudor-. «[…] A quien por la causa patriótica muera honraremos […]»-. «[…] Aquél cuyas intenciones de acabar conmigo en vientre esté morirá en el parto […]»-.«[…] Cuando alguien te advierta que por sus manos fallecerás adelántatele […]»-. «[…] Serás mi enemigo si no adhieres a mis propósitos […]»-. «[…] Veo en quienes se rebelan contra mi gobierno los rostros enlutados de sus parientes […]»
En los contaminados de «Homo Discordiatoxis» destacan los fomentadores de la Violencia-Homicida. Que pueden exhibirse en ámbitos domésticos, escolares, de presidios, durante las protestas políticas y la praxis delictiva común urbana o vecinal. Sin menoscabar su origen, de cualquier forma que se instaure o imponga, la violencia siempre será abominable: empero, la doctrinal de gendarmería o miliciana destaca. La Humanidad, cuando se supo en peligro o fue consciente de ello, se organizó en sociedad para impedirla. Institucionalizó la urgencia de preservarse con las principistas categorías filosóficas de la igualdad, fraternidad, prosperidad y seguridad. Conferiría responsabilidades a unos a favor del mantenimiento de la paz que regocijarían a todos, y que hoy se entienden como poderes públicos.
Pese a lo cual y buenas intenciones, la «Homo Discordiatoxis» persiste y se propaga indetenible porque la codicia es un sentimiento resistente y se siente cómodo parasitando en el sistema psico-inmunológico de las personas. Unos quieren aventajar a otros, tomar los tesoros colectivos que por ello igual ajenos, lucir letales y temibles frente a los demás. De súbito irrumpen, enquistan y obstruyen las funciones cognitivas del Ser Humano al modo que lo hacen los virus maliciosos en los software de sistemas computarizados paralizándolos.

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