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La incursión de los vikingos en España

El dragón representado en el mascarón de proa de sus naves de guerra aterrorizó a la Península Ibérica entre los siglos IX y XI, un periodo en el que fueron señores del mar y en el que la codicia los llevó a explorar y expoliar cuatro continentes. Los Vikingos son el sinóinimo de crueldad de una época oscura.


Dragón de nave vikinga Drakkar-Museo de Oslo Noruega

BUENOS NAVEGANTES


Drakkar en el Tapiz de Bayeux

Los Vikingos no usaban brújula ni mapas, solo las estrellas y quizás también unas extrañas piedras que captaban la luz del sol en los días nublados. Esas rocas cristalinas de aspecto de Islandia, un polarizador natural, han sido estudiados por la Royal Society. Cuando las nubes les impedían orientarse, oteaban el cielo con un cristal de espato, cuyo brillo aumentaba si lo apuntaba hacia donde estaba el Sol, y podían determinar así hora y el rumbo. Fueron pioneros de la globalización, pero sus grandes descubrimientos geográficos, como Islandia, Groenlandia o Terra Nova, se deben más a la casualidad y a las tormentas que a su pericia navegando.


BARCOS CASI INVENCIBLES


Barco de Gokstad, museo del barco de Vikingo, Oslo

Sus astilleros fabricaban dos tipos de navíos: el Knoerr, de unos 17 metros de eslora y vela cuadrada, era un barco mercante, capaz de cargar cien toneladas; y el temido langskip de guerra, conocido en las crónicas como drakkar, por la cabeza de dragón que adornaba la pro. Esa pieza era de quita y pon. Lo llevaban para asustar a los lugareños cuando se disponían a atacar y prescindían de él cuando llegaban a un puerto en el que pretendían comerciar en son de paz. La propulsión combinada remos y vela. Eran muy manejables, pero naufragaban con cierta facilidad y se demostraron muy inferiores a las naves indalusíes.


Skuldelev III: Una embarcación de carga y de viaje de época vikinga encontrada en el fiordo de Roskilde cerca de Skuldelev


PLANIFICABAN EXPEDICIONES


Réplica de drakkar navegando en aguas de Estocolmo

Eran espíritus inquietos, la inactividad les aburría. La oscuridad de los meses invernales los volvía taciturnos. Las costumbres de los clanes daneses establecían ademas, que el primogénito lo heredaba todo, así que para el resto de la parentela convenía emigrar. Bebían reunidos junto a un fuego. Si alguien contaba una historia sobre lo bien que le iba a una granja vecina o la riqueza de una costa cercana o lejana, sin pensarlo dos veces, montaban una flota. De España, por ejemplo, les llegaron oídas de su lucrativo comercio de esclavos, en especial eunucos. Eran castrados en Córdoba por cirujanos judíos.



Estatua en recuerdo de las incursiones vikingas, Catoira (Galicia)


ESPÍRITU MILITAR


Detalle del tapiz de Bayeux donde aparece un estandarte del cuervo, la enseña sagrada de los vikingos en el campo de batalla

Según el historiador Griffith, sus éxitos militares se deben a una peculiar mezcla de "grandes dosis de pragmatismo: un código de honor básico, la lealtad al patrón y el respeto a la ley, usos religión y tradiciones de su tierra. Pocos guerreros vikingos se acomodan a la categoría de soldados regulares. La guerra y la paz eran inseparables en la sociedad. ¿Quien podía dudar de que la espada y el escudo serían necesarios para defender la granja y el barco?.


Maqueta de un Drakkar expuesta en el Museo del Mar de Galicia en Vigo (España)


VALIENTES Y FEROCES


Eran mercaderes, pero descubrieron que los pobladores de algunas regiones, sobre todo los que vivían cerca de abadías y monasterios, eran pacíficos y poco duchos en el manejo de las armas. ¿Y que mejor negocio para el saqueo?. Espadas, hachas y martillos eran su armamento. Se defendían con un escudo redondo. Pero no todos los guerreros podían permitirse una cota de malla o el casco(sin cuernos). Sus tácticas eran terroristas.Pero si no veían una ventaja clara o les gustaba el lugar, terminaban diluyéndose con los oriundos.


Dice el manual vikingo del siglo X:

Sé amigo de tus amigos, devuelve regalo por regalo, sonríe donde te sonrían y miente con disimulo


DROGAS EN EL COMBATE


Unos pocos guerreros entraban en combate en estado de trance, posiblemente por la ingestion de alguna droga o quizá autoinducido. Ululaban y echaban espumarajos por la boca. Eran los berserker, formaban una extraña hermandad y actuaban como una fuerza de choque con un poder imitador superlativo. Hasta sus propios compañeros los temían, pues no distinguían entre amigo y enemigo. Pero en tiempos de paz no se adaptaban a vivir en sociedad, y la población vikinga les hacía el vacío.



NO ERAN UNA SOCIEDAD MACHISTA


Con unos tipos tan duros en casa, sería lógico pensar en que las mujeres vikingas serían sumisas, pero no. Acostumbradas a pasar largas temporadas a cargo de la granja mientras sus hombres estaban lejos, no estaba mal visto que tuviesen amantes. Y podía divorciarse si alegaban que su cónyuge era homosexual o impotente. En ocasiones también acompañaban a las expediciones y en algunos casos incluso guerreaban.


Crearon el primer parlamento democrático del mundo. Tenían un panteón de dioses muy complejo, con Odín a la cabeza


Ilustración de Odín por Arthur Rackham para la ópera Die Walküre de Richard Wagner


INCURSIÓN EN ESPAÑA


Los mitos revisados por los historiadores desvelan sobre aquellos piratas llegados de la remota y helada Escandinava desvelan que no siempre eran sanguinarios. Fueron agricultores antes que aventureros, comerciantes antes que soldados,y cosecharon demasiadas derrotas, especialmente en España, para que su fama de guerreros invencibles se sostenta. Las culturas anglosajona centroeuropea tienen muy interiorizado su legado, pues fascinó a los románticos en el siglo XIX y a los nazis en el siglo XX. Pero son menos conocidas sus incursiones en la Península Ibérica, tanto en los reinos cristianos del norte como en al-Ándalus. Por ejemplo algunos de aquellos bandidos rubios y melenudos se establecieron cerca de Sevilla, donde se convirtieron al Islam, formaron familias y se dedicaron a la fabricación de quesos.


Broche de Hedeby, Suecia, con una bestia de manos prensiles

El problema historiográfico en el caso de España es que no hay restos arqueológicos de ellos, y las fuentes escritas son escasas y poco objetivas, algunas sagas nórdicas, que los ensalzan como héroes; los escritos de los monjes cristianos, que hablaban de asesinos feroces; y los autores árabes, que son los más prolijos.



Retrato imaginario del rey Ramiro I de Asturias (c. 790-850), que sucedió en el trono a Alfonso II el Casto y era hijo del rey Bermudo I el Diácono y de la reina Uzenda Nunilona

Pero se acepta que la primera oleada documentada fue en el año 844. Los vikingos habían convertido la ciudad francesa de Bayona en una des sus bases de operaciones. Una tormenta desvió sus naves hacia la costa de Gijón. Desde allí fueron costeando hasta Galicia y llegaron hasta el faro de Hércules. Adentrándose por las rías, saquearon las aldeas que encontraron a su paso, hasta que un ejercito cristiano, capitaneado por el rey Ramiro, les presentó batalla y los obligó a retroceder, quemándoles unas setenta naves. El resto de la flota siguió hacia el sur.

Se propusieron conquistar Santiago de Compostela, pero se encontraron con las murallas cerradas a cal y canto.


Garita en el Castillo de Sta. Catalina de Cádiz, construido con piedra ostionera

Ya en territorio árabes sitiaron Lisboa, cuyos moradores enviaron mensajeros al califa de Córdoba para pedir ayuda. El asedió duró un par de semanas, pero los viikingos no tenían catapuntas ni máquinas de guerra para tomar una ciudad amurallada, así que decidieron tomar su periplo, rumbo a Cádiz, que masacraron.



La Corte de Abderramán II

Penetraron por el Guadalquivir y llegaron a Sevilla, ciudad que tomaron tras un par de escaramuzas. La población fue aterrorizada. Los caudillos árabes estaban sorprendidos por la rapidez de desplazamiento de aquillos enemigos que parecian estar en todas partes y que ahora, además disponían de caballos y se dedicaban a rapiñar ciudades a su antojo.
Abderramán II reunió una tropa bien pertrechada que los derrotó.


Queso Danés

Lo que quedaba de la flota vikinga en retirada llegó al Atlántico, puso proa al norte y por el camino aún tuvieron ánimos para hacer una incursión por el Tajo y saquear Béjar. Finalmente se les permitió quedarse en Isla Menor (Sevilla), donde se dedicaron a elaborar mantequilla, leche agria y quesos. El queso puro sevillano procede de ost danés.




Catedral de Santiago de Compostela

La siguiente incursión fue en el años 896, estuvo comandada por dos caudillos normandos legendarios. Hasting y Bjorn Costilla de Hierro. Desde el principio lo tenían muy claro. Su objetivo: Santiago de Compostela, que ya tenía fama de cristiandad y suponían que era una ciudad muy rica.

Navegaron hacia el interior por la ría de Arosa y sembraron el pánico, pero en Santiago se encontraron con las murallas cerradas a cal y canto. Y en estas llegaron las huestes del rey asturiano Ordoño I, que los derrotó.


Ordoño I

Como sucedió en la primera expedición, los vikingos decidieron probar suerte más al sur, atraidos por la gran cantidad de plata que circulaba. Tomaron al asalto Algeciras e intentaron repetir la jugada de remontar el Guadalquivir y alcanzar Sevilla, pero los árabes estaban sobre aviso, y una armada los frenó y derrotó.



Estrecho de Gibraltar y Mar de Alborán

Como siempre encontraban rivales bien preparados, los vikingos prefirieron huir en busca de lugares más hospitalarios o mal defendidos. Así cruzaron el Estrecho de Gibraltar, saquearon algunos pueblos de la costa africana(lo que quizá explicaría que haya bereberes con ojos azules) y remontaron por el Mediterráneo, llegando al reino de Todmir(Murcia, Alicante y Almería).

Luego se ensañaron con las islas Baleares y llegaron a Francia e Italia. Tomaron Génova valiéndose de un artimaña de Hasting, que era un tipo ingenioso. Unos emisarios vikingos engañaron a los gobernantes genoveses diciéndoles que eran un grupo de cruzados rumbo a Constantinopla y que su lider había muerto, pidieron que lo dejasen enterrarlo en la Catedral. Obtuvieron el permiso.

Cuando el obispo que oficiaba el funeral se dispuso a bendecir el ataúd, Hasting "resucito" sacó una espada que llevaba oculta y acabó con él. La ciudad cayó, aunque los vikingos pensaban que se trataba de Roma y la incendiaron.


Vista de Pamplona desde el Monte Ezcaba o San Cristóbal

Y con el botín se dirigieron de nuevo hacia el sur. Al llegar al delta del Ebro, y llegaron hasta Pamplona, donde hicieron prisionero al rey García Iñiguez, que tuvo que pagar un rescate de setenta mil dinares.

Hubo tres oleadas, pero cada vez menos importantes. Algunos vikingos sirvieron como mercenarios para señores gallegos. Su conversión al cristianismo los atemperó. En muchos lugares acabaron mezclándose con la población local, pues en realidad no eran ladrones ni guerreros a tiempo completo, sino agricultores que echaban una belicosa cana al aire cuando las faenas del campo estaban paradas.



Y como expone Paddy Griffith con ironía en Los Vikingos. El terror de Europa.

Es difícil sacar adelante una granja sin una segunda fuente de ingresos





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