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La multiplicacion de los panes


EN MARCHA AL TEMPLO DE LA CURACION

Retornamos de nuestra excursión y encontramos un grupo de desconocidos
reunidos en el pueblo. Se estaban reuniendo procedentes de todo el país, y
un cierto número de los Maestros se estaban congregando para un
peregrinaje a un pueblo que distaba unos cuatrocientos kilómetros.
Nos sorprendimos de ello, porque habíamos hecho excursiones en esa
dirección y habíamos constatado que el sendero atravesaba lo que nosotros
llamamos un desierto arenoso. En realidad era una gran planicie elevada
con dunas de arena que había amontonado el viento de acá para allá, y
donde apenas crecía la vegetación.
Más allá de este desierto el sendero escalaba una pequeña cadena
montañosa que es un contrafuerte de los Himalayas. Esa tarde estábamos
invitados a acompañar la expedición y se nos había dicho que no
necesitábamos equipaje, porque retornaríamos antes de cruzar la cadena
principal de los Himalayas. La expedición iba a iniciarse el siguiente
lunes.
Naturalmente, Jast y Neprow tenían todo preparado y el lunes a primera
hora nos reunimos con los otros trescientos peregrinos. La mayor parte de
estos tenían enfermedades para las que buscaban curación. Todo fue bien
hasta el siguiente viernes, cuando se desencadenó el más severo huracán
que jamás hubiésemos experimentado. Cayó una perfecta tromba de agua
durante tres días y tres noches, anunciadora del verano, como le llamaron.
Estábamos acampados en un lugar conveniente y no sufrimos la tormenta.
Nuestra mayor ansiedad eran las provisiones, porque estábamos seguros
que este prolongado retraso causaría serios inconvenientes a todos los
implicados, ya que no se había llevado más que lo estrictamente necesario
para el viaje, sin tener en cuenta posibles retrasos. Este retraso parecía aún
más serio para nosotros, porque según vimos, no había modo de reponer
nuestro abastecimiento hasta que retornásemos a nuestro punto de partida,
probablemente a doscientos kilómetros distante, una gran parte de los
cuales discurría sobre el desierto arenoso ya mencionado.
El jueves por la mañana se elevó un sol radiante y bello pero, en lugar de
proseguir, como habíamos esperado, se nos comunicó que deberíamos
esperar donde estábamos, hasta que se secara el sendero y los ríos hubieran
bajado de nivel, para poder continuar confortablemente. Nosotros
estábamos todos temerosos por miedo a que se acabasen nuestras
provisiones, y uno de nuestro grupo aireó este miedo. Emilio, que estaba a
cargo del entero equipo vino a vernos y dijo:
“No necesitáis temer. ¿No se cuida Dios de todas Sus criaturas, grandes
y pequeñas, y no somos nosotros Sus criaturas? Vosotros veis que tengo
aquí unos pocos núcleos de maíz, o semillas. Los plantaré. Por esta
acción definitivamente afirmo que quiero maíz. Yo he formado maíz en
mi mente. Yo he cumplido la ley y a su debido tiempo o estación crecerá.
¿Es necesario que esperemos el largo y arduo proceso de la Naturaleza
en su lento crecimiento y desarrollo del maíz? Si así fuese estaríamos
obligados a esperar un largo y pesado tiempo para obtenerlo. ¿Por qué
no usar una ley más perfecta o superior, dada a nosotros por el Padre,
para producirlo?
Todo lo que se requiere es concentrarse y visualizar o idealizar maíz y
tendremos maíz curado, listo para usar. Si lo dudáis, podéis cogerlo,
hacerlo harina y transformarlo en pan”.
Apareció entonces delante de nosotros maíz crecido y curado que
tomamos, molimos y transformamos en pan. Entonces Emilio prosiguió
diciendo:
“Por haberlo visto lo creéis, pero ¿por qué no usar una más perfecta ley
y producir una más perfecta cosa, o exactamente lo que queréis –pan-?
Veréis que con el uso de esta ley más perfecta, o como vosotros diríais,
ley más sutil, soy capaz de producir exactamente lo que yo necesito
–pan-.”
Y en tanto que estábamos allí hechizados, una gran hogaza de pan apareció
en sus manos, y no paró el suministro hasta que hubo cuarenta hogazas
sobre la mesa delante de nosotros, colocadas aparentemente por el mismo
Emilio. Él comentó:
“Ved si es suficiente para todos: si no lo es puede obtenerse más, hasta
que haya suficiente y sobre”.
Probamos todos del pan, y lo encontramos bueno. Emilio continuó:
“Cuando Jesús preguntó a Felipe en Galilea ‘¿dónde compraremos
pan?, lo hizo para probarlo, porque dentro de sí mismo sabía muy bien
que no había necesidad de comprar el pan que se necesitaba para
alimentar a la multitud congregada, ni de conseguirlo en el mercado
existente entonces. Él vio la oportunidad de probar a Sus discípulos el
poder del pan levedado o crecido por el espíritu. ¡Cuan a menudo el
hombre, con sus conceptos humanos, piensa como Felipe!
Felipe estuvo calculando, como calcula la conciencia humana hoy,
sobre el suministro a mano –pensando, tengo tanto pan, tanta provisión
o tanto dinero con el que comprar-.
Jesús sabía que el que vive en la Conciencia del Cristo no conoce
limitación. Entonces, con Conciencia Crística, mira a Dios como la
fuente y el creador de todo, y da gracias por el poder y la sustancia
disponible para obtener cuanto quiere.
Él, entonces, partió y distribuyó el pan, a través de sus discípulos, a
aquellos que tenían la necesidad en lo externo, hasta que esta fue
saciada, y aún sobraron doce cestos llenos de pan.
Jesús nunca dependió de provisiones ajenas para satisfacer Su
necesidad o la necesidad de otros; sino que enseñó que nuestra provisión
está justo a mano en la Sustancia Universal, donde todo suministro
existe, y todo lo que tenemos que hacer es, crear lo que necesitamos, o
manifestarlo. Así lo hizo Eliseo cuando multiplicó el aceite de la viuda;
él no apeló a nadie que tuviese excedencia de aceite, porque si así lo
hubiese hecho habría sido limitado. Él contactó lo Universal y el único
límite del suministro fue que todas las vasijas se llenaron. El
abastecimiento de aceite podría haber fluido hasta este día si hubiese
habido vasijas para contenerlo”.

“Este no es hipnotismo. Nadie de vosotros siente estar bajo control
hipnótico. Permitidme aclararos que el único hipnotismo es el auto41
hipnotismo de creer que todos y cada uno no pueden hacer las obras
perfectas de Dios, para crear la condición o cosa deseada. Porque ¿no es
la necesidad misma el deseo de crear?
En lugar de desarrollarnos y crear como Dios desea que creemos, os
envolvéis en vuestra pequeña concha y decís: ‘no puedo’, y os hipnotizáis
vosotros mismos al creer realmente que sois entidades separadas de
Dios. Simplemente no alcanzáis vuestra perfecta creación o expresión.
No permitís que Dios se exprese perfectamente a través de vosotros como
es Su deseo hacer.
¿No dijo el Maestro Jesús, ‘las obras que yo hago, vosotros las haréis y
más grandes’? ¿No fue la verdadera misión de Jesús aquí en la tierra
mostrarnos que, como Hijos de Dios, u hombres en su verdadero estado,
podemos crear tan perfecta y armoniosamente como lo hace Dios?

Cuando Jesús ordenó al ciego lavarse los ojos en el estanque de Siloé,
¿no era eso para abrir los ojos de todos? Todos debían ver que Jesús fue
enviado por el Padre para mostrarnos que el Padre pretendía que todos
nosotros creásemos exactamente como Él crea; todos pueden hacer las
obras perfectas como las hizo Jesús reconociendo el Cristo en Sí mismo
y en todos”.
“Puedo dar un paso más. Esta hogaza que recibí y tengo en mis manos
se consume como si la quemase el fuego. ¿Qué sucede? Yo uso mal la
ley perfecta que exterioriza mi concepción, y se consume a causa del mal
uso, o uso incorrecto, de la ley perfecta, que es tan exacta como la
música o las matemáticas, o cualquier otra, así llamada ley natural. Si
yo persisto en el mal uso de la ley perfecta, se consumirá no sólo lo
creado, sino que me consumirá a mí, el creador”.
“¿Se destruye realmente el pan? Debemos admitir que la forma ha
cambiado, porque en lugar de hogaza tengo en la mano un pequeño
montón de sucias cenizas. ¿No ha retornado en realidad a la Sustancia
Universal de la que surgió? ¿No está ahora en forma inmanifestada,
esperando ser traída de nuevo a la manifestación? ¿No es este el modo
que todas las formas siguen cuando desaparecen de nuestra vista a
causa del fuego o se descomponen por otra causa? ¿No retornan a la
Sustancia Universal –Dios- de la que procedieron? ¿No es éste el
significado de ‘Lo que descendió de los cielos debe ascender a los
cielos’?”.
“Hace un corto tiempo vosotros visteis hielo formado en mi mano, sin
ninguna causa aparente, como seguramente pensasteis. Permitidme
decir que eso es lo mismo que la creación del pan. Yo puedo usar la ley
para obtener hielo lo mismo que pan, en tanto que yo los use para
beneficio de la humanidad o en tanto yo obre viviendo de acuerdo con la
ley, o expresando lo que Dios desea que todos expresen.
Es bueno para todos crear pan o hielo, o cualquiera y toda cosa deseada;
y todos deberían proseguir avanzando, hacia la etapa en la cual pueden
hacer estas cosas. ¿No veis que mediante el uso de la ley mayor, la ley
absoluta de Dios, podéis manifestar eso que necesitáis o concebís en la
mente como vuestra mayor idea, y de este modo agradaréis a Dios más
plenamente, manifestando mayor plenitud, como hizo Jesús, ya que
somos perfectos Hijos de Dios?”.
“¿No os sugiere esto una liberación de las ataduras comerciales, así
como también de toda otra atadura? Tal como yo lo veo, la comercial, en
pocos años, llegará a ser la mayor de las ataduras. Si continúa el nivel
del progreso actual, dominarán al hombre, en alma y cuerpo, y no podrá
éste hacer otra cosa que destruirse a sí mismo y a quienes están
interesados en ella.
No hay duda de que, inicialmente, la comercialización estuvo en un alto
plano espiritual, pero se permitió que se infiltrase el materialismo, hasta
que el poder usado para crear, será el poder que lo destruirá; justo como
ocurre siempre cuando no se usa correctamente lo creado.
¿No está arrollándonos la limitación y presión comercial hasta
forzarnos a ver la necesidad de superar estas condiciones? ¿No puede
lograrse esto comprendiendo simplemente que lo que tenemos que hacer
son las perfectas obras de Dios, hasta elevar nuestra conciencia a la
Conciencia de Cristo? ¿No es lo que enseñó Jesús aquí sobre la tierra?
¿No fue Su entera vida ejemplo de esto?”.
“Mis queridos hermanos, ¿no veis que en el comienzo era la Palabra y la
Palabra estaba en Dios? En ese momento toda cosa que iba a ser
formada posteriormente estaba en forma inmanifestada en la Sustancia
Mental Universal –o como lo expresan algunos, en el caos-. Esta palabra
originalmente significaba realidad. Esta palabra, caos, se interpreta mal,
como un estado turbulento o guerrero, en lugar de un profundo y
espiritual estado de realidad, siempre esperando una definida, y creativa
palabra hablada, a través de la cual pueda surgir como forma
manifestada”.
“Cuando el Principio-Dios deseó manifestar el mundo a partir de la
Sustancia Mental Universal, Dios estuvo apacible y contemplativo. En
otras palabras, Dios visualizó un mundo ideal; Él mantuvo en la mente
durante un tiempo suficiente, esa sustancia de la cual el mundo iba a ser
formado, para bajar su vibración; entonces Él habló la Palabra y el
mundo se formó –o como nosotros podemos decir, Dios visualizó un
modelo o patrón mental en el que fluyó la sustancia necesaria para
hacer el mundo, y éste se manifestó en forma perfecta, construido por el
modelo que sostenía en su conciencia-“.
“Todas esas cosas pueden haber sido pensamientos de Dios, Infinito
Poder. Él pudo haber deseado durante un indefinido tiempo que ellos
fueran formados y hechos visibles. Pero si no se hubiese emitido la
palabra hablada, en el éter informe, nada hubiese sido creado o traído a
la forma visible. Para establecer resultados visibles, del pensamiento y
deseos, de incluso un Infinito Omnipotente Creador, y manifestarlos
ordenadamente en la forma de la externa realidad, fue necesario el
definido y positivo ‘Hágase’. Ese mismo paso debemos darlo nosotros”.
“Dios sostiene el ideal y perfecto mundo en la mente, con perfecto
detalle y éste está obligado a manifestarse como un cielo o perfecto
hogar donde todos Sus hijos, todas Sus criaturas, y todas Sus creaciones
puedan residir en paz y armonía. Este es el mundo perfecto que Dios vio
en el principio, y el que tiene en el pensamiento ahora mismo, y el
tiempo de su manifestación descansa en la aceptación. Cuándo llegamos
al lugar único y sepamos que somos todos uno, un hombre, y sepamos
que todos somos miembros del cuerpo de Dios tanto como un miembro
de nuestro cuerpo es parte del cuerpo total, entonces estamos en el reino
de Dios, el cielo aquí sobre la tierra, ahora”.
“Para hacer esto claro, comprended que no hay nada material en el
cielo. Todo es espiritual. Comprended que el cielo es un perfecto estado
de conciencia, un mundo perfecto aquí sobre la tierra ahora, y todo lo
que tenemos que hacer es aceptarlo. Está aquí todo alrededor nuestro,
esperando que nosotros abramos la visión interna.
A través de esta visión nuestros cuerpos serán luminosos, la luz que no
es del sol o la luna, sino del Padre; y el Padre está justo aquí, en la parte
más íntimamente interna de nuestro ser. Debemos comprender
suficientemente que no hay nada material, que todo es espiritual.
Entonces debemos considerar este maravilloso mundo dado por Dios
que está aquí mismo ahora, si lo podemos comprender”.
“¿No veis que Dios creó todo de este modo? ¿No estuvo Dios
primeramente quieto y contemplativo y vio la luz? Después dijo, ‘Hágase
la luz’, y la luz se hizo. En el mismo modo dijo ‘hágase un firmamento’, y
el firmamento se hizo; y lo mismo ocurrió con las demás creaciones. Él
mantuvo cada forma con fijeza ideal en la conciencia, después habló la
palabra, y el ideal se hizo manifiesto. Justo así es con el hombre. Dios
dijo ‘Hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza y démosle dominio
sobre todo’.
Dios, todo bien, creó todas las cosas buenas; la más grande y última, con
dominio sobre todo lo demás. Entonces el hombre vio solo bien, y todo
estuvo bien hasta que el hombre se separó él mismo de Dios y vio la
dualidad, o dos opuestos. Entonces él, con su pensamiento creó dos, uno
bueno y el otro opuesto –bien y mal-. De tal modo el mal vino a través
del perfecto poder de expresar o traer a la existencia aquello en lo que
se fijaba. Si el hombre no hubiese visto el mal, éste no hubiera tenido
poder o expresión.

Si solamente se hubiese expresado el bien, seríamos tan perfectos como
Dios nos ve. ¿No hubiera estado siempre el cielo sobre la tierra como
Dios la ve y como la deberíamos todos ver para hacerlo manifiesto?
Jesús tuvo perfecto derecho para decir que provenía del cielo; porque
¿no venimos todos del cielo, la gran Sustancia de la Mente Universal?”.
“Puesto que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, ¿no
dio Dios al hombre el poder de crear exactamente como Él crea? Y ¿no
espera Dios que el hombre use el poder tan libremente como lo usa Él –y
exactamente en el mismo modo-? Primero percibiendo la necesidad;
después concibiendo el bien, el ideal, con el cual llenar el molde con la
Sustancia de la Mente Universal; posteriormente emitiendo la palabra
para que sea llenada; esto es así, y es bueno”.
“Jesús, cuando fue crucificado, dio Su carme, la externa, lo que vemos
del cuerpo, para probar que hay verdaderamente un más profundo
cuerpo espiritual que Él manifestó cuando surgió de la tumba.
Este es el cuerpo del cual Él habló cuando dijo ‘Destruid este templo y en
tres días lo reconstruiré’. Él dijo esto para mostrarnos que tenemos el
mismo cuerpo espiritual y que podemos hacer todas las obras que Él
hizo. No hay duda de que si Jesús hubiese querido hacerlo, se habría
salvado a Sí mismo. No existe duda, pero Él vio que iba a haber un gran
cambio en Su cuerpo. Él también vio que los que le rodeaban no eran
capaces de ver que ellos también podrían manifestar el cuerpo espiritual,
como estaba intentando que vieran.
Ellos todavía miraban a lo externo, lo personal, y Él vio que si traía el
cuerpo espiritual sin algún cambio notorio, la gente no sería capaz de
discernir entre lo material y lo espiritual; de modo que adoptó el camino
de la crucifixión para mostrar el cambio”.

“Verdaderamente, ¿no es este el Cristo en el hombre, que el Gran
Maestro Jesús, a quien todos amamos y reverenciamos, vino a
mostrarnos? ¿No dedicó Su vida aquí sobre la tierra para mostrarnos el
perfecto camino hacia Dios? ¿Podemos hacer otra cosa que amar este
perfecto e ideal camino, cuando de nuevo lo descubrimos, tanto que sea
la semilla plantada, sea haciendo el pan, o sea haciendo el millón y una
cosas necesarias para la existencia humana? ¿No son estos actos meras
lecciones llevándonos a nuestro desarrollo? Algún día comprenderemos
que somos verdaderos Hijos de Dios, no sirvientes; que como Hijos
podemos y haremos todo lo que el Padre tiene y que podemos usarlo tan
libremente como lo hace nuestro Padre”.
“Yo admito que esto necesita una fe poderosa al principio; una que
normalmente deberá lograrse paso a paso, y que deberá ser practicada
fielmente como la música o las matemáticas, hasta que lleguemos al
punto del conocimiento. Entonces somos grande y bellamente libres.
¿Podría haber un mejor y más verdadero ejemplo de esta vida que la de
Jesús? ¿No podéis reconocer el poder que hay en Su nombre, Jesús, el
Cristo hecho manifiesto, o Dios manifestándose a través de la carne en
el hombre?
Jesús alcanzó el punto donde confió totalmente en Su mas profundo
conocimiento o comprensión de Dios, y así es como Él hizo Sus
poderosas obras. Él no confió en Su propio poder de voluntad o en
fuertes y concentrados pensamientos. Tampoco nosotros debemos
confiar en nuestro propio poder de voluntad ni en fuertes y
concentrados pensamientos, sino en la voluntad de Dios. ‘No mi voluntad,
sino la Tuya sea hecha’. Desead hacer la voluntad de Dios. ¿No pensáis
que Jesús deseó hacer la voluntad de Dios o lo que Dios deseó que
hiciera?”.
“Advertiréis que muy a menudo se representa a Jesús como subiendo a
la montaña. No se si Jesús subía o no físicamente a la montaña. Lo que
sí se es que todos nosotros debemos ascender a las alturas, lo más alto en
conciencia, para recibir nuestra iluminación. Esta altura significa la
misma cima de la cabeza, y allí, si la facultad no está desarrollada,
debemos desarrollarla mediante pensamientos espirituales. Después,
desde el corazón, debemos permitir que fluya el amor, para equilibrar
todo, y entonces, cuando esto está hecho, se revela el Cristo. El hijo del
hombre percibe que él es el Hijo de Dios, el único bienamado Hijo, en
quien el Padre se place. Después, con constante amor, debemos
comprender esto para los demás”.
“Parad y pensad profundamente por un momento y contemplad el
incontable número de granos de arena de las playas; las incontables
gotas que forman las aguas de la tierra; el incontable número de formas
de vida dentro de las aguas de la tierra. Entonces contemplad las
incontables partículas de roca que hay contenidas en la entera tierra; el
incontable número de árboles, plantas, flores, y arbustos sobre la tierra;
las incontables formas animales de vida sobre la tierra. Comprended que
todo es la representación externa del ideal mantenido en la gran mente
universal de Dios; que todo ello contiene la única vida, la vida de Dios.
Después pensad en el incontable número de almas nacidas sobre esta
tierra. Después comprended que cada alma es una perfecta
representación de la imagen ideal de Dios, tal como Dios se ve a Sí
mismo; y que a cada alma le es dado el mismo poder, expresión y
dominio sobre todo lo que Dios posee.
¿No pensáis que Dios desea que el hombre desarrolle estas cualidades
‘similares-a-Dios’, ‘dadas-por-Dios’, y haga las obras que Dios hace a
través de la herencia dada al hombre por el Padre, la única grande,
Mente Universal en todo, a través de todo y sobre todos?
Finalmente comprended que cada persona es una expresión del ‘no visto’
o espíritu, en lo visible, una forma a través de la cual Dios ama o desea
expresarse. Cuando podamos comprender y aceptar esto, podemos
verdaderamente decir como Jesús ‘Mirad, he aquí el Cristo’. Es en este
modo cómo obtuvo Él Su maestría sobre el ser mundanal o de carne. Él
reconoció, aclamó y aceptó Su divinidad, después vivió la vida como
debemos hacer nosotros”.
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