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Lectura corta: Encuentros

Espero disfruten de este cuento corto y puedan pasar un rato. se aceptan comentarios y sugerencias sobre la redacción.




Ciertamente, fue una grata sorpresa encontrarla esa noche en la fiesta de fin de año de la empresa. Sola, desprotegida, sin aquel virtuoso acompañante que gallardamente solía amarrarla con brazo a su cintura, desafiante, orgulloso. Esta vez estaba sola, se la veía desinhibida, se servía una copa de vino tinto y conversaba, reía, miraba su alrededor y volvía a reír mientras se servía otra copa, podría decir que se la veía feliz, disfrutaba su noche de libertad y eso era bueno para todos, en especial para mí.

La noche transcurría sin mayores revelaciones, Camilo Ochoa quien cumplía pomposamente la Gerencia del departamento de Viena mostraba su petulante personalidad entre las compañeras novatas de le empresa, las cuales reían bajo el falso encanto de un hombre exitoso de moderno vehículo, lujoso departamento y gustos prestados. Pobres ilusas, todas inocentes por descubrir que serían catalogadas por el mismo camilo como las más grandes perras al día siguiente, ya que a fin de cuentas es lo único que buscan todos en estas fiestas de la empresa, amarrarse con alguna fresca chica de la oficina y hacer alarde al día siguiente, dando lujo de detalle sobre su conquista sexual. Era la especialidad de Mister Camilo, come hoy y cuenta mañana, sácale fotos si puedes, video mucho mejor.

La noche va llegando al clímax y en el momento del conteo regresivo todos buscan una pareja o grupo para la euforia colectiva, los abrazos y besos son cotizados, no digamos la compañía. Yo la buscaba a Ella, quería aprovechar el momento para abordarla con un “feliz año” y quizás tocarle la nalga… perdón me adelante un poco.
No la encontraba, busque con disimulo su rostro, pero no obtuve resultados. Irritado y un poco excitado, robe un cigarrillo mentolado con mucho desagrado y busque un balcón alejado del grupo de fiesta para recibir el nuevo año viendo cómo se consume la ciudad desde el piso 46 de la torre sur del Complejo Empresarial Piedra Negra.

Mientras me acercaba al balcón, no pude dejar de fantasear en encontrarla ahí, sería el cliché perfecto para una noche de mierda. Prometedora, pero igual hecho mierda. El fin de mi búsqueda dio frutos, la encontré, pero no de la forma que yo esperaba, Ella estaba arrodillada orando… perdón volví a equivocarme, quizás por el trauma de ver a Mister Camilo acomodándose apresurado el pantalón del smoking para que yo no vea su pequeño orgullo ser succionado por Clarisa (Y si, su nombre es Clarisa), eso no lo vi venir y según como terminaron las cosas, tampoco ella.

Así se alejó Mister Camilo, dejándola de rodillas limpiando los rastros de su pecado en el rostro. Yo me quede en el balcón prendiendo mi asqueroso cigarrillo mentolado, mientras Clarisa me miraba de reojo sin decir palabra sobre mi hallazgo y buscando su copa de vino con la otra mano. Se me acerco tambaleando, saco un cigarrillo rubio y con un gesto de la mano me pidió fuego, la mire fijamente mientras se lo encendía con cierta malicia. No dijimos palabra mientras se escuchaban las voces provenientes de la fiesta… 3 …2 …1 ¡FELIZ AÑO NUEVO!.

Ahí estaba ella mirándome fijamente, descubierta en su osadía, esperando una palabra mía, un gesto siquiera, era yo quien tenía que tomar la batuta en esta sinfonía.
Así que la mire, aspire lentamente el ultimo toque de mi cigarrillo y con humo en mi boca le dije resignado… -Quiero el divorcio-








Y si, mi esposa era Clarisa.






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