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Literatura Del Siglo XX y Narrativa Kafkiana.

Segundo post del día con el objetivo de aportar un poco de literatura, con este trabajo realizado por mi y otros dos compañeros que intenta sintetizar la literatura del siglo XX y la Narrativa Kafkiana. Espero que les sea de utilidad!

La literatura del siglo XX se caracteriza por dar una nueva mirada a la realidad y ésta no es considerada coherente.
En ese siglo una crisis a nivel social, político, socio-económico y por supuesto cultural, es reflejada en la literatura, la cual representa esta situación con el caos y la confusión.
Las obras de la época pueden ser interpretadas de distintas formas, y siempre mostrando al hombre como un ser desorientado y distinto con respecto al resto de la sociedad. Además, el ser humano será expuesto como alguien que ha perdido su identidad y está alienado.
El protagonista es un antihéroe, un simple hombre, común y cotidiano, cuya presencia no es destacable en la sociedad, considerado como miserable para los demás.
Como mencionamos anteriormente existe una falta de coherencia, de lógica y de explicaciones racionales que aclaren los sucesos al lector ya que una de las características de la literatura del siglo anterior es el resurgimiento de lo fantástico, de aquello que se aleja de la realidad.
También se caracteriza por la creación de lugares de tipo ficticio, y de elementos que son irreales y fantásticos.
Durante el relato se producen saltos temporales hacia el pasado y el futuro.
Está presente el monólogo interior, reflejando los pensamientos de los personajes tal y como son, sin interpretaciones de otros narradores y desde su punto de vista.
Hay una predominancia de lo simbólico por encima de lo real o auténtico.
Aparecen temas tabú como el sexo, el erotismo y la pasión, que eran motivo de prejuicios.

Estas características se pueden apreciar en las obras de Franz Kafka, uno de los autores más reconocidos de la literatura del siglo XX y de la literatura universal.
La narrativa kafkiana es renovadora y única.

El estilo del escritor judío es confuso, lo que provoca, al igual que con la mayoría de autores de la época, que el significado sea ambiguo y no haya sólo una interpretación.
Muchos de sus relatos tienen como comienzo un acontecimiento que marcará la vida del protagonista, hay un cambio y ya nada será como antes.
Éste es inexplicable, la razón y la lógica del lector no podrán resolver el enigma de lo acontecido, entre otras causas por la ausencia de precedentes.
Los personajes principales sufren transformaciones.
El ser transformado expresa el sentimiento del individuo moderno denunciando su errónea ubicación.
Se manifiesta la angustia sufrida por el hombre ante la existencia calificada de incoherente e irracional.
En los ejemplares de Kafka ocurren sucesos de manera imprevista, que poseen poca lógica y escasa o nula explicación al lector.
El narrador da cuenta sólo de lo que, ubicándose en la posición de uno de los personajes y con un conocimiento parcial.
El carácter biográfico está presente, las incertidumbres de los personajes reflejan la situación que atravesaba o que había atravesado el autor.
Esta narrativa es fácilmente reconocible por la ausencia de fundamentación de la razón.
Las obras del autor austro-húngaro exponen una crítica, que aparece de forma implícita, a las instituciones, al sistema y a su funcionamiento. Hay un constante análisis al funcionamiento de las instituciones gubernamentales por medio de ideologías antiburócratas
Las leyes que rigen los cambios que sufren los personajes son irracionales.
La narrativa kafkiana consiste en dar coherencia a lo que es absurdo.
Hay tendencia hacia lo fantástico e ilusorio, y una predilección por la mención al sueño. Esto último mostrado en la relación entre la vigilia y el sueño.
Luego de haber terminado de entender la literatura del siglo XX, la narrativa de Franz Kafka y sus respectivas características procederemos a analizar dichos aspectos en un fragmento de “La metamorfosis”.
El fragmento es el siguiente.

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.
«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.
No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados -Samsa era viajante de comercio-, estaba colgado aquel cuadro que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo.
La mirada de Gregorio se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso -se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alféizar de la ventana- lo ponía muy melancólico.
«¿Qué pasaría -pensó- si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?»
Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado. Aunque se lanzase con mucha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a balancear sobre la espalda. Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido.
«¡Dios mío! -pensó-. ¡Qué profesión tan dura he elegido! Un día sí y otro también de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacén de la ciudad, y además se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relación humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jamás llega a ser cordial. ¡Que se vaya todo al diablo!»
Sintió sobre el vientre un leve picor, con la espalda se deslizó lentamente más cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontró con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeños puntos blancos, que no sabía a qué se debían, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retiró, porque el roce le producía escalofríos.
Se deslizó de nuevo a su posición inicial.
«Esto de levantarse pronto -pensó- hace a uno desvariar. El hombre tiene que dormir. Otros viajantes viven como pachás. Si yo, por ejemplo, a lo largo de la mañana vuelvo a la pensión para pasar a limpio los pedidos que he conseguido, estos señores todavía están sentados tomando el desayuno. Eso podría intentar yo con mi jefe, pero en ese momento iría a parar a la calle. Quién sabe, por lo demás, si no sería lo mejor para mí. Si no tuviera que dominarme por mis padres, ya me habría despedido hace tiempo, me habría presentado ante el jefe y le habría dicho mi opinión con toda mi alma. ¡Se habría caído de la mesa! Sí que es una extraña costumbre la de sentarse sobre la mesa y, desde esa altura, hablar hacia abajo con el empleado que, además, por culpa de la sordera del jefe, tiene que acercarse mucho. Bueno, la esperanza todavía no está perdida del todo; si alguna vez tengo el dinero suficiente para pagar las deudas que mis padres tienen con él -puedo tardar todavía entre cinco y seis años- lo hago con toda seguridad. Entonces habrá llegado el gran momento; ahora, por lo pronto, tengo que levantarme porque el tren sale a las cinco», y miró hacia el despertador que hacía tic tac sobre el armario.

La obra comienza con un acontecimiento incoherente e irracional, típico de la narrativa kafkiana, con el fenómeno de la metamorfosis, el cual transforma al protagonista Gregorio en un insecto.
No hay una fundamentación de carácter racional sobre el cambio físico que padece.
Lo fantástico aparece desde el primer momento pero acondicionando este hecho que el lector entiende como incoherente y absurdo en algo más común.
Vemos al protagonista desorientado, alienado y distinto al resto, y con una notable pérdida de su identidad. Luego de esto ya nada será como antes en la vida del personaje.
La transformación que produce el proceso de la metamorfosis es simbólica, y refleja tanto los cambios que están presentes durante el curso de nuestras vidas como el rechazo de las masas al individuo luego de la mutación conduciéndole a la angustiosa soledad.
Desde el inicio la obra es narrada de forma cronológica contribuyendo a la agilidad de ésta y contando con la presencia de analepsis y prolepsis, de recuerdos y proyecciones.
La reacción de Gregorio tampoco es coherente. No se asusta ni se muestra atemorizado sino que busca una explicación en su interior.
El lugar y el personaje son reales y coherentes, en estos aspectos no figura el factor sorpresa. En cambio, la incoherencia llega con la transformación, la cual hace que la vida del protagonista cambie rotundamente.
Por más que Samsa busca una explicación y cree encontrarla, atribuyendo la metamorfosis a la falta de sueño que tuvo en los últimos tiempos, el lector no sabe la verdadera explicación de lo sucedido debido a la falta de precedentes.
«¿Qué pasaría -pensó- si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?»
Se menciona al sueño cuando el protagonista se da cuenta de que no está soñando sino que lo que le está ocurriendo es real.
Gregorio logra afirmar esto cuando ve el lugar que le rodea, las mismas cuatro paredes de siempre perfectamente detalladas, las de su habitación y luego cuando observa el reloj funcionando correctamente. En los sueños las imágenes están distorsionadas y el tiempo no se desempeña como de costumbre.
La transformación es imprevista y el lector nunca podría haber imaginado que esto iba a pasar debido a que el texto recién comienza y lo hace de forma abrupta.
Lo razonable no aparece, prevalece lo incoherente, esa transformación que veremos que tiene carácter biográfico ya que refleja de forma simbólica la vida de Kafka, y en realidad no sólo la de este, también la de todo hombre que se haya sentido o se siente distinto, alienado y hasta aturdido de la sociedad.
Por el sentimiento recién mencionado es que encontramos una crítica a las instituciones gubernamentales y burócratas en general.
A lo que la transformación es el primer acontecimiento de la obra y todo lo que viene después son las vivencias de Samsa como insecto, el lector se irá acostumbrando a la obra, dejando a un costado (por lo menos por un momento) lo absurdo para adentrarse en lo lógico, esto por méritos del autor que ha logrado esta característica en varios de sus relatos.
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