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Los 30 grandes cuentistas de la literatura universal


Un cuento es más que una simple historia corta que surge de una idea fugaz, pues necesita de atmósferas y toda una trama detrás de cada personaje sin importar en qué esté inspirado. Octavio Paz decía que leemos porque nos sobra o falta algo, y creo que escribimos por lo mismo. Quien regala palabras, regala momentos, experiencias y emociones que desafían a lo existente, quien lee historias amplía su panorama de vida y percepción espacio-tiempo, por eso, Mónica Lavin no exagera al decir que leer es codearse con la belleza. Es la escritora mexicana quien afirma que un escritor es nada sin la complicidad de quien en la otra orilla (el lector) hace que las palabras cobren vida y tengan sentido.

Quizás una de las mejores lecturas para acercarse al vasto mundo de la literatura sean los cuentos, esa máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llaman nouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado.

Muchos son los que han ganado por Knock out a los grandes novelistas y han sido quienes han incursionado en el cuento robando el aliento de miles de lectores en todo el mundo. Por esta razón presento los grandes cuentistas de la literatura universal

Alice Munro




Es la decimotercer mujer en recibir el Nobel de Literatura; su trabajo se distingue, sobre todo, por sus relatos. El portavoz del jurado del máximo galardón de las letras, Peter Englund, dijo que la escritora es “la maestra del cuento contemporáneo”, pues ha llevado ese formato especial a la perfección.

Entre sus obras más conocidas figuran Las lunas de Júpiter, Secretos a voces, Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio o Demasiada felicidad.

Considerada por algunos críticos como “la Chejov canadiense”, la escritora, nacida en 1931 en Wingham, en la provincia de Ontario, es conocida por sus historias breves, y ha publicado numerosas colecciones a lo largo de los últimos años.

Alice, quien comenzó estudios universitarios de periodismo e inglés, los que abandonó al contraer su primer matrimonio, escribió sus primeras historias en la adolescencia, aunque publicó su primera obra en 1968, una colección de relatos titulada Dance of the Happy Shades.

Puedes leer:
Las lunas de Júpiter y Las niñas se quedan.

Ambrose Bierce




Algunos críticos han definido el estilo de Bierce como seco, funcional y mecánico; otros le reprochan la mitificación literaria. Sin embargo, la mayoría coincide en que sus tramas violentas lo convierten en un escritor fascinante. Como periodista, a través de sus artículos, atacó los males que veía a su alrededor, desde el fraude económico hasta la corrupción política de su país.

De obra aguda y satírica, plena de humor trágico y temas violentos que giran alrededor de la muerte, en 1913 siguió a las tropas de Pancho Villa a México, y su cuerpo nunca fue hallado. Su fin permanece en el misterio, pero se cree que murió en el sitio de Ojinaga en 1914.

“Uno de sus cuentos más conocidos es Un suceso en el puente del riachuelo del búho, en el que equilibra la tradición del cuento realista norteamericano con la veta fantástica y de horror de dicha literatura: un hombre es hecho prisionero por los soldados del Norte y está a punto de ser ajusticiado en la horca, pero de pronto logra escapar y se cuenta la huida laboriosa en el río, sus sensaciones, la lucha feroz por eludir las balas, hasta que llega a la casa donde la esposa lo acoge en un abrazo; sin embargo, al final se sabe que ya el hombre colgaba de un árbol, lo que sitúa un relato de corte realista e histórico en un ambiente de muerte y misterio”.

Puedes leer: Una conflagración imperfecta y Muerto en resaca.

Antón Chéjov



Junto a Dostoievski y Tolstói, Antón Chéjov completa el grupo de los rusos imperdibles que conforman el paisaje de la literatura de aquel país.

Pensar en Chéjov remite a su labor como cuentista; considerado el maestro del relato corto, el ruso marcó un antes y un después en el género, esto le otorgaría un lugar dentro de los más importantes escritores de cuentos en la literatura universal.

Fue, además, médico y dramaturgo; escribió más de una decena de obras de teatro, cuatro novelas, dos ensayos y un sinfín de relatos cortos. Sobre sus aportaciones se reconoce la valoración de los personajes sobre el argumento; su estilo fue su capacidad para decir lo necesario con ingeniosas palabras que eliminaban las tramas complejas para dar salida a “la voz de los personajes”.

Puedes leer: La dama del perrito y El beso.

Charles Bukowski





De él se ha dicho mucho; considerado por algunos críticos como el último poeta maldito de la literatura norteamericana, Bukowski fue un personaje complejo: alcohólico, poeta, escritor, cartero, guionista, misógino, incomprendido, todo se refleja en su obra; su realismo sucio ha inspirado a miles de aspirantes a escritores a lograr lo que él pudo: vivir de sus escritos aunque eso implique pasar por la vida con ese romántico estilo que se equilibra entre el alcohol, el desamor y la máquina de escribir.

Con un estilo inconfundible, una crudeza visceral y una visión pesimista, los cuentos de Bukowski, y su obra en general, lleva al lector por el bajo mundo de Los Angeles, a la mente de alguien que se considera “un alcohólico que escribe para poder beber”.

Puedes leer: La chica más guapa de la ciudad y La máquina de follar.

Charles Perrault




El siglo de Luis el Grande (1687) suscitó una intensa controversia literaria. Es famoso sobre todo por sus cuentos, entre los que figuran Cenicienta, El gato con botas, Pulgarcito y La bella durmiente, que recuperó de la tradición oral en Historias o cuentos del pasado (1697) y conocidos también como “Cuentos de mamá Oca”, por la ilustración que figuraba en la cubierta de la edición original.

Puedes leer: El gato con botas y La bella durmiente.

Edgar Allan Poe




El cuentista, poeta y crítico estadounidense estudió en la Universidad de Virginia, y hoy es considerado uno de los maestros del relato corto. Según Poe, la máxima expresión literaria es la poesía, y a ella dedicó sus mayores esfuerzos. Es justamente célebre su extenso poema El cuervo (The Raven, 1845), en el que su dominio del ritmo y la sonoridad del verso llegan a su máxima expresión.

Pero la genialidad y la originalidad de Edgar Allan Poe encuentran quizá su mejor expresión en los cuentos, que, según sus propias apreciaciones críticas, son la segunda forma literaria, pues permiten una lectura sin interrupciones y, por tanto, la unidad de efecto que resulta imposible en la novela.

Puedes leer: El corazón delator y El hundimiento de la casa Usher.


Ernest Hemingway




Es uno de los escritores estadounidenses más famosos y uno de los más respetados; su prosa, limpia y concisa, muestra su personalidad y carácter. Ernest Hemingway tuvo muchas aventuras, vivió muchas experiencias y mucho de ello está plasmado en su obra literaria, aunque algunas de esas cosas en la vida real fueron de otra manera.

Entre sus primeros libros se encuentran Tres relatos y diez poemas (1923), En nuestro tiempo (1924) y Hombres sin mujeres (1927), que incluye el antológico cuento Los asesinos. Ya en este cuento es visible el estilo de narrar que lo haría famoso y maestro de varias generaciones. El relato se sustenta en diálogos cortos que van creando un suspense invisible, como si lo que sucediera estuviera oculto o velado por la realidad. El autor explicaba su técnica con el modelo del témpano de hielo, que oculta la mayor parte de su materia bajo el agua, dejando visible sólo una pequeña parte a la luz del día.

Puedes leer: Los asesinos y El canario como regalo.


Francis Scott Fitzgerald




El conocido escritor norteamericano de El gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald, además de novelista fue un gran creador de cuentos.

Puedes leer: Berenice se corta el pelo y El extraño caso de Benjamin Button.

Franz Kafka




La neurosis expuesta en los textos escritos por Franz Kafka funciona como una propuesta de ver al mundo como un espacio limitado, lleno de contradicciones y establecidas normas sociales que si no se llevan a cabo, las esperanzas de tener una condición de vida saludable son casi nulas.

Maestro en Derecho y con estudios en Química, el escritor de origen judío, no conforme con el hecho de ser un erudito en Leyes, dedicó su vida a crear textos llenos de fantasía en los que revela una peculiar forma de ver la vida. Poco afortunado con las mujeres, pero con un estilo limpio y sofisticado de ser, Kafka dominaba las conversaciones y asombraba a cada frase mencionada, pero sin alebrestar la situación.

Puedes leer: La verdad sobre Sancho Panza y El artista del trapecio.


Gabriel García Márquez




Quien hizo de la literatura un acto hipnótico, el nobel colombiano que captó la atención del mundo con sus historias desde un pequeño lugar del Caribe presentó sus primeros cuentos en el periódico El Espectador, en el que trabajó por siete años, pero fue hasta 1955 cuando publicó su primer novela: La hojarasca, en esta narrativa, al igual que en Cien años de soledad, García Márquez emplea elementos del realismo mágico -el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común-.

Gabriel García Márquez, el periodista y escritor, dijo, sin temor a equivocarse, que la interpretación de nuestra realidad a través de los patrones, no los nuestros, sólo sirve para hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Y ésta, la soledad, es un problema que todo el mundo tiene, por esta razón siempre se acompañó de las letras, no sólo de las grandes historias en las que las sábanas vuelan al tender la cama, también de pequeños relatos que mostraron la vida y costumbres mágicas de América Latina.

Puedes leer: La luz es como el agua y Los funerales de la Mamá Grande.




Dice el escritor argentino Ricardo Piglia que escribir un cuento es en realidad contar dos historias. Los grandes cuentistas son poseedores de una capacidad para poder entrelazar dos argumentos, aparentemente ajenos, en una misma narración, y elementos como el final inesperado corresponden al carácter doble de la forma del cuento.



Esta creación de una historia secundaria se hace casi involuntariamente por el escritor; en el cuento clásico, la historia principal es la conocida por el lector, mientras que la segunda se construye en secreto. La labor del cuentista es hacer parte de la primera historia al segundo hilo del relato, incluyendo detalles para que dependan uno de la otra, aunque deban ser argumentos distintos contados de un modo diferente, cada uno con elementos propios que se convertirán en los recursos para unir una historia y otra. Cuando ambas se crucen entonces se habrá hallado el fundamento del cuento y la historia secundaria emergerá de atrás hacia delante con un final sorpresa que se convertirá en el clímax de la narración. El cuento es un relato que encierra uno más desconocido.

La segunda tesis del argentino apunta a que es la historia secreta la clave de la forma del cuento. No resulta de la interpretación del lector, sino que nace de lo “no dicho”, lo sobreentendido que atiende a una de las máximas de Hemingway: lo más importante no se cuenta nunca.



Por ello, aunque ser cuentista es también ser escritor; un escritor no es necesariamente un cuentista, puesto que no todos aquellos quienes hacen de la pluma y el papel su espada son capaces de construir una historia mientras se cuenta una principal. Los cuentistas son reveladores de una verdad oculta; el cuento nace para elevar a la superficie lo que está debajo de la propia vida. Decía Rimbaud: “es el cuento la visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido en el corazón mismo de lo inmediato”.



Guy de Maupassant




El escritor de La Gran Novela Norteamericana, Scott Fitzgerald, consideró a los Cuentos Completos de Guy de Maupassant dentro de su lista de 22 libros indispensables, y a los que llamó “las mejores historias de humor americano”.

El francés Guy Maupassant es uno de los grandes exponentes del cuento europeo, a pesar de ser considerado un novelista y haber hecho estudios en Derecho.

Su entrada a la literatura fue gracias a su maestro y amigo Gustave Flaubert, y pronto estrechó relación con personalidades como Émile Zola y Henry James. Considerado su primer cuento de gran trascendencia, Bola se sebo apareció como parte del volumen Las noches de Medan, publicado en 1880.

Maupassant es uno de los cuentistas franceses, de estilo naturalista, más importantes de la literatura, con una extensa obra en su haber, entre la que destacan cuentos y novelas; los primeros fueron los que lo encumbrarían como uno de los autores imprescindibles del género. Destacan La casa Tellier (1881); Los cuentos de la tonta (1883); Al sol, Las hermanas Roudoli y La señorita Harriet (1884); Cuentos del día y de la noche (1885); La orla (1887), La cama 29, Aparición, Las Joyas, La señorita Perla, entre otros.

Hans Christian Andersen




Cuentos como El patito feo, El soldadito de plomo, El ruiseñor, La Reina de las Nieves, Las zapatillas rojas, El sastrecillo valiente, El Traje Nuevo del Emperador y La sirenita son parte de la autoría de Hans Christian Andersen, escritor y poeta reconocido, principalmente, por sus famosos cuentos para niños.

El 2 de abril se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil en conmemoración al nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen en 1805.

La Vela de Sebo, escrito entre 1822 y 1826, se piensa, podría ser uno de los primeros textos del autor.

Sus historias han acompañado a generaciones de niños alrededor del mundo, se han traducido a más de 80 idiomas y han sido adaptadas para teatro, danza y cine.

Haruki Murakami




Por decirlo de la forma más sencilla posible, para mí escribir novelas es un reto, escribir cuentos es un placer. Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín. Los dos procesos se complementan y crean un paisaje completo que atesoro.

Dice Haruki Murakami que para escribir una novela o un cuento se requiere de dos procesos mentales distintos, pues cada género despierta una parte específica del cerebro. Por ello, desde el inicio de su carrera literaria en 1979, el escritor japonés de mayor impacto en la actualidad ha sabido separar los tiempos entre una y otro. Nunca escribe cuentos mientras trabaja en una novela, y deja a un lado la novela si escribe algún grupo de cuentos. Dice también que uno viene después del otro: una vez que termina una novela siente el deseo de escribir algunos cuentos, y lo mismo le sucede al revés.

La etapa cuentista de Murakami comenzó en 1980 cuando escribió los tres primeros cuentos: Un barco lento a China, La tía pobre, y La tragedia de la mina de carbón de Nueva York. Aunque carecía de experiencia en este tipo de narración, el japonés encontró en el cuento la posibilidad de ampliar su mundo ficticio y de mostrar a los lectores una nueva faceta de su personalidad literaria. Para Murakami las bondades del cuento son el cambio de ritmo necesario que no se puede hacer con la novela; el cuento se piensa y se termina en un breve periodo de tiempo. Un cuento nace del detalle más mínimo, de una idea, una imagen o una palabra, de la improvisación. La ventaja del cuento es que no importa el fracaso, siempre hay una nueva oportunidad para reivindicarse. Dice Murakami: “el cuento es una especie de laboratorio experimental para la novela”.

En tres décadas Murakami ha logrado el éxito, y desde hace varios años es candidato al Premio Nobel de Literatura; ha escrito tres libros de cuentos, tres de ensayo y 13 novelas; justo éstas lo han situado entre los autores best sellers, con más lectores y fama, y con traducciones a más de 40 lenguas.

Haruki Murakami es uno de los pocos autores japoneses que han dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize.

Con Los años de peregrinación del chico sin color, su obra más reciente, precedida por el millón de ejemplares vendidos en Japón en pocas semanas, Murakami ofrece a los lectores un bellísimo relato sobre la amistad, el amor y la soledad de aquellos quienes todavía no han encontrado su lugar en el mundo.

Hermanos Grimm




El 20 de diciembre de 1812 apareció la primera edición de la recopilación de cuentos de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, un libro que se convirtió en uno de los más reconocidos en todo el mundo. El bicentenario de esa primera edición sirvió en Alemania para conmemorar el llamado “Año Grimm” (2013).

Estos cuentos ganaron reconocimiento tardío por el desagrado hacia la forma tan específica de los detalles, que al público le pareció un poco grotesca, debido a las crueldades que incluían y a las alusiones sexuales demasiado directas, que posteriormente fueron eliminadas de las ediciones consecutivas, pero que inspiraron la elaboración de todo tipo de películas, desde dibujos animados hasta del género erótico.

Los cuentos de los hermanos Grimm, como se les conoce, han sido traducidos a 170 idiomas, y desde 2005 la primera edición, que se encuentra en Kassel (centro de Alemania), forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Horacio Quiroga




Considerado como precursor en la narrativa hispanoamericana moderna, Horacio Quiroga plasma en cada uno de sus cuentos la grandeza y la miseria humana; la debilidad y el deslumbramiento que produce lo inesperado en cada una de sus historias.

La narrativa de Horacio Quiroga estuvo influenciada por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant. Destiló una notoria precisión de estilo que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Muchos de sus relatos tienen por escenario la selva de Misiones, en el norte argentino, lugar donde Quiroga residió largos años y del que extrajo situaciones y personajes para sus narraciones. Sus personajes suelen ser víctimas propiciatorias de la hostilidad y la desmesura de un mundo bárbaro e irracional, que se manifiesta en inundaciones, lluvias torrenciales y la presencia de animales feroces.

Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final.

H.P. Lovecraft




Lovecraft está presente en la literatura fantástica y de terror, pues fue él quien innovó el mundo de los cuentos de este género, llegando a crear, incluso, su propia mitología: Los mitos de Cthulhu.

La innovación de Lovecraft consiste en la transición de la temática tradicional del terror sobrenatural, que hablaba de fantasmas y satanismo, a la inclusión de elementos de ciencia ficción que realizó, pues incluyó en sus historias: viajes en el tiempo, razas alienígenas y la existencia de otras dimensiones.

Lovecraft es el príncipe oscuro y barroco de la historia del terror del siglo XX. Las pesadillas que sufría sirvieron de inspiración para el escritor estadounidense, quien presentaba por medio de sus textos su inconsciente y su simbolismo.

Isaac Asimov




Isaac Asimov fue considerado en vida como uno de los tres grandes escritores de ciencia ficción junto con Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke. Con más de 500 publicaciones, la obra futurista de Asimov se basa en la imaginación literaria, los avances tecnológicos y científicos. Destacó especialmente en el género de ciencia ficción, historia y divulgación científica.

En 1939 comenzó a publicar cuentos de ciencia ficción en revistas especializadas. Posteriormente publicó Yo, Robot, una colección de relatos en los que plantea la problemática de las tres leyes de la robótica a la que distintos especialistas en el tema tuvieron que enfrentarse.

Jorge Luis Borges




Borges creó con sus ficciones un universo propio, un compendio asombroso de conjeturas, espejos, laberintos, paradojas… Obra imprescindible de la literatura contemporánea, sus cuentos pertenecen a la categoría de las páginas antológicas.

“Borges utiliza un singular estilo literario basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le influencian -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad-, además de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía.

A lo largo de toda su producción, Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Los cuentos son en realidad una suerte de ensayo literario con un solo tema en el que el autor fantasea desde la subjetividad sobre temas, autores u obras; se trata de una ficción presentada con la forma del cuento en el que las palabras son importantísimas por la falsificación (ficción) con que Borges trata los hechos reales. Cada uno de los cuentos de Ficciones está considerado por la crítica como una joya, una diminuta obra maestra. Además, sucede que el libro presenta una estructura lineal que hace pensar al lector que el conjunto de los cuentos conducirán a un final con sentido, cuando en realidad llevan a la nada absoluta. Otros libros importantes del mismo género son El Aleph (1949) y El hacedor (1960).”

Juan José Arreola





Escritor y editor mexicano, Juan José Arreola fue principalmente reconocido por su labor como editor, corrector y autor de solapas, trabajo que desempeñó en el Fondo de Cultura Económica desde finales de la década de los 40. En esos años vio la luz su primer libro de cuentos, Varia invención (1949).

Se considera a Confabulario (1952) su primera gran obra; le siguieron La Feria (1963) y la colección El Unicornio (1964). Un año antes recibió el Premio Xavier Villaurrutia y tiempo después se dedicó a la docencia en la Máxima casa de estudios.

En 1979 el gobierno mexicano le otorgó el Premio Nacional de Letras. Recibió muchos otros reconocimientos, tales como el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe, el Premio Ramón López Velarde o el Premio Jalisco en Letras.

Juan Rulfo




Juan Rulfo reconocía como su único oficio: vivir. Su personalidad melancólica con sombras de nostalgia se formó cuando aún era un niño y la muerte alcanzó a sus padres. Este halo de soledad cubriría su obra literaria y le permitiría ser, además, un creador de imágenes.

Alguna vez Rulfo escribiría “a todos los que les gusta leer mucho, de tanto estar sentados les da flojera hacer otra cosa”. A él le gustaba leer mucho, le apetecía la historia, la música de la Sinfónica Nacional y la fotografía.

Juan Rulfo es el autor mexicano más traducido, leído y estudiado en el mundo; un aspecto muy interesante de su obra es la universalidad que refleja la cantidad de lenguas a las que se ha traducido y en las que se sigue editando. El prestigio literario de Rulfo perduraría por siempre; la obra es reconocida y estudiada en México y el extranjero.

A finales de la década de 1930 se inició como escritor y fotógrafo, a partir de 1945 comenzó a publicar sus cuentos en dos revistas: América y Pan. Años después contrajo nupcias con Clara Aparicio, generando un testimonio epistolar, Aire de las colinas. Cartas a Clara.

Junto con Pedro Páramo, El Llano en llamas (1953), recopilación de siete cuentos ya publicados en la revista América y la incorporación de diez nuevos, es una de las obras más importantes de la literatura mexicana. Son 17 cuentos en los que Rulfo evidenció el problema de la tierra, las condiciones del campo y la provincia narradas en voz del “hombre mexicano” a través del realismo mágico. El jalisciense situó sus cuentos dentro de la Revolución o fuera de ésta. Los cuentos de Rulfo no narran el conflicto revolucionario, son mas bien un acercamiento al drama existencial del campesino desde su propia historia.



El cuento es tan antiguo como el hombre. Tal vez más antiguo, pues, dice Guillermo Cabrera Infante, bien pudo haber primates que contaran cuentos todos hechos de gruñidos, que es el origen del lenguaje humano: un gruñido: bueno, dos gruñidos: mejor, tres gruñidos… ya son toda una frase. Así nació la onomatopeya y con ella, luego, la epopeya. Pero antes que ella, cantada o escrita, hubo cuentos todos hechos de prosa: un cuento en verso no es un cuento sino otra cosa: un poema, una oda, una narración con metro y tal vez con rima: una ocasión cantada, no contada, una canción.



La belleza del poema recae en el análisis de cada una de sus frases, pero la belleza y, diría yo, la dificultad de un cuento, se posa en los cimientos de la historia, esos que no se cuentan, aquellos que se descubren y que al final despiertan como bofetada pues es el relato de un hecho que tiene indudable importancia, más importancia, quizá, que la misma realidad, gracias a lo intenso de la trama.

El narrador de cuentos está en posesión de una clase de verdad que cobra forma significativa y estética a través de lo narrado. El cuento, dice Horacio Quiroga, representa una experiencia única e irrepetible. El escritor de cuentos contemporáneos no narra sólo el placer de encadenar hechos de una manera más o menos casual, sino para revelar qué hay detrás de ellos; lo significativo no es lo que sucede, sino la manera de sentir, pensar, vivir esos hechos, es decir: su interpretación.


Julio Cortázar




Uno de los mejores cuentistas latinoamericanos y, además, uno de los máximos exponentes del Boom latinoamericano, dijo sobre el cuento casi todo lo que los narradores contemporáneos definen como tal, fue él uno de los grandes cimientos del relato corto contemporáneo y comparaba al cuento con una esfera; es algo, decía, que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos.

Según el argentino, basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay solamente un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka. Un cuento es malo cuando se lo escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. Y así podemos adelantar ya que las nociones de significación, de intensidad y de tensión han de permitirnos, como se verá, acercarnos mejor a la estructura misma del cuento.

Puedes leer: “Axolotl”, “Las babas del diablo”, “Bestiario”…

Julio Ramón Ribeyro




El peruano pertenece, junto a Mario Vargas Llosa, Enrique Congrains Martin y Carlos Eduardo Zavaleta, a la generación del 50 de su país.

En 1992 el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) realizaba su gran anhelo de volver a vivir en Lima después de más de tres décadas de residencia en Europa. ]“Tener una casa frente al mar, donde pueda pasar tardes tranquilas, interminables, mirando al poniente, escribiendo si me provoca, con uno o dos amigos, buenos discos, un buen vino, mi pequeña familia, un gato y la esperanza de sufrir poco”.[/b] Así había registrado ese deseo en su Diario personal en 1974. Y aunque no llegó a reunirse con la familia en Lima, porque su mujer y su hijo permanecieron en París, donde él los visitaba periódicamente, fue en ese departamento del malecón Souza donde el escritor disfrutó del máximo reconocimiento a su obra. En 1992 se sucedieron numerosas publicaciones, entre ellas el cuarto tomo de sus cuentos La palabra del mudo, y la quinta edición de sus Prosas apátridas. Pero nada podía alegrarlo más que la publicación de La tentación del fracaso, el primer tomo de su Diario personal.

Puedes leer: “Sólo para fumadores”, “Por las azoteas” o “La insignia”.


Katherine Mansfield




Dueña de lo que Virginia Woolf calificó como “una inteligencia terriblemente sensible” fue, junto con James Joyce, artífice del nacimiento del cuento moderno en lengua inglesa en los primeros años del siglo XX, en un momento de la historia de la literatura británica en que el género todavía no poseía un valor estético reconocido y no contaba con el respaldo de la crítica. Mansfield, en relación tensa pero constante con los autores del llamado círculo de Bloomsbury, escribió sus cuentos breves según las transformaciones operadas en el género del cuento por el escritor ruso Anton Chéjov, en la dirección de la minimización de la peripecia y de la intriga como sostenes del relato, a favor de un punto de vista que ahonda en los estados de ánimo de los personajes y en la exploración de una situación específica, de un retazo de la vida cotidiana.

Puedes leer: “La mujer del almacén”, “El canario” o “Veneno”.


Oscar Wilde




Inició su carrera publicando pequeños poemas en algunas revistas de su natal Dublín, años después publicaría un libro titulado POEMAS. Pero no siempre fue así, ya que estando en la cumbre de su carrera, se ve involucrado en el entonces juicio más sonado de la época, ya que fue acusado por el Marqués de Queensberry de practicar la sodomía con su hijo, Lord Alfred Douglas, por lo cual fue sentenciado a dos años de trabajos forzados.

En sus narraciones se presenta su gusto por la belleza, su ingenio fantasioso y el planteamiento central sobre el dolor y los sufrimientos humanos.

Puedes leer: “El ruiseñor y la rosa”, “El cumpleaños de la infanta” o “El hombre que contaba historias”.


Ray Bradbury




Ray Bradbury fue el hombre que revolucionó la literatura de ciencia ficción; autor de Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451, entre otras obras. El genio norteamericano que cambió la forma en la que se veía el mundo durante la segunda mitad del siglo XX, logró ser uno de los novelistas más importantes del siglo pasado, Ray Bradbury fue un visionario que desafiaba la tecnología de la época, evitaba mantenerse en contacto con los avances. Paradójicamente, el autor que escribía y fantaseaba con terrícolas materialistas que colonizaban y explotaban Marte (Crónicas Marcianas), no creía en la tecnología, tema principal de muchos de sus escritos, también escribió pequeñas narraciones.

Puedes leer: “La bruja de abril”, “La mañana verde” o “La última noche del mundo”.


Raymond Caver




Maestro de la fragmentación, de la multiplicidad interrumpida como forma de revelar las espinas de la vida, Carver deja una escritura que se inspira en la cotidianidad de lo negativo, en el retrato de la oscuridad que reside en el corazón y el alma humana.

Si existe algo diferencial en esta tradición norteamericana, frente a la literatura europea, es el grado de intensidad en las emociones. Mayor dosis de rabia, de desasosiego, de soledad y derrota, pero también de heroísmo, de sinceridad y coraje ante los golpes al estómago que da la vida y que dejan sin respiración.

En esta línea, uno de los mejores exponentes es Raymond Carver. Su narrativa y estilo se amoldan a una suerte de relato muy de esa tradición norteamericana plagada de bares, moteles, camionetas y localidades interiores o ciudades desangeladas de un país de dimensiones inabarcables y sin una historia consolidada que determine su cultura.

Puedes leer: “El elefante”, “Tres rosas amarillas” o “No son tu marido".

Roberto Arlt



En 1916, el argentino dio a conocer su primer cuento, “Jehová”, con el que comenzó una carrera de escritor que se consolidaría 10 años después 1926 con El juguete rabioso, novela sobre un adolescente que se inicia como delincuente y termina como traidor a los suyos. En un tiempo de aparente prosperidad para el país, esa obra parecía hablar de la crisis de los proyectos modernizadores del siglo XIX que habían convertido a Buenos Aires en una babélica ciudad de inmigrantes, moradores de inquilinatos y conventillos cuya única realidad era la de las calles en que se desenvolvía su lucha por la vida. Eran la cara oculta de una Argentina agitada por conflictos ideológicos y de clase, amenazada por una crisis económica inminente, observada por los militares que dominarían la escena política a partir de 1930. La excepcional lucidez de Arlt haría de esta primera obra, interpretable como la voz de los postergados por el sistema social vigente, el punto de partida de la novela argentina contemporánea.

Arlt vio en la literatura una posibilidad de contribuir a la transformación de la sociedad y al igual que en sus novelas, en los cuento de Arlt la angustia aparece como motivación recurrente, o lo que el argentino llamaría: “soñar despierto”. Pero estos sueños se enfrentan con la dura realidad y se desvanecen bruscamente. De ahí que uno de los soportes que más predomina en su trabajo sea el del imprevisto, escenas que irrumpen a mitad del sueño reinstalando violentamente al personaje en la realidad.

Puedes leer: “El jorobadito”, “Los hombres fieras” o “El cazador de orquídeas”.


Roberto Bolaño




Nos dio las claves para diferenciar a los tipos de poetas, además de su crítica literaria, posiciones políticas y la descripción de una auténtica vida bohemia. Roberto Bolaño, el escritor chileno quien escribió una de las mejores novelas mexicanas de todos los tiempos: Los detectives salvajes, encontró en las letras la manera de liberarse de un mundo sumido en la represión. El infrarrealista abandonó la escuela a los 16 años, ya cuando vivía en la ciudad de México, pero a pesar de ser un escritor autodidacta, escribió algunas de las mejores historias; encontró en la palabra escrita la herramienta perfecta para demostrar todo su potencial.

Roberto Bolaño demostró que no hay mejor doctrina que la literatura y todo aquello que se dice entre líneas. Además de sus novelas, el chileno demostró su habilidad para contar cuentos, y dejó los famosos 40 consejos para futuros cuentistas.

El consejo número ocho lo inicia con un acuerdo: Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11.Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Todos escritos con su particular humor.

Puedes leer: “La policía de las ratas”, “Dos cuentos católicos” o “Jim”.

Rubem Fonseca




Sus obras generalmente retratan, en estilo seco, áspero y directo, la lujuria sexual y la violencia humana en un mundo donde marginales, asesinos, prostitutas, delegados y pobres se mezclan.

Creó, para protagonizar algunos de sus cuentos y novelas, un personaje antológico: el abogado Mandrake, mujeriego, cínico y amoral, además de profundo conocedor del submundo carioca.

Fonseca es el narrador brasileño más conocido, premiado y prolífico de hoy. La razón de tal éxito no es difícil de entender: mezcla la cultura clásica y la popular con desenvoltura, es divertido, inesperado, tan irreverente que bordea el cinismo y tan violento que sería insoportable si no fuera por sus bien trabajados títulos.

El escritor y guionista de cine brasileño estudió Derecho y se especializó en Derecho Penal. A pesar de su amplio reconocimiento como escritor, no fue hasta los 38 años cuando decidió dedicarse de lleno a la literatura. Antes de ser escritor de tiempo completo, ejerció varias actividades, entre ellas la de abogado litigante, quizá por eso la creación de su ya mencionado personaje.

Puedes leer: “Corazones solitarios”, “El globo fantasma” o “Paseo nocturno”.

Saki




Escritor inglés de macabros cuentos que recrearon irónicamente la sociedad y la cultura victorianas en que vivió (1870-1816). El nombre Saki se ha relacionado a menudo con el del copero que aparece en el Rubáiyát, de Omar Khayyam. Pero puede también referirse a un primate sudamericano de larga cola con el mismo nombre, personaje central de su relato The Remoulding of Groby Lington, en el que, como el mismo escritor, oculta un trasfondo equívoco bajo una apariencia decente. Este relato es el único de Saki que se abre con una cita: “Se conoce a un hombre por las compañías que frecuenta”, y juega con la idea de que el hombre llega a parecerse a sus propias mascotas.

Puedes leer: “El tatuaje”, “La benefactora y el gato satisfecho”, “El cuentista” o “Alpiste para codornices”.


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