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Los aztecas, parte 3

Links a la primera y segunda parte:
1) http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/18554308/Los-aztecas-parte-1.html
2)http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/18558002/Los-aztecas-parte-2.html


5) Economía
Sus recursos económicos provenían del comercio (incluido el mercado de esclavos) y la agricultura, que era sus principales fuentes productivas. Acorde a Clavijero el comercio se estableció no sólo por permuta, sino por compra y venta, y se utilizaron al parecer cinco tipos de monedas distintas: el cacao, un tipo de mantas de algodón, oro en polvo o grano, piezas de cobre en forma de T y algunas piezas de estaño.

Su alimentación era en general deficiente; proteica y cuantitativamente. Su dieta se basaba en el maíz, que a veces complementaban con algo de pescado, perro y carne humana (considerada un manjar). Si bien es cierto que produjeron tomates, frijoles, ají, etc., casi todo era maíz para estos. Ninguna sociedad dependió tanto de una sola planta como los mexicanos y mayas; de Nicaragua a Arizona, casi no comían otra cosa. Las culturas de Medio Oriente, por ejemplo, ya conocían distintos cereales, como el trigo. Los egipcios hacia el año 1200 contaban con treinta tipos distintos de pan, los aztecas uno. La dieta egipcia era variada: lechuga, cebolla, ajo, lentejas, alcachofas, sandías, etc., a lo que agregaban su cuota de leche, queso, manteca, bife, que no conocían los mesoamericanos.


Más allá de alguna innovación en el terreno agrícola, como la construcción de huertas flotantes (chinampas) y del empleo de un sistema de riego, sus técnicas de cultivo eran bastante primitivas, pues no conocían la rueda, el arado, ni contaban con las herramientas necesarias y apropiadas para ello, ya que no conocían el trabajo de hierro ni habían alcanzado domesticar a otro animal que no fuera el perro o el pavo. El crecimiento -por momentos- desproporcional de la población en relación a los recursos existentes y la necesidad de nuevas tierras fértiles y aptas para el cultivo, motivó muchas veces las campañas expansionistas de los aztecas; lo que Von Hagen llama acertadamente la "fatal limitación de la economía neolítica". Pasaron los aztecas grandes períodos de hambrunas y hacinamiento, principalmente, durante las grandes lluvias de mediados del siglo XV. En situaciones como estas o similares -que afectaba particularmente al pueblo raso- se permitía al hombre y a la mujer vender al cónyuge y así este se convertía en sujeto y objeto de la venta.

Se destacaron particularmente en la industria textil y en el trabajo del cobre y de objetos de cerámica y joyas. No obstante, la actividad económica principal, al igual que los mayas, pasó por el comercio de esclavos.

Cada oficio u ocupación tenía su dios propio entre los aztecas, al igual que entre los mayas. Incluso el suicida tenía el suyo propio, y también los apostadores -Macuilxochitl-, actividad a la que sabemos se dieron frecuentemente los mexicas.

Sus principales dioses fueron:
Tezcatiploca, dios de los dioses

Huitzilopochtli, dios de la guerra

Quetzalcoatl, dios que representa la dualidad inherente a la condición humana

Chalchuitlicue, diosa del agua viva

Tlaloc, dios de la lluvia

Xochiquetzal, diosa de la belleza y el amor

Xiuhtecuhtli, dios del fuego

Cinteotl, señor del maíz


6) Educación
El sistema de educación en el imperio mexica, más que deficiente fue inexistente, pues solamente los ricos podían acceder a los conocimientos y saberes. Nada de Educación para todos y todas; el pueblo servía y "era", únicamente, en tanto y en cuanto mano de obra no remunerada. Los aztecas no conocieron la escritura fonética. Se manifestaron en jeroglíficos que, como sabemos, era incapaz de expresar conceptos abstractos. Los códices donde fijaban su historia eran elaborados con fibra maguey y piel de venado, formando tiras largas que se doblaban como si fuesen biombos.

Si algo podemos destacar de los mexicas son sus conocimientos arquitectónicos, matemáticos, astronómicos (heredado de los mayas) y, entre el pueblo llano, su habilidad como artesanos, escultores, talladores de piedra y fundidores de cobre (no obstante, fueron los Olmecas los primeros en emplear la piedra en la arquitectura y esculturas). Según Sahagún, la zona religiosa de la capital contaba con 78 edificios y la pirámide central tenía dos templos en su parte superior. A esto cabe agregar algunos palacios y casas de tipo gubernamental. No obstante, las casas del grueso de la población, de los estratos inferiores, eran de adobe, con una puerta y sin ventanas, contrastando con las ostentosas, espaciosas y lujosas mansiones de los señores.

Llegaron a construir un acueducto que permitió llevar agua potable a la capital del imperio. Como medida de tiempo, utilizaron un calendario de 18 meses y 20 días -con cinco días restantes al final del año- y la numeración vigesimal (1-19, 20, 400, 800, etc.).

Si bien la educación era obligatoria, el pueblo trabajador, era "educado" con entrenamiento militar, ya que de aquel estrato social se nutría la mayor parte del ejército. Se les enseñaba muy particularmente a odiar visceralmente al enemigo, sin misericordia ni concesiones. A las mujeres se las instruía únicamente en las labores propias de la servidumbre. Los nobles, en cambio, como hemos mencionado anteriormente, asistían a exclusivas escuelas, donde eran aleccionados sobre todo tipo de artes, ciencias y disciplinas. Casarse era una obligación impuesta estrictamente por el Estado. El desobedecer esta normativa implicaba al infractor la pérdida de la parcela de cultivo con la cual lograba su subsistencia y la reducción a la servidumbre o esclavitud. En cuanto al matrimonio regía un sistema que mediaba entre la monogamia y la poligamia: el hombre podía tener una mujer legítima, pero todas las concubinas que quisiera o pudieran solventar. El divorcio era permitido, pero debía mediar para ello previamente una resolución judicial.

7) Religión
En cuanto a su religión, órgano fundamental del imperio, veneraban numerosos dioses, aunque era Huitzilopochtli su dios tutelar (el dios de la guerra ya mencionado): era al que consideraban más representativo, pues era el dios sol y dios de la guerra, que era a su vez el alma del imperio.
Le seguía en importancia Quetzlcoatl, la serpiente emplumada. Según la mitología azteca, estos dioses eran hijos de los primeros pobladores del universo:
El díos Tonacatecuhtli y la diosa Tonacacíhuatl, engendrados por el dios eterno que llamaban Ometecuhtli.

Ometecuhtli
Estos dioses son los protagonistas de la leyenda de los cinco soles. Henri Lehmann, autor de obligada consulta para estudiar el período, entiende a la religión de estos como su principal perdición y base de poder.
"En ello radicó su poder: la sanguinaria tiranía de sus dioses los estimuló de tal modo, que en pocos siglos lograron imponer su régimen de terror a todo el valle de México y aun más lejos. Pero también constituyó su perdición: entre los mitos toltecas transmitidos a los aztecas, se contaba el de Quetzalciatl, quien, bajo su personificación de dios civilizador blanco con barba, había desaparecido por el oeste y debía regresar por el este; surgió Cortés, era blanco y llevaba barba; fueron muchos los que lo tomaron por Quetzacoatl reaparecido para reinar sobre sus súbditos; originóse de ello tal confusión que algunos centenares de españoles bastaron para subyugar al pueblo más belicoso de América".

A medida que fueron conquistando otros pueblos, adoptaron más dioses (aunque menores) y fueron mezclándolos, y dándoles atributos de otros; deviniendo en una religión cada vez más sincretista.

Naturalmente, como régimen teocrático, los sacerdotes tenían gran importancia dentro del Estado, llegando a intervenir en varios de sus asuntos; no necesariamente ligados a la religión. A la cabeza del orden sacerdotal se hallaban dos sumos sacerdotes, cuyo rango era inferior al del monarca. Por lo general cada sacerdote estaba consagrado al servicio de alguna deida particular y estaban sujetos a un estrictísimo régimen de disciplina. Llevaban una vida ascética y tenían por costumbre practicar la autoflagelación y distintos tipos de mortificación de la carne, como hacer brotar sangre de distintas partes de su cuerpo con púas de maguey. Un dato interesante mencionado por Prescott es la existencia de los ritos de confesión y absolución en su religión. El secreto de confesión era inviolable, y las penitencias eran usualmente oraciones o ayunos. Las personas se confesaban una vez en la vida. La explicación a esto es curiosa: dado que la repetición de una falta confesada era imperdonable y que la absolución del sacerdote se recibía en lugar del castigo legal estipulado para el delito, sucedía que muchas personas, cuando se veían en peligro de ser castigados a muerte por algún acto cometido, "pensaban liberarse del castigo produciendo certificado de confesión".

Los Incas y los aztecas pensaban que el sol se debilitaba, y solamente mediante la sangre humana podía revertirse este estado y cualquier otra catástrofe natural. Por esta adoración y preocupación especial que sentían por el sol, construyeron la famosa Pirámide del Sol -templo principal de los sacrificios humanos- en honor al dios sol Huitzilopochtli, a quien ofrendaban en general los sacrificios humanos (aunque también dedicaron numerosas ofrendas en este sentido a la diosa Xochiquétzal).


No puede decirse que los excesos, torturas y ejecuciones tuvieron en ellos carácter estrictamente ritual... Generalmente fueron motivados por cuestiones políticas y de venganza, evidenciando una malicia y sadismo en su más puro estado. Veamos el caso que cuenta el indígena Muñoz Camargo:
"Hacían otra ceremonia y superstición infernal y diabólica, y era que cuando prendían algún prisionero en la guerra, prometían los que iban a ella que al primero que cautivaban le habían de desollar el cuero cerrado y meterse en él tanto días en servicio de sus ídolos o del dios de las batallas, el cual rito o ceremonia llaman exquinan; y era así que desollado, cerrado y entero el miserable cautivo, se metía dentro de él el que lo había prendido, y se andaba con aquella piel de templo en templo corriendo, y a este tiempo los muchachos y hombres andaban tras este exquinan con gran regocijo a manera de quien corre un toro, hasta que de puro cansado lo dejaban y huían de él porque no le alcanzase alguno, porque le aporreaba de tal manera, que lo dejaba casi muerto, y a veces se juntaban dos o tres de estos que regocijaban todo el pueblo. Así llamaban este rito el juego del exquinan".

La mejor prueba de sus motivaciones políticas la ofrece a nuestro juicio Laurette Séjourne, haciendo notar lo siguiente: "Tomar en serio sus explicaciones religiosas de la guerra es caer en la trampa de una grosera propaganda de Estado (...) Si los señores hubieran creído auténticamente que la única finalidad era hacer don de su vida, el sacrificio no hubiera quedado limitado a juzgar a seres inferiores -esclavos y prisioneros- sino que hubiera sido exclusivo de la élite".

Parece que tuvieron los aztecas noticia de la creación del mundo, del diluvio universal y dispersión de gentes (lógicamente, en sus propios términos y no a la forma cristiana). Según escribe Sahagún, practicaron una suerte de "bautismo" sobre los niños, cuyo ritual ordenaba realizarlo a la primera luz del día, echando agua en la cabeza del niño.

Sólo hasta cierto punto podemos coincidir con Francisco Clavijero -quien dedicara el libro IV de su magnífica Historia a la religión en el México precolombino- en que los mexicanos tuvieron una idea, aunque imperfecta, de un Ser Supremo, absoluto e independiente, "a quien confesaban deberle adoración, respeto y temor" (aunque, prosigue, "el culto de este Ser Supremo obscureció entre ellos con la muchedumbre de númenes que inventó la superstición" ). El alma -salvo por los otomíes-, según Clavijero, era considerada inmortal para los mexicanos y el resto de las naciones nahuas cultas. Aunque el destino de las almas dependía del tipo de muerte que estos hubieran tenido. La de los soldados que muriesen en guerra o prisioneros tomados por el enemigo y mujeres que morían en el parto, iban a la "Casa del Sol", donde pasarían una buena vida por cuatro años. Cumplido el tiempo de esa vida gloriosa, pasaban a "animar nubes y aves de hermosa pluma", quedando libres para estar en la tierra o subir al cielo cuando quisiesen. Los que morían por un rayo, ahogados, de tumores, abscesos, de llagas y el alma de los niños iban a "un lugar fresco y ameno de la tierra", llamado Tlalocan. Los que morían de muerte o enfermedad natural iban al infierno (supuestamente ubicado en el centro de la Tierra). Este infierno consistía
en pasar la eternidad aterrorizados en una habitación oscura. Los tlaxcaltecas, pueblo particularmente clasista, pensaban que las almas de los nobles animaban después de la muerte aves bellas y canoras y cuadrúpedas generosas, y las de los plebeyos comadrejas, escarabajos y otras sabandijas y animales viles. No obstante lo dicho, particularmente en lo referente a inmortalidad del alma, no podemos coincidir con Clavijero, pues, como bien advierte Alfredo Chavero, después de cuatro años "vuelve el materialismo y desaparece la inmortalidad". El autor ofrece una muy interesante visión de la religión de los nahuas, advirtieron que esta, como sus dioses, eran materiales: "la cosmogonía de los náhutal no fue deísta; comprendieron un ser creador, el Omehecuhtli; pero ese creador era el elemento material fuego, y la creación se producía por el hecho material omeycualiztli. El ser creador era el eterno, el Aymictlán; pero lo imperecedero continuaba siendo la materia fuego. Los dioses son los cuatro seres materiales (...) Para explicarse la aparición del hombre, recurrieron a la acción material del fuego sobre la tierra (...) jamás se percibe siquiera la idea de un ser espiritual. La filosofía de los nahoas, que no fueron deístas, es el materialismo basado en la eternidad de la materia (...) Su religión fue el sabeísmo de cuatro astros, y como su filosofía, era también materialista".

Concluye finalmente: "Por más que quisiéramos sostener que los nahoas habían alcanzado una gran filosofía, que eran deístas y que profesaban la inmortalidad del alma, lo que también creíamos antes, tenemos sin embargo que confesar que su grado de civilización, consecuente con el medio social en que se desarrollaba, no alcanzo a tales alturas. Sus dioses eran materiales: el juego eterno era la materia eterna; los hombres eran hijos y habían sido creados por su padre el sol, y por su madre la tierra; el fatalismo era la filosofía de la vida; y sin premios ni penas para una segunda existencia, reducíase esta a un período de 4 años, que no podía ser la inmortalidad del alma".

La religión entre los jerarcas aztecas fue utilizada más bien como instrumento de dominación de las regiones propias y sojuzgadas; pretexto que comprendía, como recién hemos dicho, una centralización de su imperalialismo voraz. Vale recordar que hasta su llegada a Tula, los aztecas fueron primitivísimas poblaciones de cazadores nómades, dominados por hechiceros, sin una espiritualidad ni estructura que podamos calificar de religiosa.
Ya asentados en tierra tolteca, comprendieron rápidamente los beneficios materiales que podían seguirse de la religión como centro del poder. Es lo que la historiadora francesa Laurette Séjourne denomina la "traición a Quetzalcóatl". La existencia de Tenochtitlan reposaba sobre los tributos de los "países conquistados", "y es fácil comprender la necesidad imperiosa que tenían los aztecas de un sistema de pensamiento que sostuviese su imperialismo", dice la autora desde su Pensamiento y religión en el México Antiguo, agregando seguidamente:
"Lo cierto es que, fuera de la parte fácilmente discernible que toman de la doctrina de Quetzalcoatl, los aztecas no poseían ninguna creencia que pueda calificarse como religiosa, ya que todo concepto filosófico o moral expresado en sus textos se relaciona con la unidad espiritual tolteca. La única divinidad que se considera de origen azteca es Huitzilopochtli, el dios de la guerra; pero, como para todo lo demás, es imposible definir sus propiedades sin recurrir a la enseñanza de Quetzalcoatl. De hecho, con Huitzilopochtli se limitan a ilustrar el principio de reintegración en el gran Todo, por una entidad solar que se alimenta de sangre de los mortales; es decir, no hubo cambio más que en el culto.

Se puede afirmar entonces que la tradición antigua constituía el único cuadro espiritual de la sociedad azteca (...) Se continuaba, por ejemplo, invocando un "señor nuestro, humanísimo, amparador y favorecedor de todos", mientras que para celebrar a cualquiera de estos dioses humanísimos se cometieran indescriptibles atrocidades (...) ".

Resumiendo y para concluir, el poder y la autoridad de los aztecas sobre los demás estados mesoamericanos residió exclusivamente en el temor y el terror que supieron imponer con su poderío militar y propaganda. Ningún pueblo anexado y sometido a los aztecas aceptó jamás la legitimidad de su gobierno ni sentía algún tipo de respeto o simpatía por sus autoridades y costumbres. Sentían a los aztecas como invasores que avasallaban sus costumbres; usurpadores, usureros que exigían exorbitantes tributos -cada día más elevados- sin dejarles nada. No debe olvidarse que, según indica el Códice Mendocino y vairos cronistas, estos fueron los últimos en arribar al Valle de México. No debe sorprender la alianza de estos pueblos -vilmente sometidos por los aztecas- con los españoles, ni el hecho de que varias tribus indígenas recibieran a los europeos "colmándolos de regalos y favores"; y esto sin "disparar una salva". De hecho, esta alianza y el relativamente rápido entendimiento que tuvieron con los conquistadores europeos, tan distintos a ellos, es la mejor prueba que puede ofrecerse en cuanto al salvajismo y crueldad de aquella despótica tribu que se dio en llamar azteca o mexica.

Mejor lo dice Vicente Sierra:
"México tiene un legítimo orgullo de ser la Patria de Juárez, un indio; un indio que lucha por la independencia nacional de su país; pero lo que sus biógrafos callan es que el sentimiento de libertad no lo adquirió leyendo los jeroglíficos de los escribas de Moctezuma, sino que fue consecuencia de que la acción misional de España logró dotar a sus antepasados, y por consiguiente a él mismo, de un sentido de libertad que no encontrarán los historiadores en el árbol genealógico del ilustre mexicano".

FUENTES:
1) 1492, FIN DE LA BARBARIE Y COMIENZO DE LA CIVILIZACIÓN EN AMÉRICA de Cristian Rodrigo Iturralde

2)LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS de Henri Lehmann

3) THE AZTEC: MAN AND TRIBE de Victor Von Hagen

3)LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL DE LOS AZTECAS de Manuel Moreno

4)THE ANCIENT SUN KINGDOMS OF THE AMERICAS de Victor Von Hagen

5) PENSAMIENTO Y RELIGIÓN EN EL MÉXICO ANTIGUO de Laurette Séjourne

6)DE TEOTIHUACAN A LOS AZTECAS de Miguél León Portilla

7)HISTORIA ANTIGUA DE MÉXICO de Francisco Clavijero

8)LA CIVILIZACIÓN AZTECA de George Vaillant

9)LA VIDA COTIDIANA DE LOS AZTECAS de Jacques Soustelle

10)LAS ANTIGUAS CULTURAS MEXICANAS de Walter Krickeberg

11) RELACIONES DE TEXCOCO Y DE LA NUEVA ESPAÑA de Pomar-Zurita

12) LA MUJER AZTECA de María Rodríguez Shadow

13)HISTORIA DE LA NACIÓN CHICHIMECA de Fernando de Alva Cortés Ixtlilxóchitl

14) ASÍ SE HIZO AMÉRICA de Vicente Sierra

15) HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE LA NUEVA ESPAÑA de Bernardino de Sahagún

16) MONARQUÍA INDIANA de Fray Juan de Torquemada


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