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Los «Pensamientos Dispersos» de JIMÉNEZ URE

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LOS PENSAMIENTOS DISPERSOS DE J. URE
(En el diario El Universal, Caracas, el 04-06-1989)

«[…] En mi imaginación no veía más que a Jesús crucificado con el rostro de nuestro pueblo, con sus vivencias de hambre y sufrimiento. Sentí un pecado de omisión y vergüenza al mismo tiempo […]»
Por Rafael PÉREZ CLAVIER

El cerebro joven y lleno de frescura de Alberto JIMÉNEZ URE me hace recordar el agua no contaminada del riachuelo, exenta de impurezas, con la transparencia que permite ver en la profundidad el hilo de palabras o simplemente su pensamiento. Se necesita ser muy permeable y estar despojado de toda cobertura epiletial para advertir el «proceso reflexivo», la idea que vaga por la imaginación del autor y que la deja caer en forma de oración gramatical con fuerza lapidaria.
JIMÉNEZ URE desarrolla un estilo y forma que nos habla de culto y devoción por la escritura. En ella existe un acabado y pulitura muy característica y personal. El fondo y contenido del cofre de vocablos está cargado de una sinceridad y valentía envidiables. JIMÉNEZ URE practica «el corte anatómico de la sentencia», diseca la palabra, y se sitúa en palco propio, cual invitado de honor en un teatro: «[…] No somos sino (ci) viles, seres (profesos) propensos a la demencia: palco desde el cual el Mundo se viste con leyes, retórica y mitotesis tras fulleros llamados vigías […]» (En El Universal, Caracas, 22-02-1987)
Un sábado en la mañana, en la oficina de correos de Mérida, JIMÉNEZ URE me obsequió su libro Pensamientos Dispersos, con prólogo de J. M. BRICEÑO GUERRERO, pensador, filósofo, hilvanador de idiomas y rico tejedor de conceptos. Hombre de vasta cultura universal quien, al referirse a Pensamientos Dispersos, expresa sin ambages «[…] ha asumido con auténtica seriedad el oficio de escritor con todos sus gajes, peligros y martirios, de tal manera que reconozco, una vez más, la inutilidad de los esquemas a la hora de la verdad y me veo forzado a declarar, sin ínfulas de juez, sin pedantería de evaluador, sin sabihondez de crítico, que observo con asombro, interés, admiración y simpatía la agonal dedicación de este joven al pensamiento y las letras esperando lo prometido por lo ya realizado desde un centro de conciencia ya luminoso que no será apagado por circunstancias hostiles ni por favorables […] Este final lo escribió BRICEÑO GUERRERO el 26-01-1988, un año antes del «Febrero Macabro», cuando no existía ni asomo del celaje de la centella con visos apocalípticos del «Movimiento Febrerista»
En Semana Santa, la misma de aquél lunes de cuaresma, fui analizando pensamiento por pensamiento y –como estación de viacrucis- me detuve en el XIII: «[…] Una nación es grande cuando se autoabastece y practica la Justicia Social. Miserable cuando, obsedidos por la ambición, sus habitantes se enfilan para conquistar otros pueblos […]» (En el diario El Nacional, el 28-02-1982)
Quien pensaría que –exactamente- siete años después ocurriría el desabastecimiento y los hechos bochornosos que afligieron nuestro espíritu, acontecimientos producto de la injusticia social por años. Sentía en mi corazón, en el viernes santo de dolor, a solas, la presencia testimonial de una «crucifixión». En mi imaginación no veía más que a Jesús crucificado con el rostro de nuestro pueblo, con sus vivencias de hambre y sufrimiento. Sentí un pecado de omisión y vergüenza al mismo tiempo. Repito: «[…] Una nación es grande cuando se autoabastece y practica la Justicia Social […]» Esa reflexión me hizo ver a Venezuela pequeña y disminuida de grandeza. Aquellos esfuerzos del Libertador no existían más; la obra portentosa echada abajo. Y continuemos celebrando «liturgias sin sentido sacramental» y ofrendando coronas con flores que al día siguiente se marchitan.
Vuelvo páginas atrás del libro Pensamiento Dispersos, de Alberto JIMÉNEZ URE: «[…] Promovemos el mundanismo, la reputación apresurada que otorga la persuasión política, el enriquecimiento ilícito, el culto a los mitos, las supersticiones y el crimen cuando no exigimos castigos para los rufianes […]» (En el diario El Nacional, el 18-02-1982) Es valiente y audaz en su pensamiento y en su pluma, desafía el ensayo y la opinión, trabaja la palabra y cultiva el Arte de Filosofar.
(Pensamientos Dispersos fue publicado por la «Gobernación del Estado Mérida», Venezuela, 1987)
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