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El capitán de los mares del sur


El 24 de agosto de 1833 (pocos meses después que las Malvinas eran ocupadas por los ingleses y que Juan Manuel de Rosas comandaba su expedición al desierto) nació Don Luis Piedra Buena en Carmen de Patagones, Provincia de Buenos Aires. Aquel niño, que permanecía solitario por largas horas en el estuario del Río Negro observando las maniobras de las embarcaciones, ya presentía su destino junto al mar. Se cuenta que a los seis años, trepándose a una canoa, se dejó llevar por la corriente hasta la entrada del puerto, regresando milagrosamente a salvo, al cambiar la marea. Eso ya nos habla de su temprano espíritu aventurero.

A los 14 años (1847), se convierte en grumete y discípulo del ballenero y lobero norteameriano William H. Smyley, apodado el "Consul del Mar Austral", quien operaba con el permiso de Rosas. Más tarde, le compró su velero Nancy y lo rebautiza Espora, en homenaje a otro grande de nuestra historia. A los 16 años participa en su primer salvataje y rescata 24 náufragos. El 3 de agosto de 1848 zarpa hacia Malvinas y después de un año de correrías regresó a Carmen de Patagones, donde entregó a sus padres los ahorros de su trabajo. Estaba dando forma al empresario de las causas justas.

Al año siguiente, un fuerte temporal en Tierra del Fuego obliga a la embarcación a recalar en la Isla de los Estados donde el joven oficial toma bajo su dirección el peligroso salvamento de catorce tripulantes de un buque alemán a pocos días de encallado en las peligrosas costas. A partir de esa fecha, podemos afirmar que nadie en los mares australes ha salvado, con riesgo, angustia y desesperanza un mayor número de vidas humanas. Al final de sus días, ni él recordaba la cantidad de buques y náufragos rescatados. Recién durante el Gobierno de Mitre se lo nombra "Capitán honorario sin sueldo". En los próximos 5 años recorre continuamente los mares australes. Explorando los canales de Tierra del Fuego, toma contacto con muchos caciques fueguinos, a quienes, entre otras cosas, les regala banderas de lona que él mismo pintaba en celeste y blanco, para afirmar así la soberanía argentina.

En 1856 luego de un viaje de 2 años por Estados Unidos, recorre como primer oficial de la corbeta norteamericana Merviman, el Golfo de México, las Islas de Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y Haití, después de cuatro años abandona Nueva York y vuelve a los mares australes al mando de la Goleta Nancy, que años después consigue comprar transformándola en el velero Espora, en homenaje al gran marino. En su paso por la Isla de los Estados salva la vida de 24 náufragos.

Sus gestos patrióticos resultan un símbolo, sobre todo en esta época de incredulidad globalizada, cuando los “ciudadanos del mundo” ignoran o ridiculizan su pertenencia a la tierra. Por ejemplo, para evitar que los barcos que venían de Malvinas tomasen la isla de los Estados, como parte del territorio de su majestad Británica, izó la bandera nacional en un cerro, convirtiéndose así en el único vigilante de ese territorio. “Esta isla pertenece a mi país” contestó mas tarde a un comisionado del gobierno inglés, que le ofreció 10.000 libras para que abandonara esa posición.

A bordo del Nancy, remonta el Río Santa Cruz hasta la Isla Pavón, donde frente al cacique Tehuelche Casimiro enarbola por primera vez la bandera celeste y blanca. Ante la sorpresa de los nativos deja en el lugar a tres de sus hombres con la orden de mantener izado el pabellón en forma permanente. En 1859 el capitán Luis Piedra Buena se instala en la Isla Pavón, cercana a la localidad que hoy lleva su nombre. Allí, levantó unos ranchos y su vivienda. Pronto fue habitándose la isla, y en la margen norte se instaló Gregorio Ibañez, uno de sus pilotos. Por eso, ese lugar se llamó Paso Ibañez.

En 1862 construye un refugio en isla de los Estados (cuyo hallazgo fue recientemente confirmado) y vive de la caza de lobos marinos, actividad que interrumpía frecuentemente para socorrer a los innumerables náufragos de la región. Por ello, el gobierno del presidente Mitre premia sus servicios, confiriéndole el grado de capitán de la Armada “por servicios prestados en la vigilancia de las costas australes y sus actos humanitarios, reconociendo el buque de su propiedad como parte integrante de la armada nacional”. Piedra Buena acepta, pero renuncia al cobro de sus sueldos. En uno de sus viajes llega hasta el Cabo de Hornos, donde deja grabado el siguiente mensaje: "Aquí termina el dominio de la República Argentina. En la Isla de los Estados (Puerto Cook) se socorre a los naúfragos. 1863. Capitán L. Piedra Buena”.

Cinco años después se propone establecer una colonia en el Puerto de Santa Cruz, en el paraje conocido como “Las Salinas”. Se casa en la Capital Federal con Julia M Dufour y dos meses después se embarca con ella hacia Punta Arenas. Con ella tendrá cuatro hijos: Luis, Ana, María Celestina y Julia Elvira. Ese año (1868), por Ley 269 se le da la posesión de la isla de los Estados y de la isla Pavón, en recompensa por su labor patriótica por aquellos mares. Lleva cabras a la isla de los Estados, ganado que todavía vive allí. El 19 de febrero de 1869 iza la bandera en isla de los Estados, siendo la primera ocasión en que flamea nuestro pabellón en la región fueguina. En 1912 el Gobierno Nacional comprará a los herederos la isla mencionada, que actualmente es Parque Provincial, declarado como reserva natural por la Constitución de Tierra del Fuego.

Sus intentos por nacionalizar las zonas del sur, sobre todo por Río Gallegos y Bahía San Sebastián, lo llevan a abandonar definitivamente Punta Arenas, donde es resistido por las autoridades chilenas. En un viaje a Santa Cruz, el 10 de marzo de 1873 naufraga su querido buque Espora en el sur de la isla de los Estados, sin que pueda salvar víveres. Pero con los restos del Espora construye el cúter Luisito, de 11 metros de eslora y 13 toneladas (también apodado El Sapo). Lo hace en apenas 72 días. En un momento de este difícil transe la tripulación, cansada del aparentemente inútil sacrificio, se subleva. Piedra Buena la hace reaccionar con estas sencillas palabras: “El que no quiere trabajar, si es que en ello quiere buscar la muerte, puede hacerlo. Elijan, o morir de hambre y frío dejando el trabajo, o salvarse continuando en él.” Doce días navegó el Luisito (nombre en honor a su primer hijo) las aguas turbulentas del sur, hasta llegar a salvo a Punta Arenas el 27 de junio. Más adelante la variada suerte lo llevó a convertirse en comerciante proveedor de los primeros colonos del lugar.

Sus días concluyen el 10 de agosto de 1883. Muere en la calle Tucumán N° 50 (actualmente, N° 352) en Buenos Aires, aparentemente, por una cirrosis hepática, tal vez, por la mala compañía del alcohol en tiempos de depresión. Un día más tarde, el Diario La Nación decía: "Anoche, a las 9 p.m. dejo de existir el Comandante de la Marina Argentina Luis Piedra Buena, a la edad de 51 años. El interés con que la simpatía pública lo ha acompañado en su lenta agonía, revela que el país hace una gran pérdida en este valiente y experimentado jefe, ilustrado por sus servicios. Es un hecho histórico que a los trabajos del comandante Piedra Buena y a su patriótico anhelo se debe en gran parte la reinvindicación de los territorios australes de la República Argentina, sobre los cuales él fue el primero en llamar la atención, pudiendo decirse que por mucho tiempo los defendió solo, con un pequeño buque de su propiedad, con el cual navegaba por los canales magallánicos, velando por aquellos y estorbando su ocupación por otros. (...) Ha muerto sin poder completar su obra en la región austral; pero las olas agitadas murmurarán para siempre su nombre, tantas veces repetido en ellas. La nación debe perpetuar el nombre de Piedra Buena, dándolo a una de las más avanzadas posesiones argentinas en la región austral." Sin embargo, -al día de hoy- ningún accidente geográfico lleva su nombre. Sólo el destacamento que mantiene la Armada en la isla.

Por 1885, una goleta llevó su nombre. También la legendaria cañonera Paraná, hasta 1922. Recordemos que este buque participó en el desembarco en Malvinas del 1 y 2 de abril de 1982 y estuvo junto al crucero General Belgrano cuando fue hundido. Una Biblioteca Popular rionegrina también se llama "Cmte. Luis Piedra Buena". El gran escultor Luis Perlotti lo recreó en un notable busto de nuestro Quijote del mar, que se reproduce en varios lugares de Patagonia. Se ha dicho que “Los marinos como Piedra Buena no surgen sino de siglo en siglo”. De ahí que su recuerdo permanente no sea sólo ocurrencia de románticos. Por eso, el 10 de agosto, a instancias de la Asociación Amigos de la Isla de los Estados (Chuanisín), el gobierno nacional decretó que –de ahora en más- es el Día Nacional de la Isla de los Estados.

En 1882 alcanzó el grado de Teniente Coronel de la Marina de Guerra y al momento de morir fue el comandante de la corbeta Cabo de Hornos. Justamente, fueron sus oficiales quienes llevaron su ataúd de ébano cubierto con la bandera argentina hasta su última morada. Uno de los oradores fue el explorador Ramón Lista, quien lo despidió junto con otras figuras relevantes. El Diario La Prensa recogió este testimonio: “Conmovente era el cuadro que ofrecía aquel grupo de personas de toda edad, en su mayor parte de nuestra Armada, derramando lágrimas sobre la tumba del que fue su querido comandante”.

Por último, quisiéramos concluir con unas palabras, recogidas por otro diario de la época y que, desgraciadamente, son comunes a tantos “grandes” a los que les rendimos honores sólo cuando desaparecen: “Ha muerto pobre y deja tres hijos sin más patrimonio que el ejemplo de una vida intachable consagrada al servicio del país y de sus semejantes, en la que abundan rasgos de valor y de nobleza, que desearían consignar si la premura con que escribimos estas líneas no nos lo impidiera”.

FUENTE Y BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
*Revista Oyikil (8): 24-26, Cielos Patagónicos SA, Buenos Aires.
1) COMANDANTE PIEDRA BUENA: SU TIERRA Y SU TIEMPO de Arnoldo Canclini

2) MEMORIAS POSIBLES DE LUIS PIEDRA BUENA de Hernán Álvarez Forn

3) LUIS PIEDRA BUENA (historias dibujadas) de Carlos Casalla

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