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Menem entrego a EEUU, Cristina a los Chinos

Relación entre Menem y Estados Unidos



Como sugerido en el Consenso de Washington, Menem lanzó un programa de privatizaciones con un intento a desregular y reducir la intervención del estado en la economía. En 1989 se promulgaron dos leyes que le dieron a Menem la libertad y los recursos para privatizar: la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica. La primera le concedió al estado el derecho de intervenir las empresas públicas, modificarlas y privatizarlas. Esta ley se convirtió en el pilar de la política de privatizaciones y determinó que el Ejecutivo estaría a cargo de las reformas y privatizaciones del sector público. La segunda ley, dio a Menem el derecho de gobernar por decreto. También discontinuó contratos laborales del sector público que permitió los despedidos de empleados públicos.

A través de estas leyes, Menem tenía el poder para modificar y vender empresas estatales sin consultar con el Congreso. Así comenzó la primera etapa de privatizaciones en la Argentina bajo el gobierno de Menem. Sin embargo, el programa de privatización rápida llevó varios problemas con él. Esta privatización apresurada y forzada favoreció grupos económicos como Pérez Companc y Bunge & Born. Un problema importante fue la falta de mercado para comprar las empresas privatizadas. Como resultado, las empresas recién privatizadas fueron controladas por poca gente y muchas veces por empresas extranjeras. Los ejemplos que siguen son algunos de las casos más importantes y muestran las complicaciones que surgieron con las rápidas privatizaciones de grandes empresas estatales. 14

ENTel, en 1989 antes de su venta, se valoró en 3.200 millones de dólares y era una de las empresas estatales más valiosas. En 1990 fue adquirido por 1.900 millones de dólares y repartido entre STET, de Italia, y Telefónica de España. Aunque el estado vendió ENTel a las empresas privadas, todavía quería mantener control sobre las tarifas y arrancó una disputa. El gobierno quería mantener más bajos los precios y las empresas querían aumentarlas. Aunque después de un tiempo llegaron a un acuerdo, este caso de privatización muestra la falta de confianza que tenía el gobierno en el mercado libre.


Otro caso es lo de Aerolíneas Argentinas que era otra de las empresas más rentables y deseadas que poseía el gobierno durante esta época. Se realizó la venta de la aerolínea a Iberia (española) y Cielos de Sur (argentina) en marzo de 1992 pero el cambio tuvo un efecto negativo para la empresa. A pesar de reorganizar la empresa y los vuelos, Aerolíneas seguía perdiendo dinero y para noviembre de 1993 Iberia llegó a la bancarrota y anunció que no pudo seguir las operaciones sin ayuda financiera. Con la ayuda de un subsidio, continuó con sus operaciones pero siguió con problemas financieros por años. 15

Menem utilizó otro estrategia para desregular la empresa estatal de petróleo, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). YPF tenía control sobre la industria petrolera en Argentina pero también se había formado una gran deuda externa y estaba perdiendo dinero. Durante su mandato, Alfonsín había dejado que empresas extranjeras operen en algunos yacimientos petrolíferos argentinos. En 1990, el gobierno de Menem vendió 39 yacimientos estatales y cuatro reservas de petróleo a empresas privadas. En 1991 la industria fue desregulada y para 1992 YPF había perdido 40.000 empleados.

En los años siguientes, Menem realizó muchas mas privatizaciones de empresas estatales durante un plazo muy corto. Entre ellas eran Gas del Estado, SEGBA, Agua y Energía y el correo ENCOTEL. Estas privatizaciones fueron un intento para mejorar la economía en crisis y además para ganar capital. Después de la dictadura militar, quedó un gobierno casi en bancarrota y estas privatizaciones suministraron al gobierno con dinero en el corto plazo para empezar a pagar la Deuda Externa. El deseo de privatizar rápidamente y la falta de gente que tenía recursos para comprar las empresas resultó en la venta de muchas empresas a extranjeros. Las privatizaciones también fueron de acuerdo con el Consenso de Washington y los deseos de los Estados Unidos que resultó en más apoyo estadounidense. Aunque las mismas privatizaciones tenían ciertas desventajas en Argentina, Menem logró más apoyo y credibilidad entre el Banco Mundial, el FMI y el gobierno de George Bush en EEUU. 16

Ley de Convertibilidad y reacción internacional (1991)



La parte más extrema e importante del “Plan Cavallo” fue la Ley de Convertibilidad que se implementó en abril de 1991. La reforma monetaria fijó el nuevo peso al dólar estadounidense y prohibió que el Banco Central imprima dinero sin respaldo de oro o divisas extranjeras. La Ley de Convertibilidad fue un paso audaz porque Menem y Cavallo esencialmente arriesgaban $6 mil millones de dólares en reservas en su intento de parar la inflación.17 También, fue muy parecido a los esfuerzos fallados de los años anteriores.

Dichosamente el plan tuvo el resultado previsto y debido a la convertibilidad, la inflación bajó desde 27% en febrero de 1991 hasta 1% por mes en noviembre. Durante estos meses, la inflación tuvo un promedio de solo 8.3%. Con precios estables y más reservas monetarias, las tasas domésticas bajaron drásticamente.

El plan estableció credibilidad en el plano mundial. Estados Unidos apoyó el plan y anunció que la Argentina sería incluida en el Plan Brady. A través del Plan Brady, la Argentina pudo renegociar su deuda privada con un acuerdo que se realizó en 1993. Después de establecer su credibilidad, Argentina también empezó a atraer inversores extranjeros de vuelta y entre los años 1992 y 1994 recibió $30.000 millones de dólares de inversiones extranjeros.18

El apoyo de Estados Unidos e influencia sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI) resultó en más financiación. Después de solo un año de la implementación del plan, el FMI le ofreció un préstamo de $3.000 millones de dólares a la Argentina y en 1996 Argentina se convirtió en el tercer cliente más importante del FMI. El apoyo del FMI aumentó su credibilidad y resultó en más ayuda financiera del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Eximbank de Japón.
La situación en el mundo moderno es una asimetría drástica entre Estados Unidos y los otros países occidentales. Dada la centralidad de EEUU en el sistema económico internacional, las relaciones bilaterales son importantes para la búsqueda de ayuda financiera. Sin embargo, más allá que alivio financiero, los dos países no tienen mucho para ofrecerle uno a otro porque producen las mismas exportaciones y compiten en los mismos mercados. Carlos Menem se sometió a todos los pedidos de EEUU a cambio de ayuda financiera y apoyo para sus reformas económicas. La consecuencia de esta sumisión total era una pérdida de autonomía con respecto a la política exterior y doméstica.



Relaciones carnales Argentina y China




El secretismo que rodea al de Chevron, como mínimo, induce a pensar en cláusulas leoninas para el país. El de China no oculta la entrega de recursos estratégicos ni la condena a la producción nacional.

Veamos algunos ejemplos. La mina de hierro de Hipasam, dada en concesión por 99 años a China, envía material sin procesar, que luego traemos al país como vagones, sentenciando a las empresas metalúrgicas y metalmecánicas a la agonía por falta de mercados.

Se aprobó un régimen especial para construcciones de infraestructura en obra pública, sin pasar por licitaciones, con promoción especial impositiva en detrimento de las empresas locales, y hasta con la facilidad de traer a trabajar al país mano de obra china.

Así, el kirchnerismo le gana por goleada a la denostada década menemista o a la invasión de productos chinos de José Martínez de Hoz. Se remonta a la muy vergonzante época del tratado Roca-Runciman por la carne argentina, símbolo de la dependencia y la condescendencia argentina para con Inglaterra, su socio privilegiado de entonces.

Argentina, más allá de los siglos, se sigue repitiendo. Cambiar a Inglaterra como socio privilegiado o reemplazar relaciones carnales con Estados Unidos por esta unión particular con China es más de lo mismo. La comparación no es ociosa. Muestra lo poco que hemos avanzado a la hora de promocionar nuestros productos, de agregar valor o administrar nuestros recursos, o elegir cómo relacionarnos con el mundo desde lo económico.

Cristina podrá ufanarse de haber hecho realidad el cuento chino que hizo Néstor Kirchner hace un tiempo; algunos falsos vanguardistas, festejar que tenemos de aliados a China y Rusia; otros, chiquitos ellos, que el plan económico es un éxito y que los agoreros de siempre se equivocan. Incluso servirá para publicitar que han mejorado décadas de atraso en obras o trenes.

Ante estos antecedentes, y con la dependencia y la entrega a la vista, es hora de ocuparnos en serio del país que queremos y lo que hacemos o dejamos hacer.




La demagogia es cara

Hace por lo menos 20 años, el mundo ya tenía claro que China sería la primera economía del mundo, algo que se concretará más o menos en 2020, cuando su tamaño sea mayor que el de la de Estados Unidos.

Sin embargo, los gobiernos kirchneristas jamás convocaron a definir una política de fondo y sostenible en relación con el mayor dato geopolítico del planeta desde que Estados Unidos suplantó a Inglaterra como imperio.

Ahora, a las apuradas, los improvisados del “vamos viendo y le vamos dando” aceleraron un “acuerdo estratégico” (ese adjetivo es el primero que siempre les viene a la mente y, de tanto repetirlo, ya no nos dice nada) con China.

De tanto vigilar el espejo retrovisor, nunca han mirado para adelante. Hasta llegar a la paradoja: están construyendo con China una relación muy parecida a la que su odiada generación de 1880 había atado con Inglaterra.

La razón es sencilla: como Inglaterra, China necesita las materias primas argentinas. Fue carne por ponchos; será soja y petróleo por todo lo demás. Estados Unidos jamás necesitó los alimentos argentinos y eso definió más de 80 años de la historia argentina. Qué diría Forja si existiera hoy.

Argenzuela. Vale mirar el ejemplo de Venezuela. China les prestó a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro el equivalente a 41 mil millones de dólares para que la dupla financiara la apoteosis populista que hoy se desbarranca. Siempre que, en caso de importar algo, todo fuera chino. ¿Con qué paga Venezuela? Con petróleo, ya sea con envíos de buques tanqueros o con concesiones en la Franja del Orinoco. Básicamente, China compró por adelantado el petróleo venezolano.

Hoy, con su producción disminuida a menos de tres millones de barriles diarios, Venezuela tiene que exportar a China 640 mil barriles al día. Lo estuvo haciendo todos estos años a 50 dólares porque, cuando se hicieron los convenios, los genios autócratas arreglaron su “acuerdo estratégico” y se olvidaron de poner una cláusula de ajuste del precio (recién en noviembre China accedió a subir el precio), aunque justo ahora el precio internacional viene en baja. ¡Hay que tener mala suerte!

Los venezolanos, en lo que respecta a China, se perdieron el boom. Y la plata se dilapidó en empresas que en algunos casos nunca se concluyeron o, peor, que nunca se iniciaron.

Como en Argentina. Más allá de las promesas de inversión y crecimiento, hasta ahora, la “relación estratégica” sirvió–como siempre–para subsidiar las políticas más demagógicas e inequitativas del gobierno cristinista. En lo que más se gastó el crédito chino es en comprar los trenes igualmente chinos con los que el ministro del Interior y de Transporte, Florencio Randazzo, hace su campaña electoral en el único distrito que importa: el 2 % del territorio nacional que ocupan Capital Federal y el conurbano bonaerense. Esos créditos se pagan con soja cosechada en el resto del país. Vaca Muerta es aún una promesa incierta.

Si el Gobierno nacional tuviera la autoridad política para exigir que la mitad de los usuarios de esos trenes urbanos que desde hace años no pagan sus boletos los pagaran, y para determinar que ese boleto costara al menos lo mismo que los boletos de colectivos de las principales ciudades del país, no hubiese sido necesario crédito alguno para comprar los trenes. Ni para endeudarse con China. La demagogia es cara. Ojalá no hagan lo mismo con todas las demás iniciativas “estratégicas”.







Los pueblos sometidos no tienen economía, la economía los tiene a ellos
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