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Mente-cuerpo.

LAS DIFICULTADES CONCERNIENTES A LA PROBLEMÁTICA
MENTE – CUERPO .
Lisardo San Bruno de la Cruz .
La historia del pensamiento desde sus balbucientes inicios se había apercibido del
intrincado asunto concerniente a la relación entre mente y cuerpo. El advenimiento de la
Física Moderna había tendido a agravar la situación con su presuposición holística en la que la
Naturaleza quedaba clausurada categorialmente bajo la relación de causación. Los cambios o
movimientos quedaban subsumidos en términos de la física newtoniana, las fuerzas eran las
causas impulsantes de los cuerpos, y esto era expresable mediante formalismos perfectamente
estructurados. La Física cualitivista premoderna es sustituida por el modelo de la física –
matemática con su precisión algorítmica. La noción de `influencia cualitativa ´ de unos
cuerpos sobre otros de la premodernidad es concebida como un vestigio mítico meramente
fruto del desconocimiento de que la Naturaleza era totalmente traducible a cristalinos
términos algorítmicos. En esta tesitura, los eventos mentales podrían ser explicados
paralelamente a los eventos físicos , podría postularse un paralelismo psicofísico
interactuante en que cerebro y mente actuaban causalmente en interacción mutua. Descartes
había sostenido una tesis interacionista en que la mente podía influir sobre materia fluente,
fluidamente éterea ( la famosa glándula pineal). La noción de `influencia ´ la recoge el
pensador francés de la tradición medieval que había supuesto un ente intermedio hipotético –
explicativo que correlacionaba mente , de factura inmaterial , con el cuerpo. Se trata de postular
el espíritu como mediador entre dos substancias claramente desemejantes, este ente rellenaba
el hiato ontológico entre materialidad corporal e inmaterialidad mental. Este relato medieval
en sus diversas versiones, más pretendidamente filosóficas o más ingenuas de la visión
popular como la reencarnación del alma en diferentes cuerpos, la mente como un fantasma en
continua trasmigración corporal, fueron elucidándose como supersticiones a medida que se
alumbraba el nuevo ejemplar explicativo de los fenómenos físico – naturales. Bajo el enfoque
exegético de Putnam, Descartes concebía mente – cerebro como una “unidad esencial” , y
esta difícil unidad mente – cerebro era la que desarrollaba las funciones cognitivo –
emocionales propias de un sujeto humano. Estas aserciones de Putnam sobre Descartes
esbozan una concepción onto – gnoseológica del autor francés bifurcable de la escolástica
cartesiana generada en filosofía de la mente, escolástica que acentúa un dualismo
sustancialista cartesiano , propagador de los problemas relativos a la comunicación sustancial
y la forma de verificar la existencia de otras mentes distintas de la mente individual que
general el periplo metodológico de la duda. En Descartes , siguiendo la lectura de Vidal
Peña, los inicios interno – privados subjetuales de cada cogito individual, con sus criterios
inconcusos de claridad y distinción , han de ser rebasados por un espacio trascendental que
posibilite el que todo cogito ha de proceder como de hecho lo hace cuando ordena la
facticidad, el momento psicológico que geometriza no es sino la estructura objetiva de lo
real fundamentada gnoseológico – trascendental – mente. La certeza en Descartes no ha de
leerse en clave espiritualista , la dualidad substancialista de la tradición psicologista no lee en
clave gnoseológica el criterio de certeza, más bien lo disuelve en un introspeccionismo
psicologista de baja estofa exegética – quizá Putnam aluda a algo semejante - . Spinoza había
tratado de reducir los eventos mentales a eventos puramente cerebrales. Experimentar la
impresión sensorial B es un evento mental idéntico al correspondiente evento cerebral. La
propiedad de percepción de B es la misma propiedad de encontrarse en el estado cerebral A.
La reducción fisicalista operada por la teoría de la identidad comenzó a ser considerada como
la explicación correcta. La ciencia en ulteriores desarrollos estará en condiciones de
desarrollar una explicación en términos físico – químicalistas de fenómenos como la
percepción. La intuición reductiva materialista spinoziana, el tratar los afectos y emociones
humanas como si se tratase de rectas, círculos o elementos geométricos, ha sido bien
acogida en el pensamiento contemporáneo. La teoría de la identidad protagoniza las
múltiples versiones reductivas actuales. Una sensación de color no es sino cierto estado
neuroquímico, cerebralmente localizable.
Putnam , junto con Turing, sugirió una identidad de factura funcional en que el
cerebro cuenta con propiedades no – físicas, no - definibles en términos de la física o la
química. El modelo de una computadora puede servir para ilustrar esta afirmación
funcionalista; un ordenador ciertamente cuenta con propiedades físicas, pero su programa es
una propiedad funcional no – física en tanto puede ser desarrollada por un sistema sin
importar la contextura propia del sistema. Expresado con Putnam : “La sugerencia
funcionalista es que la teoría monista más plausible que se puede defender en el siglo XX, la

teoría evita tratar a la mente y a la materia como dos tipos separados de sustancias o como
dos reinos separados de propiedades, es la que identifica propiedades psicológicas y
propiedades funcionales” (1.- Putnam H. :`Razón, verdad e historia ´. Trad. J. M. Esteban Cloquell . Tecnos , Madrid ( 1985 ) , pág. 86 .
Putnam, aún en esta etapa de su reflexión , cree que es una aproximación
naturalista correcta de la relación entre mente – cuerpo, aunque también pueden considerarse
correctas las aproximaciones mentalistas a términos como los de `referencia, verdad o
racionalidad ´ . La cesación de la Teoría Verdadera del Ojo de Dios posibilita versiones
alternativas del mundo igualmente correctas. Una de esos relatos plausibles sobre el
particular defiende que las formas de pensamiento son idénticas a eventos perfectamente
expresables en términos funcionales específicos. No obstante, esta descripción de los eventos
mentales en términos de propiedades funcionales, aunque puede identificar creencias puras
(puestas entre paréntesis, estados psicológicos nocionales) con estados funcionales globales
del sistema, tropieza con dificultades a la hora de habérselas con impresiones sensoriales tan
aparentemente simples como una tonalidad de un color primario.
Putnam redescribe el llamativo ejemplo lockeano del espectro invertido para
ilustrar el caso de la percepción del color y discutir la posible plausibilidad del modelo
funcional en esta situación contrafáctica. Es posible que el espectro de colores de Juan varié
drásticamente cierto día; sin embargo, recuerda los colores tal y como los percibía antes del
extraordinario suceso. La percepción del espectro de nuestro desdichado personaje ha
sufrido una inversión profunda. Podría explicarse el caso de Juan en términos de disfunciones
físico – funcionales. Los informes fenoménicos de una determinada tonalidad, sus imputs
sensoriales de verde, se traducen en percepción de amarillo, hay un error en el mecanismo de
procesamiento en la percepción de las tonalidades de color. Los estados físicos varían sus
antiguos roles funcionales perceptivos. Un funcionalista podría definir una impresión
sensorial roja como poseyendo el carácter cualitativo que describo aquí y ahora en tanto el
correspondiente estado cerebral asume el rol funcional ostensivo de enfrentarse al rojo
objetivo externo. Esta definición funcionalista no capta que el rol funcional no puede
identificarse con el carácter cualitativo de la sensación. Es posible que Juan, aunque haya
sido adiestrado lingüísticamente cuando se le interroga por el color de su corbata y afirme que
es verde en tanto que percibe amarillo, sufra una pérdida de memoria y no sea capaz de

recordar cómo percibía el color antes de que su espectro variara profundamente. Juan no
podría, en este caso, distinguir su percepción de amarillo ahora del rol funcional que
garantizaba tal idéntica percepción antes de la inversión del espectro y de su amnesia
repentina. Lo que sucede es que la cualidad de la sensación parece no poder ser descrita en
términos de roles funcionales.
Sin embargo, un teórico defensor de la tesis funcionalistas no podría afirmar el
que la cualidad sensorial ( su carácter cualitativo) sea tal y cual materialización físico –
cerebral. Las impresiones sensoriales o son propiedades cerebrales o se encuentran
correlacionados con estados cerebrales. Para Putnam, el asunto suele polarizarse sobre estas
dos inclinaciones: O bien identidad estado sensorial – estado cerebral o bien correlación
estado sensorial – estado cerebral. La situación más ampliamente debatida es la tesis que
parece más fuerte, más reductivamente materialista, la de la identidad, pero el concepto de
correlación, aunque intuitivamente se admita por lo menos una correlación, es ambiguo en
tanto la creencia en tal correlación no puede ser justificada onto – epistémicamente. En
aserción De Putnam : “... voy a intentar demostrar que hasta la correlación es problemática,
y no en el sentido de que existe evidencia a favor de la no correlación, sino en el sentido
epistemológico de que aunque existe una correlación, nunca podemos averiguar cuál sea
esta” ( 2.- Putnam, H. : `Razón … ´. Ob. cit. pág. 89 ) .
Los relatos epistémicos sobre la tesis de la identidad antes del viraje pragmático –
epistemológico de la década de los sesenta era inexistentes, se negaba a priori la no –
identidad, era considerada una verdad de razón (sin más) el que una sensación de rojo era no
– idéntica a un estado neuro – fisiológico. A partir de los años sesenta la tesis de la
identidad cobra mayor relevancia en los ámbitos teórico – discursivos, pero la situación
fáctica yacía en un impasse explicativo: La creencia a priori en la no – identidad de muchos,
y la creencia a priori antitética de unos pocos convertía la discusión en poco más que en la
elección entre un helado de fresa o uno de limón.
La impronta quineana sirvió para atenuar decididamente la confianza de los
pensadores sobre la noción de ` analiticidad ´, las verdades a priori perdían gran parte de su
poder explicativo – epistémico . Muchas de las proposiciones que los filósofos creían
verdades conceptuales contienen, en uno u otro sentido, presupuestos empíricos. Nuestros

concepciones de ` racionalidad ´ y `revisabilidad ´ no se vertebran en meta – reglas fijas, ni
son dones transcendentales al modo kantiano . Nuestras concepciones son precisamente
nuestros productos biológicos – culturales, los conceptos a priori que estipulemos como tales
no se encuentran exentos de alguna revisión surgida por algún factor empírico no esperado o
alguna anticipación teórica. No obstante, la revisabilidad racional es limitada, contra la
afirmación de Quine, la racionalidad no ha de quedar diluida en la posibilidad de una
revisabilidad sin ningún tipo de acotamiento. Cierto tipo de consideraciones meta .- teóricas
como la coherencia, plausibilidad, simplicidad; la utilidad molar ( holística – global)
pueden hacer variar concepciones que habíamos creído a priori, y esta situación es
legítimamente razonable. La aprioridad queda erosionada, nuestras verdades conceptuales
rezuman contextualidad y relatividad. Citando a Putnam: “El hecho de que no se pueda
establecer una dicotomía analítico – sintética filosóficamente útil (porque muchas de las cosas
que los filósofos consideran como verdades conceptuales tienen, en un sentido o en otro,
presupuestos empíricos) no significa que deba abandonarse la noción de `verdad conceptual ´
sino que la verdad conceptual es una cuestión de grado” ( 3.- : `Representación y realidad ´. Trad. G. Ventureira . Gedisa , Barcelona ( 1990 ) ; pág. 202 ) .
En esta nueva tesitura , la controversia en torno a la teoría de la identidad hubo de
tomar otros derroteros léxicos – discursivos. Analizemos la nueva situación con respecto a la
noción de `propiedad ´ Como Putnam nos recuerda, en la tradición una propiedad era
concebida como un predicado, modernamente las propiedades suelen entenderse como
magnitudes físicas. En la primera aceptación, el relato sobre conceptos, las propiedades para
ser idénticas han de constituirse como una verdad conceptual. Así pues, la propiedad
contenida cualitativamente en la impresión sensorial de rojo no puede ser idéntica a la
propiedad física de encontrarme en un determinado estado cerebral neuro – químico. Los
predicados conceptuales de tales propiedades no son equivalentes analíticamente, no son
sinónimos. El relato científico, en cambio, oferta proposiciones del tipo ` la luz es un haz de
fotones ´ ` la luz es la radiación electromagnética entre ciertos límites de longitud de onda ´ .
Estas aserciones identifican la propiedad `luz ´ con la propiedad `haz de fotones ´ o `radiación
electromagnética entre ciertos límites de longitud de onda ´ ; es decir, son la misma
propiedad pero no hay sinonimía, no son lógicamente equivalentes sus predicados, sus
conceptos. La oración `A es luminoso ´ y la oración “ `A es un haz de fotones´ son oraciones

no sinónimas. Con Putnam , `` la diferencia estriba en que mientras para que los predicados P y
Q sean los mismos se requiere la sinonimía delas expresiones `X es P ´ y `X es Q ´ , esta
sinonimía no es un requisito para que la propiedad P y la propiedad Q sean la misma
propiedad. Las propiedades, al contrario que los predicados pueden ser sintéticamente
idénticas ´´ . ( 4.- Putnam , H. : `Razón …´. Ob. cit. pág. 92 ).
Siguiendo este planteamiento sintético, podría argumentarse una identidad entre
propiedades de factura cerebral ( tal y cual estado neural) y propiedades de corte perceptivo
experiencial ( la percepción de una imagen, una cualidad), sin asumir que tal identidad
sintética sea una verdad a priori. En esta línea puede caracterizarse el nuevo enfoque teórico –
funcional ; se trata de pensadores naturalizados en clave no – apriórica, defensores de una
identidad de propiedades de factura sintética y con una concepción de la `verdad ´ realista
dura.
Putnam trata de examinar la plausibilidad del nuevo enfoque funcional
habilitando una conocida experiencia neurológica de laboratorio bautizada como el
experimento de disociación cerebral ( “cerebros escindidos”). Los neurólogos conciben el
cerebro como un sistema cognitivo – funcional semejante a una computadora. Nuestro
cerebro procesa en “mentalés” , un léxico interno - representacional “ a caballo” entre la
publicidad contextual y el innatismo . Cuando nuestro procesador experimenta una
impresión sensorial imprime un enunciado de registro de tal percepción como `color verde
registrado a tal y cual hora ´ . Supongamos que esta es la traducción léxica en el mentalés de
la cualidad percibida visualmente. Ahora bien, del lenguaje privado codificado en el
mentalés ha de pasarse a su expresión pública. El enunciado en mentalés ha de ser
descodificado para ser debidamente retraducido a un léxico público, a un proceso verbal.
Imaginemos que a un individuo se le disocia el cuerpo calloso. Su lóbulo derecho esta
capacitado para la percepción de verde y su registro en mentalés, pero no podría
descodificar tal registro en un lenguaje público porque no posee la función del habla. La
situación quedaría así: el imput o registro de verde queda confinado en el lóbulo derecho,
pero si se interroga a nuestro paciente qué percibe, de qué color es ese algo que ve, contestará
que no puede ver ese algo.

Putnam concluye la improbabilidad de que exista una única cadena causal, más
bien habría de hablarse de una compleja contexturación causal, algo así como una “tela de
araña” de relaciones causales. La cuestión en este experimento de los cerebros escindidos
es que trata los eventos mentales de una forma desmedidamente discreta, las redes causales no
son discretas, no hay algo así como el evento neurológico preciso que se corresponda con tal
y cual percepción sensorial. Loa teóricos de la identidad afirman que la impresión sensorial,
el estado cualitativo en que me hallo cuando percibo una tonalidad de color es idéntico al
estado neurológico correspondiente. Es una cuestión fáctica y no una decisión meramente
convencional el que los caracteres cualitativos de las percepciones sean el encontrarse en
ciertos estas físicos localizables en el sistema cerebral . Los teóricos de la identidad creen que
“la propiedad de experimentar una sensación con cierto carácter cualitativo es exacta y
realmente la propiedad de hallarse en cierto estado cerebral” ( 5.- : `Razón … ´. Ob. cit. , pág.94 ).
Sigamos haciendo neurofisiología discreta con Putnam en los términos de los
teóricos de la identidad. Nos encontramos ante un semáforo en verde, y estamos centrados
en la cualidad subjetiva de rojo. Puede suponerse que experimentar la cualidad de rojo (
subjetiva ) sea idéntica a una amplia disyunción de estados neurofisiológicos. El estado en
que nos hallamos cuando experimentamos una sensación no corresponde discretamente a tal y
cual estado cerebral. Puede suponerse que tal estado sensorial podría identificarse con una
disyunción de estados neurales, pero resulta que la batería de estados neurofisiológicos
disyuntivos que podrían ser idénticos al estado sensorial es poco menos que infinita, la
elección acertada de un estado cerebral `máximamente especificado ´ que constituiría la
propiedad de percibir tal cualidad, es tan improbable como implausiblemente concebible.
Supongamos, con Putnam, que experimentamos la tonalidad de color verde cuando en el
cortéx visual se descargan las neuronas pares. No obstante, sucede que también
experimentamos verde cuando se están descargando las neuronas impares en el córtex visual.
La situación es que cuando percibimos la tonalidad de color verde es indistinguible el si nos
hallamos en uno u otro estado neurofisiológico. Que tal y cual batería neuronal se esté
descargando no sería una propiedad observable, pero el estado sensorial está constituido por
la disyunción de uno u otro estado de descarga neuronal. Sucede que la percepción del verde
surge como una disyunción funcional de propiedades indistinguibles e inobservables en sí

mismas. Siendo esto así, Putnam sigue escudándose en la corrección meta – psicológica de
la teoría de la identidad, la posición implausible es la yuxtaposición teoría de la identidad. -
realismo metafísico de contextura externalista .
Ser un realista metafísico en este campo entrañaría la inconsecuencia onto –
epistémica de no saber qué estado cerebral es idéntico a la experimentación fenoménico –
subjetiva de rojo. Al experimentar una sensación de rojo no existe una co – relación
biunívoca con un estado cerebral especificado. En parágrafo de Putnam : ` ..... si se están
descargando las neuronas pares del área tal y cual , experimento rojo. Pero si el
cerebroscopio dice “No, están descargándose las neuronas cuyo ordinal es un número primo
del área tal y cual “, también experimento rojo. Más no puedo distinguirlos. Están
descargándose las neuronas pares del área tal y cual no es una propiedad observable. Aún
sabiendo que la teoría de la identidad es verdadera, no puedo decir, a partir de mis
sensaciones, que tengo esta propiedad. Llamemos “P1” a esta propiedad y “P2” a la propiedad
de que las neuronas impares del área tal y cual se estén descargando. El estado sensorial es
idéntico a la disyunción (P1 o P2 ) , siendo esta, por supuesto, una tercera propiedad. P1 no
es un estado sensorial y P2 tampoco lo es; solo su disyunción constituye un estado sensorial.
En otras palabras, según esta ontología, la disyunción de dos propiedades que en sí mismas
son inobservables puede ser observable. Lo que experimento como algo dado de forma
simple es sin embargo una complicada función lógica de propiedades inobservables. Esta es
la posición” ( 6.- : `Razón … . Ob. cit. , pág. 95 ).
Reorientamos la posición para intentar salvar estas dificultades teóricas. El léxico
sobre objetos físicos puede concebirse como un léxico (derivado) sobre sensaciones a la
Carnap. Desde esta perspectiva, identificar un estado neuro – fisiológico con un estado
sensorial implicaría modificar nuestro relato sobre propiedades físicas. Dicho de otro modo,
pueden cambiarse las reglas considerando el léxico sobre propiedades físicas como una
derivación del léxico sobre las sensaciones. Un realista de factura metafísico – externalista
con respecto a las sensaciones defendería la identidad como algo estipulado, como una
convención semántica. En tanto el léxico sobre objetos y propiedades físicas es una
derivación flexibilizada y no intensiones prefijadas sino una descripción de textura abierta, no
emana la dificultad concerniente a la identificación de un estado sensorial con una propiedad

determinada y no con otra cualquiera. En esta tesitura , estipular la identidad como una
“especificación de significado” es perfectamente legítimo en tanto preside la ambigüedad en
la definición de lo que constituiría una propiedad. Sin embargo, un realista externalista cree
en la existencia de un entorno material bien definido y no meramente derivado de un léxico
sobre sensaciones, algo relativamente flexible. Este realista metafísico como dice Putnam, es
: “Alguien que realmente crea que hay propiedades físicas, y que sostenga que expresiones tales
como `Se están descargando las neuronas en tal y cual canal ´ son predicados que definen nuestras
propiedades físicas, y que cualquiera de estas propiedades o bien es idéntica a este estado sensorial o
bien no lo es” ( 7.- : ` Razón … ´ . Ob. cit. , pág. 97 ).
Existen teóricos de la identidad no realistas metafísicamente duros a la Carnap
que presuponen una teoría de identidad como una “estipulación de significado”. Pero un
realista duro no puede adoptar algo así como esta convención semántica. Lo que afirma es
que una propiedad psicológica como experimentar una impresión sensorial es una propiedad
neurofisiológica determinada y no otra cualquiera; de modo similar a como se ha descubierto
que el agua es H2O o la luz es un haz de fotones. El teórico de la identidad realista radical
afirma que experimentar una sensación es “exacta y realmente” un evento neural acaecido en
el córtex visual. Sin embargo, el experimento de la disociación cerebral de los neurólogos
trataba de mostrar un individuo con sus lóbulos cerebrales disociados y en esta situación
contrafáctica sucede un evento en el cortex visual, pero no hay posibilidad de que tal registro
o imput sensorial llegue hasta el centro del habla, con lo que nuestro paciente no puede
atestiguar percepción alguna. Si se aplica a tal experimento el “criterio de sinceridad en los
informes verbales” el resultado es que el individuo en cuestión no ha experimentado tal
impresión sensorial. Los realistas radicales no admitirían esta hipótesis como válida para
confutar su teoría porque lo que se nos ofrece es una situación bastante peculiar de
observadores anómalos. Olvidan estos teóricos la relevancia de la noción de
“indistinguibilidad observacional” en los esquemas conceptuales que hablan sobre el espacio
– tiempo. La teoría de la relatividad admite la posibilidad de diferentes espacio – tiempo, en
tanto sus propiedades topológicas globales son distintas, en los que sus observadores en
condiciones normales compartirían experiencias idénticas. El constreñimiento meta – teórico
de simplicidad no resolvería la situación porque la teoría de Einstein no afirma que nos
.
hallemos en el espacio – tiempo más simple de los autorizados por la relatividad general.
Expresado con Putnam: “La dificultad consiste en que existen teorías de la identidad
observacionalmente indistinguibles, y con ello quiero decir que son teorías que conducen a las
mismas predicciones con respecto a la experiencia de todos los observadores que se halle en
condiciones normales” ( 8.- : `Razón … ´. Ob. cit. , pág. 98 ).
Un hábil neurofisiólogo podría reconstruir el experimento de los cerebros
escindidos bajo el supuesto de que experimentar una sensación va necesariamente asociado a
que suceda, se dé un registro sensorial hacia el centro del habla. El sujeto con su cerebro escindido
afirma con sinceridad que no ha experimentado una sensación, pero si le donamos de nuevo
la unidad cerebral diría que sí ha experimentado tal y cual sensación, aunque recuerda con
perplejidad su anterior respuesta negativa. Las respuesta del paciente, sus informes verbales
no pueden demostrar que cierta sensación se engarce al suceso neural que registra un imput
sensorial hasta el centro del habla. Aún así, podría mantenerse que la sensación es un imput
o registro sensorial hasta el centro del habla diciendo que en el paciente se produce un evento
psicológico, el recuerdo de haber experimentado una sensación pero puede negarse que tal
sensación se hubiera dado en la situación inicial. Lo que sí sucede en uno u otro enfoque es
que el sujeto recuerda su experiencia anterior, el sujeto puede recordar afirmativa o
negativamente la experiencia de haber percibido tal y cual sensación. Putnam enfatiza el
hecho de que sobre esta situación no hay acuerdo en el campo neurológico. Algunos
especialistas afirman que el lóbulo derecho de un sujeto con el cerebro disociado sería
consciente, con lo que habría una impresión sensorial de cierta tonalidad de color y no se
daría ningún registro o imput hacia el centro del habla. Estos neurólogos afirman que la
conciencia se ubica en los dos lóbulos cercenados. Sin embargo, otros presuponen una
unidad de la conciencia que no quedaría confutada en una situación contrafáctica en que se
han seccionado los lóbulos cerebrales de un paciente, y uno de ellos simularía un
comportamiento consciente, no hay para estos neurólogos dos lugares conscientes.
La elección entre ambos esquemas conceptuales no se resolvería habilitando
constreñimientos de simplicidad. No se da ningún tipo de simplicidad relevante exclusivo de
la teoría unitaria que no pueda hallarse en el esquema conceptual de los dos lugares de
conciencia, y a la inversa. Existen teorías de la identidad indistinguibles

observacionalmente, el teórico de la identidad, no puede cerciorarse de la cuestión que le es
onto – epistémicamente crucial : qué estado cerebral es el idéntico, el correlacionado, con
tal u cual estado sensorial. Lo que sucede en este asunto es lo que Putnam tilda de una
“tendencia obsesiva” hacia una postura realista radical: “Si el caso no nos tocase tan de cerca,
si no tuviésemos una tendencia tan acusada hacia el realismo metafísico con respecto a las
sensaciones, ¿ No estaría más de acuerdo con nuestras intuiciones metodológicas considerarlo como
un caso a legislar, en vez de una cuestión sobre la que disputar?” (9.- : `Razón …´ . Ob. cit. , pág. 125 ).
El tema suscita grandes controversias , verdaderas pasiones y genera “ríos de
tinta” en los que salen a la palestra nuestros ejemplos y contra ejemplos sobre el particular.
Los murciélagos y su peculiar forma de orientarse en el mundo natural no se han librado a la
hora de testificar en los juicios realistas. ¿ Cómo perciben estos mamíferos? ¿ Su forma de
percepción puede o no puede ser imaginada por nosotros, los seres percipientes humanos?
Estos mamíferos alados están capacitados para percibir sonidos muchos más agudos que
nosotros. En este sentido, sería difícil imaginar como percibe un individuo que experimenta
sensaciones de localización mediante el eco. Uno de los muchos discursos psicológicos
sostiene que los “ sense data” experimentados por este mamífero son esencialmente
desemejantes a nuestras impresiones sensoriales son “ inimaginablemente distintas” . Otros
relatos sobre murciélagos defenderían que tal conclusión es implausible. Algunos qualia de
los murciélagos pueden ser distintos a los qualia humanos, en la misma medida podría no
imaginar las sensaciones de otro ser humano, pero de aquí no se deduce que su topología
psicológica sea profundamente desemejante. Según estos psicólogos es legítimo pensar que
no hay una diferencia esencial en el modo de sentir entre un mamífero como el murciélago y
un ser humano.
Planteemos con Putnam la disputa en términos neurofisiológicos. Un murciélago
cuenta con una estructura y una cantidad de neuronas distintas a nuestro sistema neuro
cerebral. Según esto, el estado neural del murciélago que sería idéntico a su estado sensorial
sería físicamente distinto al estado neuro cerebral en que se hallaría un ser humano ante el
mismo qualia que ha percibido el murciélago. Es posible que ante una impresión sensorial
roja el cerebro del murciélago procese un imput codificado como una propiedad de
disyunciones P1 o P2 ... Pn, donde P’1 y P’2 ... o P’n , donde las propiedades disyuntivas

también se encuentran especificadas máximamente. Con esta suposición pueden vertebrarse
dos teorías sobre la percepción de los qualia en ambos sistemas neuro cerebrales. La primera
teoría identificaría el qualia rojo del murciélago con la propiedad de disyunciones; sin
embargo el rojo percibido por nosotros se identificaría o se correlacionaría con una propiedad
de disyunciones distintas. Una segunda teoría correlacionaría identificaría ambas
percepciones del quale rojo con la propiedades de disyunciones P1 o P2 ... o Pn o P’1 o P’2
... P’n con lo que la cualidad de rojo sería la misma experiencia sensorial en ambos sistemas
neurales.
Estamos ante una nueva situación en que no podríamos optar por uno u otro
esquema conceptual de acuerdo con máximas metodológicas relevantes de simplicidad, ni
atendiendo a claves empíricas , se trata de teorías observacionalmente indistinguibles. La
preferencia racional entre una y otra teoría debería hacerse gravitar sobre ciertos principios
que, a su vez, serían estándares aceptados en consenso de forma crítica. La elucidación
discursivo – racional de tales principios es una cuestión a legislar, y no algo sobre lo que
disputar como si tales principios existieran independientemente de nuestras consideraciones.
Habíamos supuesto que el quale producido al observar un objeto rojo por un ser humano era
idéntico o correlativo a un estado funcional, un estado neurofisiológico, máximamente
especificado, en que se señala la cualidad rojo físico - objetiva. No obstante, si somos
observadores en los que se ha producido una inversión del espectro de colores tal como lo
interpreta Putnam, hay un sentido relevante en que la impresión sensorial de verde se traduce
en la función de señalar el quale rojo objetivo. Sucede que la impresión sensorial de la
tonalidad de color rojo no es idéntica a una compleja función de propiedades funcionales no
discretas. Sucede que el entorno no puede decidir cómo caracterizar mejor los qualia (
disyunción de propiedades físicas o conjunción de propiedades funcionales) Una vez más el
mundo, en su imposibilidad de dicción léxica – gnósica se deja plásticamente legislar, no
prefiere porque no puede preferir. Reconstruyamos ahora con Putnam los siguientes casos.
En primer lugar, supongamos que nuestra mesa de cocina con la propiedad Pme perciba
cualidades del entorno, cuenta con impresiones sensoriales de rojo. Su “estado mental real”
(perdónese la arriesgada metáfora) vendría dado por la disyunción de propiedades P1 o P2 ...
Pn o P’1 o P’2 ... P’n ... P’n ... Pme . La gracia, la curiosidad de esta alocada situación es que

no puede ser rechazada sobre datos experimentales atendiendo a los patrones estandarizados.
Hemos creado ( irónicamente ) un esquema conceptual tan indistinguible observacionalmente
como los anteriores. Rechazar este esquema conceptual de acuerdo con una máxima
metodológica que reclama razones para la atribución de propiedades a ciertos objetos físicos,
significa considerar tal esquema falso, no que no sea verdadero si somos realistas duros –
externalistas. Ser realista metafísico de factura fisicalista significa aceptar que al menos un
objeto físico ( el ser humano) tiene impresiones sensoriales, cómo desechar la afirmación de
que en todo objeto físico sucede real exactamente lo mismo que en el objeto – físico
humano. Para un pensador de esta perspectiva las impresiones sensoriales son objetos
físicos ( metafísicamente reales) no podría particularizarse un quale para el ser humano por
que se da algo en el propio quale que le exige protagonizar tal rol funcional específico en los
seres humanos.
Supongamos, ahora, que una institución o un país experimenta una sensación de
dolor que estaría correlacionada con estado funcional ( o si se refiere sería idéntico a tal
estado funcional). Es decir, la Iglesia siente realmente dolor o Inglaterra. Este caso puede
equipararse a otro en que se comparar el sistema funcional de un androide y el de un ser
humano, ambos estarían organizados funcionalmente de la misma forma, solo que el
androide cuenta con menos presencia de hidrógeno y carbono en su sistema cerebral. Podría
afirmarse , entonces un nivel consciente idéntico en androides y homo – sapiens. La
réplica al argumento es que de la identidad, supuesta, de la organización funcional en ambos
sistemas no puede deducirse una atribución de predicados como el de consciencia. Las réplicas
y contrarréplicas podrían sucederse hasta el paroxismo. La atribución de conciencia a un
androide positrónico o hidra-cefálico, o como quiera que lo bauticemos, podría ser extendida
a un ente institucional como la Iglesia o cualquier nación, la cuestión es que el ser humano y
un país aunque cuentan con funciones semejantes, no cuentan con idéntica organización
funcional, tampoco la tendría nuestro increíble androide. El interrogante es por qué se
atribuye dolor a los animales, incluso a un insecto, y por qué no a nuestro androide o a la
Iglesia.
Todas las cuestiones examinadas por Putnam gravitan en torno a la naturaleza
cualitativa de las impresiones sensoriales. Los qualia han sido objeto de análisis en la

tradición psico-filosófica y, aún, hoy juegan un relevante papel en los círculos de
pensamiento. La cuestión clave es hacernos cargo de algo sobre lo que Nelson Goodman ha
hecho hincapié apoyándose en los experimentos psicológicos de Paul Kolers .
Nuestras experiencias perceptivas se encuentran
mediadas conceptualmente,, el haz terminológico del léxico ejercitado modela, en cierta
medida, nuestras percepciones. Recurramos, una vez más, a las alusiones de Goodman sobre
las experiencias de Kolers. Kolers ha mostrado de qué modo algunos individuos eran
incapaces de percibir el movimiento aparente; otros, en cambio, sí percibían este peculiar
movimiento (irreal) aunque la forma de percepción de tal evento era altamente desemejante
dependiendo de diversas circunstancias. Supongamos que uno de nuestros sujetos
percipientes ha adiestrado magistralmente en la diferenciación entre un movimiento aparente y
un movimiento real. Este observador afirmaría haber apreciado dos puntos de luz carentes,
aunque la mayoría de los observadores hayan percibido un único punto de luz en movimiento.
Nuestro adiestrado observador es capaz de percibir en los destellos luminosos dos sucesos
físicos no – relacionados. Después del experimento podría preguntársele cómo describiría lo
que ha visto, su respuesta especificaría una percepción en que dos puntos de luz muy
próximos y estáticos brillaban en un corto intervalo espacio – temporal. Nuestro observador
ha conceptualizado el resultado de su percepción en términos fisicalistas, y lo que Kolers
parecía perseguir era una descripción en clave fenoménico – perceptiva. Según Goodman,
debería de habérsele constreñido a un tipo de léxico concreto para evitar confusiones. Al
restringir el universo de discurso a nuestro adiestrado observador, le obligamos a que
describa los hechos de una determinada forma, a que los reconstruya y confeccione de forma
fenoménica con lo que la burda identificación de lo perceptivo con lo aparente y de lo físico
con lo verdaderamente real pierde todo sentido, resulta ser una bifurcación inoperante. En
este contexto queda mostrada la inutilidad de mantener que el ejercicio de un léxico
fenoménico – perceptivo es una forma ambigua y confusa de referirnos a los hechos físicos y
de que un discurso fisicalista es una versión distorsionante y artificial de los hechos
fenoménicos. En esta línea de argumentación Goodman afirma que ambas versiones, ambos
léxicos describen los mismos hechos; pero los hechos no son un soporte independiente de los
términos que empleamos sobre los que se hable de una u otra forma. No hay, no existen

entidades separadas llamada hechos o significados. Con palabras del propio Goodman: “De
la misma manera que a veces no está ahí el movimiento de un punto a través de una pantalla, ya sea
como estímulo o como objeto, así también tampoco están ahí en la percepción los destellos estáticos
que hemos referido. A lo que hemos estado asistiendo es a algunos sorprendentes ejemplos de cómo
la percepción construye sus propios datos”. (10.- : `Razón …´. Ob. cit. , pág. 106 ).
Putnam está replanteándose la postura realista externalista con respecto a los
qualia. Los realistas duros y/o metafísicos han de afirmar que los qualia son reales, más
aún, los qualia son el ejemplar paradigmático de universal. Un universal representa una
batería de objetos semejantes, en esta tesitura, un quale sería un primitivo epistémico,
equivaldría a una semejanza cualitativa entre percepciones de percipientes, constituiría un
modo de semejanza primitiva entro objetos. Los universales, los qualia han, pues, de estar
bien definidos. Desde la perspectiva externalista el carácter cualitativo esta perfectamente
definido, esto significa que los qualia son independientes de sus roles funcionales, no hay
una conexión necesaria entre qualia y sus roles funcionales .
Si esto es así surgen las voces escépticas y se plantea
como un interrogante posible (lógicamente posible) si la Iglesia puede sentir dolor, si los
muebles perciben qualia como nosotros, si los murciélagos ven lo que nosotros vemos.
Desde un posicionamiento internalista como el de Putnam no ha lugar a esas
cuestiones. Los qualia no son nociones bien definidas, pero esto no ha de llevarnos a negar su
existencia. Las nociones pueden estar preñadas de vaguedad y, sin embargo, sus referentes
ser cristalinos. Es una cuestión de sentido común, el que no se precise acudir a los roles
funcionales cuando percibo una tonalidad de rojo y una tonalidad de verde se
experimentan dos sensaciones diferentes. Si experimento una sensación de amarillo, y
después otra sensación de amarillo, salvando vaguedades y contrafácticos posibles,
experimento una misma sensación de amarillo en dos tiempos diferentes. La semejanza o
desemejanza del carácter cualitativo puede quedar definida en cierta medida. “Pero para
alguien que mantenga una perspectiva internalista con respecto la verdad, no se sigue que tenga que
cuestionarse en todos los casos si dos sensaciones ( ni siquiera dos eventos arbitrarios) son
cualitativamente semejantes o no” (11.- : `Razón …´.Ob. cit. , pág, 108 ).
Un realista metafísico afirma la realidad de los qualia, tal y cual carácter
cualitativo referido a un universal bien definido a una propiedad bien definida de aconteceres

metafísicos discretos. Bajo el enfoque de Putnam , esto le arrastra a tener que considerar
contrafácticos tan absurdos como el de si una roca experimenta una sensación
cualitativamente semejante a la de los seres humanos. No hay una batería nouménica de
hechos, algo así como la realidad misma vista en escorzo perceptivo. Solo hay hechos
humanamente triviales: Las entidades inanimadas como las rocas en nada se parecen a los
seres percipientes. “Nuestro mundo es un mundo humano, y la respuesta o qué cosas son
conscientes o no, o a qué cosas experimenta sensaciones o no, o a que cosas son cualitativamente
semejantes o no, depende, en última instancia, de nuestros juicios humanos con respecto a la
semejanza y la diferencia” (12.- : `Razón …´. Ob. cit. , pág. 108 ).
De acuerdo con Putnam, tanto la grey co-relacionista como los paladines de la
identidad psico-física en filosofía de la mente son pasibles de las mismas objeciones onto
epistémicas vertidas por los autores escépticos de todas las épocas. Casos como los aludidos –
si las mesas están dotadas de sense data (qualia), si los murciélagos comparten idénticas
sensaciones cualitativas (qualia) que nuestra especie, si las instituciones o los países sienten
dolor...- afectan a los pensadores externalistas (realistas metafísicas reduccionistas de tipo
fisicalista). Tal afección opera sobre la meta – representación de sus posiciones teóricas,
para un externalista la realidad no – conceptualizada fundamental y fundamentante eran los
qualia. Tales fragmentos objetivos eran concebidos como universales; esto es, modelos que
nos permitirían juzgar si dos sensaciones subjetuales comparte o no semejanza o identidad de
un modo epistemológicamente simple. En tal tesitura, como subraya Putnam, la
simbolización, la definición de tales qualia ha de ser cristalina para poder superar las dudas
escépticas y asertar, sin temor a equivocaciones, tal evento es el tal y cual quale
(máximamente especificado) Dada la no- dependencia (contingencia) de los qualia con
respecto a sus roles funcionales, los realistas dogmáticos externalistas se enfrentan a la
posibilidad lógica de no estar en condiciones de demostrar, por ejemplo, que mi bolígrafo no
tiene baterías cualitativas.
Aún admitiendo, lo expuesto por Putnam como críticas escépticas a la comunidad
fisicalista, la vaguedad semiótica a la hora de representar los qualia, tales objetos son,
siguen siendo, un soporte entitativo de cuya existencia no logra desembarazarse durante
algunos años más en la evolución de su internalismo a un realismo de sentido común.

Podríamos aseverar que Putnam está reproduciendo , ejercitando conscientemente,
la polémica entre autores defensores de la concepción sensista en psicología y autores
gestaltistas de raigambre fenomenológica. La identificación de Putnam propiedades
psicológicas - propiedades funcionales, en esta era de su transición reflexiva, se presentaba
como una concepción monista naturalizada pertinente para afrontar las cuestiones onto –
epistémicas derivadas del vetusto problema mente – cuerpo. Ahora bien, un funcionalismo
como el de Putnam trata de mostrar cómo el cerebro de la
especie humana, molecularmente considerado, neuro-bio-químicamente caracterizable se
encuentra capacitado para desarrollar molarmente funciones no-físicas; en otros términos, el
cerebro cuenta con propiedades funcionales no definibles en términos neuro-bio-químicos.
Los problemas funcionalistas, junto con la inclinación de Putnam a concebir los eventos
psicológicos como “eventos físicos funcionalmente caracterizados”, brotan en el momento
mismo en que se pretende acotar una identificación entre una sensación molecular de rojo,
por ejemplo y su papel funcional. La grey de autores sensista definía la experiencia como el
resultado de una composición asociativa de qualia, elementos, datos, simples constituidos
por las propiedades intensidad, cualidad, extensión y duración; tales unidades sensitivas
aisladas no formaban una gestalt, una estructura, un significado. Las estructuras, los objetos
en y de la experiencia eran constructos originados mediante una determinada composición de
qualia. El carácter no- estructural, no intensional de los qualia trata de modelarse y/o
reducirse a estimulaciones sensoriales fisiológicas que inciden sobre un tejido anatómico
receptor. De acuerdo a la concepción sensista .. ` era la multiplicidad de células receptoras que
componen un tejido sensorial, junto con los paquetes de fibras nerviosas que proceden de dichas
células, las que se estaban tomando como patrón de las cualidades psíquicas de la experiencia, como
si hubiese una correspondencia biunívoca –uno-a- uno- entre los elementos anatómico – fisiológicos
de estímulo sensorial y las cualidades psíquicas experienciadas- o conscientes” (12.- : Brunswik , E. : `El marco conceptual de la psicología ´. Trad. J. B. Fuentes Ortega . Editorial Debate , Madrid 1989 , pág. 15 ).
No obstante, fenomenólogos y gestatistas demostraron la falsedad de la
representación sensista de la experiencia. El dato que se nos presenta en la experiencia es una
estructura configurada, un fenómeno molar con sentido psicológico puesto que las
estimulaciones fisio-lógicas ya no son datos de la experiencia. Si tal es el caso, tanto plantear
cómo co – relacionan o se identifican qualia con sus propiedades funcionales, como definir

tales datos sensitivos como una disyunción de propiedades del tipo `experimentar un quale
rojo es idéntico a tener las propiedades P1, o P2 o P3 ... o P3 ´, no nos parece que permita a
Putnam superar un plano reductivo – funcionalista, que no es sino una variación fisicalista
de la teoría de la identidad, en donde el genuino campo epistemológico de la construcción de
la ciencia psicológica no puede operar, en un ámbito fenomenológico- conductual de
estructuras molares intensionales.
La aproximación funcionalista, aunque de forma intuitiva ejercita logros
gestaltistas y, pre-analíticamente, insinúa una aproximación del significado de las constancias
perceptúales y del principio de funcionamiento vicario, aún encapsula a Putnam en su
herencia realista científica, mal tildada de realismo interno, ya que su pretensión, la auto-
representación de sí en esta época de su reflexión, era “pintar” un realismo pragmático que
pudiera diluir falencias doctrinales de un posicionamiento externalista extremo. Sin embargo,
más que diluir la dicotomía sujeto – experiencia de un quale rojo - objeto – función lógica de
propiedades funcionales - la reproduce mediante su aproximación funcionalista al problema
mente – cuerpo. Resulta pertinente el que recordemos el significado del principio de la
constancia perceptual aproximada del objeto; esto es, las propiedades fenoménicas ( las
propiedades de los objetos percibidos) co – relacionan de forma casi invariante en relación
con las propiedades físicas de los objetos físicos distales, pero no co-relacionan con las
propiedades físicas de las estimulaciones proximales que inciden sobre la superficie
receptora. En esta co – relacionalidad, propiedades percibidas - propiedades físicas, las
múltiples estimulaciones proximales fisiológicas y la distancia entre objeto físico y sujeto
percipiente, es irrelevante para que tales co – relaciones preserven una constancia
relativamente invariante. No sabemos de qué otra forma habérnoslas con la pretensión
putnamiana, más metafóricamente hegeliana que kantiana, de triturar la dicotomía sujeto –
objeto sino asertando que la percepción lo es de la realidad objetiva, como en posteriores
textos defenderá nuestro lúcido autor. Más aún, la percepción es un tipo de conducta, es una
respuesta perceptual, desde los hallazgos gestaltistas de las constancias perceptúales hasta la
noción conductista de funcionamiento vicario puede apreciarse una perfecta simetría de cara o
no reducir perceptos (fenómenos percibidos) a eventos fisiológicos. En otros términos más
plásticos: ` ... del mismo modo a como ... la mencionada multiplicidad variable de estimulación

próxima y la distancia respecto del observador resultaban ser irrelevantes ( relativamente ) respecto
del logro cognoscitivo perceptual, también ahora, co – relativamente, la multiplicidad variable de
rutas musculares de ejecución, cuando se la considera dada en un plano fisiológico análogo al de la
estimulación próxima – o sea, como una multiplicidad de fragmentos musculares fisiológicos de
reacción- resulta ser, asimismo irrelevante respecto del logro conductual común. El funcionamiento
vicario ocurre, en efecto, tanto en los logros conductuales como en los logros perceptúales: en ambos
casos tenemos que para que se alcance un logro ( sea el logro perceptual, sea el logro conductual) es
menester, sin duda, contar con la mediación de una multiplicidad variable de “medios” o “rutas”
fisiológicas (sea la multiplicidad de la estimulación proximal que incide sobre un tejido periférico
receptor, sea la multiplicidad variable de reacciones musculares fragmentarias que ejecuta un órgano
muscular efector), mas de tal modo que dicha multiplicidad variable funciona vicariamente, esto es,
resulta mutuamente intersustituible o equifuncional con respecto del logro general común alcanzado a
través de semejante mediación fisiológica vicaria ´ (14.- :`Brunswik , E. :`El marco …´. Ob. cit. , pág 23 ).
Hemos esbozado estas contribuciones fenomelógico – gestaltistas y conductuales
porque, como tendremos ocasión de comprobar, irán surtiendo efecto en los tránsitos
graduales de Putnam en sus textos posteriores, ya sean explítamente reconocidos – lo
funcional no es s ino conductual - Conferencias Whidden 1987- o ya sean implícitamente
ejercitados - “las experiencias que tenemos son experiencias de tazas, puertas, gatos,
personas montañas y árboles” .. Conferencias Josiah Royce 1997 -tránsitos, decíamos,
desde sus orígenes externalistas hasta su posicionamiento realista de sentido común, en el que
la teoría sobre los qualia es diluida de tal forma que la figura realista defendida por Putnam
queda tan desdibujada que nos posibilita interpretar una nueva imagen realista divorciada de
todo “arraigo realista”: un divorcio onto – epistémico tal reproduce una nueva figura, tan
irreconocible como fragmentada de las pretéritas figuras realistas.

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