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Morgana Parte I - Historia propia

Apenas era un niño el día que se conocieron, aquel día fue con su familia al cementerio de la ciudad para visitar la tumba de un amigo de sus padres, quien hacía poco había fallecido. Mientras ellos caminaban recordando las cosas buenas del difunto, su único hijo observaba asombrado la arquitectura del lugar, la cantidad de nichos cuyo número le parecía infinito y sin darse cuenta se iba alejando de sus padres.


Cuando quiso darse cuenta, estaba perdido en medio de un laberinto de tumbas, flores marchitas y velas apagadas, se sentía asustado, preocupado, hasta desesperado y al no ver cerca a sus padres tuvo ganas de llorar. Camino desorientado con la esperanza de encontrarlos, pero era inútil, cada paso que daba lo alejaba un poco más de sus padres. Esto era muy peligroso, puesto que el cementerio en cuestión es muy grande, fue usado desde los tiempos de los primeros habitantes que llegaron a esa tierra y seguirá funcionando y creciendo hasta siempre, si alguien muere y sus restos son enterrados allí, nadie profanara o intentara siquiera dañar la tumba, pues hacerlo significaría ganarse el desprecio de todas las almas que descansan en el camposanto y nadie quiere eso, por este mismo motivo el cementerio creció y creció hasta volverse una volverse una verdadera necrópolis.


Después de esta explicación, se entiende por qué el niño se sentía así, después de lo que le parecieron muchas horas empezó a asimilar la idea de que si una persona adulta no lo encontraba pronto, terminaría como el amigo de sus padres y posiblemente junto a él descansando y acompañándose durante toda la eternidad.


Había llegado a cierta parte donde estaban los pabellones más antiguos del siglo anterior, para su buena suerte, diviso sobre uno de estos a una joven sentada que parecía absorta en sus pensamientos, era muy blanca, su cabello liso y negro le cubría toda la espalda, llevaba como única vestimenta un vestido blanco y de diseño simple aunque anticuado. Él se sorprendió de su blancura y de encontrarla subida sobre aquel sitio, aun así se alegró de encontrarla pues sabía que se salvaría.



-Hola, me he perdido de mis padres hace muchas horas, podrías ayudarme por favor –dijo él casi gritando para que ella lo escuche.


Ella volteo a mirarlo con curiosidad, realmente no podía creer que alguien la pudiese ver.


-Está bien – respondió con una voz apagada –pero tienes que pensar muy bien en a quien le pides ayuda, pues yo a cambio de salvar tu vida exijo como paga la misma vida que salve.


-No entiendo muy bien las cosas raras que hablas y pides pero te daré lo que quieras, no ahora pero lo hare el día que pueda hacerlo, solo ayúdame.


Ella sonrió pues el niño había pronunciado las palabras que ella quería escuchar y como es bien sabido una vez que alguien dice algo, no se puede retractar ni cambiar lo ya dicho.


-Mi nombre es Morgana, no importa si no lo recuerdas ahora, pues con el tiempo no lo olvidaras, tampoco olvides que cuando vaya a buscarte notaras mi presencia, descubrirás la manera de hacerlo. – dijo ella, mientras saltaba y caía de pie sobre el piso.




Caminaron juntos y en silencio, ella conocía muy bien el cementerio, lo condujo a la puerta principal del mismo, una vez ahí Morgana se despidió y huyo rápidamente internándose nuevamente en el laberinto de donde acababan de salir.


Un guardia lo encontró y dio aviso a los padres quienes estaban buscándolo desde hacía mucho rato, una vez reunidos nuevamente agradecieron al guardia y fueron a casa, sus padres no le castigaron pues sabían que no se había perdido intencionalmente, solo le hicieron prometer que no volvería a separarse de ellos ni en el cementerio ni en ningún lado, su hijo les conto que una señorita llamada Morgana era quien lo ayudo conduciéndolo a la salida, omitiendo el resto de la historia pues era posible que no le creyeran.


Lo ocurrido y Morgana fue rápidamente olvidado por los padres, sin embargo el niño siempre se preguntaba por el paradero de su salvadora, creyendo que ella estaba bastante lejos sin sospechar que realmente podía estar muy cerca, y este resulto ser el caso.
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