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Morgana Parte II - Historia propia

“Si alguien muere y sus restos son enterrados en el cementerio de cierta ciudad, el alma de esa persona puede estar tranquila pues sabe que descansará en paz y que no importa si fue la mejor persona o la peor, nadie intentará hacer algo contra su tumba pues hacerlo significa ganarse el desprecio de todas las almas que reposan en el camposanto y nadie quiere eso. Los vivos deben solucionar sus problemas con otros vivos, si tienen algo pendiente con un muerto deben esperar a estarlo también, ya tuvieron la oportunidad de arreglarlo cuando ambos vivían y si no lo hicieron es su problema.”


Así reza una vieja historia sobre un gran cementerio ubicado en cierta ciudad, aunque no necesariamente se cumpla lo que dice pues es sabido que al menos una vez esta ley fue violada, tal vez por el odio, el desconocimiento, la incredulidad o la falta de respeto. De todas formas esta persona o personas recibieron un castigo proporcional a su culpa. Un caso de esta índole, quizá el único, ocurrió hace más de un siglo. Este fue el caso de una niña llamada Morgana, ella llego al camposanto cuando faltaban unos cuantos años para empezar el siglo anterior.


Los muertos nunca olvidaran cuando ocupados en sus asuntos de muertos vieron llegar a una niña pequeña (aunque se notaba que ya tenía cierta edad), muy sucia, delgada y harapienta. No era familiar de ninguno de los habitantes de la necrópolis, lo sabían porque los muertos están al tanto de todo lo que ocurre en el mundo de los vivos, les concierna o no, total la curiosidad no se acaba ni con la muerte, es un mal muy problemático la curiosidad. Pues bien, los muertos estaban tan curiosos por la llegada de la niña que muchos se materializaron para poder verla mejor y hablar con ella, aunque los muertos pueden hablar y comprender todos los idiomas, ninguno pudo establecer una comunicación con la niña, y eso que ella podía verlos e incluso parecía entender lo que ellos querían decirle, emitió unos cuantos ruidos pero todos se dieron cuenta que era inútil, entonces la niña los ignoró y se adentro en el cementerio dejado atónitos a todos.


En el transcurso de los días la niña se volvió el único tema de conversación entre los muertos, algunos incluso salieron con la intención de averiguar algo más sobre la niña pero todo fue en vano, ni otros muertos ni vivos pudieron aportar nada acerca de ella. Mientras tanto Morgana, que así era como se llamaba la niña aunque aún mas adelante se enterarían, se instaló en el cementerio para vivir lo cuál escandalizó a los residentes. Nunca se había visto y nunca más se vería tampoco que un vivo viviese en el cementerio, era inaudito, los vivos construyen hogares para cuando están vivos pero también construyen sitios para cuando ellos u otros se mueren, entonces por qué una viva va a vivir en el lugar en el que viven los muertos (o descansan, pero a ellos les gusta la idea de que siguen vivos después de la muerte y puede que tengan razón).


Mientras todos discutían sobre el problema, Morgana se había acostumbrado completamente a su nuevo hogar, dormía arriba de las tumbas en verano y se refugiaba dentro de las más grandes en el resto del año, comía lo que encontraba, como hay árboles frutales y otras plantas con frutos comestibles y algunos familiares dejan ofrendas de comida a sus seres queridos, ella no se moría de hambre pero podía hacerlo por cualquier otro motivo, de todas formas la higiene era algo que hacia mucha falta a la pobre niña y no era lo único de lo que carecía.
Fue pasando el tiempo y aunque la viva se había ganado el ya mencionado desprecio de los muertos, estos sabían que no era su culpa del todo y por eso sentían mucha lástima al mismo tiempo. Asimismo tampoco podían decidirse sobre si la querían viva o muerta, sabían que tarde o temprano ella se volvería una de ellos pero que viva un poco más no estaría mal pero eso implicaba que sufriera mas tiempo. Una mañana mientras el alma de quien en vida fue Don Sacramento B. paseaba cerca de la tumba de su tatarabuelo encontró al cadáver de la niña acurrucado en un nicho como si durmiera, supo que estaba muerta por dos motivos principales: el primero y según él el más importante, como llevaba muchos años muerto sabía y sabe reconocer rápidamente a un vivo en la plenitud de su vida, a un vivo que pronto dejara de estarlo y a uno que ya lo dejó, es decir a un cadáver. Y el segundo motivo era que el alma de la occisa lo miraba fijamente desde unos metros más allá del que había sido hasta hace poco su cuerpo.


Don Sacramento supo entonces que aquella noche todas las almas se reunirían en concejo para tratar un tema importantísimo, además como él había encontrado el cuerpo era su familia la que debía darle cristiana sepultura. Sí, tendría que decírselo a su nieta más tarde, lo haría presentándose en su sueño de la siguiente noche cuando supiera cual es el nombre con el que enterrarían a la desdichada, felizmente su nieta era una gran persona. El viejo espíritu cogió de la mano a la joven alma de la niña, esta entendió y se alejaron en silencio.
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