About Taringa!

Popular channels

Nena de 10 años "Ortega es un pedófilo"

Todo lo que contiene este testimonio es la verdad y nada más que la verdad, evidencia de una vida coartada y la depravación de un hombre que fue el protagonista de una revolución social y política, el Presidente de la República y actual líder del principal partido de oposición (HASTA el 2007, y en 2011 PRESIDENTE reelecto DE NUEVO!).


La luz que busco es en la verdad, y el coraje de reconocer la vida que se impuso y poner la frente en alto, a pesar del dolor, para decirle al mundo que mi sobrevivir ha significado un tortuoso camino que no termina todavía. Tuve que bucear en lo más hondo de mis fragilidades y secuelas para ganar fuerza, y ​​la inspiración que necesito para enfrentar mi realidad y abrir nuevos capítulos de mi existencia.


La existencia en mi pasado era la de un alma profundamente sacudida, pero resistente a la muerte. La luz no es una mentira, en silencio, en el sometimiento del espíritu, la cobardía y la complicidad, es no en la aberración de doble moral o la condición humana. Por lo tanto, con plena conciencia y determinación de mi misma, tengo que llevar a cabo un acto justo y coherente de la liberación total de todas las prisiones en mi vida, y decir con el peso del sufrimiento incalculable que las mujeres y los hombres y las nuevas utopías de una sociedad justa plenamente, que han sido traicionados por aquellos que tienen un gran poder, que han cometido abuso sexual, físico y psicológico contra la humanidad de una mujer en su infancia, y que me adoptó como hija.

Desde el 2 de marzo de este año, he declarado una cruzada para reconquistar mi verdadera identidad y la dignidad de las mujeres y el ser humano integral. Para mí, en esta etapa crucial de mi vida, no hay ninguna reclamación en el mundo más importante que el encuentro con mi propio ser.

¿Quién soy yo? Mi nombre: Zoilamérica. Mis padres son: Jorge Narváez Parajón (fallecido) y Rosario Murillo Zambrano. Yo era conocida públicamente como Zoilamérica Ortega Murillo (1967), debido a la adopción por Daniel Ortega Saavedra en el año 1986.

Mi vida, desde que tengo memoria, estuvo marcada por Sandino. Supe de Sandino, tío de mi abuela, cuando mi madre enterró una efigie de él en el patio de la casa. Y he conocido la Central Sandinista de donde mi madre pasó su juventud en sus esfuerzos y energías a la causa.


Yo afirmo que fui acosada sexualmente y maltratada por Daniel Ortega Saavedra, desde la edad de 11 años, por casi veinte años de mi vida, y que a través de este testimonio se establece en las formas que ocurrieron. Afirmo que he guardado silencio durante todo este tiempo, producto de desarraigados temores y confusiones resultantes de las diversas formas de agresión que se hizo muy vulnerable y dependiente de mi agresor.

Tuve que pasar por un proceso doloroso y agotador para saber cómo interpretar y comprenderme a mí misma, por las consecuencias y los efectos de una práctica sistemática y brutal en mi contra se cometieron a partir de 1978 hasta febrero de 1998, es decir, hasta hace poco.

Fui sometida a una prisión en la casa donde reside la familia Ortega Murillo, a un régimen de cautiverio, persecución, espionaje y acecho con la finalidad de lacerar mi cuerpo e integridad psíquica y moral. Mi silencio fue la expresión de un ambiente de ocultarse, y la aplicación de un secreto feroz. Por parte de Daniel Ortega, su poder, sus aparatos de seguridad y los recursos disponibles, se aseguran desde hace dos décadas para poner a la víctima a su control y elección.

En consecuencia denunciar esta cadena de acontecimientos no ha sido fácil para mí, he tenido que superar el fatalismo y el miedo a responder a las preguntas desde las profundidades de mi ser, tales como: ¿Qué tenía yo para que esto suceda? ¿Qué hice para merecer la vida que tuve? Mi sentido de la oportunidad en un complejo proceso no lo pude determinar ni me preocupaba, porque en un caso como el que represento y frente a un agresor de gran poder, tenía que ser llenado con valentía y coraje para iniciar mi liberación, independientemente del tiempo y los acontecimientos. Mi alma grita y me responde que hizo bien en el momento en que debía ser, que ahora se llama reivindicación plena y total.

Mi experiencia muestra una vida violenta y su falta de respeto, no sólo un ataque contra ella mediante la amenaza de la agresión física que conduce a la muerte, sino que también redujo su realización como individuo, y como si fuera ello todo el mundo para mí. Quiero decir, con ello, lo que viví fue el intento de asesinar a MI DERECHO PARA CRECER, A VIVIR y a tener el pleno ejercicio de mi voluntad. Durante todo este tiempo se me negó el derecho a existir como un ser humano, que sigue siendo un tema de otro ser. En pocas palabras, y yo no tengo palabras más que expresar, SE ME NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA.

En 1978, en San José, Costa Rica, conocí a Daniel Ortega Saavedra, cuando yo tenía once años aun no cumplidos. En este país vivimos en condiciones de clandestinidad, no pudimos hablar con nadie para mantener secretos y, como tal, hemos aprendido a comportarnos.

La casa en que vivo (mi madre, mi hermana y yo) fue un importante centro político-militar para la Seguridad, con mucho movimiento, entradas y salidas de personas, muchos de los cuales permanecían durante la noche. Nuestra verdadera identidad era un misterio y el silencio estaba al punto de nuestras vidas. El secreto fue parte de esa vida subterránea.


Daniel Ortega, cuyo seudónimo era Enrique, desde el inicio me inspiró miedo y desconfianza al ver poco a poco desde entonces, muchas personas se le acercaban secretamente. Después de unos días, me enteré de que este hombre era extraño comandante, una persona muy importante para el resto de la gente y discutía con mi mamá su relación de pareja.

Desde entonces, él, Daniel Ortega fue haciéndome pensar que cualquier acercamiento por asuntos emocionales y de cualquier hombre de cualquier edad, implicaba un interés sexual hacia mí. Para mí todo ha sido sinónimo de las actitudes sexuales obscenas y vulgares de Daniel, y por lo tanto, poco a poco empecé a tienen una gran desconfianza hacia todos los hombres. Si el compañero de mi madre, había asaltado mi cuerpo contra mí así, qué es lo que podría esperarse de los demás. Me obligó a callar y aceptar la humillación que recibí de él.

El progreso de la acción de mi agresor, que él le estaba dando, y no sólo fue sus comentarios a mi cuerpo cuando nado, sino que fue al baño de cualquier modo y que se masturbaba, sino el miedo y el desprecio que me generó.

Fue horrible ver, a la edad de entonces, la imagen de un hombre de pie en una pared sosteniéndose sacudiendo su sexo, un ser como perdido e inconsciente de sí mismo. Yo tenía miedo cuando él después se quedaba en el cuarto de baño.

Hasta que veía su sombra desaparecer por la rendija de la puerta que permanecía abierta, y luego yo estaba con miedo de ir a cerrar la puerta, ya que lo podría utilizar para atraparme. Yo prefería mantener una física distancia de esos puntos que me producían asco y rechazo.



0No comments yet
      GIF