Neo-Nazis en Latinoamérica..una paradoja de la raza aria..

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Hitler en Latinoamérica?. Para nadie es un secreto que el nazismo es un movimiento que exalta algunos valores que la humanidad creía haber dejado atrás. Sin embargo, su rápida expansión en el continente latinoamericano se debe, entre otras cosas, a la compleja dinámica política que embarga a este continente. La implacable satanización del comunismo y los movimientos de izquierda progresista por parte de las grandes transnacionales de la información ha dejado el camino libre a sus dueños, inmersos en gobiernos neo-liberales para fomentar estrategias económicas en su propio beneficio y han pulverizado cualquier asomo de confianza por parte de las oligarquías en sus doctrinas. La derecha, ahora en plena crisis económica del capitalismo se enfrenta a un creciente descontento que exacerba los ánimos y empuja a muchos jóvenes a segregarse y asumir posiciones xenófobas y de extrema derecha.





El asunto es más complejo de lo que parece. El fracaso de la derecha en América Latina y sus políticas dictadas por Washington ha caído como un balde de agua fría sobre las capas medias de la población. Incapaces de identificarse con los campesinos, indígenas, mestizos, negros o simplemente pobres que conforman la mayoría de la población latinoamericana, tampoco se sienten a gusto con la parasitaria clase política que ha dominado a este continente por más de un siglo. Las claras evidencias de entreguismo de soberanía, subordinación al capital extranjero y total aceptación de las directrices norteamericanas han terminado de derretir las figuras de cera que aún deambulan en el continente. Moral y éticamente, los líderes de la derecha local se caracterizan por un pésimo currículum. Expedientes por soborno, peculado, narcotráfico, nepotismo, corrupción y tráfico de influencias pesan como losas sobre Alan García, Álvaro Uribe y toda una cohorte de representantes de la derecha nostálgica, siempre dispuestos al regreso triunfal al poder.





Los partidarios de Hitler en Latinoamérica (admiten?) la transcendencia de la sociedad en el individuo. El núcleo del Estado no sería el individuo, sino que lo formarían los grupos, los Sindicatos y las Corporaciones. Todo acto, toda obra, todo derecho no existe en función del individuo, sino en función de la sociedad. Su esencial postulado es la función social de la propiedad. Todo esto aderezado con un suprematismo racial y claras incitaciones al separatismo. Por supuesto, estas concepciones no suelen estar integradas o asimiladas en sus discursos, ya que la palabra “socialismo” les provoca urticaria. Pero en lo que sí están claros es que el mensaje racial no tiene la suficiente aceptación en estas tierras, y tienden a matizarlo echando a mano consignas chauvinistas, identificándose con líderes progresistas (muertos, naturalmente) con gran arraigo popular y paradójicamente, añorando “las grandes civilizaciones perdidas” de nuestros ancestros. Un verdadero “pasticho” ideológico que cuenta con la única ventaja de ser moldeable y elástico para captar jóvenes con escasa formación política e histórica .








Así, el indigenismo, el bolivaniarismo, el socialismo les sabe igual. Al respecto, el Partido Nacionalsocialista de Venezuela opina: “…si el señor Cortez o el señor Colon cometieron crímenes, o si eran unos santos, esto en realidad no es lo mas importante, y, en todo caso lo que haya sido ya nadie lo podrá cambiar. Si hubo crueldad en este día y los sucesivos y dramáticos momentos en los que los españoles chocan con los indios es algo que ha pasado siempre, y que no reviste el mayor significado profundo, salvo para la gentuza que gusta vivir del lloro y el constante reclamo en su impotencia vil y cobarde, y para aquellos que buscan un pretexto para desfogar sus rencores, sí: solo para ellos es importante esto, son gentuza parásita que vive de inocular el sentido de la culpa en los simplones a fin de reproducirse y sobrevivir a sus víctimas hablando de falsos holocaustos..”






Casi siempre clandestinos, casi siempre estigmatizados, estos movimientos parecen más grupúsculos auto-segregados que movimientos reales en una Latinoamérica mezclada por esencia. Sin embargo, su presencia es real. Intervienen, a pesar de su minoría en las manifestaciones de la derecha continental, y sus símbolos se observan en marchas de estudiantes “Manos Blancas” en Venezuela, en las marchas antichavistas en Colombia, en las golpizas a campesinos en Bolivia, en caminatas xenófobas en el Perú y en manifestaciones pro-Pinochetistas en Chile