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Panamá La Historia Sin Contar

El Contra-ataque Panameño.



Muy poco se sabe de los enfrentamientos entre las tropas norteamericanas y las Fuerzas de Defensa durante las primeras horas del ataque sorpresivo a territorio panameño, pero a través del tiempo hemos conocido los testimonios de los que sobrevivieron, de los hombres en armas que combatieron y de sus compañeros que murieron en el cumplimiento de su deber. Y la realidad es que el ejército norteamericano encontró una mayor resistencia de la que esperaban, sus servicios de inteligencia se equivocaron al concluir precipitadamente que las fuerzas armadas panameñas iban a rendirse a las pocas horas de iniciado el bombardeo masivo y sorpresivo. Las Fuerzas de Defensa de Panamá estaban formadas por 12,800 soldados aproximadamente, incluyendo guardias nacionales, policías y oficiales; pero solo 4,000 pudieran ser clasificados como tropas de combate. Las fuerzas de tierra estaban organizadas en 2 batallones de infantería, 5 compañías de infantería liviana, 1 tropa de caballería, y 2 compañías de orden público. Su equipo incluía 28 vehículos blindados. La Fuerza Aérea contaba con 500 hombres con una serie de aeronaves de reconocimiento, transporte y helicópteros. La Naval estaba compuesta de 400 marineros con un número reducido de lanchas y botes patrulleros. En adición, existían 18 batallones paramilitares denominados “Batallones de la Dignidad”. El General Thurman esperaba resistencia de las siguientes unidades: El Batallón 2,000 que estaba compuesto por 550 hombres ubicados en Fuerte Cimarrón, la Segunda Compañía de Infantería compuesta por 200 hombres ubicados en el Aeropuerto de Tocumen, la Primera Compañía de Infantería ubicada en Tinajitas y compuesta por 200 hombres, la Quinta Compañía de Infantería con cerca de 300 hombres ubicada en Fuerte Amador, el Escuadrón de Caballería ubicado en Panamá Viejo con 150 hombres, la Octava Compañía de Infantería con 175 hombres en Fuerte Espinar, la Sexta y Séptima compañías de Infantería con 400 hombres ubicadas en Río Hato y elementos de la Sexta, Séptima y Octava con cerca de 150 hombres en la Comandancia. Antes de “la hora H”, las fuerzas americanas en Panamá sumaban 13,000 hombres, incluyendo la Brigada 193 de Infantería, un Batallón de la Séptima División de Infantería, un batallón mecanizado de la Quinta División de Infantería, dos compañías de marines, un grupo de policías militares, personal de la fuerza aérea y de la marina. Poco después del inicio de la invasión a Panamá se aerotransportaron 7,000 soldados desde distintas partes del mundo: Una brigada compuesta de la 82ava División de Infantería; el 75avo Regimiento de Rangers y el equivalente a seis batallones de fuerzas especiales que incluyan Boinas Verdes, Navy Seals, Navy Special Boats, Fuerza Delta, Fuerzas Rangers, fuerzas especiales de la Fuerza Aérea y especialistas de operaciones psicológicas. Posteriormente durante el día D, otras 7,000 tropas, en su mayoría de la 7a División de Infantería y la 16a Brigada de Policía Militar, llegarían a Panamá. El total de tropas norteamericanas usadas en la operación fue de 27,000, de los cuales 22,000 participaron en acciones de combate. Ante la desaparición del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, las unidades militares panameñas quedaron dispersas por todo el territorio nacional, sin un mando definido, y tuvieron que enfrentar el bombardeo inicial del ejército estadounidense provistos de muy poco armamento, entre ellos: Algunas tanquetas, fusiles de asalto AK-47, granadas y pocos lanza cohetes RPG. De este modo, las fuerzas panameñas sufrieron la mayor cantidad de sus bajas durante las primeras horas de la invasión debido a la sorpresa del ataque. Estas operaciones de resistencia durante las primeras horas fueron llevadas a cabo por: Los Pumas, Los Macho de Monte, El Batallón 2000, La Unidad Especial Anti-Terror (UESAT), miembros de los Batallones de la Dignidad y algunos voluntarios civiles. El avance de las tropas norteamericanas por tierra solo sucedía luego de los ataques aéreos. Adelantaban protegidos por la oscuridad de la noche y escoltados por helicópteros. El fuego de artillería pesada también estaba disponible. En el ataque al Chorrillo, desde la cima del Cerro Ancón, cuatro tanques Sheridan dejaban llover sus proyectiles sobre la Comandancia.

LA BATALLA EN TOCUMEN



Posterior a estos eventos, el “Batallón Especial Los Pumas” de Tocumen quien fuera creado para responsabilizarse de la operación del canal en el año 2000 logró reunirse con personal de la Unidad Especial Anti-Terror (UESAT) ubicada en Panamá Viejo cerca del Aeropuerto de Tocumen. El resto de las fuerzas militares panameñas quedó emplazado en una unidad pequeña de las Fuerzas Especiales, con antitanques, al área sur de uno de los puentes de Tocumen en la carretera hacia el Aeropuerto Internacional, cuando se inicia el bombardeo del Ejército estadounidense. Allí, en Tocumen, fue donde ocurrió el primer choque entre las tropas norteamericanas y las panameñas quienes enfrentaron el desembarco de paracaidistas de la 82ava División del Ejército estadounidense con armas antiaéreas y ametralladoras de grueso calibre. En Tocumen los tanques Sheridan literalmente llovieron del cielo, fueron lanzados desde el aire dentro de contenedores junto con carros de combate, armamento pesado y decenas de motos. Más de 700 paracaidistas acompañaban la caída escoltados por el fuego de los aviones C-130 Spectrum. Los soldados cargaban consigo municiones y comida para tres días de combate. Cada unidad llevaba lanzagranadas, minas antitanque, M-16, armas cortas y cuchillos. Los panameños armados de algunas tanquetas que lograron salir de la Base de la FAP y del Cuartel de Tocumen derribaron dos helicópteros Cobra, y a punta de fuego de fusilería produjeron las primeras bajas para el ejército norteamericano; pero por otro lado, todas las tanquetas con las que contaba el grupo de combatientes panameños fueron destruidas por el fuego de misiles lanzado por los helicópteros Apache del ejército norteamericano y, en consecuencia, sus ocupantes fueron muertos en acción. No obstante, el principal problema que tuvieron que enfrentar las fuerzas estadounidense fueron los pasajeros de dos vuelos que habían llegado demorados se encontraron en el tránsito de la guerra. Los turistas desesperados corrían para todos lados mientras los soldados norteamericanos, advertidos de que las Fuerzas de Defensa habían ordenado a sus hombres vestir de civil, tuvieron que detener a todos. Al final las pocas unidades de combate panameñas que sobrevivieron se dispersaron a lo largo de las barriadas colindantes al aeropuerto para luego reagruparse con otras unidades en Panamá Viejo.

LA BATALLA EN LA BASE DE RIO HATO

El flamante bombardero F-117 Stealth Fighter, “el avión invisible”, cuya figura sigilosa era desconocida antes los ojos de mundo recibiría su bautismo de fuego para lanzar bombas de 2,000 libras sobre el Cuartel de Río Hato. No podía ser captado por radares y era capaz de acertar un misil a un blanco tan pequeño como un puesto de lotería. Los ataques iniciaron con el fuego de los AC-130 Spectrum, bombarderos capaces de lanzar ataques simultáneos hasta a cuatro blancos próximos con armas de diferente calibre que incluían misiles y cohetes aire-tierra y aire-aire. En la Comandancia, por ejemplo, en dos minutos atacaron 14 objetivos preestablecidos dentro del complejo. Los acompañaban los helicópteros AH 64 Apache que disfrutaban su baño de fuego y contaban con sensores para detectar posiciones enemigas que barrían con ametralladoras y cohetes. Podía mantenerse quiero en el aire sin ser muy ruidoso. Luego de la primera andanada de fuego que desmantelaba las posiciones defensivas, equipos de guerra psicológica llamaban a la rendición desde altoparlantes. La noche del 20 de diciembre, la mayoría de las posiciones contestaron con fuego aunque luego de los ataques no tuvieron más chances que entregarse. En Río Hato los enfrentamientos fueron intensos. Por esa acción, inicialmente, el bombardeo contra las instalaciones militares panameñas no produjo bajas de consideración, aunque sí se logró una considerable destrucción material. La superioridad norteamericana terminó por doblegar la voluntad de los panameños que pusieron a flamear una bandera blanca. El General de Estados Unidos que aceptó la rendición del Capitán panameño Tomás García, de la Compañía Macho de Monte, lo trató con respeto:
- Sus hombres pelearon bien ---Le dijo.
- Sí, mis hombres, pero nuestros comandantes nos abandonaron ---Se lamentó sintiendo sobre su cuerpo el peso de la derrota.
En Río Hato fueron hechos prisioneras más de de 400 personas entre civiles y militares. La potencia de las bombas de 2,000 libras que los dos aviones invisibles Stealth lanzaron en campo abierto, cerca de las barracas de los soldados, era algo de lo que los panameños no dejaban de hablar. Los ataques aéreos sólo eran el paso preliminar a los movimientos terrestres. Los soldados llegaban en camiones, en Humvees, en helicópteros, en botes y en paracaídas. Llevaban trajes blindados que aunque eran pesados y los mataban de calor, los protegían mucho más que los viejos chalecos de Vietnam. Utilizaban herramientas de visión nocturna y podían comunicarse a través de micrófonos incorporados a los cascos de combate. El futuro finalmente había llegado, y fue aquí, en Panamá.

LA BATALLA EN PANAMA VIEJO



Ante la resistencia imprevista de los combatientes panameños, el ejército estadounidense desplazó su asalto de paracaidistas hacia el pacifico y allí concentraron sus fuerzas. Después de ese primer enfrentamiento en Tocumen donde los americanos recibieron las primeras bajas, un conjunto de combatientes con la moral alta se desplazó al área de Panamá Viejo junto a la Unidad Especial Anti-Terror (UESAT) cuyos miembros habían sido entrenados en Israel y por los mismos estadounidenses en operaciones especiales y de contrainsurgencia, los cuales conocían muy bien las tácticas de sus antiguos aliados, pero al llegar al cuartel se dieron cuenta que el mismo había sido abandonado por las tropas y sus miembros se habían unido a otros Batallones de la Dignidad para iniciar la resistencia mediante una defensa móvil con ametralladoras antiaéreas de tiro horizontal orientadas hacia la costa. Fue al frente de las costas de Panamá Viejo fue donde la UESAT enfrentó el desembarco de los paracaidistas y el ataque de los helicópteros Black Hawk que tenían funciones similares a las que habían empleado con los celebres helicópteros “Huey” durante la Guerra de Vietnam. Los paracaidistas que cayeron en las costas también encontraron problemas inesperados. No contaban con que allí no había arena, sino fango. La violencia del descenso sumado al peso que cargaban los hizo hundirse hasta la mitad del cuerpo, de esta manera, se convirtieron en blancos fijos para las fuerzas panameñas que les disparaban desde posiciones seguras. Antes el creciente número de bajas norteamericanas sumadas a las ya recibidas en Tocumen, el mando central estadounidense ordenó el bombardeo de helicópteros Cobra y Apache de inmediato, evitando así una masacre. La resistencia y los combates se extendieron durante toda la noche, los francotiradores panameños impidieron que el ejército estadounidense pudiera avanzar, principalmente por el mal cálculo, una vez más, de sus servicios de inteligencia que no anticiparon que las costas estaban rodeadas de pantanos y lama en vez de arena como ya mencionamos anteriormente, asimilando la cifra de 86 bajas estadounidenses entre muertos y heridos, incluyendo dos helicópteros Black Hawk derribados por el fuego de lanzacohetes RPG. Luego del fracaso inicial de esta operación, los estadounidenses hicieron exactamente lo que saben hacer mejor, atacaron con fuego masivo y simultáneamente en otros puntos del país. Los aviones estadounidenses “C-130 Spectrum” ejecutaron una acción de bombardeo aéreo disparando sus misiles “Hells Fire” en apoyo de un desembarco anfibio de los paracaidistas. El fuego aéreo masivo les sirvió de escudo ante el ataque de los panameños, sin embargo, el 20% de las bombas fueron a caer sobre áreas civiles aledañas a las zonas atacadas, provocando un número indeterminado de bajas inocentes las cuales fueron calificadas por el ejército estadounidense como “daño colateral”. A lo largo de la madrugada del 21 de diciembre el Ejército estadounidense mantuvo el bombardeo en todo el país y atrasó las operaciones de desembarco anfibio que se estaban empantanadas ante la resistencia que la UESAT que hizo desde las costas de Panamá Viejo, es decir, el desembarco se complementó con el fuego aéreo y el apoyo de los helicópteros Cobra y Black Hawk, ya que los comandantes norteamericanos al ver que iba a ser muy difícil tomarse el lugar decidieron destruirlo. Los combates fueron encarnizados y los estadounidenses tuvieron que aceptar más bajas en combate de sus fuerzas que las esperadas.

LA BATALLA EN EL AEROPUERTO DE PAITILLA

El día 20 en horas de la noche los comandos especiales panameños emplazaron francotiradores en los alrededores del Aeropuerto de Paitilla en apoyo a las unidades que defendían los hangares militares. Allí el ejército estadounidense enviaron a sus mejores hombres, las unidades de elite conocidas como SEALS (sea-air-land) que fueron desembarcadas en forma de anfibios. Un centinela salió a fumarse un cigarrillo y se dio cuenta que estaba rodeado de soldados norteamericanos, pero no podía verlos, en vez de correr siguió fumando como si nada hubiera pasado, luego tiró la colilla al piso y volvió a entrar caminando muy despacio, hasta silbando, adentro le dijo a sus compañeros:
- ¡Carajo, la vaina comenzó, hay gringos por todas partes!
- Entonces vamos por todos lados, entre los otros hangares ---Contestaron sus compañeros en armas que no superaban los cincuenta.
El factor sorpresa se había perdido y serían los norteamericanos quienes se llevarían la sorpresa de su vida, ya que en ese primer contacto los panameños en Paitilla le causaron 48 bajas entre muertos y heridos al ejército estadounidense, 22 de ellas eran SEALS, en solo horas perdieron más de estas unidades que en toda la Guerra de Vietnam que duró 17 años, lo cual se constituyo en la peor derrota militar de los norteamericanos hasta ese momento. Sumado a esto, se logro derribar otro helicóptero Black Hawck y la muerte de sus tripulantes a manos de los francotiradores. Esto hizo que se detuviera el desembarco y el ataque terrestre e inició el bombardeo total en el área del Hangar de Paitilla. Al final, para tomarse el lugar, fue necesario que intervinieran los helicópteros Apache que obligaron con un incesante fuego aéreo y superioridad numérica a la resistencia panameña a replegarse y abandonar el área, para luego desarrollar operaciones planificadas en el área de la embajada estadounidense y otras áreas de la Ciudad de Panamá.

COMBATES EN LA AVENIDA BALBOA

A eso de las 3:00 de la mañana un comando panameño de seis hombres con un RPG-18 y un RPG-7 atacaron con armas automáticas y lanzacohetes antitanques las instalaciones de la Embajada estadounidense ubicada en la Avenida Balboa y que era defendida por un pelotón de 50 marines apoyados por blindados y unidades de la Policía Militar. El ataque panameño fue sorpresivo para los marines que defendían el perímetro, sin embargo, a pesar de ofrecer una férrea resistencia no lograron evitar que fueran alcanzados e incendiados los blindados. Este ataque provocó que las unidades estadounidenses se replegaran hacia la costa y, otra vez, le dejaron el trabajo de campo a las unidades aéreas y el fuego de misiles, evitando así el combate directo entre las unidades del ejército estadounidense y las fuerzas panameñas que ya le habían causado un número indeterminado de bajas, por lo que se decidió el repliegue en contra de la voluntad de algunos de las unidades que querían interrumpir el ataque y tomarse la Embajada. Después de dejar la Avenida Balboa, este Comando panameño se movilizó hacia al sector de Santa Ana y Calidonia, en camino al Cuartel Central, para apoyar a otros combatientes en el Barrio de El Chorrillo. En este punto hay que mencionar lo que ocurrió después del ataque a la Embajada Norteamericana en la Avenida Balboa, ya que camino al barrio de El Chorrillo las fuerzas panameñas recogieron a seis mujeres que querían combatir pero no tenían armas, por lo que se les proporcionaron fusiles AK-47 y se les enseñó su manejo básico. Así aprendieron a utilizar hasta una RPG-7. Según los testigos, estas mujeres las cuales no se conocen sus nombres se exponían en serio, decían que no querían que cuando sus hijos crecieran dijeran “nos invadieron los norteamericanos, nos mataron y mi mamá se quedó como si nada”. De las seis sólo quedaron con vida dos, las otras cuatro murieron en combate en El Chorrillo. Motivados por el sentimiento de nacionalismo, algunos voluntarios hacían cosas que iban más allá de las órdenes que recibían, como ocurrió con “Hormiga”, un muchacho a quien apodaron así porque era muy trabajador. Apostado por órdenes del jefe del comando en la azotea de un edificio de cuatro pisos frente a la Avenida Balboa, donde está la Bahía de Panamá cerca de la, esperaba el paso de un blindado que hacía un recorrido desde Punta Paitilla a la Embajada Norteamericana, mientras otro miembro del comando preparaba la bicicleta en la que debía huir tras atacar el blindado. Pero antes del paso del blindado se escuchó el ruido de un helicóptero acercarse por la Bahía de Panamá e inmediatamente después un cohetazo de RPG-7 y el estruendo del impacto de la nave cayendo ahí mismo, pegado al malecón de la Avenida Balboa. “Hormiga” se lanzó al vacío presa del pánico de lo que acababa de hacer y cayó prácticamente al lado del comandante, entonces este le dijo:
- ¡Coño!, no esperaste al blindado.
- Jefe, ese helicóptero me pasó enfrente y no iba a perder la oportunidad de tirarlo esperando a un blindado ---Le respondió el muchacho.
En ese momento preciso empezó un fuerte enfrentamiento entre Los Macho de Monte y la aviación estadounidense. Era un enfrentamiento desigual entre armas ligeras y livianas contra helicópteros Apache y aviones caza que lanzaban bombas de 2,000 libras. Al amanecer se hizo un primer balance, donde se estableció que el Ejército estadounidense hizo un anillo en forma de ocho alrededor de la Ciudad de Panamá, pero todavía no había avanzado más allá de Tocumen. Ante eso, se tomó la decisión de moverse poco y mantener las posiciones durante el día, para tratar de atacar el perímetro del cerco y abrir una brecha para desplazarse hacia las afueras de la Ciudad de Panamá y continuar la resistencia. Durante el día, establecimos la manera de desplazarnos en bicicleta, a pie, mezclados entre los que estaban saqueando la Ciudad de Panamá, para visualizar el perímetro estadounidense y los objetivos que serían atacados durante la noche. Fue así que en horas de la noche del 20 de diciembre atacamos Quarry Heights, el Cuartel Central del Comando Sur de los Estados Unidos. Ese día, alrededor de las 2 de la tarde unidades de Los Macho de Monte atacaron el perímetro más avanzado de tierra del Ejército estadounidense que estaba ubicado cerca de la Universidad de Panamá, en la Avenida Nacional, logrando destruir dos blindados estadounidenses. Por la noche se hizo un ataque al Cuartel Central en El Chorrillo que estaba tomado por las tropas norteamericanas. Este ataque se ejecuta con solo 30 hombres más por enojo que por una cuestión militar, ya que las unidades del comando especial se enteraron por medio de un médico que comandaba las unidades de rescate de heridos, que el ejército estadounidense disparaba contra las ambulancias panameñas que trataban de recoger los heridos agonizantes, entre los que había población civil inocente del Barrio de El Chorrillo.

EL ATAQUE A QUARRY HEIGHTS

El 30 de septiembre de 1989 el General Maxwell Thurman llegó al Comando Sur en reemplazo del General Fred Woerner, a quién intuían demasiado apegado a los “nativos” como para comandar los tiempos que venían. Thurman era un hombre de la vieja guardia. Ese tipo de militares que siempre tienen hambre de acción. Le había dedicado su vida a la fuerza y solo dejaba de trabajar para ir a misa y jugar al tenis con oficiales más jóvenes. A los 58 años era soltero. Sus hombres lo llamaban “Mad Max”. La noche del 20 de diciembre, desde el patio del Instituto Nacional, la resistencia panameña hizo un segundo ataque con fuego de mortero de 82 milímetros y RPG-7 al área de Quarry Heigths. En el operativo sólo participaron ocho hombres. El ataque no fue difícil, porque en esta área existía una casa seguridad, un depósito, con armamentos que pertenecían a las Fuerzas Especiales con mandos clandestinos. Los pertrechos se encontraban en un sitio ubicado detrás del Ancon Inn, la Avenida de los Mártires. Allí se recogieron los tiros, la munición y los tubos. Existían casas y depósitos similares en distintas partes de la Ciudad de Panamá, con miras a enfrentar una situación como la que estábamos viviendo. Luego, entre la Pizzería Napoli, que se encuentra a un costado del Ancon Inn y desde el patio del Instituto Nacional, se bombardeó Quarry Heights. El bombardeo fue exitoso porque se hizo con mucha precisión, anteriormente se había hecho el estudio y el trabajo de reglaje, por lo que hubo tiempo hasta de hacer las correcciones luego de los dos primeros disparos, que son los previos para ubicar el blanco. Se colocó una de las unidades de observación más avanzada en uno de los edificios más cercanos al blanco, en el Barrio de El Chorrillo. Esta unidad del comando, hacía las veces de corrector de tiro, veía el impacto y hacía las correcciones. Después de los dos primeros disparos, el resto de los seis proyectiles cayeron con mucha precisión sobre las instalaciones. Obviamente era un ataque simbólico al corazón del Comando Central estadounidense, ya que las tropas contaban con un sistema subterráneo construido en la década de los 50’s, así que el Comando Central realmente estaba dentro del Cerro Ancón. El daño que se hizo fue más bien a las instalaciones de superficie, pero era una de las respuestas a la violación que los estadounidenses estaban haciendo en Panamá de los Tratados de Ginebra en contra de las víctimas y heridos panameños. En represalia a esta osadía, el ejército estadounidense arreció el fuego de artillería y de misiles desde helicópteros Cobra y Black Hawk sobre El Chorrillo ya que pensaron que los disparos recientes habían venido desde esa posición, lo cual produjo el incendio del populoso barrio ya que temían que la resistencia panameña se encontrara metida en las pocas casas que quedaban en pie, lo cual fue un “acto de lesa humanidad”, ya que tampoco permitieron el paso de las ambulancias a recoger heridos y muertos. En “EL PERIODICO”, un nuevo semanario opositor al recién estrenado gobierno post invasión de Endara que había sido juramentado como presidente en una base militar norteamericana, aparecieron en el mes de mayo de 1990 un interesante testimonio de un combatiente panameño del distrito de San Miguelito, donde resistieron heroicamente la invasión militar norteamericana, haciéndolos retroceder temporalmente y obligando a buscar refuerzos al ejercito de la nación más poderosa del mundo, tal como observamos en adelante.

LA BATALLA DE SAN MIGUELITO

A las 11:30 PM del 20 de diciembre empezó a aparecer un cintillo en la Televisora Nacional Canal 2 llamando a los voluntarios del Batallón de la Dignidad San Miguel Arcángel a defender a la patria, ellos acudieron al Cuartel de la Undécima Zona Militar, en San Miguelito. Allí se organizaron y decidieron dirigirse al Complejo Deportivo de Los Andes No.2. Mientras esperaban a hacerle frente a las tropas norteamericanas de asalto empezaron a llegar algunos miembros de Los Macho de Monte, de la FAP (Fuerza Aérea Panameña), de los Batallones de la Dignidad Rosa Elena Landecho, Liberación Latina, y del Comando Torrijista 16 de diciembre. Todos ofrecían detalles de lo cruento que eran los enfrentamientos en Fuerte Amador, Balboa, El Chorrillo, Paitilla, Panamá Viejo y Tocumen. A las 2:00 AM del 20 de diciembre la aviación estadounidense intento bombardear la instalación militar de Tinajitas, pero falló en su primera pasada y más bien hizo blanco en algunas viviendas cercanas provocando las primeras víctimas civiles de San Miguelito. La Compañía de Los Tigres de Tinajitas contra atacó a las con su artillería liviana destruyendo las posiciones que habían depositado los marines norteamericanos en las faldas del cerro. Antes del amanecer, los helicópteros Cobra y Apache bombardearon el Cuartel de la Undécima Zona Militar y lo destruyeron. Los residentes de Los Andes No.2 les abrieron las puertas de sus casas y los ocultaron. De pronto a eso de las 6:00 AM la aviación norteamericana reanudó su bombardeo contra Tinajitas y los helicópteros depositaron observadores en las lomas de Los Andes, luego ametrallaron la escuelita de esta comunidad donde estaban apostados los vigías de la resistencia panameña, los cuales respondieron al ataque con ráfagas de ametralladoras, presas del pánico, los marines en su desesperación por eliminarlas dispararon erráticamente sus cohetes haciendo añicos los techos de varias residencias circundantes, sumando así más bajas civiles. Cabe destacar que un miembro de los Tigres de Tinajitas lleno de odio por lo que estaba viendo apuntó su lanzacohetes contra un helicóptero Apache y acertó el disparo obligándolo a alejarse echando humo, probablemente para luego caer en otro lugar. Ya para las 9:00 AM del primer día de la invasión, las fuerzas estadounidenses lanzaban sus cohetes y bombas por los alrededores de El Cristo Redentor, Villa Lucre, Cerro Viento y por otros sectores de San Miguelito. Por carecer del apoyo de fuego antiaéreo, un sentimiento de impotencia empezó a apoderarse de los combatientes panameños, pero pensaban que el ataque aéreo enemigo era de ablandamiento para que luego avanzara su infantería y sus tanques, por lo que decidieron permanecer en sus trincheras de lucha. Por fin descendieron tropas aéreo transportadas en helicópteros Chinook de doble hélice a las faldas del Cerro Tinajitas, y entre el fuego de los morteros operados por miembros de la Undécima Zona, el fuego de los fusiles de Los Tigres y de los miembros del Batallón San Miguel Arcángel los norteamericanos sufrieron las peores bajas de la invasión, a eso sumado que ni siquiera pudieron avanzar en la toma del cuartel, por lo que el mando central decidió evacuarlos en helicópteros. Sólo después de la retirada de los marines de Tinajitas los combatientes panameños tuvieron un reposo y así pudieron enterarse de los combates en Río Hato, en Coco Solo y Cristóbal (Colón). Un integrante del Comando Torrijista 16 de diciembre que evito ser capturado en Amador, narro la triste historia de lo acontecido a una compañera de su mismo Comando que, herida gravemente, mientras agonizaba, le dijo a otra combatiente de nombre Xenia: “Cuida de mis hijos y háblales de mí”, y luego murió. Durante la noche del 20 de diciembre un convoy norteamericano que se acercaba por las afueras de Paraíso fue emboscado y el vehículo lleno de soldados enemigos se hizo estallar, cobrando la vida de 46 marines y desarticulando varias tanquetas que quedaron a un lado de la calle echando humo. Igual fin tuvo otro convoy que provenía posiblemente de Chilibre hacía San Miguelito. Sufrió numerosas bajas humanas y se les inmovilizó varios vehículos. Semanas después conocimos por vía de la Televisora SCN Canal 8 (norteamericana, de la Zona del Canal) que ese grupo de asalto constaba de 32 unidades, que había sufrido 24 bajas. Solamente “heridos”, según ellos. En la madrugada del jueves 21 de diciembre, segundo día de la invasión, miembros del Batallón 2000, Los Macho de Monte, miembros de la UESAT, de la FAP, de la Undécima Zona y del San Miguel Arcángel se encontraban custodiando el puente elevado de San Miguelito, cuando apareció columnas que venían por la Transístmica desde Betania las cuales fueron detenidas a punta de ráfagas de ametralladoras. A las 3:30 AM se escuchó otra andanada de artillería liviana efectuada contra posiciones estadounidense cercanas a Fort Clayton desde los alrededores de la barriada 9 de enero. El Puesto de reten que los norteamericanos mantenían a la entrada de Cerro Patacón fue destruido. La respuesta del ejército estadounidense se dio a las 4:00 AM con bombardeos aéreos que incluían rayos láser y ordenadores térmicos que registraban las temperaturas de todo lo que se hallaba debajo de los aviones que los portaban. Ya para ese segundo día de guerra era evidente que se había agigantado la estatura moral de la resistencia panameña, pues no era un secreto que las Fuerzas Armadas de una potencia mundial habían tenido que recurrir a todo su arsenal bélico moderno para abatir la firmeza que presentaban los defensores panameños. El grupo de resistencia apostada en San Miguelito esperaba el asalto final de parte de los estadounidenses, así que nuevamente tomaron posiciones dispuestos a repelerlos, pero no se atrevieron. Los combates que se estaban sucediendo en muchos lugares del territorio nacional les daban a comprender al mando central no bastaba “pedir una cerveza, tomarse la mitad y luego salir a apoderarse de Panamá, y al volver la otra mitad seguía fría”, como había manifestado en una ocasión el General Marc Cisneros, Jefe del Comando Sur Norteamericano meses antes, lo cual les había es costado más tiempo del esperado, a eso sumado el elevado número pérdidas humanas y materiales. A partir de las 9:00 AM la aviación norteamericana saturó de bombas y metralla dos cerros ubicados de Los Andes No. 2, las faldas del cerro Tinajitas y otro contiguo a él, como también el lugar denominado Ojo de Agua. Entre las muchas bajas que se registraron ese día se contó la del padre de un integrante del San Miguel Arcángel. Ese luchador había manifestado el 20 de diciembre que: “Si su hijo era lo suficientemente valiente para pelear por la patria, él lo apoyaba”. Ese día se sintió aún más la necesidad de armas anti aéreas. Pero no obstante eso, se efectuó un contra ataque con fuego de mortero contra objetivos estadounidenses por los alrededores de Corozal. Desanimado por la falta de protección contra la aviación enemiga además de fuertes rumores de que la aviación estadounidense planeaba llevar a cabo un bombardeo masivo sobre varios sectores de San Miguelito equivalente al que habían efectuado en El Chorrillo, los combatientes panameños decidieron replegarse a sus hogares al mediodía del jueves 21 de diciembre. No obstante, algunos decidieron seguir oponiéndonos a la ocupación extranjera. La noche del segundo día quedaba alumbrada por la gran cantidad de luces de bengala que arrojaban los aviones y, a pesar de eso, se sostuvieron varios encuentros más con el enemigo. A los heridos los pudieron llevar a puestos médicos improvisados ya que el Comando Sur había impuesto un “toque de queda” que regía de las 6:00 PM a las 6:00 AM. Miembros de Los Tigres de Tinajitas proseguían disparando sus morteros y dando en el blanco de las posiciones de avanzada de las unidades estadounidenses. El viernes 22 de diciembre, al romper el alba, un helicóptero Apache descubrió el movimiento de unidades de la Undécima Zona y de las FAP que iban a cumplir misión de ubicación y de aniquilamiento de miembros de la inteligencia militar norteamericana. La nave disparó sus cohetes y abrió fuego de ametralladora por los alrededores de la barriada Torrijos-Carter e hirió a varios combatientes. Ese día se planeó crear grupos operativos para asestar golpes audaces, pero cuando intentaron salir de San Miguelito para llevar a cabo esas acciones, no pudieron romper el cerco que mantenían las fuerzas especiales norteamericanas alrededor del distrito y lograron escapar de una muerte segura saliendo rápido del vehículo que los transportaba de regreso al puesto de partida al ser interceptado por un helicóptero Cobra. El 23 de diciembre, cuarto día de la invasión, la resistencia panameña decidió abandonar la lucha consientes que el ejército estadounidense habían ganado la batalla debido a su superioridad militar y tecnológica, pero también salieron convencidos que el combate no había terminado. Los próximos asaltos tendrían que ser necesariamente de carácter político, porque el desangramiento que padeció la nación istmeña durante la violenta invasión les indicó que los norteamericanos no les interesaban el número de víctimas civiles que pudieran ocasionar
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