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¿Películas de super-héroes ó imperialismo cultural?

Actualmente, en este mundo globalizado a la fuerza, el imperialismo cultural se puede definir como la influencia que tienen los países desarrollados sobre los países en vías de desarrollo.







La influencia cultural que tiene Estados Unidos sobre México y Latinoamérica es un claro ejemplo.








El imperialismo cultural no solo se ve reflejado en las series televisivas y en las películas. También es visible en nuestra manera de comunicarnos ya que muchas de las palabras que utilizamos en la vida cotidiana son anglicismos, por ejemplo “ok”, “bye”, “shopping”, “loser”, etc. Se han vuelto tan común en nuestro léxico que realmente no nos percatamos de cuantas veces los utilizamos y que además, se han convertido en parte de nuestra lengua.









Lo mismo sucede con las películas de Hollywood que escogemos en el cine sobre las producciones mexicanas/hispano-americanas. Pero actualmente el cine hollywoodense se ha aventurado a presentar producciones tan disparatadas como absurdas. Producciones donde super-humanos combaten entre sí, diferenciándose en los bandos clásicos: los malos y los buenos, no sin antes pasar por todo un mosaico de personalidades: antihéroes desquiciados, dioses/demonios venidos de planos superiores, dementes endiosados, aberraciones producto de experimentos genéticos...etc, etc, etc.

Entonce surge la pregunta obligada: ¿qué es un super-héroe?


De acuerdo a un famoso creador de comics: "El superhéroe encarna al bien elevado a su máxima expresión, es el ideal humano de justicia exponenciado con super-poderes propios de dioses de la antiguedad".



Y es por ello de la enorme popularidad del super-héroe. Porque de seres humanos comúnes y corrientes llegan a ser empoderados en semi-dioses capaces de poner de rodillas al más terrorífico villano...

Pero difícilmente veremos al Hombre Araña apresar en su red a algún trajeado explotador de la empresa Nike (quien obtiene sus ganancias del trabajo esclavo en el sudeste asiático), ni veremos a Superman detener en el aire a las bombas norteamericanas que caen sobre hospitales y escuelas de los llamados "estados canallas".



Esta cíclica batalla entre el bien y el mal es una de las concepciones fundantes de la nación estadounidense. En esta batalla es claro el lugar que deben ocupar los superhéroes, como custodios del orden mundial, es decir de la hegemonía estadounidense...



Porque al declarar la guerra al terrorismo, Estados Unidos se presta a enfrentar a un sustantivo, el cual no tiene territorio fijo ni límites claros, pero que tiene una ventaja: terrorista es aquél que dicho país designe como tal. Por ello se frenó la investigación de los atentados a las Torres, ya se tenía a los culpables de antemano, eran barbudos y musulmanes, estaban escondidos en sus cuevas y el Tío Sam iría a sacarlos de allí, aunque eso implique avasallar algunos de los principios a defender (la justicia, la libertad y la democracia, al menos desde el plano discursivo).

Y por ello vemos consternados como la tortura en Guantánamo y en Abu Ghraib, las libertades civiles amenazadas y los fantasmas de la guerra invaden el sacro mundo de los superhéroes...





Porque en realidad los superhéroes son un derivado de la industria del cómic estadounidense, donde también existían historias de detectives o de terror. Su origen data de la década de la Gran Depresión, cuando Estados Unidos atravesaba una crisis económica e ideológica que generó la necesidad de evasión y fuga de la traumática realidad social.




En los noventa, tras la caída del muro de Berlín, el superhéroe se alejó de la realidad política, entregándose a la sociedad consumista. Este fue el momento en que se consagraron en la gran pantalla, donde han logrado unas ganancias siderales.


A la cabeza de la lista están Batman, que generó con las cinco últimas películas 1,447 millones de dólares y el Hombre Araña, que con tres filmes ha recaudado 1,113 millones de la misma moneda. A esto debemos sumarle los ingresos por merchandising y los respectivos videojuegos. Es decir, que estamos atestiguando el despunte de una industria archimillonaria basada y fundamentada en la evasión de la realidad. Por una realidad virtual donde el mundo aún tiene esperanza, donde el superhéroe evita la caida de otras torres y aún brinda seguridad a los pueblos indefensos...



Los superhéroes son los nuevos dioses de la nueva Roma del capital globalizado, habitan la cotidianidad, encarnando estereotipos muy precisos.

Son portadores ideológicos que, al actuar a través de artificios de enajenación y alienación espectacular, determinan en el receptor los mecanismos enajenadores de la realidad, desvaneciendo la realidad cotidiana y construyendo una mejor al menos por dos horas...Dentro de su retórica argumental se ve como indispensable mentir como medida para mantener tranquila a la sociedad, mientras la realidad se desmadra.

Al final, el héroe se transforma en villano ante la opinión pública, pero solo para defender y encubrir al poder político. A través de los medios de comunicación se construye una verdad fiel no a la realidad, sino al poder político de facto. Asistimos a otra dimensión de la guerra, donde las imágenes que los medios muestran u ocultan son elementos de una realidad que no transmiten, más bien de una realidad que construyen e introyectan en nuestras mentes.




El “Acta Patriótica”, que sacó adelante el Gobierno de George W. Bush después del atentado a las Torres Gemelas, se traslada al cómic con el nombre de “Acta de Registro”, que polariza a los superhéroes dividiéndolos en dos bandos: los que prefieren la seguridad por encima de los derechos civiles y los que se oponen a limitar su libertad. Rogers intentó defender las libertades individuales avasalladas y no pudo lograrlo; con su muerte triunfó la opción de Iron Man, que promulgaba el control total de los ciudadanos y de sus superhéroes. Es precisamente a través del triunfante “hombre de hierro” que Marvel presentará su visión de la guerra contra el "terror".



En los próximos años un verdadero arsenal de películas de superhéroes invadirá la gran pantalla, detrás de las cuales estará, en mayor o en menor medida velada, la ideología imperialista.

CONCLUSIÓN


«Ahora, un paréntesis sobre la mitología del superhéroe, tenemos al superhéroe y tenemos al alter-ego. Batman es realmente Bruce Wayne, Spider-Man es realmente Peter Parker. …Y es ahí, en esa característica, donde Superman se queda solo.
Superman no se convirtió en Superman. Superman nació Superman. …Su alter ego es Clark Kent. …¿Y cuáles son sus características? Es débil, es inseguro, es un cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana.»


KILL BILL VOL.2

Las palabras pronunciadas en el film de Tarantino, destacan el carácter antihumanista y alienante que está detrás de los superhéroes, ya que reconocer la superioridad física y moral del superhéroe es reconocer nuestra inferioridad frente a él.

Cerramos este trabajo con la pregunta del poeta romano Juvenal: «¿Quién vigila a los vigilantes?»

Creo, como respuesta a su interrogante, que nos corresponde a nosotros, los vigilados, desafiar al cielo y alzar la mirada hacia los vigilantes que nos observan, negando nuestro rol asignado, nuestra condición de vigilados, rebelándonos contra su vigilancia.

Estaríamos dando un paso en pos de nuestra liberación, expropiando a la criatura creada de sus poderes, comprenderíamos que desde el cielo no provendrá ninguna justicia redentora.

Marx afirmaba que «El hombre, sólo ha encontrado en la realidad fantástica del cielo, donde buscaba un superhombre, el reflejo de sí mismo» .

Esa búsqueda, como bien pensaba Marx, era la negación del hombre, ya que solo a nosotros nos corresponde el devenir de nuestros destinos.
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