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Por qué o para qué trabajar?

Yo trabajo, tu trabajas, él trabaja... todos trabajamos; y en este vértice moderno, es muy tentador caer envueltos en la telaraña laboral, olvidando que el trabajo es un medio y no un fin. Cuestión, esta última, de la que cada vez resulta más complicado trazar una línea divisoria.

Cuántas veces los empleados se quedan sólo para hacer tiempo en sus oficinas, y así pasan las horas y son las seis, las siete, las ocho y hasta pasadas las nueve de la noche. ¿Cuál es la excusa? "Tengo mucha chamba".

Sin embargo, no se trata sino de malos hábitos, de haber confundido la virtud de trabajar arduamente con el laborar excesivamente, costumbre nada saludable. Pues, ¿dónde o quién dice que estar más tiempo en los centros laborales significa ser un mejor empleado, tener un mejor desempeño, ser más eficaz y eficiente?

Y es que, como dejaba apuntado arriba, el trabajo se ordena a una vida plena, tiene carácter de medio; pero la vida plena no se agota en el trabajo: hay muchas más cosas que hacen de la vida algo pleno: la familia, los amigos, el estudio, la fiesta y hasta el mismo ocio... Lo importante en la nuestra vida será saber darle tiempo a todo y no dejarse reducir ni absorber por ninguna de estas actividades.

Para lograr esto en el trabajo hay que tener en cuenta que este -visto en profundidad- no es solamente una cuestión de cumplimiento de objetivos diarios. Si así lo fuera, si el trabajo se ordena al puro cumplir los objetivos, entonces todo exceso que permita alcanzar dichos objetivos estaría permitido. Pero el trabajo se ordena a algo superior, la vide personal lograda, la felicidad. ¿De qué sirve trabajar si se olvida las razones por las que valía la pena trabajar?

Esto no supone un descuido del trabajo. Ciertamente debemos, ingresar puntualmente al trabajo, cumplir responsable y cabalmente con todos los pendientes del día y hasta avanzar lo del día siguiente pero todo ordenadamente, respetando nuestros propios horarios ya sean el tiempo que dedicamos a la familia, a los amigos, al deporte, al entretenimiento, a los estudios, al amor.

Hay que saber dar de nosotros calidad y no cantidad de horas trabajando, y sobre todo aprender a valorarnos, a reconocer nuestro desempeño, y no creer que la permanencia en los escritorios y frente a las computadoras asegurará nuestros puestos.

La realidad es que tenemos que trabajar para conseguir una mejor calidad de vida, satisfacer nuestras necesidades, y así ir realizándonos, todo esto claro está son los fines que queremos lograr "chambeando", pero no se trata de usar o de creer que este medio es el fin mismo pues esta confusión lleva a refugiarse en el trabajo en lugar de hacerlo en la familia, por ejemplo.

Trabajemos y demos lo mejor de nosotros cada día pero démonos también espacios y tiempos suficientes para vivir como merecemos, no vaya a ser que reaccionemos muy tarde cuando tengamos más de 50 años y el trabajo sea todo para nosotros.

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