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Porque todos somos infelices

Matemáticamente hablando, existe una probabilidad del 99.97% de que quien sea llegue a leer esto sea -en cierto grado, porque no aplica igual para todos- un maldito infeliz (el otro 0.03% es que son bots). Así mismo, puede que el 99% de las personas que conozcas también lo sea, y es porque ese 1% restante ya falleció.

No es que el ser un misántropo influya en esa opinión, indiferentemente de mi posición de odio hacia la especie humana -y a su sociedad en especial-, lo que mencioné anteriormente lo considero como un hecho: una abominable, aplastante y casi totalitaria mayoría de los seres humanos son unos infelices.

Y no es que lo diga con intención de ofenderlos, si quisiera insultarlos tengo al menos 150 formas más elegantes, duras y cochinas de hacerlo. Si una persona se pregunta si es feliz o no y por qué, casi todo lo que se podrá responder será una ensalada de patrañas y estupideces, o algo sincero y sumamente amargo.

Seguramente no soy el primero en tener un pensamiento así, y seguramente tampoco soy el primero que intenta explicarlo. Originándose desde cosas como que buscamos la felicidad en los lugares equivocados, que la felicidad no te la pueden dar placeres materiales o carnales, que se encuentra dentro de uno mismo o a través de los demás. Y sin embargo, mi posición es que todas las anteriores están erróneas, puesto que la felicidad no se encuentra, no existe.

Es tan sencillo como eso, es un mero concepto imaginario, un estado de júbilo eterno irreal. Y para demostrarlo es tan sencillo como lo que dice la misma gente, que esperan algún día llegar a ser felices. ¿Entienden la implicación de eso que sostienen? Desean llegar a un estado estático, donde sientan que ya no necesitan ni quieren nada, pero espera ¿quién les dijo en primer lugar que el mundo funciona así? La vida no se detiene súbitamente para permitirte vivir como quieres vivir, lo único que hace a la vida detenerse es la muerte.

No puedes detener a la vida, todo siempre cambia, así que aunque existiera una fuente hipotética para conseguirla, tarde o temprano la perderías, puesto que el hecho que estés bien no significa que lo seguirás estando en el futuro. De esa manera, casi cualquier argumento que se utiliza para sostener la búsqueda de la felicidad queda absolutamente invalidado:

♦ Cuando pueda tener seguridad económica, podré disfrutar mi vida y ser feliz: Y a la vez estar atosigado de problemas que la falta de dinero no trae, como por ejemplo los interesados, que puedes llegar a volverte un potencial blanco para delincuencia organizada. El dinero trae más problemas de los que resuelve.
♦ Estoy buscando a esa persona especial que me hará feliz: No eres mejor que un adicto a la cocaína, así de simple. Eso es sólo dependencia, si necesitas de alguien más para sentirte querido, para estar de buen humor, no sólo demuestra la alta inmadurez emocional, sino alguna posible adicción a esa persona.
♦ La felicidad está en uno mismo, yo la creo: ¿Y quién te dijo que tú siempre permaneces igual con el paso del tiempo? Las personas cambian de una manera u otra, uno de mis dogmas es que la vida es movimiento, el universo nunca deja de moverse, nada es estático, y eso incluye a las personas. Así que el solo hecho de que tú mismo seas la fuente de tu felicidad te tiene jodido, porque algún día cambiarás, te darás cuenta de ello y regresarás a donde estabas.
♦ El Señor Todopoderoso me hace feliz: Te quedaste atrás de la evolución, llevas 500 años de atraso con respecto al resto de la especie humana. Aunque, paradójicamente, eso puede incrementar tus probabilidades de “ser feliz”. El hecho que te encuentres en el nivel irrecuperable de la estupidez y la ignorancia, resulta beneficioso a la hora de esta búsqueda fútil, porque precisamente no hay búsqueda.

Cuando puedes ver más arriba, cuando tu vista tiene un horizonte más amplio, sabes que existe más, más de lo que tienes ahora, algo mejor lo cual en este momento no posees. Así que nos dedicamos a convertir eso que no tenemos en nuestro ideal, en alcanzar una posición donde no se está para poder decir que se es feliz.
Buscar la felicidad es buscar lo que no es, convertirse en quien no se es. Ahí es cuando el punto de vista idiota, ignorante, evolutivamente retardado empieza a brillas “Esto es plan de mi Dios, así que me lo merezco”. Y así se ahorran ese problema de la búsqueda.

Resulta irónico que la inteligencia, cualidad a la que se le atribuye poder dar con todas las respuestas, resulta contraproducente en esta búsqueda sin sentido, porque es la ilusión de estar llegando a una respuesta que no existe la que hace que nos ahoguemos en un océano sombrío de desesperación.
A la final, la razón por la que somos infelices es porque buscamos la felicidad.
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