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Prologo, sobre la idiosincrasia chilena.

Los chilenos han desarrollado su personalidad influenciados por el complejo marco geográfico en el que viven. Limitados a un estrecho corredor que se extiende desde el desierto de Atacama por el norte hasta el conglomerado de islas inhóspitas al sur, tienen a los contrafuertes cordilleranos como extenso y elevado muro por el oriente y a la inmensidad infinita del Pacífico por occidente, medio atípico y poco propicio para el desarrollo y el crecimiento, que ha incidido con notable fuerza en el temple de su población.
Echando una rápida mirada a un mapa de Chile, lo más razonable sería pensar que debido a esas características geográficas, los chilenos deberían haber buscado su destino en el mar pero como todos los pueblos del Nuevo Mundo, no han sido una nación marinera.
Esa geografía atípica y extraña ha hecho de ese pueblo una sociedad introvertida, desconfiada y en extremo rencorosa.



Los chilenos han crecido y se han desarrollado a la sombra de sus vecinos argentinos de quienes los separan no solo la cordillera más extensa del mundo sino también, marcadas diferencias de idiosincrasia y cultura. Mientras los primeros son parcos e introvertidos, los segundos, con los porteños a la cabeza, destacan por su verborragia, su temperamento abierto y la exteriorización de sus sentimientos. Por otra parte, en Chile los porcentajes de sangre indígena y mestiza son elevados, en tanto en la Argentina el elemento europeo ha sido predominante y ha absorbido en buena medida a las razas autóctonas.
Pese a la prosperidad y el orden interno del que disfruta el país araucano desde los años ochenta, su economía es inferior a la rioplatense en cuanto a manufactura y producto bruto interno. Mientras la población chilena apenas alcanza los 17.250.000 habitantes, los argentinos superan los 40.000.000.
Las dos naciones han crecido y se han desarrollado de espaldas una a la otra, incrementando una de ellas, Chile, un pronunciado y poco disimulado rencor hacia su vecina Argentina, basado principalmente en cuestiones de índole geográfica, política e histórica. Una rápida mirada a la evolución de ambos países permitirá comprender el porqué.
La injerencia argentina en Chile ha sido importante desde los primeros años de su vida independiente. Dos años después del desmoronamiento de la Patria Vieja, luego de la estrepitosa derrota de Rancagua, el ejército del general San Martín atravesó los Andes y logró la independencia definitiva del país. En los cinco años siguientes, batallas de Chacabuco y Maipú de por medio, el Héroe de los Andes fue el hombre fuerte al otro lado de la cordillera y lo siguió siendo después de su partida, influenciando sobre él a través de la logia lautarina. Chile financió gran parte de la expedición al Perú aunque muy pocos soldados del ejército libertador eran de ese origen ya que el elemento mayoritario fue argentino tanto en la tropa como en la oficialidad mientras que en la flota prevaleció el elemento foráneo.
El primer presidente de Chile fue argentino, Manuel Blanco Encalada, nacido en Buenos Aires el 21 de abril de 1790, quien además fue el primer comandante de su Armada. Su hermano Ventura, siete años mayor, fue ministro simultáneo de Relaciones Exteriores y del Interior en 1826 y ministro de Hacienda entre 1827 y 1828. Juan Martínez de Rozas, nacido en Mendoza en 1759, fue uno de los artífices de la independencia chilena, desempeñando funciones tan relevantes como las de presidente interino de la Primera Junta Nacional de Gobierno en 1811 y presidente del Primer Congreso Nacional ese mismo año. El primer Himno Nacional Chileno, en el que está basado el actual, fue compuesto por Bernardo de Vera y Pintado, un santafesino que como Martínez de Rozas, formó parte de la Primera Junta de Gobierno Nacional. En julio de 1814 Vera y Pintado fue secretario de Hacienda y en septiembre del mismo año secretario de Guerra, desempeñando entre 1823 y 1825 el cargo de diputado por Linares, vicepresidente del Congreso en 1824 y presidente en 1825.
Por otra parte, el héroe de la guerra del Pacífico, Patricio Lynch era hijo de Estanislao Lynch Roo, nacido en Buenos Aires el 2 de abril de 1790 y de la española María del Carmen Solo de Zaldívar y Rivera; Benjamín Muñoz Gamero, político y militar de renombre, senador por Chiloé entre 1840 y 1849 y gobernador de la región de Magallanes cuando se produjo el Motín de Cambiaso en Punta Arenas, también nació en Mendoza; el hijo de José Miguel Carrera, José Miguel Carrera y Fontecilla, lider de las guerrillas contra el presidente Manuel Montt era de Paraná y argentinos fueron numerosos autores y dramaturgos que destacaron en las letras y las artes como Manuel Rojas, Jorge Díaz y Luis Vitale, ideólogo y activista, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Mientras la Argentina ha sido escenario de hechos que han traspasado sus fronteras tales como su poder económico de fines del siglo XIX y mediados del XX, su apoyo encubierto al Eje, Perón y la revolución justicialista, los golpes militares, la guerra antisubversiva y la guerra del Atlántico Sur, Chile se ha mantenido dentro de sus fronteras sin llamar demasiado la atención.
La Argentina a dado a la historia personalidades de relevancia internacional como el general José de San Martín, el general Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte (Evita), el Che Guevara, Jorge Luis Borges, el quíntuple campeón del mundo de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio, Walter Ricardo Oscar Darré (ministro de Agricultura y Abastecimientos del III Reich y jefe del Departamento de la Raza y Reasentamiento de las SS), Ventura de la Vega (gloria de las letras de España), el célebre arquitecto César Pelli, Tomás Maldonado (uno de los padres del diseño industrial), la reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, la concertista Martha Argerich, el humorista gráfico Joaquín Lavado “Quino”, la guerrillera guevarista Tamara Haydée Bunke Bider (Tania) que al igual que su jefe y comandante, se transformó en ícono internacional, el Dr. Luis Agote que llevó a cabo la primera transfusión de sangre de la historia, el Dr. René Favaloro, cardiólogo de prestigio que desarrolló con éxito la técnica del by-pass, el Dr. Luis María Drago, cuya doctrina ha sido adoptada como legislación internacional, el Dr. Salvador Mazza, destacado investigador que dedico su vida a combatir las enfermedades endémicas y a fomentar el desarrollo de la penicilina en esta parte del mundo y más recientemente el Papa Francisco I (cardenal Jorge Mario Bergoglio). Sus vecinos, por el contrario, poco y nada es lo que han aportado en ese campo. Además, la nación del Plata ha sido el país que más Premios Nobel ha obtenido en América Latina, incluyendo el primero de ellos, el Dr. Carlos Saavedra Lamas, que por su gestión durante la guerra del Gran Chaco que enfrentó a Bolivia con Paraguay, obtuvo el de la Paz (1936); el primero también en las disciplinas científicas, el Dr. Bernardo Alberto Houssay, Premio Nobel en Medicina en 1947, el Dr. Luis Federico Leloir en Química (1970), el Dr. César Milstein en Medicina (1984) y Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980. Chile cuenta en su haber con dos en Literatura, Gabriela Mistral (1945) y el cuestionado Pablo Neruda (1971). Poca gente en el mundo ubica a la primera y todos saben que el segundo fue más que nada un premio al régimen socialista de Salvador Allende ya que, como lo han demostrado algunos de sus contemporáneos y autores más recientes, su obra ha sido seriamente cuestionada por los plagios a diferentes autores, entre otros, Rabindranath Tagore y Miguel Ángel Macau.
Cuando alguien accede a Internet e ingresa a cualquiera de los innumerables foros de discusión en lengua española, notará con asombro que la mayoría de los participantes son mexicanos y chilenos que lo único que hacen es agredir sin reparos a quienes intentan opinar sobre los temas que se debaten. Los primeros por algún tipo de inquina que escapa a nuestro interés y los segundos por un marcado complejo de intrascendencia que se refleja en un patrioterismo patológico que raya lo bizarro y una muy baja autoestima, fácilmente perceptible en la obsesiva necesidad de relacionar todo lo que se debate con Chile y de intentar convencer y al mismo tiempo autoconvencerse de que son una nación guerrera de amplia experiencia militar, cuyas fuerzas armadas son las mejores del mundo y que jamás han sido vencidas. Nada más lejos de la realidad.
Casi parece una necesidad ese afán por hacerle creer al mundo que han sido y siguen siendo los soldados mas aguerridos de la Tierra, descendientes de una raza indómita que nunca fue conquistada y que todo aquel que se atreva a hacerles frente terminará pagando las consecuencias. Tan es así que quien esto escribe ha llegado a leer afirmaciones tales como “Somos invencibles”, “Tal informe dice que ellos tienen mejores armas pero nosotros mejores soldados”; “Hitler dijo que la mejor raza de América era la mapuche porque se ha mantenido pura”; “Un batallón de 2000 chilenos tuvo a su cargo la defensa del bunker de Hitler y fue el último en rendirse antes de la caída de Berlín”; “Un chileno fue el padre de la artillería de las SS” (refiriéndose a Peter Hansen aunque ellos mismos afirman que recién entró en escena en 1943); “Durante el Conflicto del Beagle los marinos argentinos se marearon por causa de un temporal y por eso no se atrevieron a atacar a los chilenos”, “Un piloto chileno (no dan el nombre, ni el aparato que tripulaba, ni su número de matrícula, ni absolutamente nada) vio cuando los buques argentinos pegaban la vuelta y se alejaban para no combatir”, “Carrera tomó en dos ocasiones Buenos Aires”, “Argentina en el 78 arrugó. Yo fui infante de marina chileno […] En el sur me cansé de dispararle a las islas Nueva, Picton y Lenon (sic). No se si maté a alguno, solo se que corrían que daba gusto”. A toda esta sarta de estupideces cabría agregar los infaltables slogans “Ejército Vencedor Jamás Vencido”, “Prusianos de América del Sur” y el ya clásico “Por la Razón o por la Fuerza”, que ostenta su escudo.
Lo primero que se piensa al acceder a esas páginas es que quienes así opinan son adolescentes de no más de 18 años que compiten entre sí para ver quien es el mas bravo y quien mete más miedo; sin embargo, aunque parezca increíble, la mayoría de esos foristas son personas adultas que esgrimiendo argumentos propios de escolares, la mayoría sin asidero ni sustento, adaptan los hechos a su capricho, repitiendo una y otra vez las mismas sandeces hasta terminar por convencerse o por creer que se han convencido.
A esa reiterativa cadena de idioteces que solo denigran a los chilenos decentes, debemos reiterar el odio innato de ese pueblo por sus vecinos argentinos a quienes, por otra parte, más allá de rencores y envidias, admiran en lo más profundo de su corazón hasta tal punto que han copiado sus modismos, sus cánticos y posturas.
Los chilenos viven pendientes de lo que ocurre al otro lado de los Andes, están al tanto de su política, su cultura, su deporte, sus programas de TV y hasta de su farándula. Por el contrario, el argentino desconoce completamente la realidad chilena, ignora todo lo que allí ocurre y no experimenta ningún interés por nada que tenga relación con ellos (como tampoco por ninguno de sus vecinos).
En su intento por contrarrestar ese complejo, los chilenos se la han tomado con peruanos y bolivianos, descargando en ellos expresiones xenófobas como “indios sucios”, “cholos”, “cobardes”, “perrunos”, “monos”, etc., como si ellos fuesen una nación del norte de Europa.
Lo que le reclaman a sus vecinos trasandinos lo aplican ellos con peruanos y bolivianos, postura que no les corresponde por tratarse también de un país con alto grado de mestizaje y sangre aborigen.
Otra característica de los foristas chilenos es que a falta de méritos y hazañas propias, impulsados por ese marcado complejo al que hemos hecho referencia y una alta dosis de envidia, odio, resentimiento y frustración, intentan desmerecer y minimizar, siempre en vano, los éxitos y logros ajenos.
En el foro Chilearmas, por ejemplo, una página no oficial dedicada a las fuerzas armadas chilenas, los participantes se desvivían por minimizar y ridiculizar la impecable operación que comandos peruanos llevaron a cabo sobre la Embajada de Japón en Lima, con el objeto de rescatar a los cautivos que allí tenía el MRTA, un operativo de gran nivel profesional que despertó el interés y los elogios de todo el mundo. Lo mismo al referirse a las tres guerras que Perú mantuvo con Ecuador, en especial la del Cenepa; al opinar sobre las FF.AA. bolivianas; al intentar desesperadamente restar mérito a los pilotos de la Fuerza Aérea y la Aviación Naval Argentina en Malvinas o a sus comandos o cuadros del Ejército durante sus combates en tierra o al hacer hincapié en la actitud de la Armada después del hundimiento del crucero “General Belgrano”. Lo mismo han intentando minimizar el Proyecto Cóndor II argentino arguyendo como escolares que en realidad se trataba de una iniciativa financiada por el gobierno iraquí para desarrollar sus propios misiles nucleares, como si las naciones árabes necesitasen cuidarse de ocultar sus planes y los servicios de inteligencia de las grandes potencias no lo supiesen. Por otra parte, la posterior invasión de las fuerzas estadounidenses a Irak demostró que ese país carecía de tecnología como para montar y desarrollar ningún arma de envergadura.
Ni los ejércitos de Colombia y Venezuela se han salvado de las ácidas críticas de quienes se dicen "guerreros" e "invencibles" pero no conocen la guerra moderna, el primero, tildado de ineficaz y poco profesional por no tener la capacidad de acabar con el flagelo de las FARC y el narcotráfico en tantas décadas de lucha y el segundo por no haber entrado nunca en combate. Incluso se ríen de la eterna Italia, a la que catalogan de nación sainetesca y cobarde, en especial por su flojo desempeño en la Segunda Guerra Mundial. ¡Justamente ellos, que a lo largo de dos siglos han visto mermar 1.200.000 km2 de su territorio sin reaccionar!, que han soportado atropellos que en cualquier otra parte del mundo hubiesen sido causa suficiente como para desencadenar una guerra, que observaron impávidos el bombardeo de su principal puerto y su flota mercante sin la más mínima resistencia (31 de marzo de 1866), que han permitido la violación de su soberanía y el abuso de sus ciudadanos por parte de sus vecinos, arriar su pabellón y llevarse detenidos fuera de su país a miembros de sus propias fuerzas armadas y no han movido un dedo para lavar el honor. Ellos, repetimos, se atreven a reírse de la tierra que ha forjado el mayor imperio de la antigüedad, que fue epicentro de una grandiosa civilización que conquistó al mundo con los mejores soldados de la historia, los más temerarios generales y estrategas, los más grandes constructores; quienes han sido y siguen siendo epicentro mundial del poder; la tierra del Renacimiento, las artes y las letras, la que entre 1911 y 1912 derrotó al Imperio Otomano arrebatándole importantes territorios en África y el Egeo y que hoy ocupa el cuarto o quinto lugar en el mundo con su poderosa industria pesada, su floreciente comercio y sus atractivos turísticos.
Y como no conocen límites a la hora de emitir juicio, se dan el lujo de tildar de flojos a quienes los superan en todo en materia de experiencia bélica, de quienes se han enfrentado y combatido contra potencias, de quienes han padecido el flagelo del terrorismo y la subversión (que ellos ni por asomo tuvieron en tales niveles) y, lo que mas les duele, de quienes sí han tenido oportunidad de entrar en combate.
Muchos se preguntarán por qué reparar en lo que solo son expresiones exageradas de foristas trasnochados pero esa actitud es, en líneas generales, la de toda la sociedad chilena, en todos los niveles, en todos los tiempos y en todas las edades.
En este trabajo vamos a demostrar que Chile ha perdido cerca de 1.200.000 km2 de su territorio sin pelear, que su ejército ha sido vencido, que no aplicó la fuerza cuando no primó la razón, que rehuyó el combate en numerosas oportunidades, que no son un pueblo de espíritu prusiano ni guerrero sino pacífico y manso, que en 1978 ninguna fuerza invasora pegó la vuelta acobardada sino que quienes se mantuvieron estáticos fueron ellos, que en esa oportunidad no se disparó un solo tiro, que fueron los argentinos quienes estuvieron a punto de arrollarles, que los peruanos no les temen, que en 1982 mostraron su cobardía y bajeza al pegar por la espalda y no luchar de frente, que la incidencia argentina en su historia ha sido enorme, que no pueden compararse ni a colombianos, ni a venezolanos y mucho menos, a italianos y que no tienen experiencia bélica ya que la misma se limita a una sola guerra que, encima, ha sido excesivamente sobredimensionada por su historiografía.








Publicado 28 May 2013 por Alberto N. Manfredi (h) en su Blog

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