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Provincia Cisplatina: Llave del plata


Este suceso tiene íntima relación con el final de la 1ra guerra contra el Brasil. Las Provincias Unidas habían ganado por agua (Almirante Brown) y por tierra (con la decisiva Batalla de Ituzaingó). Increíblemente, el traidor a la patria Bernardino Rivadavia, firma la paz "a cualquier precio", devolviendo las victorias argentinas a manos del Imperio del Brasil y, por otro lado, cumpliendo los deseos de Su Majestad Británica de permitir que se forme un nuevo Estado en la provincia Oriental.
Manuel José García fue el enviado de "paz" por parte del infame Rivadavia.

Paso a transcribir ese suceso:
Luego de hacer escala en Río de Janeiro, donde mantuvo conversaciones con Pedro I (Emperador de Brasil), llegó a Buenos Aires en septiembre de 1826 lord Ponsomby, ministro inglés en el Río de la Plata, entrevistándose con Rivadavia, Manuel José García y el cónsul británico Parish.
Deja un memorándum confidencial: "La provincia oriental será declarada estado libre e independiente". Buena acogida, proque a fin de año Ponsomby informa a la Corona: "El señor García me llamó por deseo de S. E. el Presidente para reiterarme en su nombre el compromiso de fidelidad a la palabra empeñada en favor del proyecto de independencia de la Banda Oriental".

En abril de 1827 García va buscando la paz al Brasil "a todo trance" según le ha pedido el ministro Agüero. Las tropas vencedoras de Ituzaingó son necesarias para dominar a las provincias que rechazan Presidente y constitución (unitaria), de otro modo "caeremos en la demagogia y la barbarie", como dice Agüero.

A mediados de junio García está de vuelta con un tratado preliminar de paz, mediante el cual se entrega al Brasil la Banda Oriental "con expresa renuncia a todo derecho", más desarme de la isla Martín García e indemnización a Río por los perjuicios de la guerra". ¡¡¡NO SÓLO QUE LES GANAMOS, SINO QUE LES PAGAMOS SU DERROTA!!!

La mayúscula repulsa general al acuerdo provoca la desautorización de Rivadavia a su ministro. Ya es tarde. El mismo Congreso quita su apoyo no sólo a García sino también a Rivadavia, y don Bernardino debe presentar su renuncia, impugnado por toda la nación.

Lord Ponsomby, cuya estadía en Buenos Aires no debe serle muy lisonjera, a juzgar por lo que ha dicho: "Este es el sitio más despreciable que vi jamás, lleno de barro y osamentas podridas. Si encontrara un árbol favorable me colgaría". Opina que la caída de Rivadavia se debe a sus malos modales, engreimiento y excesiva impopularidad.

La intervención del Lord en este proceso no hizo más que acompañar las circunstancias, enderezándolas suavemente hacia el interés británico; por un lado solucionar el problema de las exportaiones de cueros argentinos hacia Inglaterra y el comercio de ésta hacia el Río de la Plata, coartados a consecuencia de la guerra con Brasil.

Por otro, auspiciar un estado independiente en la Banda Oriental, evitando el crecimiento excesivo de Brasil o el dominio de las dos márgenes del estuario por parte de la Argentina. De ahí que no apoye la anexión de Uruguay a Río, ni el Banco Nacional (con capitales británicos) brinde al gobierno de Buenos Aires los fondos necesarios para continuar la guerra.

Sobre 50 votos posibles, el Congreso aceptó por 48 la renuncia de Rivadavia, finalizando junio.

Cuatro meses luego San Martín le escribe a Tomás Guido: "Ni la renuncia de Rivadavia ni el mal resultado de la negociación entablada con el Brasil me han causado la menor sorpresa. El carácter ridículo y eminentemente orgulloso del primero, no podía menos de hacerse de un crecido número de enemigos".

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Lord Ponsomby: divide y triunfarás


(Del Embajador Lord John Ponsomby al Canciller
Vizconde Dudley of Ward)

Buenos Aires, 18 de Enero de 1828.
Excmo. Señor:

En mi despacho separado, del 20 de Diciembre último, tuve el honor de someter a V.E. el esbozo de un proyecto para formar un sistema de federación entre los estados litorales del Plata y del Paraná, para la seguridad de la libertad del comercio, desde la boca del estuario hasta el Paraguay y la entrada del Bermejo en el Paraná; todo a culminarse con la garantía de la Gran Bretaña, como la piedra central y el poder conservador del sistema.

En las instrucciones que me dio el señor Canning se nota la resistencia a atribuir la posesión permanente de la Banda Oriental al Brasil, y en el muy reciente despacho de V.E., igual falta de voluntad se demuestra por la manera cómo V.E. califica su aprobación del convenio preliminar del señor García.

Los archivos del Foreign Office ofrecen muy abundantes razones para explicar esta falta de voluntad, motivada por los propósitos confesados y por la política del ministerio del Brasil si (como parece ser realmente el caso), los brasileños pueden hacer efectivos sus propósitos y su política. Creen ellos que, una vez dueños permanentes de la costa entera de Sud América, desde el Amazonas hasta el Plata, y pudiendo establecer estaciones en la costa africana, seriamente podrán perjudicar, si no contralorear, a voluntad del gobierno imperial, el comercio de Inglaterra con la India, la China y toda el Asia Oriental y el Pacífico. Imaginan que esto podría hacerse aún con una marina bastante reducida, por medio de cruceros, empleándolos en la captura de todos los traficantes que se atrevieran a arriesgar viaje sin convoy y haciendo, por tanto, demasiado costoso el comercio para continuarlo con provecho.

La falta de habilidad y de valor entre los imperiales, no ofrece motivos de alarma, por lo que ellos solos tentasen contra los derechos o intereses británicos, pero no nos faltan rivales, envidiosos y enemigos bastantes, que ayudarían, si pudiesen, a disminuir nuestro poder.


Si a los brasileños se les consintiera incorporar la Banda Oriental y el Río de la Plata a su Imperio, además de lo que ya poseen, podrían, en cualquier tiempo, dar facilidades a Francia, de una naturaleza formidable, para atacar con ventaja los intereses marítimos de Inglaterra. Bien notoria es la prevención del actual emperador del Brasil a Inglaterra; su abdicación de la corona portuguesa le ha libertado, según él, si no en realidad en gran parte, tal vez de la mayor parte, de la obligación de cultivar la amistad de la Gran Bretaña, en el interés de su seguridad personal y de su familia; la vinculaciones comerciales parecen bastante débiles, sabiéndose muy bien que las ventajas del comercio pueden asegurarse a una nación, a pesar de estar en guerra con su mejor cliente; y S.M.I. puede creer que Francia podrá, con facilidad, compensar todas las pérdidas que resultarían de una desavenencia con Inglaterra.

Si todo esto fuera cierto, sería conveniente despojar a una política hostil (si tal haya) de su poder de hacer daño a Inglaterra y quitar a Brasil los medios que, empleados en la forma que he supuesto, podrían con dificultad ser destruidos aún por el poder marítimo de la Gran Bretaña.

Si el emperador buscara la ayuda de Francia y pudiera entregar a ella todos los puertos de Sud América, la Francia, sin duda, podría poner en el mayor peligro una inmensa parte de nuestro comercio, por medio de una guerra marítima de depredaciones en esas regiones. Los puertos principales del Brasil, son fáciles de defender. El valor y la habilidad francesa los asegurarían y la distancia de su base de recursos, en la que la Gran Bretaña tendría que operar, aumentaría mucho las dificultades.

Estando la posesión de la Banda Oriental, a la cual eventualmente se liga la posesión permanente del Plata, en manos de la república del Plata, esto podría, en parte, ser una defensa contra el peligro citado, siempre que no se pudiera colocar a ese estado en situación más de acuerdo con la justicia y seguridad. Sin embargo, yo no creo que a Buenos Aires se pudiera confiar, con seguridad, el dominio del Río de la Plata. Creo que sucedería fácilmente que un partido imperante podría tener intereses privados en emplear ese dominio para propósitos franceses o norteamericanos, y aún podría seguir la política y unirse con el Brasil (como se ha sugerido), para satisfacer miras estrechas; y con la posesión de la Banda Oriental, Buenos Aires podría hacer prosperar cualquier proyecto hostil que en Río se fraguase contra el comercio británico; ni faltan pruebas, en la conducta del gobierno del señor Rivadavia, de su intención de fomentar los intereses franceses en este país.

Llamo la atención de V.E. sobre la política de don Pedro, manifestada en su conversación con el señor Palacios, y su consonancia con la cantinela del día, que “las cuestiones americanas deberían ser consideradas y decididas solamente por los americanos”.

No sería imposible que estos estados se uniesen con el fin de cosechar alguna ventaja imaginaria actual, so capa de estos falsos principios patrióticos, que se ha de recordar han sido cuidadosamente fomentados, si no engendrados, por los norteamericanos, nación cuya presteza en hostilizar y deprimir los intereses de la Gran Bretaña podrá, creo, apenas ser negada por cualquier persona que conozca el carácter de ese pueblo.

En vista de estas circunstancias y de lo que podría resultar de ellas, en un futuro no distante, parece que los intereses y la seguridad del comercio británico serían grandemente aumentados por la existencia de un estado que, debido a su posición, podría impedir los males posibles, o remediarlos, si fueran creados, y en el que los intereses públicos y particulares de gobernantes y pueblo harían que tuviesen, como el primero de los objetivos nacionales e individuales, cultivar una amistad firme con Inglaterra, fundada en la comunidad de intereses y en la necesidad manifiesta de todos ellos, que palpablemente contribuiría a la protección y prosperidad de la misma Inglaterra.

Tal estado creo que sería una Banda Oriental independiente; él contiene mucho de lo que sería deseable para habilitar a Inglaterra a asumir la política defensiva que la prudencia pudiese señalarle que adoptara. La Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud América superior; su población está animada por un fuerte sentimiento nacional; le desagradan los brasileños y los de Buenos Aires, por igual, y se inclina más a los ingleses que a ninguna otra nación, derivando en la actualidad de Inglaterra la mayor parte de sus conforts y placeres, y sus terratenientes principales esperan de la inmigración inglesa las mayores probabilidades para adelantos futuros en energía y riqueza. Es un pueblo viril y capaz de defenderse en una campaña, aún con su escasa población, contra el Brasil o Buenos Aires, manteniendo su poder, el primero, sólo por medio de las fortalezas.

La intención de Lavalleja es desmantelar Montevideo, pero creo que se le podría persuadir que conservara la ciudadela, que domina el puerto y la ciudad y que puede defenderse con un puñado de hombres.

La Gran Bretaña podrá, con facilidad y sin dar motivo justo de queja a otra nación cualquiera, contribuir mucho al progreso rápido de este estado, en cuyo establecimiento firme yo creo se halla la fuente segura de un interés y un poder para perpetuar una división geográfica de estados, que beneficiaría a Inglaterra y al mundo.

Con estas ideas, yo he deseado anhelosamente cumplir con éxito las instrucciones del señor Canning, que me indican, si fallásemos en la propuesta originaria para la paz, sobre una compensación pecuniaria al Brasil, que tratásemos, entonces, de establecerla sobre la base de la independencia de la Banda Oriental y Montevideo.

Creo que eso pudiera lograrse, aún mismo cuando las actuales apariencias favorables resultaran ilusorias, siempre que la Gran Bretaña creyese conveniente perseguir este fin.

Yo no puedo descubrir ningún título que tenga el Brasil para adueñarse de la Banda Oriental, que pudiera oponerse a la actitud de Inglaterra, y tampoco tienen mayores derechos los de Buenos Aires. La provincia es un estado distinto y tiene una existencia legítima, precisamente por el mismo derecho que tiene Buenos Aires a su propia soberanía. Hasta ahora, Buenos Aires ha renunciado formalmente a todas sus pretensiones a la provincia, y el único título que pudiera alegar es, más o menos, el título alegado por el emperador y que Buenos Aires declara nulo, es decir, el acto del pueblo que unió su país a la república, en igual forma en que el emperador asevera que se había unido previamente al Imperio.

Al separar la Banda Oriental de la república, no se haría ningún mal a Buenos Aires. Por largo tiempo, los orientales no tendrán marina y no podrían, por tanto, aunque quisieran, impedir el comercio libre en el Plata. Para la época en que puedan erigirse en poder naval, Buenos Aires habrá establecido comunicación con sus propios puertos sobre el Atlántico, más debajo de la boca del Plata, que son muy superiores a Montevideo.

Buenos Aires ganará al ser resguardada contra la interrupción de su comercio, en el futuro, dejando a Montevideo en manos de un estado neutral. A este respecto, no puede desear más; si S.M. tuviera a bien conceder a estos países el beneficio de la libre navegación del Plata, sería de efectos inestimables; y, si se me permite decir lo que pienso, creo que haría más para civilizar y mejorar a toda Sud América de este lado de los Andes, que todo lo que pudieran hacer todas las otras medidas juntas.

(....) John Ponsomby

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Uruguay es el prototipo en América Latina de lo que constituye un "Estado tapón".

Los Estados tapones deben reunir cuatro condiciones básicas:

I - Ser un Estado situado como una cuña entre dos grandes potencias, de modo que si pertenece a una de ellas, se produzca un desequilibrio de poder en su favor.

II - Controlar alguna gran vía fluvial para el comercio.

III - No ser demasiado pequeño, porqué puede no ser viable como Estado nacional.

IV - Tampoco ser demasiado grande porque puede no necesitar de la ayuda inglesa.
Queda más que claro que Uruguay responde a todas condiciones, lo que fue claramente percibido por la diplomacia inglesa. En base a eso se celebró la Convención Preliminar de Paz (4 de octubre de 1828) firmada por Brasil y las Provincias Unidas, con mediación inglesa, que marcó la creación del "Estado Oriental del Uruguay"

El gran artífice del Uruguay como Estado tapón fue el diplomático inglés Lord Ponsomby en 1828 quien así lo fundamenta: "La Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud América... debemos perpetuar una división geográfica que beneficiaría a Inglaterra". Para el cónsul de Estados Unidos, Forbes: "Sólo se trata de crear una colonia británica disfrazada".

La exitosa gestión de Lord Ponsomby es premiada y, trasladado a Europa, repite la operación gestora de otro Estado tapón: Bélgica (1830). Otros ejemplos de Estados tapón en el mundo: Países Bajos (entre Alemania y Francia); Polonia (entre Alemania y Rusia); Finlandia (entre Suecia y Rusia); Mongolia (entre Rusia y China); etc.

FUENTES:
1)HISTORIA ARGENTINA de José María Rosa

2)HISTORIA DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA de Adolfo Saldías

3)HISTORIA DE LA REPUBLICA ARGENTINA de Vicente Fidel López

4) HISTORIA ARGENTINA de Jorge Perrone

5)RIVADAVIA Y EL IMPERIALISMO FINANCIERO de José María Rosa


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