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¿Qué es la pseudociencia?

Escrito por: Lic Ramón D. Peralta

La palabra "seudociencia", yo la defino como una manifestación cabal de la resistencia a la dualidad: debilidad/miedo versus omnipotencia/omnisciencia. Catalizadores de complejos de inferioridad y superioridad respectivamente, aunque ambas siempre van de la mano, como si fueran cara y seca de la misma moneda. Quien se siente superior, también se siente inferior, dependiendo de la perspectiva psicológica o metafísica que se elija.




El significado que hoy se atribuye a "seudociencia", obra a prima facie como una autocensura, negación y lo que es peor, prohibición para considerar una duda como susceptible de ser soporte de un nuevo conocimiento. La palabra seudociencia, que si bien no es demasiado antigua, devela esa natural proclividad del hombre común a subyugarse en su conservadorismo dogmático. Todo miedo a lo desconocido, en estas mentes es recreado como un escenario, donde a nivel de inconsciente, toda proyección sujeto-objeto, e introyección instropectiva, se torna fantasmagórico, líbido y escatológico, y desde lo consciente, se trata de medidas defensivas ante un amenaza que simboliza un posible quiebre a futuro de una heurística que nos genera en placebo una suerte de seguridad desde lo emotivo y espiritual, pero asimismo cumple un rol de curador gnoseológico. En otras palabras, se sublimina en el superyoismo, la omnisciencia que provee en amparo la "ciencia" en su idealización, que como enetelequia comunitaria se aproxima a una supuesta ubicuidad omnipresente, cuyo metalenguaje juega con el miedo del yo "conservador", quien siempre reacciona ante el miedo al desconocimiento superior con auto-compasión y rechazo: "Niego, luego existo".



Estas frecuentes y superabundantes demarcaciones de la personalidad, son un emergente de una patología muy común en el "hombre invisible", nacido a la postre del posindustrialismo, quien habitante de las grandes urbes, se siente todo, y al mismo tiempo de siente nada. Buscan amparo en el fetiche menos esotérico, en la creencia que la ciencia no es una creencia en si misma, lo cual los convierte en los mas dogmáticos adoradores de si mismos. En definitiva creer, en la autoadoración, no nos redime de la abstracción.


Es muy curioso, porque fue Karl Popper quien introdujo a mediados del siglo XX el concepto de falsabilidad para distinguir la ciencia de la no-ciencia (o seudociencia). Dijo que un resultado es "falsable" cuando puede ser demostrado como erróneo, es decir, cuando puede diseñarse un experimento teórico con el que demostrar si es falso. De este modo, las afirmaciones "falsables" pueden ser consideradas como ciencia, mientras que las no "falsables" se consideran no-ciencia. Y citó como ejemplo, la afirmación de que "Dios creó el Universo" puede ser cierta o falsa, pero no puede diseñarse ningún experimento que demuestre una cosa u otra; simplemente está más allá de la capacidad de la ciencia, ergo, no es "falsable" y por tanto es no-ciencia. Pero si bien tiene lógica "binaria" este postulado de Popper, resulta que disociativo, cuando también mete en la misma "bolsa" la astrología y el psicoanálisis como ejemplos de pseudociencias, y la teoría de la relatividad de Einstein como ejemplo de ciencia. Luego clasificó las formulaciones no-científicas en las categorías filosófica, matemática, mitológica, religiosa y/o metafísica por un lado, y pseudocientífica por otro, aunque no dio criterios claros para definir cada una. Lo cual me lleva a suponer que la filosofía de Popper, sera una mas de las tantas expresiones fundamentalistas de la filosofía, lo cual también me hace suponer que no tendrá vigencia en el futuro.




Popper expuso su visión sobre la filosofía de la ciencia en su obra La lógica de la investigación científica, en donde este filósofo austríaco aborda el problema de los límites entre la ciencia y la metafísica, y se propone la búsqueda de un llamado criterio de demarcación entre las mismas que permita, de forma tan objetiva como sea posible, distinguir las proposiciones científicas de aquellas que no lo son, cosa que ya habían intentado muchos antes que él, empezando por Aristóteles. Lo cual no deja de ser en el fondo y en la superficie un empecinamiento en pos de revestir epifanía en la materia. Todo comenzó con aquello de que, "todo lo que no se puede ver, tocar, oír, gustar o respirar no es concreto". Y volvemos como de costumbre al dilema del dualismo. Y por mas que ninguno de estos eruditos se haya negado a aceptar la existencia de cosas o un algo invisible, los intentos por cimentar dogma jamás cesaron. El miedo no se puede percibir con ninguno se los cinco sentidos: ¿Acaso alguno se anima a negarlo?, y si no, entonces ¿como demuestro si es falsable o no?. Tantos poemas, cuentos y novelas que nos hablan sobre el amor, tirados a la papelera de reciclaje ¿O no están de acuerdo?, pues bien ¿deberíamos ponernos de acuerdo?.




Hay definida una inteligencia emocional, que sin embargo a algunos le dice que todo lo que no es ciencia es ¿xxxx?. Sobre ese "todo lo que no es ciencia", se han creado muchas palabras, que son solo palabras, la mayoría de ellas con significancias que cambian con el significante. Para el que cree en Dios, nada mas verdadero que esa sola palabra, y ni siquiera se permite el trazar o dudar su falsabilidad. Para el que niega la existencia de dios, esa misma palabra en la antimateria se ciñe de la misma manera que el anterior. Nadie necesita de la falsabilidad ni "vacuas proclamas".

Pero hay territorios, donde nadie parece estar demasiado interesado "por ahora", en plantar una bandera o poner el cartel de "comprado", y es aquel que no comporta economía, religión y política (dogmas que se comportan de la misma manera). Como el caso de la astrología, el ocultismo, las ciencias nuevas, como puede llegar a ser el caso de la física cuántica, la neurobiología, la psiconeurología, y todas las ciencias que para los comunes son desconocidas y que por adelantadas saben a místicos. Y a pesar de que en casi todas estas ciencias descritas, se hacen periódicas explicaciones, la lógica maniquea del conjunto, necesita encasillarla en dos lugares y solo dos: o es ciencia o no lo es, como censura de toda lógica plurivalente o multidimensional. En ese no es ciencia, la batería de peyorativos es muy amplia. Pero no se alarmen, la historia bien nos cuenta que estas estupideces son la regla y no la excepción. Si la evolución hubiese dependido de los comunes dogmáticos, todavía estaríamos viviendo en los árboles.



Popper, a mi entender no supo captar la magnitud que implica el conocimiento en movimiento, como tampoco pudo captar la antropofanía implícita en la conjunción abstracción-materia. Cosa que la física cuántica esta probando bajo los términos que el quería, los "lógicos". En cuyo caso, sostengo que no existe demarcación posible, mucho menos un criterio "lógico" para ello. Pues es entrar en el peligroso y vetusto territorio del absolutismo racional, quien lejos de estar bien asistido, es engañado por el conservadorismo falaz del dogma y el empirismo. En otras palabras todo lo que hoy es ciencia, son los mitos de antaño, y todo los conocimientos de mañana serán los mitos desmentidos del hoy. Incluso, la palabra ciencia ficción, muere en su ficción con el paso de la evolución. Los que leyeron a Julio Verne, veían en el Nautilius fantasía, hoy, nadie se atreve "abjurar" la falsabilidad de los submarinos. La tierra nunca fue redonda hasta que lo fue, tampoco el sol fue lo mismo, y muchos menos las estrellas y el cosmos. Nadie cree en la advertencia de un tsunami, hasta que te lleva puesto.




Muchos filósofos, acuerdan que la palabra seudociencia gira en el sentido del absurdo, tan absurdo es, que su propia semiótica y semántica la invalidan. Ferreira Dos Santos, Laudan, Austin y Derrida, han manifestado de una u otra manera que el concepto pseudociencia, palabra que intenta desacreditar lo "no científico", no tiene significado científico y se usa mayoritariamente para describir una apreciación subjetiva. Laudan precisa:



"Si quisiéramos permanecer firmes al lado de la razón, deberíamos deshacernos de términos como pseudociencia y acientífico de nuestro vocabulario; son sólo palabras huecas que cumplen una función emotiva."



Richard McNally afirma que "el término pseudociencia se ha convertido en poco más que una injuriosa palabra de moda para ningunear a los propios oponentes en las discusiones en los medios", y que "cuando los emprendedores terapéuticos hacen afirmaciones a favor de sus tratamientos, no deberíamos perder el tiempo intentando determinar si estos califican como pseudocientíficos. En su lugar se deberían hacer preguntas como: ¿Cómo sabe que su tratamiento funciona? ¿Cuáles son sus pruebas?".





Los filósofos antiguos creían que ningún hombre podía vivir de manera inteligente si no aceptaba como punto de partida que debía tener un conocimiento fundamental de la naturaleza y sus leyes. Antes de que el hombre pueda obedecer y hacerse obedecer, debe entender que los misterios están destinados a instruir al hombre sobre la aplicación de la leyes que rigen al universo y que todavía no son capaces de entender. De ahí, que de este lisado, nace el término "divinidad", es decir un desconocimiento superior, algo que intuimos está, existe, pero que nos supera. Pocos de los primeros cultos en realidad adoraban a deidades antropomórficas. Eran moralista, no esoteristas, ergo filosófico y no teológico. Ellos enseñaron al hombre a usar sus facultades de manera más inteligente, pues hermanaron sentimientos, intuición, instinto con racionalidad. Ser paciente ante la adversidad, ser valientes al enfrentarse con el peligro de lo desconocido, tener control ante la tentación, y, sobre todo, inculcaron que para la vida material sinsentido, se le corresponde uno invisible a los sentidos que si lo tiene.
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